En el ámbito mundial, el órgano supremo de la comunidad bahá'í es la Casa Universal de Justicia, elejida cada cinco años. En su calidad de cabeza del orden administrativo bahá'í, la casa universal de Justicia protege el patrimonio espiritual que le ha sido legado por Bahá'u'lláh.
Bahá'u'lláh también encomendó a la Casa Universal de Justicia la tarea de adaptar la Fe bahá'í a los requisitos de una sociedad en continuo progreso. En esa medida la capacitó para legislar en materias que no están expresamente contenidas en los Textos Sagrados bahá'ís. Además de su responsabilidad en en el crecimiento y desarrollo de la comunidad mundial bahá'í, la Casa Universal de Justicia, siguiendo las exhortaciones de Bahá'u'lláh, debe preocuparse por el bienestar general de la humanidad.
Bahá'u'lláh afirmó que "el bienestar de la humanidad, su paz y su seguridad son inalcanzables, a menos y hasta que su unidad sea firmemente establecida". Un breve bosquejo del Plan Bahá'í para la paz y unidad es descripto por Shoghi Effendi, Guardián de la Fe y bisnieto de Bahá'u'lláh:
La Unidad de la raza humana, vista por Bahá'u'lláh, implica el establecimiento de una mancomunidad mundial en la que todas las naciones, razas, credos y clases estén estrecha y permanentemente unidos; en que la autonomía de sus estados miembros, la libertad personal y la iniciativa de los individuos que la componen estén definitiva y completamente resguardadas. Esta mancomunidad debe, tal como podemos visualizarla, consistir en una legislatura mundial, cuyos miembros en calidad de albaceas de toda la humanidad formularán aquellas leyes que sean requeridas para reglamentar la vida, satisfacer las necesidades y ajustar las relaciones de todas las razas y pueblos. (...) Un tribunal mundial adjudicará y dictaminará su veresdicto obligatorio y final en todas y cualesquiera disputas que surjan entre los varios elementos constituyentes de este sistema universal.(...)
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