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Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh (Parte 1)

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Versión castellana basada en la traducción
autorizada al inglés de SHOGHI EFFENDI

Título original en inglés:
Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh



PASAJES DE LOS ESCRITOS DE BAHÁ'U'LLÁH

I. ¡Loado y glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Cómo puedo yo
hacer mención de ti, si estoy seguro de que ninguna lengua, por muy
profunda que sea su sabiduría, puede magnificar debidamente tu nombre, ni
el ave del corazón humano, por grande que sea su anhelo, jamás podrá
esperar ascender al cielo de tu majestad y conocimiento.

Si te describo, oh mi Dios, como Aquel que Todo lo Percibe, me veo
compelido a admitir que aquellos que son las más elevadas
Personificaciones de la percepción, han sido creados por virtud de tu
mandato. Y si te alabo como Aquel quien es el Omnisapiente, me veo
igualmente forzado a reconocer que los Manantiales de sabiduría han sido
generados ellos mismos por la acción de tu Voluntad. Y si te ensalzo como
el Incomparable, pronto descubro que aquellos que son la más íntima
esencia de unidad, han sido enviados por ti y no son más que las
demostraciones de tu obra. Y si te aclamo como el Conocedor de todas las
cosas, debo confesar que aquellos que son la Quintaesencia del
conocimiento son sólo creación e instrumentos de tu Propósito.

Exaltado, inmensamente exaltado, eres Tú, por encima de los
esfuerzos del hombre mortal para desentrañar tu misterio, describir tu
gloria o aun insinuar la naturaleza de tu Esencia. Por tanto, por mucho
que logren tales esfuerzos, jamás podrán tener la esperanza de trascender
las limitaciones impuestas sobre tus criaturas, ya que están animados por
tu mandato y son engendrados por tu inventiva. Los sentimientos más
elevados que el más santo de los santos pueda expresar en tu alabanza, y
la más profunda sabiduría que el más erudito de los hombres pueda
proferir en su esfuerzo por comprender tu naturaleza, todos giran
alrededor de aquel Centro que está completamente subordinado a tu
Soberanía, que adora tu Belleza y es propulsado por los movimientos de tu
Pluma.

¡No! ¡Prohíbelo, oh mi Dios! que yo haya pronunciado palabras tales
que necesariamente impliquen la existencia de cualquier relación directa
entre la Pluma de tu Revelación y la esencia de todas las cosas creadas.
¡Lejos, muy lejos están Aquellos que tienen conexión contigo, la
concepción de tal relación! Toda comparación o descripción es incapaz de
hacer justicia al Árbol de tu Revelación, y todos los caminos hacia la
comprensión de la Manifestación de ti mismo y la Aurora de tu Belleza,
están cerrados.

¡Lejos, muy lejos de tu gloria está lo que hombres mortales puedan
afirmar de ti, o atribuirte, o la alabanza con que puedan glorificarte!
Cualquier deber que Tú hayas prescrito a tus siervos de ensalzar al
máximo tu majestad y gloria, es sólo una muestra de tu gracia hacia
ellos, para que puedan ascender al grado conferido a su propio ser
interior, el del conocimiento de sí mismo.

Nadie que no seas Tú ha podido, en ningún momento, sondear tu misterio o
ensalzar dignamente tu grandeza. Inescrutable, y muy por encima de la
alabanza de los hombres, permanecerás Tú eternamente. No existe otro Dios
más que Tú, el Inaccesible, el Omnipotente, el Omnisciente, el
Sacratísimo.

II. El principio de todas las cosas es el conocimiento de Dios, y
el fin de todas las cosas, la observancia estricta de todo lo que ha sido
enviado desde el empíreo de la Voluntad Divina, que abarca todo lo que
está en los cielos y en la tierra.

III. La Revelación que desde tiempo inmemorial ha sido aclamada
como el Propósito y Promesa de todos los profetas de Dios y como el más
caro deseo de sus mensajeros, ha sido ahora manifestada a los hombres por
virtud de la penetrante Voluntad del Todopoderoso y de su irresistible
mandato. El advenimiento de tal Revelación ha sido anunciado en todas las
Sagradas Escrituras. Contemplad cómo, a pesar de dicho anuncio, la
humanidad se ha desviado de su sendero y se ha apartado de su gloria.

Di: ¡Oh vosotros amantes del Dios único y verdadero! Esforzaos para
que, en verdad, le reconozcáis, y conozcáis y observéis dignamente sus
preceptos. Ésta es una Revelación bajo la cual, si un hombre derramare
por ella una gota de sangre, miríadas de océanos serán su recompensa.
Estad alertas, oh amigos, no sea que, por incumplimiento, perdáis tan
inestimable beneficio o despreciéis su trascendente rango. Considerad la
multitud de vidas que han sido, y aún están siendo, sacrificadas, en un
mundo engañado por un mero fantasma concebido por la vana imaginación de
sus pueblos. Dad gracias a Dios, ya que habéis alcanzado el deseo de
vuestros corazones y habéis sido unidos a Aquel quien es el Prometido de
todas las naciones. Proteged, con la ayuda del Dios único y verdadero,
exaltada sea su gloria, la integridad de la posición que habéis logrado y
aferraos a aquello que promueva su Causa. Él, en verdad, os ordena
aquello que es justo y que conduce a la elevación de la posición del
hombre. Glorificado sea el Todo Misericordioso, el revelador de esta
maravillosa Tabla.

IV. Este es el día en que los más excelentes favores de Dios han
sido derramados sobre los hombres, Día en que su poderosísima gracia ha
sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos
del mundo reconciliar sus diferencias y, con perfecta unidad y paz, morar
bajo la sombra del Árbol de su cuidado y amorosa bondad. Les incumbe
aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su
posición y la promoción de sus mejores intereses. Dichosos aquellos a
quienes la gloriosísima Pluma se sintió inclinada a recordar y benditos
aquellos hombres cuyos nombres, por virtud de nuestro inescrutable
decreto, hemos preferido ocultar.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que todos los
hombres sean asistidos por gracia a cumplir aquello que sea aceptable a
nuestra vista. Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo será
desplegado en su lugar. De cierto, vuestro Señor habla la verdad y es el
Conocedor de cosas no vistas.

V. Éste es el Día en que el Océano de la misericordia de Dios ha
sido manifestado a los hombres, Día en que el Sol de su amorosa bondad ha
derramado su resplandor sobre ellos, Día en que las nubes de su generoso
favor han dado sombra a toda la humanidad. Éste es el tiempo para alentar
y refrescar al deprimido por medio de las vivificantes brisas de amor y
fraternidad, y por las vivientes aguas de amistad y caridad.

Aquellos que son los amados de Dios, doquiera se reúnan y a
quienquiera encuentren, deben mostrar, en su actitud hacia Dios, y en la
forma en que celebran su alabanza y gloria, tal humildad y sumisión, que
cada átomo de polvo bajo sus pies pueda atestiguar la profundidad de su
devoción. La conversación de estas almas santas debe estar dotada con
poder tal que estos mismos átomos se sientan estremecidos por su
influencia. Deben comportarse en tal forma que la tierra sobre la cual
caminan nunca pueda dirigirles palabras como éstas: "Yo debo ser
preferida antes que vosotros. Observad con qué paciencia sobrellevo la
carga que el labrador me pone encima. Yo soy el instrumento que imparte
continuamente a todos los seres las bendiciones que Aquel quien es la
Fuente de toda gracia, me ha confiado. No obstante el honor que me ha
sido conferido y las innumerables pruebas de mi riqueza, riqueza que
satisface las necesidades de toda la creación, mirad cuán grande es mi
humildad, atestiguad con cuanta sumisión permito ser hollada por los pies
de los hombres..."

Mostrad paciencia, benevolencia y amor los unos por los otros. Si
alguno de entre vosotros no pudiera captar cierta verdad o estuviera
haciendo esfuerzos para comprenderla, mostrad en vuestra conversación con
él un espíritu de suma bondad y benevolencia. Ayudadle a ver y reconocer
la verdad, sin considerarse en lo más mínimo superior a él ni poseedor de
mayores dotes.

Todo el deber del hombre en este Día es alcanzar aquella parte del
torrente de la gracia que Dios derrama para él. Por tanto, que ninguno
considere si el receptáculo es grande o pequeño. La porción de algunos
puede caber en la palma de una mano, la porción de otros pudiera llenar
una taza y la de otros alcanzar la medida de un galón.

Cada cual en este Día debería buscar lo que mejor promueva la Causa
de Dios. ¡Aquel quien es la Eterna Verdad es mi testigo! No hay nada en
este Día que pueda hacer más daño a mi Causa que la disensión y la
contienda, las disputas, el alejamiento y la apatía entre los amados de
Dios. Huid de ellos, mediante el poder de Dios y su soberana ayuda y
esforzaos para unir los corazones de los hombres en su Nombre, el
Unificador, el Omnipotente, el Omnisapiente.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que saboreéis obras
tales como las que son realizadas en su sendero y participéis de la
dulzura de humildad y sumisión tales como las que muestran por amor a Él.
Olvidaos de vosotros mismos y volved vuestros ojos hacia vuestro vecino.
Dedicad vuestras energías a todo aquello que promueva la educación de los
hombres. Nada es, ni jamás podrá ser, ocultado a Dios. Si camináis en su
sendero, sus incalculables e imperecederas bendiciones lloverán sobre
vosotros. Ésta es la luminosa Tabla cuyos versos han brotado de la
vibrante Pluma de Aquel quien es el Señor de todos mundos. Meditad sobre
ella en vuestros corazones y sed de los que observan sus preceptos.

VI. Observad cómo los diversos pueblos y naciones de la tierra han
estado esperando el advenimiento del Prometido. Tan pronto como Aquel
quien es el Sol de la Verdad se manifestó, he aquí, que todos se
apartaron de Él, excepto aquellos a quienes Dios quiso guiar. No nos
atrevemos a levantar, en este Día, el velo que oculta la exaltada
posición que cada creyente verdadero puede alcanzar, por cuanto el júbilo
que tal revelación provocaría bien pudiera ser causa de que algunos
sufrieran un desvanecimiento y murieran.

Aquel quien es el Corazón y Centro del Bayán ha escrito: "El germen
que contiene en sí las potencialidades de la Revelación que ha de venir
posee una potencia superior a las fuerzas combinadas de todos los que me
siguen." Y, en otra parte, Él dice: "De todos los tributos que he rendido
a Aquel que vendrá después de mí, el más grande es éste, mi confesión
escrita, que ninguna palabra mía puede describirle en forma adecuada,
como tampoco puede referencia alguna a Él mi Libro, el Bayán, hacer
justicia a su Causa."

Quienquiera haya buscado en las profundidades de los océanos que
yacen ocultos en estas exaltadas palabras y haya sondeado su significado,
se puede decir que ha descubierto un destello de la gloria inefable con
que ha sido dotada esta poderosísima, sublime y santísima Revelación. De
la excelencia de tan grande Revelación, bien puede imaginarse el honor
con que han de ser investidos sus fieles seguidores. ¡Por la rectitud del
Dios único y verdadero! Incluso el aliento de estas almas posee mayor
riqueza que todos los tesoros de la tierra. Dichoso el hombre que la ha
alcanzado y ¡ay! de los negligentes.

VII. En verdad os digo, este es el Día en que la humanidad puede
contemplar el Rostro y oír la Voz del Prometido. El Llamado de Dios ha
sido proclamado y la Luz de su semblante se ha levantado sobre los
hombres. Incumbe a todos borrar de la tablilla de su corazón la huella de
toda palabra vana y contemplar con mente abierta e imparcial los signos
de su Revelación, las pruebas de su Misión y las señales de su Gloria.

¡Grande, en verdad, es este Día! Las alusiones que se hacen a Él en
todas las sagradas Escrituras como el Día de Dios atestiguan su grandeza.
El alma de cada profeta de Dios, de cada mensajero divino, ha añorado
este maravilloso Día. Asimismo, todos los pueblos de la tierra han
ansiado llegar a él. Sin embargo, en cuanto se manifestó el Sol de su
Revelación en el cielo de la Voluntad de Dios, todos, excepto aquellos a
quienes el Todopoderoso quiso guiar, se mostraron confundidos y
negligentes.

¡Oh tú que me has recordado! Un agraviante velo ha separado a los
pueblos de la tierra de su gloria y ha impedido que escuchen su llamado.
Conceda Dios que la luz de la unidad envuelva a toda la tierra y que el
sello "El Reino es de Dios", sea estampado en la frente de todos sus
pueblos.

VIII. ¡Por la rectitud de Dios! Estos son los días en los cuales Él
ha puesto a prueba los corazones de todos sus mensajeros y profetas y,
más allá de ellos, a quienes montan guardia sobre su sagrado e inviolable
Santuario, los moradores del Pabellón celestial y los habitantes del
Tabernáculo de Gloria. ¡Cuán severa será, entonces, la prueba a que se
verán sometidos aquellos que conciben socios de Dios!

IX. ¡Oh Husayn! Considera cuán ansiosos estaban ciertos pueblos y
naciones de que regresara el Imán Husayn, cuya venida después de la
llegada del Qá'im, ha sido profetizada en días pasados, por los elegidos
de Dios, exaltada sea su gloria. Aún más, estas almas santas han
anunciado que cuando se manifieste Aquel quien es la Aurora de la gracia
múltiple de Dios, todos los profetas y mensajeros, incluso el Qá'im, se
reunirán bajo la sombra del Sagrado Estandarte que el Prometido
enarbolará. Esa hora ya ha llegado. El mundo está iluminado con la gloria
refulgente de su semblante. ¡Sin embargo, observa cuán lejos se han
extraviado los pueblos de su sendero! Ninguno ha creído en Él con
excepción de aquellos quienes, mediante el poder del Señor de los
Nombres, han hecho añicos los ídolos de sus vanas imaginaciones y deseos
corruptos y han entrado en la ciudad de la certeza. En este Día y en su
Nombre, el que Subsiste por sí mismo, el sello del Vino escogido de su
Revelación ha sido roto. Se está derramando su gracia sobre los hombres.
Llena tu copa y bebe en su Nombre, el Santísimo, el Más Alabado.

X. El tiempo preordinado para los pueblos y naciones de la tierra
ya ha llegado. Las promesas de Dios, según están registradas en las
sagradas Escrituras, han sido cumplidas. Desde Sión ha salido la Ley de
Dios y Jerusalén y sus montañas y campos están llenos de la gloria de su
Revelación. Feliz el hombre que pondera en su corazón aquello que ha sido
revelado en los Libros de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por sí mismo. Meditad sobre esto, oh amados de Dios, y permitid
que vuestros oídos estén atentos a su Palabra, para que os sea posible,
por su gracia y misericordia, beber cuanto podáis de las cristalinas
aguas de la constancia y ser en su Causa firmes e inamovibles como la
montaña.

En el Libro de Isaías está escrito: "Entra en la roca y ocúltate en
el polvo, por temor al Señor y por la gloria de su majestad". Ningún
hombre que medite sobre este verso puede dejar de reconocer la grandeza
de esta Causa, o dudar del exaltado carácter de este Día: el Día de Dios
mismo. Este versículo es seguido por las palabras: "Y solamente el Señor
será exaltado en ese Día". Este es el Día que la Pluma del Altísimo ha
glorificado en todas las sagradas Escrituras. No hay en ellas versículo
alguno que no declare la gloria de su santo Nombre y no hay Libro que no
atestigüe la sublimidad de este exaltadísimo tema. Si mencionáramos todo
lo que ha sido revelado en estos Libros celestiales y santas Escrituras
concerniente a esta Revelación, esta Tabla llegaría a tener dimensiones
inconmensurables. Incumbe a cada ser humano en este Día, poner toda su
confianza en las múltiples generosidades de Dios y levantarse para
diseminar, con suma sabiduría, las verdades de su Causa. Entonces, y sólo
entonces, toda la tierra será envuelta por la luz matinal de su
Revelación.

XI. Toda gloria sea para este Día, Día en que las fragancias de
misericordia se han esparcido sobre todas las cosas creadas; Día tan
bendito, que las edades y siglos del pasado jamás podrán rivalizarlo; Día
en que el semblante del Antiguo de los Días se ha vuelto hacia su santa
sede. Por tanto, las voces de todas las cosas creadas, y más allá de
éstas, aquellas del Concurso en lo alto, se oyeron exclamar: "Apresúrate,
oh Carmelo, porque, ve, la luz del semblante de Dios, el Soberano del
Reino de los Nombres y Modelador de los cielos, se ha levantado sobre
ti".

Sobrecogido por efluvios de alegría, levantando su voz, exclamó:
"¡Que mi vida sea sacrificada por ti! Ya que Tú has fijado tu mirada
sobre mí, me has conferido tu munificencia y has dirigido tus pasos hacia
mí. La separación de ti, oh Fuente de vida eterna, casi me ha consumido y
mi lejanía de tu presencia ha devorado mi alma. Toda alabanza sea para ti
por haberme permitido escuchar tu llamado, por haberme honrado con tus
pasos y por haber revivido mi alma con la vivificante fragancia de tu Día
y la estremecedora voz de tu Pluma, voz que Tú ordenaste fuera tu toque
de clarín entre tu pueblo. Y cuando sonó la hora en que debía
manifestarse tu irresistible Fe, exhalaste a tu Pluma un soplo de tu
espíritu y he aquí que toda la creación fue sacudida hasta sus mismos
cimientos, descubriendo ante la humanidad aquellos misterios que yacían
ocultos en los tesoros de Aquel quien es el Poseedor de todas las cosas
creadas".

En cuanto se oyó su voz en ese exaltadísimo Lugar, Nosotros
respondimos: "Da gracias a tu Señor, oh Carmelo. El fuego de tu
separación de mí te consumía rápidamente cuando el océano de mi presencia
se levantó ante tu rostro, alegrando tus ojos y los de toda la creación y
llenando de gozo todas las cosas visibles e invisibles. Regocíjate,
porque Dios ha establecido su trono sobre ti en este Día, te ha hecho el
punto del amanecer de sus signos y la aurora de las demostraciones de su
Revelación. Dichoso aquel que te circunde, proclame la revelación de tu
gloria y relate aquello que la munificencia del Señor tu Dios ha
derramado sobre ti. Toma el Cáliz de la Inmortalidad en el nombre de tu
Señor, el Todo Glorioso, y da gracias a Él, ya que, como señal de su
misericordia hacia ti, ha transformado tu tristeza en alegría y ha
cambiado tu pena en dichosa felicidad. Él, en verdad, ama el sitio
designado la sede de su trono, que sus pies han pisado, que ha sido
honrado por su presencia, desde donde Él proclamó su llamado y sobre el
cual derramó sus lágrimas.

"Llama a Sión, oh Carmelo, y anuncia las felices nuevas: ¡Él que
estaba oculto a los ojos mortales ha venido! Su soberanía que todo lo
subyuga está manifiesta; su esplendor que todo lo abarca se ha revelado.
Está alerta, no sea que vaciles o te detengas. Apresúrate y circunda la
Ciudad de Dios que ha descendido del cielo, la Kaaba celestial a cuyo
derredor han circundado en adoración los favorecidos de Dios, los puros
de corazón y la compañía de los más excelsos ángeles. ¡Oh! cuánto ansío
anunciar a cada lugar de la superficie de la tierra y llevar a cada una
de sus ciudades las buenas nuevas de esta Revelación, a la cual ha sido
atraído el corazón del Sinaí y en cuyo nombre la Zarza Ardiente está
proclamando: 'Los reinos del cielo y de la tierra pertenecen a Dios, el
Señor de Señores'. En verdad, este es el Día en que tanto la tierra como
el mar se regocijan ante este anuncio, Día para el cual han sido
preservadas aquellas cosas que Dios, gracias a una generosidad más allá
de la comprensión de mente o corazón mortales, ha destinado para ser
reveladas. Dentro de poco Dios hará navegar su Arca sobre ti y
manifestará al pueblo de Bahá que ha sido mencionada en el Libro de los
Nombres."

Santificado sea el Señor de toda la humanidad, ante la mención de
cuyo nombre todos los átomos de la tierra han vibrado, y la Lengua de
Grandeza ha sido impulsada a exponer aquello que estaba guardado en su
conocimiento y yacía oculto en el tesoro de su poder. Él en verdad,
mediante la potencia de su nombre, el Poderoso, el Omnipotente, el
Altísimo, es el soberano de todo lo que hay en los cielos y todo lo que
hay sobre la tierra.

XII. Levantaos, oh pueblo, anticipándoos a los días de la justicia
divina, porque la hora prometida ha llegado. Estad alerta, no sea que no
comprendáis su importancia y seáis contados entre los descarriados.

XIII.    Considera el pasado. Cuántos hombres, elevados y humildes,
han esperado ansiosamente, en toda época, el advenimiento de las
manifestaciones de Dios en la santificada persona de sus elegidos.
Cuántas veces han esperado su venida; con qué frecuencia han suplicado
para que sople la brisa de la misericordia divina y aparezca la Belleza
prometida desde detrás del velo del encubrimiento, y sea revelada a todo
el mundo. Y siempre que se abrieron las puertas de gracia, y las nubes de
munificencia divina se vertieron sobre la humanidad y la luz del
Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial, todos ellos le
negaron y se apartaron de su rostro, el rostro de Dios mismo ....

Reflexiona: ¿Cuál pudo haber sido el motivo de tales hechos? ¿Qué
pudo haber inducido a semejante comportamiento para con los Reveladores
de la belleza del Todo Glorioso? Aquello que en días pasados fue la causa
del rechazo y oposición de esos hombres, ahora ha ocasionado la
perversidad de la gente de esta época. Sostener que el testimonio de la
Providencia era incompleto y que por eso ha sido la causa del rechazo de
los hombres, no es sino blasfemia evidente. ¡Cuán lejos está de la gracia
del Todo Munífico, de su amorosa providencia y tierna misericordia,
elegir a un alma de entre todos los hombres para que guíe a sus
criaturas, y luego, por una parte, privarle de la medida plena de su
testimonio divino, y por otra, infligir severo castigo a su pueblo por
haberse apartado de su elegido! Es más, las múltiples generosidades del
Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo, mediante las
manifestaciones de su divina Esencia, a la tierra y a todos los que viven
en ella. Ni por un momento ha sido retenida su gracia, ni tampoco las
lluvias de su amorosa bondad han dejado de verterse sobre la humanidad.
Por consiguiente, semejante comportamiento no puede atribuirse sino a la
estrechez de mente de aquellas almas que vagan en el valle de la
arrogancia y orgullo, que están perdidas en el desierto del alejamiento,
que caminan tras sus vanas fantasías y siguen las órdenes de los jefes de
su fe. Su interés principal es la mera oposición, y su único deseo es
desconocer la verdad. Para todo observador perspicaz es evidente y
manifiesto que si en los días de cada una de las manifestaciones del Sol
de la Verdad estos hombres hubiesen santificado sus ojos, sus oídos y sus
corazones de todo lo que hubieran visto, oído y sentido, de seguro no se
habrían privado de ver la belleza de Dios, ni se habrían extraviado lejos
de los aposentos de gloria. Pero pesaron el testimonio de Dios con la
medida de su propio conocimiento, tomado de las enseñanzas de los jefes
de su fe, y al encontrarlo en desacuerdo con su limitado entendimiento,
se levantaron a perpetrar tan indignos actos ....

¡Considera a Moisés! Armado con la vara del dominio celestial,
adornado con la blanca mano del conocimiento divino, procedente del Paran
del amor de Dios, y empuñando la serpiente del poder y majestad eterna,
brilló sobre el mundo desde el Sinaí de la luz. Llamó a todos los pueblos
y razas de la tierra al reino de la eternidad, y les invitó a participar
del fruto del árbol de la fidelidad. Seguramente conoces la feroz
oposición del Faraón y su pueblo, y de las piedras de ociosa fantasía que
las manos de los infieles lanzaron a ese Árbol bendito. Tanto es así, que
finalmente el Faraón y su pueblo se levantaron, haciendo esfuerzos
extremos para extinguir, con las aguas de la falsedad y negación, el
fuego de ese Árbol sagrado, olvidando la verdad de que ningún agua
terrenal puede apagar la llama de la sabiduría divina, ni pueden ráfagas
mortales extinguir la lámpara del dominio eterno. Más aún, semejante agua
no puede sino intensificar el ardor de la llama, y tales ráfagas no
pueden sino asegurar la conservación de la lámpara; si observaras con el
ojo del discernimiento y caminaras por el camino de la santa voluntad y
complacencia de Dios ....

Y cuando terminaron los días de Moisés, y la luz de Jesús,
brillando desde la aurora del Espíritu, envolvió al mundo, todo el pueblo
de Israel se levantó en oposición contra Él. Reclamaban que Aquel cuyo
advenimiento había predicho la Biblia, debía necesariamente promulgar y
cumplir las leyes de Moisés, en tanto que este joven nazareno, quien se
atribuía la posición del Mesías divino, había anulado la ley del divorcio
y del sábado: las más importantes de todas las leyes de Moisés. Y además,
¿qué decir de las señales de la Manifestación que había de venir? ¡Este
pueblo de Israel, aún, hasta el día de hoy, espera a la Manifestación
predicha por la Biblia! ¡Cuántas Manifestaciones de Santidad, cuántos
Reveladores de la luz sempiterna, han aparecido desde el tiempo de
Moisés, y, sin embargo, Israel, envuelto en los más densos velos de
fantasía satánica y falsas imaginaciones, aún espera que el ídolo creado
por él mismo aparecerá con los signos que él ha concebido! Así Dios les
ha castigado por sus pecados, ha extinguido en ellos el espíritu de fe, y
les ha atormentado con las llamas del fuego del infierno. Y esto sólo a
causa de que Israel rehusó comprender el significado de aquellas palabras
que fueron reveladas en la Biblia referente a los signos de la próxima
Revelación. Como jamás comprendió su verdadera significación y
aparentemente tales acontecimientos nunca ocurrieron, permaneció privado
de reconocer la belleza de Jesús y de ver la faz de Dios. ¡Y aún esperan
su venida! Desde tiempo inmemorial hasta el presente, todas las razas y
pueblos de la tierra se han aferrado a semejantes fantasías y
pensamientos indignos, privándose así de las claras aguas que fluyen de
las fuentes de pureza y santidad....

Para quienes están dotados de entendimiento, es claro y manifiesto
que cuando el fuego del amor de Jesús consumió los velos de las
limitaciones de los judíos, y su autoridad se hizo evidente y fue puesta
parcialmente en vigor, Él, el Revelador de la Belleza invisible, al
dirigirse un día a sus discípulos, se refirió a su muerte, y, encendiendo
en sus corazones el fuego de la aflicción, les dijo: "Yo me voy y vengo
otra vez a vosotros." Y en otra parte Él dijo: "Yo me voy y vendrá otro,
quien os dirá todo lo que no os he dicho, y cumplirá todo lo que he
hablado." Ambos dichos tienen un mismo significado, si consideras a las
manifestaciones de la Unidad de Dios con percepción divina.

Todo observador perspicaz reconocerá que en la dispensación del
Corán, fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en
cuanto a los nombres, Muhammad mismo declaró: "Yo soy Jesús". Él
reconoció la verdad de las señales, profecías y palabras de Jesús, y
atestiguó que todas eran de Dios. En este sentido, ni la persona de
Jesús, ni sus escritos han diferido en los de Muhammad y de su Libro
sagrado, por cuanto ambos han abogado por la Causa de Dios, han
pronunciado su alabanza y revelado sus mandamientos. Así, Jesús mismo
declaró: "Me voy y vengo otra vez a vosotros." Considera el sol. Si
dijera: "Soy el sol de ayer", hablaría la verdad. Y si pretendiese ser
otro sol, tomando en cuenta la secuencia del tiempo, diría también la
verdad. Asimismo, Si se dijera que todos los días no son sino uno y el
mismo, sería correcto y verdadero. Y si se dijera respecto de nombres
particulares y designaciones, que difieren, esto también sería verdadero.
Pues, si bien son los mismos, se reconoce en cada uno una designación
distinta, un atributo específico, un carácter particular. Conforme a
esto, comprende la distinción, variedad y unidad características de las
diversas Manifestaciones de santidad, para que puedas entender las
alusiones hechas por el Creador de todos los nombres y atributos, a los
misterios de la distinción y unidad, y descubrir la respuesta a tu
pregunta acerca de por qué la Eterna Belleza, varias veces, se ha llamado
con nombres y títulos diferentes....

Cuando el Invisible, el Eterno, la Esencia divina, hizo que saliera
el Sol de Muhammad en el horizonte del conocimiento, entre los reparos
que pusieron contra Él los teólogos judíos estaba que después de Moisés
ningún profeta sería enviado por Dios. Ciertamente, se ha hecho mención
en las escrituras a un Ser que debía necesariamente manifestarse, quien
promovería la Fe de Moisés y fomentaría los intereses de su pueblo, de
modo que la Ley de la Dispensación de Moisés abarcase a toda la tierra.
Así se ha referido en su Libro el Rey de gloria sempiterna a las palabras
pronunciadas por esos vagabundos del valle del alejamiento y error:
"Dicen los judíos, 'La mano de Dios está encadenada'. Encadenadas estén
sus propias manos; y fueron maldecidos por lo que dijeron. Antes
¡extendidas están sus dos manos!" "La mano de Dios está por encima de sus
manos." Aunque de diversa manera han relatado los comentaristas del Corán
las circunstancias que rodearon la revelación de este versículo, con todo
debieras esforzarte por comprender su propósito. Él dice: ¡Cuán falso es
lo que los judíos han imaginado! ¿Cómo puede la mano de Aquel quien es el
Rey en verdad, quien hizo que se revelara el semblante de Moisés y le
confirió el manto de profeta; cómo puede estar encadenada y trabada con
grillos la mano de semejante Ser? ¿Cómo puede imaginársele incapaz para
enviar a otros mensajeros después de Moisés? ¡Mira lo absurdo de su
afirmación; cuán lejos se han apartado del sendero del conocimiento y la
comprensión! Observa cómo también en este día, toda esta gente se ha
ocupado con tan absurdos disparates. ¡Durante más de mil años han estado
recitando este versículo y censurando, sin saberlo, a los judíos,
ignorando totalmente que ellos mismos, abierta y secretamente, expresan
los sentimientos y creencia del pueblo judío! Seguramente estás informado
de su vana aseveración que toda Revelación ha terminado, que se han
cerrado las puertas de la misericordia divina, que de las auroras de
santidad eterna no saldrá de nuevo el sol, que para siempre se ha calmado
el Océano de la munificencia sempiterna, que los mensajeros de Dios han
cesado de aparecer desde el Tabernáculo de antigua gloria. Tal es el
grado de comprensión de esta gente mezquina y despreciable. Esta gente ha
imaginado que el flujo de la gracia de Dios, que todo lo abarca, y sus
abundantes favores, cuya interrupción ninguna mente puede contemplar, se
ha detenido. De todos lados se han levantado con tiranía, y han hecho los
mayores esfuerzos para apagar con las amargas aguas de su vana fantasía
la llama de la Zarza Ardiente de Dios, olvidando que el globo del poder
protegerá dentro de su poderosa fortaleza a la Lámpara de Dios ....

Observa cómo la soberanía de Muhammad, el Mensajero de Dios, es
evidente y está manifiesta, entre el pueblo. Tú bien sabes lo que
aconteció a su Fe en los primeros días de su dispensación. ¡ Cuán
dolorosos sufrimientos causó la mano de los infieles y errados, los
sacerdotes de esa época y sus socios, a esa Esencia espiritual, a ese muy
puro y santo Ser! ¡Cuán abundantes las zarzas y espinas que esparcieron
sobre su camino! Es evidente que esa miserable generación, en su malvada
y satánica fantasía, consideró todo daño a ese Ser inmortal como medio
para alcanzar felicidad perdurable, por cuanto los sacerdotes reconocidos
de esa época, como 'Abdu'lláh-i-Ubayy, Abú 'Ámir, el ermitaño, Ka'b-ibn-
i-Ashraf, y Nadr-ibn-i-Hárith, le trataron todos como impostor y le
declararon demente y calumniado. Tan dolorosas acusaciones hicieron
contra Él, que al relatarlas, Dios prohibe que fluya la tinta, que corra
nuestra pluma o que las soporte la página. Estas imputaciones malignas
hicieron que el pueblo se levantara para atormentarle. ¡Y cuán feroz ese
tormento si los sacerdotes de la época son sus principales instigadores,
si le denuncian a sus seguidores y le arrojan de su medio declarándole
perverso! ¿No le ha sucedido lo mismo a este Siervo, y todos lo han
presenciado?

Por esta razón, Muhammad exclamó: "Ningún profeta de Dios ha
sufrido daño tal como el que Yo he sufrido". Y en el Corán se registran
todas las calumnias y reproches que se pronunciaron contra Él, así como
todas las aflicciones que sufrió. Remitíos a él para que tal vez seáis
informados de lo que aconteció a su Revelación. Tan grave era su
situación, que por un tiempo todos dejaron de tener trato con Él y con
sus compañeros. Cualquiera que se juntara con Él caía víctima de la
crueldad implacable de sus enemigos....

¡Considera cuán grande es el cambio hoy día! ¡Mira cuántos
soberanos inclinan la rodilla ante su nombre! ¡Cuán numerosas las
naciones y reinos que han buscado asilo bajo su Sombra, y que guardan
lealtad a su Fe enorgulleciéndose de ello! De los púlpitos se elevan hoy
palabras de alabanzas que con toda humildad glorifican su bendito nombre;
y de lo alto de los minaretes resuena el llamado que convoca al concurso
de su pueblo para adorarle. Aun los reyes de la tierra que han rehusado
abrazar su Fe y quitarse el manto del descreimiento, confiesan y
reconocen sin embargo la grandeza y majestad avasalladora de ese Sol de
amorosa bondad. Tal es su soberanía terrenal, de la cual ves evidencias
por todas partes. Esta soberanía debe necesariamente revelarse y
establecerse, ya sea durante la vida de cada manifestación de Dios o
después de su ascensión a su verdadera morada en los reinos de lo
alto....

Es evidente que los cambios producidos en cada Dispensación,
constituyen las nubes oscuras que se interponen entre el ojo del
entendimiento humano y la Lumbrera divina que brilla en la aurora de la
Esencia divina. Considera cómo los hombres durante generaciones han
imitado ciegamente a sus padres, y han sido educados de acuerdo con
prácticas y costumbres tales como las establecidas por los preceptos de
su Fe. Por tanto, si estos hombres descubrieran de repente que un Hombre,
que ha vivido en medio de ellos, y que respecto a toda limitación humana
ha sido igual a ellos, se ha levantado para abolir todos los principios
establecidos e impuestos por su Fe -principios en los cuales ellos
durante siglos han sido disciplinados, considerando como infieles,
descarriados y perversos a sus opositores y negadores- ellos,
ciertamente, estarían envueltos en velos e imposibilitados para reconocer
su verdad. Cosas semejantes son como "nubes" que velan los ojos de
aquellos cuyo ser interior aún no ha gustado el Salsabíl del
desprendimiento, ni ha bebido del Kawthar del conocimiento de Dios. Tales
hombres, al tomar conocimiento de esas circunstancias, llegan a velarse a
tal punto que sin la menor pregunta declaran infiel a la Manifestación de
Dios y le sentencian a muerte. Debes haber oído ya que tales cosas han
sucedido en todas las épocas, y ahora puedes observarlas en este día.

Nos incumbe, por tanto, hacer el mayor esfuerzo, para que con la
invisible ayuda de Dios, esos velos oscuros, esas nubes de pruebas
enviadas del Cielo, no nos impiden ver la belleza de su luminoso
semblante y reconocerle sólo en virtud de su propio ser.

XIV. La Divina Primavera ha llegado, oh Más Excelsa Pluma, por
cuanto la Festividad del Todo Misericordioso se acerca rápidamente.
Levántate y glorifica ante la creación entera el nombre de Dios y celebra
su alabanza de tal manera que todas las cosas creadas puedan ser
regeneradas y renovadas. Habla y no guardes silencio. El sol de suprema
felicidad brilla sobre el horizonte de nuestro nombre, el Venturoso, por
cuanto el reino del nombre de Dios ha sido adornado con el ornamento del
nombre de tu Señor, el Creador de los cielos. Levántate ante las naciones
de la tierra y ármate con el poder de este Más Grande Nombre y no seas de
los que se demoran.

Me parece que te has detenido y no te mueves sobre mi Tabla. ¿Es
posible que el resplandor del Semblante Divino te haya aturdido o que la
necia charla de los insolentes te haya llenado de pesar y paralizado tu
acción? Está alerta y no dejes que nada te prive de ensalzar la grandeza
de este Día en que el Dedo de majestad y fuerza ha abierto el sello del
Vino de la Reunión y llamado a todos los que están en el cielo y a todos
los que están en la tierra. ¿Prefieres demorarte cuando la brisa
anunciadora del Día de Dios ha soplado ya sobre ti, o eres de aquellos
que están apartados de Él como por un velo?

No he permitido que ningún velo, cualquiera que sea, oh Señor de
todos los nombres y Creador de los cielos, me aparte del reconocimiento
de las glorias de tu Día, el cual es la lámpara de guía para todo el
mundo y el signo del Antiguo de los Días para todos aquellos que habiten
en él. Mi silencio es debido a los velos que han impedido que los ojos de
tus criaturas te vean y mi mudez se debe a los impedimentos que han
privado a tu pueblo de reconocer tu verdad. Tú conoces lo que está en mí;
pero yo no conozco lo que se halla en ti. Tú eres el Omnisciente, el que
Todo lo Conoce. ¡Por tu nombre que excede todo otro nombre! Si tu mandato
predominante y sometedor, alguna vez me alcanzara, me daría poder para
revivir las almas de todos los hombres por medio de tu más excelsa
Palabra, la cual he oído de tu Lengua de poder en tu Reino de gloria. Me
permitiría anunciar la revelación de tu refulgente semblante por medio
del cual lo que yace oculto a los ojos de los hombres ha sido manifestado
en tu nombre, el Perspicaz, el Soberano Protector, el que Subsiste por sí
mismo.

Oh Pluma, ¿descubres en este Día a otro que no sea a mí? ¿Qué hay
de la creación y de sus manifestaciones? ¿Qué de los nombres y su reino?
¿Dónde han ido todas las cosas creadas ya sean visibles o invisibles?
¿Qué hay de los secretos ocultos del universo y sus revelaciones? ¡Ve
cómo la creación entera ha dejado de existir! Nada queda sino mi Rostro,
el Siempre Perdurable, el Resplandeciente, el Todo Glorioso.

Este es el Día en que nada se ve excepto los esplendores de la Luz
que brilla en el rostro de tu Señor, el Munífico, el Más Generoso.
Verdaderamente, Nosotros hemos hecho expirar a cada alma por virtud de
nuestra irresistible soberanía que todo lo sojuzga. Luego hemos hecho
surgir una nueva creación, como signo de nuestra gracia hacia los
hombres. Soy, en verdad, el Todo Generoso, el Antiguo de los Días.

Éste es el Día en que el mundo invisible proclama: "Grande es tu
bendición, oh tierra, porque has sido hecha el escabel de tu Dios y has
sido escogida como el asiento de su poderoso trono". El reino de la
gloria exclama: "Ojalá pudiera sacrificarte mi vida, porque Él, quien es
el Bienamado del Todo Misericordioso, ha establecido su soberanía sobre
ti, mediante la fuerza de su Nombre que ha sido prometido a todo lo que
existe tanto en el pasado como en el futuro". Éste es el Día en que toda
emanación de dulce olor deriva su fragancia del aroma de mi vestidura, la
que ha derramado su perfume sobre la creación entera. Éste es el Día en
que las torrentosas aguas de la vida eterna han brotado de la Voluntad
del Todo Misericordioso. ¡Apresuraos de corazón y alma y bebed cuanto
podáis, o Concurso de los reinos en lo alto!

Di: Él es la Manifestación de Aquel quien es el Incognoscible, el
Invisible de los Invisibles, si pudierais comprenderlo. Él es quien ha
puesto a descubierto, ante vosotros, la oculta y atesorada Gema, si sólo
la buscarais. Él es el único Amado de todo lo existente, ya sea del
pasado o del futuro. ¡Ojalá que pudierais poner vuestros corazones y
esperanzas en Él!

Hemos escuchado la voz de tu Súplica, oh Pluma, y disculpamos tu
silencio. ¿Qué es lo que te ha confundido tan penosamente?

La embriaguez de tu presencia, oh Bienamado de todos los mundos, me
ha asido y me ha poseído.

Levántate y proclama a la creación entera las nuevas de que Él,
quien es el Todo Misericordioso ha dirigido sus pasos hacia el Ridván y
ha entrado en él. Guía, pues, al pueblo al jardín de delicias el cual
Dios ha hecho el Trono de su Paraíso. Te hemos escogido a ti para que
seas nuestra poderosísima Trompeta, cuyo toque anunciará la resurrección
de toda la humanidad.

Di: Éste es el Paraíso en cuyo follaje el vino de la prolación ha
estampado el testimonio: "¡Aquel quien estaba oculto a los ojos de los
hombres ha sido revelado, investido con soberanía y poder!" Éste es el
Paraíso, el murmullo de cuyas hojas proclama: "¡Oh vosotros que moráis en
los cielos y en la tierra! Ha aparecido lo que antes jamás apareció.
Aquél, que desde la eternidad tenía oculto su Rostro a la vista de la
creación, ya ha venido". De la murmurante brisa que sopla entre sus ramas
se oye el clamor: "Aquel quien es el soberano Señor de todo se ha hecho
manifiesto. El Reino es de Dios", mientras que de sus fluyentes aguas se
escucha el susurro: "Todos los ojos brillan de alegría, porque Aquel
quien nadie ha contemplado, cuyo secreto nadie ha descubierto ha
levantado el velo de la gloria y ha puesto al descubierto el semblante de
la Belleza".

Dentro de este Paraíso, y desde las alturas de sus más elevados
reinos, las Doncellas del Cielo han exclamado y proclamado: "Regocijaos
vosotros moradores de los reinos en lo alto, porque los dedos de Aquel
quien es el Antiguo de los Días hacen tañer, en el nombre del Todo
Glorioso, en el centro del corazón de los cielos, la Más Grande Campana.
Las manos de la generosidad han hecho pasar las copas de la vida eterna.
Aproximaos y tomad lo que podáis. ¡Bebed con saludable fruición, oh
vosotros que sois la encarnación misma del anhelo, vosotros que sois la
personificación del deseo vehemente!"

Éste es el Día en el cual Aquel quien es el Revelador de los
nombres de Dios, ha salido del Tabernáculo de la gloria y ha proclamado a
todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra:
"Retirad las copas del Paraíso y toda el agua vivificadora que contienen,
porque, ved cómo, el pueblo de Bahá ha entrado en la dichosa morada de la
Presencia divina y ha bebido el vino de la reunión del cáliz de la
belleza de su Señor, el que Todo lo que Posee, el Altísimo".

Oh Pluma, olvida el mundo de la creación y vuélvete hacia la faz de
tu Señor, el Señor de todos los nombres. Adorna entonces el mundo con el
ornamento de las favores de tu Señor, el Rey de los días sempiternos.
Porque recibimos la fragancia del Día en el cual Aquel quien es el Deseo
de todas las naciones ha derramado sobre los reinos de lo invisible y de
lo visible el esplendor de la luz de sus más excelentes nombres y los ha
envuelto con el resplandor de las luminarias de sus más bondadosos
favores, favores que nadie puede valorar salvo Aquel quien es el
omnipotente Protector de toda la creación.

No mires a las criaturas de Dios sino con ojos de bondad y
misericordia, porque nuestra amorosa providencia ha penetrado en todas
las cosas creadas y nuestra gracia ha envuelto la tierra y los cielos.
Éste es el Día en el cual los verdaderos siervos de Dios participan de
las aguas vivificantes de la reunión, Día en que los que están cerca de
Él pueden beber de las corrientes tranquilas del río de la inmortalidad,
y aquellos que creen en su unidad, beber el vino de su presencia, por el
reconocimiento de Aquel quien de todo, es el Más Alto y Último Fin,
dentro de quien la Lengua de Majestad y Gloria eleva el llamado: "Mío es
el Reino. Por derecho propio, Yo mismo soy su Soberano".

Atrae los corazones de los hombres con el llamado de Aquel que es
el solo y único Amado. Di: Ésta es la Voz de Dios, si escucharais. Ésta
es la Aurora de la Revelación de Dios, si Supierais. Éste es el lugar del
Amanecer de la Causa de Dios, si lo reconocierais. Ésta es la Fuente del
mandato de Dios, si sólo la juzgarais acertadamente. Éste es el Secreto
oculto y manifiesto, ojalá pudierais comprenderlo. ¡Oh pueblos del mundo!
En mi nombre, que trasciende todos los demás nombres, desechad las cosas
que poseéis y sumergíos en este Océano en cuyas profundidades yacen
ocultas las perlas de la sabiduría y de la prolación, océano que se mueve
en mi nombre el Todo Misericordioso. Así os instruye Aquel con quien está
el Libro Madre.

El Más Amado ha venido. En su mano derecha está el Vino sellado de
su nombre. Feliz el hombre que se vuelve hacia Él, que bebe cuanto puede
y que exclama: "¡Alabado seas Tú, oh Revelador de los signos de Dios!"
¡Por la rectitud del Todopoderoso! Cada cosa oculta ha sido manifestada
por la fuerza de la verdad. Todos los favores de Dios han sido enviados
como un signo de su gracia. Las aguas de la vida eterna, en su plenitud,
han sido brindadas a los hombres. Cada copa ha sido ofrecida a todos por
la mano del Bienamado. Acercaos y no demoréis ni un solo instante.

Benditos son aquellos que se han remontado con las alas del
desprendimiento y han alcanzado la posición que, como lo ha ordenado
Dios, ampara la creación entera; a quienes, ni las vanas imaginaciones de
los doctos, ni la multitud de las huestes de la tierra han logrado
apartar de su Causa. ¿Hay alguien entre vosotros, oh pueblo, que renuncie
al mundo y se acerque a Dios, el Señor de todos los nombres? ¿Dónde puede
encontrarse el que, por la fuerza de mi nombre, trasciende todas las
cosas creadas, deseche lo que los hombres poseen y se aferre con todo su
poder a las cosas que Dios, el Conocedor de lo visible e invisible, le ha
ordenado observar? Es así como su generosidad ha sido enviada a los
hombres, su testimonio ha sido cumplido y su prueba ha brillado sobre el
Horizonte de la misericordia. Grande será el premio ganado por aquel que
ha creído y exclamado: "¡Loado eres Tú, oh Amado de todos los mundos!
Magnificado sea tu nombre, oh Tú el Deseo de todo corazón comprensivo!"

Regocijaos con extrema alegría, oh pueblo de Bahá, cuando recordéis
el Día de felicidad suprema, en el cual la Lengua del Antiguo de los Días
ha hablado, al abandonar su Casa para dirigirse al Sitio desde el cual
derramó sobre la creación entera los esplendores de su nombre, el Todo
Misericordioso. Dios es nuestro testigo. Si reveláramos los secretos
ocultos de aquel Día todos los que moran en los cielos y en la tierra
desfallecerían y morirían, con excepción de aquellos que sean preservados
por Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Tal es el efecto embriagador de las palabras de Dios, sobre Aquel
quien es el Revelador de sus indudables pruebas, que su Pluma no puede
moverse mas. Con estas palabras Él concluye su Tabla: "No hay otro Dios
fuera de mí, el Más Exaltado, el Más Poderoso, el Más Excelso, el que
Todo lo Sabe."

XV. La Pluma de la Revelación exclama: "¡En este Día, el Reino es
de Dios!" La Lengua del Poder está llamando: "¡En este Día, toda
soberanía está verdaderamente con Dios!" El Fénix de los Reinos en lo
alto anuncia desde la Rama inmortal: "¡La gloria de toda grandeza
pertenece a Dios, el Incomparable, el que Todo lo Compele!" La Paloma
Mística proclama, desde su venturosa morada, en el eterno Paraíso: "¡En
este Día, la fuente de toda munificencia proviene de Dios, el Único, el
Perdonador!" El Ave del Trono gorjea su melodía en su refugio de
santidad: "¡El supremo poder no ha de ser atribuido, en este Día, a nadie
salvo Dios, quien no tiene par, ni igual, quien es el Más Fuerte, el que
Todo lo Sojuzga!" La íntima esencia de todo lo creado entona en todas las
cosas el testimonio: "¡En este Día todo perdón fluye de Dios, con quien
nadie puede compararse, con quien nadie puede ser asociado; el Soberano
Protector de todos los hombres y el Encubridor de sus pecados!" La
Quintaesencia de la Gloria ha levantado su voz sobre mi cabeza y llama
desde tales alturas que no hay pluma ni lengua que puedan describirlas de
manera alguna: "¡Dios es mi testigo! Él, el Antiguo de los sempiternos
días ha venido, investido con majestad y poder. No hay otro Dios más que
Él, el Todo Glorioso, el Todopoderoso, el Altísimo, el Sapientísimo, el
que Todo lo Penetra, el que Todo lo Ve, el Conocedor de Todo, el Soberano
Protector, la Fuente de luz eterna!"

¡Oh mi siervo, tú que has buscado el agrado de Dios y te has
aferrado a su amor en el Día en que todos salvo unos pocos dotados de
entendimiento se han separado de Él! Dios, por su gracia, te recompense
con un premio generoso, incorruptible y eterno, por cuanto tú lo has
buscado en el Día en que los ojos fueron cegados. Sabe que si te
revelásemos una gota de las lluvias que han caído sobre Nosotros de las
manos de los envidiosos y perversos por mandato de Dios llorarías con
gran llanto y lamentarías día y noche nuestra condición. ¡Oh si pudiese
encontrar un alma perspicaz e imparcial que reconociera las maravillas de
esta Revelación, las cuales proclaman la soberanía de Dios y la grandeza
de su poder. Quisiera que tal hombre se levantara y sólo por Dios,
amonestara privada y abiertamente al pueblo, para que quizá se levanten y
ayuden a este Agraviado a quien los inicuos han afligido tan penosamente.

Me parece oír la Voz del Espíritu Santo, llamando a mis espaldas y
diciendo: Varía tu tema y altera tu tono, no sea que el corazón de aquel
que ha fijado su mirada sobre tu faz, se entristezca. Di: Por la gracia
de Dios y su poder, no he buscado la ayuda de nadie en el pasado, ni
tampoco la buscaré en el futuro. Él es quien me ayudó con el poder de la
verdad, durante los días de mi destierro en 'Iráq. Él es quien me amparó
bajo la sombra de su protección, en el tiempo en que los pueblos de la
tierra disputaban conmigo. Él es quien me permitió abandonar la ciudad,
revestido con tal majestad, que nadie, salvo el negador y el perverso
pueden dejar de reconocer.

Di: Mi ejército es mi fe en Dios, mi pueblo es la fuerza de mi
confianza en Él. Mi amor es mi estandarte y mi compañero el recuerdo de
Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el Todo Glorioso, el
Absoluto.

Levántate, oh caminante en el sendero del Amor de Dios y ayuda su
Causa. Di: Oh pueblo, no troquéis a este Joven por las vanidades de este
mundo ni por las delicias del cielo. ¡Por la rectitud del Dios único y
verdadero! Uno sólo de su cabellos excede todo lo que está en los cielos
y todo lo que está sobre la tierra. Guardaos, oh hombres, no sea que se
os tiente a separaros de Él a cambio del oro y plata que poseéis. Que su
amor sea un depósito de tesoros para vuestras almas, en el Día cuando
ninguna otra cosa, fuera de Él, os beneficiará, Día en que todo pilar
temblará, cuando la piel misma de los hombres se estremecerá, cuando
todos los ojos se alzarán aterrorizados. Di: Oh pueblos, temed a Dios y
no os alejéis con desdén de su Revelación. Caed ante Dios postrados sobre
vuestros rostros y celebrad su alabanza en el día y en la noche.

Que tu alma arda con la llama de este Fuego imperecedero, que está
encendido en lo más íntimo del corazón del mundo, de tal manera que las
aguas del universo sean incapaces de enfriar su ardor. Haz entonces,
mención de tu Señor, que quizá los negligentes entre nuestros siervos
sean amonestados por tus palabras, y los corazones de los rectos
alborocen.

XVI. Di: ¡Oh hombres! Éste es un Día inigualable. Asimismo,
inigualable debe ser la lengua que celebra la alabanza del Deseo de todas
las naciones, e inigualable el hecho que aspira a ser aceptable a su
vista. Toda la raza humana ha anhelado este Día, para cumplir quizá con
aquello que es digno de su posición y que su destino merece. Bendito el
hombre a quien los asuntos del mundo no le han impedido reconocer a Aquel
quien es el Señor de todas las cosas.

Tan ciego se ha vuelto el corazón humano que ni la desintegración
de la ciudad, ni la reducción de la montaña a polvo, ni siquiera el
agrietamiento de la tierra, pueden sacarle de su letargo. Las alusiones
hechas en las Escrituras han sido descifradas y los signos allí
registrados han sido revelados y el llamado profético es proclamado
continuamente. ¡Y, sin embargo, todos, salvo aquellos que Dios ha querido
guiar, están aturdidos en la embriaguez de su negligencia!

Ved, cómo el mundo está siendo afligido diariamente con una nueva
calamidad. Su tribulación se agrava en forma continua. Desde que la
Súriy-i-Ra'ís (Tabla a Ra'ís) fue revelada hasta el presente día, ni el
mundo se ha apaciguado, ni los corazones de sus pueblos han tenido
descanso. Una vez fue agitado por contiendas y disputas, otra fue
trastornado por guerras y ha sido víctima de enfermedades arraigadas. Su
dolencia se aproxima al estado de desesperación total, por cuanto el
verdadero Médico está privado de administrar el remedio, mientras que
practicantes inhábiles son mirados con aprobación y se les concede
completa libertad para actuar.... El polvo de la sedición ha nublado los
corazones de los hombres y ha cegado sus ojos. Dentro de poco,
comprenderán las consecuencias de lo que sus manos han forjado en el Día
de Dios. Así os advierte Él quien es el Conocedor de Todo, como está
ordenado por Aquel quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

XVII. ¡Por Aquel quien es el Gran Anuncio! El Todo Misericordioso
ha llegado investido con indiscutible soberanía. La Balanza ha sido
designada y todos los que moran en la tierra han sido congregados. La
Trompeta ha sonado, y he aquí, que todos los ojos miran fijamente con
terror y los corazones de todos los que están en los cielos y en la
tierra se han estremecido, salvo los que han sido revividos por el hálito
de los versos de Dios y se han desprendido de todas las cosas.

Éste es el Día en que la tierra dará a conocer sus nuevas. Los que
obran con iniquidad son su carga, ojalá pudierais comprenderlo. La luna
de la vana fantasía ha sido quebrada y el cielo ha difundido una palpable
humareda. Vemos la gente abatida por temor a tu Señor, el Todopoderoso,
el Más Fuerte. El Pregonero lanzó su voz y los hombres fueron lacerados,
tan grande ha sido la furia de su ira. La gente de la siniestra suspira y
se lamenta. La gente de la diestra mora en nobles habitaciones: Beben de
las manos del Todo Misericordioso el Vino que es en verdad la vida, y
son, ciertamente, los bienaventurados.

La tierra ha sido conmovida; las montañas se han desmoronado y han
aparecido los ángeles, fila tras fila ante Nosotros. La mayoría de la
gente está perpleja en su embriaguez y muestra en sus rostros los efectos
de la ira. Así hemos juntado a los que obran iniquidades. Los vemos
abalanzarse hacia su ídolo. Di: Nadie será exento en este Día del decreto
de Dios. Éste es verdaderamente un Día doloroso. Les señalamos quienes
los desviaron. Los ven, sin embargo, no los reconocen. Sus ojos están
ebrios; ellos son ciertamente un pueblo ciego. Sus pruebas son las
calumnias que profirieron; sus calumnias son condenadas por Dios, el que
Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. El Malvado ha
despertado la discordia en sus corazones y sufren un tormento que nadie
puede impedir. Se apresuran hacia los infames, llevando el registro de
los que obran iniquidades. Así son sus acciones.

Di: Los cielos han sido replegados y la tierra está asida por su
mano y los corruptos han sido retenidos por sus mechones, y, sin embargo,
no entienden. Beben del agua contaminada y no lo saben. Di: El grito ha
sido elevado y el pueblo ha salido de sus tumbas y al levantarse atisba
su derredor. Algunos se han apresurado a alcanzar la corte del Dios de la
Misericordia, otros han caído de bruces en el fuego del Infierno,
mientras que otros todavía están perdidos en su perplejidad. Los versos
de Dios han sido revelados, y no obstante, se han alejado de ellos. Su
prueba ha sido manifiesta y aún están inconscientes de ella. Cuando
contemplan la faz del Todo Misericordioso sus rostros se entristecen,
mientras se distraen. Se apresuran hacia el fuego infernal confundiéndolo
con la luz. ¡Lejos de Dios esté lo que neciamente imaginan! Di: Aunque os
llenéis de gozo o reventéis de furia, los cielos se han hendido, y Dios
ha descendido investido con radiante soberanía. Se oye cómo todas las
cosas creadas exclaman: "El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el
Omnisciente, el Omnisapiente".

Sabe, además, que hemos sido arrojados en una aflictiva Prisión y
que estamos rodeados por las huestes de la tiranía, como resultado de
aquello que las manos de los infieles han forjado. Sin embargo, es tal la
felicidad que el Joven ha gustado, que ningún gozo terrenal puede
comparársele. ¡Por Dios! El daño que Él padece en las manos del opresor
nunca podrá apenar su corazón, ni tampoco puede entristecerse por el
predominio de quienes han repudiado su verdad.

Di: La tribulación es un horizonte para mi Revelación. El Sol de la
gracia brilla sobre ella y derrama una luz, que ni las nubes de las
inútiles fantasías de los hombres, ni las vanas imaginaciones del agresor
pueden oscurecer.

Sigue los pasos de tu Señor y recuerda a sus siervos, así como Él
te recuerda a ti, sin ser impedido por el clamor de los negligentes ni
por la espada del enemigo.... Esparce por todas partes los dulces sabores
de tu Señor, y no vaciles ni un instante en el servicio de su Causa. Se
aproxima el día en que será proclamada la victoria de tu Señor, el que
Siempre Perdona, el Más Generoso.

XVIII. Di: Hemos hecho que los ríos de la prolación divina fluyan
desde nuestro trono, para que las tiernas hierbas de sabiduría y
entendimiento broten de la tierra de vuestros corazones. ¿Acaso no
estaréis agradecidos? Aquellos que desdeñan adorar a su Señor serán de
los descartados. Y siempre que nuestros versos se recitan ante ellos,
persisten en su orgulloso desdén y en la desmesurada violación de su ley,
y no lo saben. En cuanto a aquellos que no han creído en Él, éstos
estarán bajo la sombra de un humo negro. Les ha sobrevenido "la Hora"
mientras se distraen. Han sido tomados de los mechones y aún no lo saben.

¡Lo que debe venir ha venido repentinamente; ve cómo huyen de ello!
¡Lo inevitable ha sucedido; atestigua cómo le han dado las espaldas! Éste
es el Día en que todo hombre huirá de sí mismo, cuanto más de los suyos,
si pudierais comprenderlo. Di: ¡Por Dios! ¡El llamado ha sido dado por la
trompeta, y he aquí que el género humano ha desfallecido ante nosotros!
El Heraldo ha exclamado, y el Emplazador ha elevado su voz diciendo: "El
Reino es de Dios, el Más Fuerte, el que Ayuda en el Peligro, el que
Subsiste por sí mismo".

Éste es el Día en que todos los ojos se alzarán aterrorizados, Día
en que se estremecerán los corazones de los que habitan la tierra, salvo
los de aquellos a quienes tu Señor, el Omnisciente, el Omnisapiente,
quiera librar. Todos los rostros se han ennegrecido, salvo los de
aquellos a quienes el Dios de Misericordia ha concedido un corazón
radiante. Ebrios están los ojos de esos hombres que abiertamente han
rehusado mirar la faz de Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado.

Di: ¿No habéis estudiado el Corán? Leedlo, que quizás encontréis la
Verdad, por cuanto este Libro es ciertamente el Sendero Recto. Éste es el
Camino de Dios para todos los que están en el cielo y para todos los que
están en la tierra. Aun cuando habéis descuidado el Corán, no podéis
considerar lejos de vosotros el Bayán. Mirad, se abre ante vosotros. Leed
sus versos, para que quizá desistáis de cometer aquello que haga a los
mensajeros de Dios llorar y lamentarse.

Apresuraos, dejad vuestros sepulcros. ¿Hasta cuándo dormiréis? Ha
sonado el segundo toque de trompeta. ¿Hacia quién miráis? Éste es vuestro
Señor, el Dios de Misericordia. ¡Atestiguad cómo negáis sus signos! La
tierra ha temblado con gran estremecimiento, y ha depuesto su carga. ¿No
lo admitiréis? Di: ¿No reconoceréis cómo las montañas han llegado a ser
como lana cardada, cómo el pueblo ha sido dolorosamente agitado por la
imponente majestad de la Causa de Dios? Atestiguad cómo sus casas son
ruinas vacías y ellos mismos, una hueste hundida.

Éste es el Día en que el Todo Misericordioso ha descendido en las
nubes del conocimiento, ataviado de soberanía manifiesta. Él sabe bien
las acciones de los hombres. Él es Aquel cuya gloria nadie puede
confundir, si pudierais comprenderlo. El cielo de cada religión ha sido
rajado, la tierra del entendimiento humano ha sido partida, y se ve
descender a los ángeles de Dios. Di: Éste es el Día de mutuo engaño;
¿hacia dónde huís? Las montañas han desaparecido y los cielos se han
replegado, y toda la tierra está asida por su mano, si pudierais
entenderlo. ¿Quién puede protegeros? ¡Nadie, por Aquel quien es el Todo
Misericordioso! Nadie, salvo Dios, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el
Benéfico. Cada mujer que ha tenido una carga en su vientre la ha
depuesto. Vemos a los hombres embriagados en este Día en que hombres y
ángeles han sido congregados.

Di: ¿Hay duda alguna referente a Dios? Ve cómo Él ha descendido del
cielo de su gracia, ungido e investido con poder y soberanía. ¿Hay duda
alguna referente a sus signos? Abrid vuestros ojos y considerad su prueba
evidente. A vuestra diestra está el Paraíso, y ha sido acercado a
vosotros, mientras al Infierno se le ha hecho arder. Atestiguad su llama
devoradora. Apresuraos a entrar en el Paraíso, como una señal de nuestra
merced para con vosotros y bebed de las manos del Todo Misericordioso el
Vino que es ciertamente la vida.

Bebed con saludable fruición, oh pueblo de Bahá. Vosotros sois
ciertamente de los bienaventurados. Esto es lo que han alcanzado quienes
tienen acceso próximo a Dios. Ésta es el agua fluyente prometida a
vosotros en el Corán y luego en el Bayán, como una recompensa de vuestro
Señor, el Dios de Misericordia. Benditos son aquellos que la beben.

¡Oh mi siervo que has vuelto tu rostro hacia mí! Da gracias a Dios
porque te ha enviado esta Tabla desde esta Prisión, para que recuerdes a
la gente los días de tu Señor, el Todo Glorioso, el Omnisciente. Así
hemos establecido para ti, por las aguas de nuestra sabiduría y
prolación, los fundamentos de tu creencia. Ésta es, en verdad, el agua
sobre la que ha sido levantado el Trono de tu Señor. "Su Trono ha
permanecido sobre las aguas." Pondera esto en tu corazón, para que puedas
comprender su significado. Di: Alabado sea Dios, el Señor de todos los
mundos.

XIX.    Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios,
la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por
encima de todo atributo humano, tal como existencia corpórea, ascenso y
descenso, salida y retorno. Lejos está de su gloria el que lengua humana
pueda apropiadamente referir su alabanza, o que corazón humano pueda
comprender su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en
la antigua eternidad de su Esencia, y permanecerá en su realidad
eternamente oculto a la vista de los hombres. "Ningún ojo le abarca, pero
Él abarca a todos los ojos; Él es el Inescrutable, el Perspicaz..."

Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los
Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho
que, conforme a su dicho: "Su gracia supera a todo; mi gracia lo ha
abarcado todo", aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas
de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a
todos los hombres, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser
inmutable y hablen de las sutilezas de su Esencia imperecedera.

Estos Espejos santificados, estas Auroras de antigua gloria son
todos y cada uno los Exponentes en la tierra de Aquel quien es el Astro
central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede su
conocimiento y poder; de Él proviene su soberanía. La belleza de su
semblante es solamente un reflejo de su imagen; su revelación; un signo
de su gloria inmortal. Ellos son los Tesoros del conocimiento divino y
los Depósitos de sabiduría celestial. A través de ellos se transmite una
gracia que es infinita, y por ellos se revela la luz que jamás
palidece.... Estos Tabernáculos de santidad y Espejos primordiales que
reflejan la luz de gloria inmarcesible, no son sino expresiones de Aquel
quien es el Invisible de los Invisibles. Por la revelación de estas joyas
de virtud divina se ponen de manifiesto todos los nombres y atributos de
Dios, tales como conocimiento y poder, soberanía y dominio, misericordia
y sabiduría, gloria, munificencia y gracia.

Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos
especialmente a ciertos profetas y negados a otros. Al contrario, todos
los profetas de Dios, sus favorecidos, santos y escogidos mensajeros son
sin excepción los portadores de sus nombres y la personificación de sus
atributos. Sólo difieren en la intensidad de su revelación y la relativa
potencia de su luz. Así Él ha revelado: "Hemos hecho que algunos de los
apóstoles aventajen a los otros".

Por tanto, ha quedado claro y manifiesto que dentro de los
tabernáculos de estos profetas y elegidos de Dios, se ha reflejado la luz
de sus nombres infinitos y exaltados atributos, aunque la luz de algunos
de esos atributos aparentemente se revele o no a los ojos de los hombres
en esos luminosos Templos. Que determinado atributo de Dios no haya sido
exteriormente manifestado por esas Esencias del Desprendimiento, no
implica de manera alguna que no lo hayan poseído realmente aquellos que
son las Auroras de los atributos de Dios y los Tesoros de sus santos
nombres. Por tanto, estas Almas iluminadas y bellos Semblantes han sido
dotados cada uno con todos los atributos de Dios, tales como soberanía,
dominio y otros, aunque en apariencia estén despojados de toda majestad
terrenal....

XX. Sabe con certeza, que de ninguna manera, el Invisible puede
encarnar su Esencia y revelarla a los hombres. Él es y siempre ha sido
inmensamente exaltado sobre todo lo que pueda ser relatado o comprendido.
Desde su retiro de gloria, su voz siempre proclama: "En verdad, Yo soy
Dios, no hay otro Dios más que Yo, el Omnisciente, el Todo Sabio. Me he
manifestado a los hombres y he enviado a Él quien es la Aurora de los
signos de mi Revelación. Mediante Él he hecho que toda la creación
atestigüe que no hay otro Dios salvo Él, el Incomparable, el Conocedor de
Todo, el Omnisapiente". Él que está eternamente oculto a los ojos de los
hombres, nunca puede ser conocido sino a través de su Manifestación, y su
Manifestación no puede aducir una prueba mayor de la verdad de su Misión
que la de su propia Persona.

XXI. ¡Oh Salmán! La puerta del conocimiento del Antiguo Ser,
siempre ha estado y siempre estará cerrada a la faz de los hombres. El
entendimiento de hombre alguno, jamás tendrá acceso a su sagrada corte.
Sin embargo, como una muestra de su misericordia y como una prueba de su
amorosa bondad, Él ha manifestado a los hombres los Soles de su divina
guía, los Símbolos de su divina unidad y ha ordenado que tener
conocimiento de estos Seres santificados sea idéntico a tener
conocimiento de su propio Ser. Quienquiera les reconozca ha reconocido a
Dios. Quienquiera escuche su llamado ha escuchado la Voz de Dios, y
quienquiera atestigüe la verdad de su Revelación ha atestiguado la verdad
de Dios mismo. Quienquiera se aleje de ellos se ha alejado de Dios, y
quienquiera no haya creído en ellos no ha creído en Dios. Cada uno de
ellos es el Camino de Dios, que conecta este mundo con los reinos de lo
alto y el Estandarte de su Verdad para todos en los reinos de la tierra y
del cielo. Ellos son las Manifestaciones de Dios entre los hombres, las
pruebas de su Verdad, y los signos de su gloria.

XXII. Los Portadores del depósito de Dios son manifiestos a los
pueblos de la tierra como Exponentes de una nueva Causa y Reveladores de
un nuevo Mensaje. Ya que esas Aves del Trono Celestial son todas enviadas
del cielo de la Voluntad de Dios, y como todas surgen para proclamar su
irresistible Fe, son por tanto consideradas como un alma y una misma
persona. Pues todas beben del mismo Cáliz del Amor de Dios y todas
participan del fruto del mismo Árbol de la Unicidad.

Estas Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, doble
posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. Por
lo que se refiere a esto, si tú las llamas a todas por un solo nombre y
les asignas el mismo atributo, no te desvías de la verdad. Como Él ha
revelado: "¡No hacemos distinción entre ninguno de sus mensajeros!" Pues
todos y cada uno de ellos llaman a la gente de la tierra a reconocer la
unidad de Dios, y les dan las buenas nuevas del Kawthar de gracia y
munificencia infinitas. Todos invisten el manto de profeta y han sido
honrados con la vestidura de la gloria. Así, Muhammad, el Punto del
Corán, ha revelado: "Yo soy todos los profetas". Asimismo, dice: "Soy el
primer Adán, Noé, Moisés y Jesús". Declaraciones semejantes hizo el Imán
'Alí. También palabras como éstas, que indican la unidad esencial de
aquellos Exponentes de la Unidad, han brotado de los Canales de la
prolación inmortal de Dios y de los Tesoros de joyas del conocimiento
divino, y han sido consignadas en las escrituras. Esos Semblantes son los
recipientes del Mandato Divino y las auroras de su Revelación. Esa
Revelación está exaltada por encima de los velos de pluralidad y las
exigencias de número. Así Él dice: "Nuestra Causa no es sino una". Como
la Causa es una y la misma, sus Exponentes también deben ser
necesariamente uno y el mismo. Asimismo, los imanes de la Fe de Muhammad,
esas lámparas de la certeza, han dicho: "Muhammad es nuestro primero,
Muhammad es nuestro último, Muhammad es todo lo que tenemos".

Te es claro y evidente que todos los profetas son los Templos de la
Causa de Dios, quienes han aparecido ataviados con diversas vestiduras.
Si observas con ojo perspicaz, les verías habitando en el mismo
tabernáculo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono,
pronunciando las mismas palabras, proclamando la misma Fe. Tal es la
unidad de esas Esencias del ser, de esas Lumbreras de esplendor inmenso e
infinito. Por tanto, si una de esas Manifestaciones de la Santidad
proclamara diciendo: "Yo soy la vuelta de todos los profetas",
ciertamente dice la verdad. Del mismo modo, es un hecho que cada
Revelación siguiente es la vuelta de la Revelación anterior; esta verdad
está firmemente demostrada....

La otra posición es la distinción y pertenece al mundo de la
creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de
Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente
señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente
designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente y se
caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida y le es
confiada una revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que
algunos de los apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha
hablado; a otros los ha elevado y exaltado. Y a Jesús, Hijo de María, le
dimos signos manifiestos y le fortalecimos con el Espíritu Santo".

Es a causa de esta diferencia en posición y misión, que parecen
divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos
Manantiales del conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de quienes
están iniciados en los misterios de la sabiduría divina, todo lo que
ellos han pronunciado es en realidad la expresión de una sola Verdad.
Como la mayoría de la gente no ha percibido esas posiciones a que nos
hemos referido, se siente, por tanto, perpleja y consternada ante las
variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones que en esencia son
una y la misma.

Ha sido Siempre evidente que todas estas divergencias en las
palabras deben atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto
de vista de su unicidad y sublime desprendimiento, han sido y son
aplicables a esas Esencias del ser los atributos de Deidad, Divinidad,
Suprema Singularidad e Íntima Esencia, ya que todas habitan en el trono
de la Revelación divina y están establecidas en la sede de la divina
Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación de Dios, y
por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como se han oído
las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones del Ser
divino.

Y a la luz de su segunda posición, que es la posición de la
distinción y diferenciación, de las limitaciones, características y
normas temporales, manifiestan servidumbre absoluta, suma pobreza y
completo olvido de sí mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios.
No soy más que un hombre como vosotros". ...

Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan,
declarase: "¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda
de ello. Ya que repetidamente se ha demostrado que mediante su
Revelación, atributos y nombres, se manifiestan en el mundo la
Revelación, los nombres y atributos de Dios. Así, Él ha revelado:
"¡Aquellos dardos eran de Dios; no tuyos!" También dice: "En verdad,
quienes te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios". Y si
alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría
indudablemente la verdad. Tal como Él dice: "No es Muhammad padre de
ningún hombre entre vosotros, mas es el Mensajero de Dios". A la luz de
esto, todos ellos no son más que mensajeros de ese Rey ideal, de esa
Esencia inmutable. Si todos proclamasen: "Soy el Sello de los Profetas",
expresarían sólo la verdad, sin la más leve sombra de duda. Pues todos
ellos no son más que una persona, un alma, un espíritu, un ser, una
revelación. Son todos la manifestación del "Principio" y el "Fin", el
"Primero" y el "'Último", el "Visible y el "Oculto", atributos todos que
pertenecen a Aquel quien es el más íntimo Espíritu de los Espíritus y la
eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de
Dios", éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Ya que se han
manifestado en condición de total servidumbre; servidumbre como ése no
podrá ningún hombre alcanzar. De este modo, en momentos en que esas
Esencias del ser estaban sumergidas en los océanos de antigua y
sempiterna santidad, o cuando se remontaban a las más elevadas cimas de
los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la Voz de la
Divinidad, el Llamado de Dios mismo.

Si se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos,
hasta en ese estado, se consideran del todo extinguidos e inexistentes
ante Aquel quien es el que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece
que se consideran como la nada absoluta, estimando su mención en esa
Corte como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en
tal Corte, una prueba de afirmación de sí mismo y de existencia
independiente. A los ojos de quienes han llegado a esa Corte, semejante
insinuación es por sí misma una grave transgresión. Cuanto más grave aún
sería, si otra cosa se mencionara ante esa Presencia, si el corazón del
hombre, su lengua, su mente y su alma se ocuparan con otro que no sea el
Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que no fuese su
belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese su voz y sus pies
hollasen otro camino que no fuera su camino....

En virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la
Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición
de mensajeros, se han declarado a sí mismo los mensajeros de Dios. En
cada caso han expresado lo que satisface los requerimientos de la
ocasión, atribuyéndose a sí mismos todas estas declaraciones, las cuales
se extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la
creación, y desde el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la
existencia terrenal. De este modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya
pertenezcan al reino de la Divinidad, Señorío, Posición Profética,
Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre, todo es
cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con
mucha atención lo que hemos citado en apoyo de nuestro argumento, para
que las palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y
Auroras de Santidad, no agiten ya al alma ni dejen perpleja a la mente.

XXIII. Considera las generaciones anteriores. Atestigua cómo cada
vez que el Sol de divina munificencia ha derramado la luz de su
Revelación sobre el mundo, el pueblo de su día se ha levantado contra Él
y ha repudiado su verdad. Aquellos que eran considerados como los
caudillos de hombres, han luchado invariablemente, para impedir a sus
seguidores volverse hacia Él quien es el Océano de la ilimitada
munificencia de Dios.

Mira cómo el pueblo ha arrojado al fuego a Abraham, el Amigo de
Dios, como resultado del veredicto pronunciado por los sacerdotes de su
época; cómo Moisés, quien conversó con el Todopoderoso, fue denunciado
como mentiroso y calumniador. Medita cómo fue tratado Jesús, el Espíritu
de Dios, por sus enemigos no obstante su extrema humildad y perfecta
sensibilidad de corazón. Fue tan feroz la oposición que tuvo que
enfrentar Él, la Esencia del Ser y Señor de lo visible e invisible, que
no tuvo donde poner su cabeza. Andaba continuamente de un lugar a otro,
desprovisto de una vivienda permanente. Pondera lo que aconteció a
Muhammad, el Sello de los Profetas, que la vida de todo sea un sacrificio
por Él. ¡Cuán severas fueron las aflicciones, que los caudillos del
pueblo judío y los idólatras hicieron llover sobre Él, quien es el
Soberano Señor de todo, a consecuencia de su proclamación de la unidad de
Dios y de la verdad de su Mensaje! ¡Por la rectitud de mi Causa! Mi Pluma
gime y todas las cosas creadas lloran con gran llanto como resultado de
los dolores y penas que sufrió en manos de quienes violaron el Convenio
de Dios y su Testamento, rechazaron las pruebas y debatieron sus signos.
Así te narramos el relato de lo que ocurrió en días pasados, que quizá
comprendas.

Tú has sabido cuán penosamente han sido atormentados los profetas
de Dios, sus mensajeros y escogidos. Medita un momento sobre los motivos
y razones que han sido responsables de tales persecuciones. En ningún
tiempo, en ninguna Dispensación, han escapado los profetas de Dios a la
blasfemia de sus enemigos, a la crueldad de sus opresores, a la acusación
de los doctos de su época, que aparecieron bajo el disfraz de rectitud y
piedad. Día y noche pasaban tales sufrimientos, que nadie podrá jamás
medir, salvo el conocimiento del Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria.

Considera a este Agraviado. Aunque las pruebas más claras afirman
la verdad de su Causa, aunque las profecías que Él ha hecho en lenguaje
inequívoco se han cumplido, aunque, si bien no se contaba entre los
doctos, no tenía instrucción, ni experiencia en las discusiones
corrientes entre los sacerdotes, Él ha vertido sobre los hombres las
lluvias de su conocimiento múltiple y divinamente inspirado; sin embargo,
¡mira cómo esta generación ha rechazado su autoridad y se ha rebelado
contra Él! Durante la mayor parte de su vida, Él ha sido dolorosamente
afligido en las garras de sus enemigos. Sus padecimientos ya han
alcanzado su culminación en esta aflictiva Prisión, en que sus opresores
le han arrojado tan injustamente. Dios te conceda que, con penetrante
visión y corazón radiante observes las cosas que han ocurrido y que ahora
acontecen, y, ponderándolas en tu corazón, reconozcas aquello que los más
de los hombres en este Día no han comprendido. Quiera Dios que Él te haga
capaz de inhalar la dulce fragancia de su Día, participar de las
ilimitadas efusiones de su gracia, beber cuanto puedas, por su generoso
favor, del más grande Océano que se levanta en este Día en el nombre del
Antiguo Rey y permanecer firme e inamovible como la montaña en su Causa.

Di: Gloria sea a ti, quien has hecho que todos los seres santos
confiesen su incapacidad ante las múltiples revelaciones de tu poder, y
que cada profeta reconozca su insignificancia ante la efulgencia de tu
perdurable gloria. Te imploro por tu Nombre, que ha abierto las puertas
del Cielo y llenado de éxtasis el Concurso en lo alto, que me habilites
para que te sirva en este Día, y me fortalezcas para que observe lo que
tú prescribiste en tu Libro. Tú sabes, oh mi Señor, lo que hay en mí;
pero yo no sé lo que hay en ti. Tú eres el Omnisciente, el Informado de
Todo.

XXIV. Cuidaos, oh creyentes en la Unidad de Dios, de ser tentados
en hacer distinción alguna entre las Manifestaciones de su Causa, o de
menospreciar los signos que han acompañado y proclamado su Revelación.
Esto es, de cierto, el verdadero significado de la Unidad Divina, si sois
de los que comprenden esta verdad y creen en ella. Además, estad seguros
de que las obras y hechos de cada una de estas manifestaciones de Dios,
más aún, todo lo que a ellas atañe y todo lo que manifiesten en lo
futuro, está ordenado por Dios y es un reflejo de su Voluntad y
Propósito. Quienquiera haga la más leve diferencia entre sus personas,
sus palabras, sus mensajes, sus hechos y costumbres en verdad ha dejado
de creer en Dios, ha repudiado sus signos y traicionado la Causa de sus
mensajeros.

XXV.    Es evidente que cada época en que una Manifestación de Dios
ha vivido es divinamente ordenada y, de cierto modo, puede ser
caracterizada como el Día señalado de Dios. Este Día es, sin embargo,
único, y debe ser distinguido de los que lo han precedido. La designación
de "Sello de los Profetas" revela plenamente su elevada posición. El
Ciclo Profético, de cierto, ha terminado. La Eterna Verdad ya ha llegado.
Él ha levantado la Insignia de Poder y derrama ahora sobre el mundo el
descubierto esplendor de su Revelación.

XXVI. La alabanza sea para Dios, el que Todo lo Posee, el Rey de
gloria incomparable, alabanza que está inmensurablemente más allá del
entendimiento de todas las cosas creadas, y exaltada sobre el alcance de
las mentes humanas. Nadie salvo Él podrá nunca cantar en forma adecuada
su loanza, ni tampoco hombre alguno logrará jamás describir la plenitud
de su gloria. ¿Quién puede pretender haber alcanzado las alturas de su
exaltada Esencia, y qué mente puede medir las profundidades de su
misterio insondable? De cada una de las Revelaciones que emanan de la
Fuente de su gloria han aparecido sagradas e inacabables pruebas de
inimaginable esplendor, y de cada Manifestación de su invencible fuerza
han sido vertidos océanos de eterna luz. ¡Cuán inmensamente exaltados son
los maravillosos testimonios de su soberanía todopoderosa, de la cual
sólo un vislumbre, si les tocara, consumiría completamente a todos los
que están en los cielos y en la tierra! Cuán indescriptiblemente elevadas
son las muestras de su consumada fuerza, de las cuales un solo signo, por
más insignificante que sea, debe trascender la comprensión de todo lo que
ha sido creado desde el principio que no tiene principio, y sea creado en
lo futuro hasta el fin que no tiene fin. Todas las personificaciones de
sus Nombres vagan en el desierto de la búsqueda, sedientas y ansiosas de
descubrir su Esencia, y todas las manifestaciones de sus Atributos le
imploran, desde el Sinaí de la Santidad, que descifre su misterio.

Una gota del ondeante océano de su misericordia infinita ha
adornado toda la creación con el ornamento de la existencia, y un hálito
exhalado desde su incomparable Paraíso ha investido a todos los seres con
el manto de su santidad y gloria. Un rocío de la insondable profundidad
de su Voluntad soberana que todo lo penetra, ha engendrado de la nada
absoluta una creación infinita en su alcance y eterna en su duración. Las
maravillas de su munificencia nunca podrán cesar, ni la corriente de su
misericordiosa gracia podrá jamás ser detenida. El proceso de su creación
no ha tenido principio ni podrá tener fin.

En toda edad y ciclo, a través de la esplendorosa luz derramada por
las manifestaciones de su maravillosa Esencia, Él ha creado de nuevo
todas las cosas, para que, ya sea en él cielo como en la tierra nada que
refleje los signos de su gloria, sea privado de las efusiones de su
misericordia, ni se desespere por las lluvias de sus favores. ¡Cuán
abarcadoras son las maravillas de su ilimitada gracia! Mirad cómo han
penetrado toda la creación. Tal es su virtud que no puede encontrarse un
solo átomo en todo el universo que no declare las pruebas de su poder,
que no glorifique su santo Nombre, o que no exprese la refulgente luz de
su unidad. Tan perfecta y amplia es su creación, que ninguna mente, o
corazón, no importa cuán aguda o puro sean, podrán jamás captar la
naturaleza de la más insignificante de sus criaturas; menos aún sondear
el misterio de Él quien es el Sol de la Verdad, quien es la invisible e
incognoscible Esencia. Las concepciones del más devoto de los místicos,
los logros del más erudito de los hombres, la más alta alabanza que la
lengua o pluma humanas puedan ofrecer, son todos productos de la mente
finita del hombre y están restringidos por sus limitaciones. Diez mil
profetas, cada uno de ellos un Moisés, están amilanados en el Sinaí de su
búsqueda ante su prohibitoria Voz: "Tú jamás me contemplarás", mientras
que una miríada de mensajeros, cada uno tan grande como Jesús, permanecen
consternados en su trono celestial por la interdicción: "Tú jamás
comprenderás mi esencia". Desde tiempo inmemorial Él ha estado cubierto
con el velo de la inefable santidad de su exaltado Ser, y para siempre
continuará envuelto en el impenetrable misterio de su incognoscible
Esencia. Toda tentativa de lograr la comprensión de su inaccesible
Realidad ha terminado en completa perplejidad, y todo esfuerzo en
acercarse a su exaltado Ser y contemplar su Esencia, ha terminado en
desesperación y fracaso.

¡ Cuán desconcertante es para mí, insignificante como soy, intentar
sondear las sagradas profundidades de tu conocimiento! ¡Cuán vanos son
mis esfuerzos para visualizar la magnitud de la fuerza inherente a tu
obra, la revelación de tu fuerza creadora! ¿Cómo pueden mis ojos que no
son capaces de percibirse a sí mismos, afirmar haber discernido tu
Esencia, y cómo puede mi corazón, ya impotente para comprender el
significado de sus propias potencialidades, pretender haber comprendido
tu naturaleza? ¿Cómo puedo afirmar que te he conocido cuando la creación
entera está confundida por tu misterio, y cómo puedo confesar que no te
he conocido, cuando, he aquí, todo el universo proclama tu Presencia y
atestigua tu verdad? Las puertas de tu gracia han estado eternamente
abiertas a todas las cosas creadas y los medios de acceso a tu Presencia
han estado a disposición de ellas, y las revelaciones de tu Belleza
inigualable han sido grabadas en todo momento sobre las realidades de
todos los seres visibles e invisibles. Sin embargo, a pesar de este
generosísimo favor, esta dádiva perfecta y consumada, me siento impulsado
a declarar que tu corte de santidad y gloria está infinitamente exaltada
por encima del conocimiento de todo salvo de ti, y que el misterio de tu
Presencia es inescrutable para toda mente salvo la tuya. Nadie salvo tú
puede desentrañar el secreto de tu naturaleza y nada salvo tu
trascendental Esencia puede comprender la realidad de tu inescrutable
existencia. ¡Cuán vasto es el número de aquellos Seres celestiales y todo
gloriosos, quienes en el páramo de su separación de ti, han vagado todos
los días de su vida y jamás te han encontrado! ¡Cuán grande es la
multitud de almas santificadas e inmortales, quienes se vieron perdidas y
perplejas mientras buscaban en el desierto de la búsqueda para mirar tu
rostro! Una miríada son tus ardientes amantes, a quienes la llama
consumidora de la lejanía de ti ha hecho hundirse y perecer, e
innumerables son las almas fieles quienes voluntariamente han ofrendado
sus vidas con la esperanza de contemplar la luz de tu semblante. Los
suspiros y lamentos de estos ansiosos corazones que te anhelan, nunca
podrán alcanzar tu santa corte, ni tampoco las lamentaciones de los
caminantes que ansían aparecer ante tu faz, podrán llegar a tu sede de
gloria.

XXVII. Toda alabanza a la unidad de Dios, y todo honor para Él, el
soberano Señor, el incomparable y todo glorioso Gobernante del universo,
quien de la nada absoluta ha creado la realidad de todas las cosas, quien
de la nada ha engendrado los más delicados y sutiles elementos de su
creación, y quien, rescatando a sus criaturas de la bajeza de la lejanía
y de los peligros de una completa extinción, los ha recibido en su reino
de gloria incorruptible. Nada salvo su gracia que todo lo abarca, y su
misericordia que todo lo penetra, podría haberlo logrado. ¿Cómo habría
sido posible de otro modo que la simple nada adquiriera por sí misma el
mérito y capacidad para emerger de su estado de inexistencia al reino del
ser?

Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él,
por intermedio de la acción directa de su irrestringida y soberana
Voluntad, escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad
de conocerle y amarle; una capacidad que debe necesariamente ser
considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la
creación entera.... Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él
ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de
la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin
embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos
y ha hecho a ésta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas
sólo el hombre ha sido escogido para recibir tan grande favor y tan
perdurable generosidad.

Estas energías con las que el Sol de la divina generosidad y la
Fuente de guía celestial ha dotado a la realidad del hombre yacen, sin
embargo, latentes dentro de él, así como la llama está oculta dentro de
la vela y los rayos de luz están presentes potencialmente en la lámpara.
El resplandor de estas energías puede ser oscurecido por los deseos
mundanos, así como la luz del sol puede ser oculta bajo el polvo y
escoria que cubren el espejo. Ni la vela, ni la lámpara pueden encenderse
por sus propios esfuerzos sin ayuda, ni tampoco le será jamás posible al
espejo librarse por sí solo de su escoria. Es claro y evidente que la
lámpara nunca se encenderá mientras no se le prenda fuego, y a menos que
no se limpie de la superficie del espejo la escoria que la cubre, éste
nunca podrá representar la imagen del sol ni reflejar su luz y gloria.

Y puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que una
al Dios único y verdadero con su creación y puesto que ninguna semejanza
puede existir entre lo transitorio y lo Eterno, lo contingente y lo
Absoluto, Él ha ordenado que en cada edad y dispensación, un Alma pura e
inmaculada se haga manifiesta en los reinos de la tierra y del cielo. A
este sutil, este misterioso y etéreo Ser, Él ha designado una naturaleza
doble; la física que pertenece al mundo de la materia y la espiritual que
nace de la sustancia de Dios mismo. Él, además, le ha conferido una doble
posición. La primera, que se relaciona a su más íntima realidad, le
representa como uno cuya voz es la voz de Dios mismo. Esto lo atestigua
la tradición "Múltiple y misteriosa es mi relación con Dios. Yo soy Él,
Él mismo, y Él es Yo, Yo mismo, mas Yo soy quien soy y Él es quien es".
Asimismo las palabras "Levántate, oh Muhammad, porque he aquí, el Amante
y el Amado son unidos y hechos uno en ti". De igual manera Él dice: "No
hay distinción alguna entre Tú y ellos, salvo que ellos son tus Siervos".
La segunda posición es la posición humana, demostrada en los siguientes
versos: "No soy más que un hombre como vosotros". "Di: ¡Alabado sea mi
Señor! ¿Soy más que un hombre, un apóstol?" Estas Esencias del
Desprendimiento, estas Realidades resplandecientes son los canales de la
gracia de Dios que todo lo llena. Conducidos por la luz de indefectible
guía, e investidos con soberanía suprema, son comisionados para usar la
inspiración de sus palabras, las efusiones de su infalible gracia y la
brisa santificadora de su Revelación para limpiar, de todo corazón
anhelante y de todo espíritu receptivo, la escoria y polvo de las
preocupaciones y limitaciones terrenales. Entonces y sólo entonces, el
Fideicomiso de Dios latente en la realidad del hombre emergerá
resplandeciente como el Orbe naciente de la Revelación Divina, de tras
del velo del encubrimiento, para implantar la insignia de su gloria
revelada sobre las cumbres de los corazones de los hombres.

De los anteriores pasajes y alusiones está indudablemente claro que
en los reinos de la tierra y del cielo debe manifestarse necesariamente
un Ser, una Esencia, quien actúe como Manifestación y Vehículo para la
transmisión de la gracia de la Divinidad misma, el Soberano Señor de
todo. A través de las Enseñanzas de este Sol de la Verdad, todo hombre
avanzará y se desarrollará hasta que alcance el estado en que pueda
manifestar t odas las fuerzas potenciales con que ha sido dotado su más
íntimo verdadero ser. Es con este mismo objetivo que en cada edad y
dispensación los profetas de Dios y sus escogidos han aparecido entre los
hombres y han mostrado tal fuerza como la que nace de Dios, y tal poder
como sólo el Eterno puede revelar.

¿Puede alguien que tenga una mente sana, imaginar seriamente que,
en vista de ciertas palabras cuyo significado no puede comprender, la
puerta de la infinita guía de Dios puede estar alguna vez cerrada a la
faz de los hombres? ¿Puede alguna vez concebir para estas Luminarias
Divinas, para estas Luces resplandecientes, ya sea un comienzo o un fin?
¿Qué turbulento diluvio puede compararse con la corriente de su gracia
que todo lo abarca, y qué bendición puede aventajar las demostraciones de
tan grande y penetrante misericordia? No puede haber duda de que si, por
un momento, la marea de su misericordia y gracia fueran retraídas del
mundo, éste perecería totalmente. Por esta razón, desde el principio que
no tiene principio, las puertas de la divina misericordia han sido
abiertas de par en par a la faz de todas las cosas creadas, y las nubes
de la Verdad continuarán derramando, hasta el fin que no tiene fin, la
lluvia de sus favores y generosidades sobre el terreno de la capacidad,
realidad y personalidad humanas. Tal ha sido el método que ha seguido
Dios, desde toda eternidad hasta toda eternidad.

XXVIII. Feliz el hombre que se levante a servir a mi Causa y
glorificar mi hermoso Nombre. Toma mi Libro con la fuerza de mi poder y
aférrate tenazmente a todo mandamiento que tu Señor, el Ordenador, el
Sapientísimo haya prescrito en él. Mira, oh Muhammad, cómo los dichos y
hechos de los seguidores del Islam Shí'ah han ofuscado la alegría y
fervor de sus primeros días y han empañado el prístino brillo de su luz.
En sus comienzos, mientras aún se adherían a los preceptos asociados al
nombre de su Profeta, el Señor de la humanidad, su carrera fue marcada
por una cadena ininterrumpida de victorias y triunfos. Pero a medida que
se alejaban gradualmente del sendero de su maestro y guía ideales, y se
apartaban de la Luz de Dios y corrompían el principio de su unidad
divina, y mientras centraban su atención cada vez más sobre aquellos
quienes sólo eran los reveladores de la potencia de su Palabra, su fuerza
se transformó en debilidad, su gloria, en vergüenza, y su coraje, en
temor. Tú ves a qué han llegado. Observa cómo ellos han imaginado socios
de Él quien es el Punto Focal de la unidad divina. Mira cómo sus malos
actos les han impedido reconocer en el Día de la Resurrección la Palabra
de la Verdad, exaltada sea su gloria. Abrigamos la esperanza que este
pueblo en adelante se proteja de vanas esperanzas y ociosas fantasías y
que logre entender verdaderamente el significado de la unidad divina.

La Persona de la Manifestación ha sido siempre el representante y
portavoz de Dios. En verdad, Él es la Aurora de los más excelentes
Títulos de Dios, el Lugar de Amanecer de sus más excelsos Atributos. Si
se colocara a alguno a su lado como su igual, y fuera considerado
idéntico con su persona, ¿cómo entonces podría sostenerse que el Ser
Divino es Uno e Incomparable, que su Esencia es indivisible y sin par?
Medita sobre lo que te hemos revelado mediante la fuerza de la verdad y
sé de aquellos que comprenden su significado.

XXIX. El propósito de Dios al crear el hombre ha sido y siempre
será, el de capacitarlo para que pueda reconocer a su Creador y alcanzar
su Presencia. Todos los Libros sagrados y las importantes Escrituras
divinamente reveladas dan testimonio inequívoco de éste el más excelente
objetivo, de esta meta suprema. Quienquiera haya reconocido la Aurora de
la guía divina y haya entrado en su sagrada corte, se ha acercado a Dios
y ha alcanzado su presencia, Presencia que es el verdadero Paraíso y de
la cual las más elevadas mansiones del cielo son sólo un símbolo. Tal
hombre ha logrado el conocimiento de la posición de Aquel quien está "a
la distancia de dos arcos", quien se encuentra más allá del Sadratu'l-
Muntahá. Quienquiera no le haya reconocido se habrá condenado a sí mismo
a la miseria de la lejanía, que no es sino la nada absoluta y la esencia
del fuego abismal. Tal será su destino, aun cuando en apariencia ocupe
los más elevados puestos de la tierra y esté establecido sobre su más
exaltado trono.

Aquel quien es la Aurora de la Verdad es, sin duda, totalmente
capaz de rescatar de tal lejanía almas descarriadas y de hacer que se
acerquen a su corte y alcancen su Presencia. "Si Dios hubiera deseado,
seguramente habría hecho de todos los hombres un solo pueblo." Su
propósito, no obstante, es habilitar a los de espíritu puro y corazón
desprendido a ascender, por virtud de sus propios e innatos poderes a las
orillas del Más Grande Océano, para que así quienes buscan la Belleza del
Todo Glorioso sean distinguidos y separados de los descarriados y
perversos. Así ha sido ordenado por la toda gloriosa y resplandeciente
Pluma....

Que las Manifestaciones de la justicia divina, las Auroras de
gracia celestial, al aparecer entre los hombres hayan estado siempre
desprovistos de todo dominio terrenal y despojados de los medios de
ascendiente mundano debe atribuirse a este mismo principio de separación
y distinción que anima el Propósito Divino. Si la Esencia Eterna
manifestara todo lo que está latente dentro de Él, si Él brillara en la
plenitud de su gloria, no se hallaría a nadie que dudase de su poder o
que repudiase su verdad. No, todas las cosas creadas estarían tan
deslumbradas y atónitas por las demostraciones de su luz, como para ser
reducidas a la nada absoluta. Bajo tales circunstancias, ¿cómo pueden ser
distinguidos los creyentes de los perversos?

Este principio ha actuado en cada una de las Dispensaciones
anteriores y ha sido abundantemente demostrado.... Es por esta razón, que
en cada edad, cuando una nueva Manifestación ha aparecido y una reciente
revelación del poder trascendente de Dios ha sido otorgada a los hombres,
aquellos que no creyeron en Él engañados por la aparición de la
incomparable y eterna Belleza en el atavío de los hombres mortales, no le
han reconocido. Se han desviado de su sendero y han esquivado su
compañía, compañía de Aquel quien es el Símbolo de proximidad a Dios.
Hasta se han levantado para diezmar las filas de los fieles y para
exterminar a aquellos que creían en Él.

Mirad cómo en esta Dispensación los inútiles y tontos han imaginado
vanamente que con tales instrumentos como la masacre, el saqueo y el
destierro pueden extinguir la Lámpara que la Mano del poder divino ha
encendido, o eclipsar el Sol de eterno esplendor. ¡Hasta qué punto
parecen haber ignorado la verdad que tal adversidad es el aceite que
alimenta la llama de esta Lámpara! ¡Tal es la fuerza transformadora de
Dios! Él cambia lo que Él desea; Él ciertamente tiene poder sobre todas
las cosas....

Considerad en todo tiempo la soberanía ejercida por el Rey ideal y
ved las pruebas de su poder y suprema influencia. Santificad vuestros
oídos de las vanas palabras de quienes son los símbolos de la negación y
los exponentes de violencia e ira. La hora se aproxima en que
atestiguaréis la fuerza del Dios único y verdadero triunfando sobre todas
las cosas creadas y los signos de su soberanía envolviendo toda la
creación. En aquel día descubriréis cómo todo salvo Él habrá sido
olvidado y será considerado como la nada absoluta.

Sin embargo, se debe tener presente que Dios y su Manifestación,
bajo ninguna circunstancia, pueden ser disociados de la majestad y
sublimidad que ellos inherentemente poseen. Más bien, la majestad y la
sublimidad son en sí mismas creaciones de su Palabra, si escogéis ver por
mi vista y no con la vuestra.

XXX. Dios atestigua que no hay Dios salvo Él, el Benévolo, el Más
Amado. Toda gracia y munificencia son de Él. A quien Él quiera da lo que
es su deseo. Él es verdaderamente el Omnipotente, el Todopoderoso, el que
Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. Nosotros, en verdad,
creemos en Aquel, quien en la persona del Báb, ha sido enviado por la
Voluntad del Dios único y verdadero, el Rey de Reyes, el Todo Alabado.
Aun más, juremos lealtad a Aquel quien en la época del Mustagháth, está
destinado a manifestarse, como asimismo a quienes vendrán después de Él
hasta el fin que no tiene fin. No reconocemos en la manifestación de cada
uno de ellos, ya sea exterior o interiormente, la manifestación de nadie
salvo Dios mismo, si sois de aquellos que comprenden. Cada uno de ellos
es un espejo de Dios, que no refleja nada salvo su Ser, su Belleza, su
Potestad y Gloria, acaso lo comprendáis. Todos los demás fuera de ellos,
deben ser considerados sólo como espejos capaces de reflejar la gloria de
estas manifestaciones, quienes son ellos mismos los Espejos Primordiales
del Ser Divino, si no sois faltos de comprensión. Jamás nadie los ha
podido eludir, ni pueden ellos ser impedidos de alcanzar su propósito.
Estos Espejos se sucederán eternamente uno a otro, y continuarán
reflejando la luz del Antiguo de los Días. Los que reflejen la gloria de
ellos seguirán, asimismo, existiendo para siempre, porque las Mercedes de
Dios jamás cesarán de fluir. Esta es una verdad que nadie puede refutar.

XXXI. Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones
sucesivas que ha unido la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo
ante Dios, que cada una de estas manifestaciones ha sido enviada por la
acción de la Voluntad y Propósito divinos, que cada una ha sido portadora
de un Mensaje determinado, que a cada una le ha sido confiado un Libro
divinamente revelado y ha sido comisionada para descifrar los misterios
de una poderosa Tabla. La medida de la Revelación con la cual cada una de
ellas ha sido identificada, había sido definitivamente preordinada. Esto
es, en verdad, una prueba de nuestro favor para con ellos, si sois de
aquellos que comprenden esta verdad.... Y cuando este proceso de
Revelación progresiva culminó en la etapa en que su incomparable, su muy
sagrado y exaltado Semblante debía ser descubierto a los ojos de los
hombres, Él prefirió ocultar su propio Ser detrás de mil velos, no sea
que ojos profanos y mortales descubrieran su gloria. Esto hizo cuando se
vertían los signos y muestras de una Revelación divinamente designada
sobre Él, signos y muestras que nadie puede contar salvo el Señor tu
Dios, el Señor de todos los mundos. Y cuando se hubo cumplido el tiempo
de ocultación, mientras aun permanecía envuelto en una miríada de velos,
enviamos un destello infinitesimal de la refulgente Gloria que envuelve
la Faz del Joven, y he aquí que todos los moradores de los Reinos en lo
alto fueron sobrecogidos por una violenta conmoción, y los favorecidos de
Dios cayeron en adoración ante Él. En verdad, Él ha manifestado una
gloria tal que nadie en toda la creación ha presenciado, por cuanto Él se
ha levantado en persona a proclamar su Causa a todos los que están en los
cielos y a todos los que están sobre la tierra.

XXXII. Aquello que habéis escuchado referente a Abraham, el Amigo
del Todo Misericordioso, es la verdad y no puede haber duda de ello. La
Voz de Dios le ordenó que ofreciera a Ismael como un sacrificio, para que
su firmeza en la Fe de Dios y su desprendimiento de todo salvo Él se
demostrara a los hombres. El propósito de Dios, además, fue ofrecerlo
como rescate por los pecados e iniquidades de todos los pueblos de la
tierra. Jesús, el Hijo de María, suplicó al Dios único y verdadero,
exaltados sean su nombre y gloria, le confiriera a Él este mismo honor.
Por esta misma razón Muhammad, el Apóstol de Dios, ofreció en sacrificio
a Husayn.

Ningún hombre podrá jamás pretender haber comprendido la naturaleza
de la oculta y múltiple gracia de Dios; nadie puede sondear su
misericordia que todo lo abarca. Tales han sido la perversidad de los
hombres y sus transgresiones, tan penosas han sido las pruebas que han
afligido a los profetas de Dios y sus escogidos, que toda la humanidad
merece ser atormentada y perecer. No obstante, la oculta y muy amorosa
providencia de Dios la ha protegido por medio de agentes tanto visibles
como invisibles, y continuará protegiéndola, del castigo por su
iniquidad. Pondera esto en tu corazón para que la verdad te sea revelada,
y permanece tú firme en su sendero.

XXXIII. Ha sido decretado por Nosotros que la Palabra de Dios y
todas sus potencialidades se manifiestan a los hombres en estricta
conformidad con tales condiciones como las preordinadas por Aquel quien
es el Omnisciente, el Todo Sabio. Hemos ordenado, además, que su velo de
encubrimiento no sea otro que su propio Ser. Tal es, en verdad, nuestra
Fuerza para lograr nuestro Propósito. Si se le permitiera a la Palabra
liberar repentinamente todas las energías latentes en ella, ningún hombre
podría soportar el peso de tan poderosa Revelación. Aun más, todo lo que
está en el cielo y en la tierra huiría de ella en consternación.

Considera aquello que ha sido enviado a Muhammad, el Apóstol de
Dios. La medida de la Revelación de la cual Él fue portador había sido
claramente preordinada por Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Fuerte.
Aquellos que lo oyeron, sin embargo, sólo pudieron comprender su
propósito de acuerdo con su propia posición y capacidad espiritual. Él,
de igual manera, descubrió la Faz de la Sabiduría según la capacidad de
ellos para soportar el peso de su Mensaje. Tan pronto como la humanidad
alcanzó la etapa de madurez, la Palabra reveló a los ojos de los hombres
las energías latentes con que había sido dotada, energías que se
manifestaron en la plenitud de su gloria cuando la Antigua Belleza
apareció en el año sesenta, en la persona de 'Alí-Muhammad, el Báb.

XXXIV. Toda alabanza y gloria sean para Dios, quien por la fuerza
de su poder, ha liberado a su creación de la desnudez de la no existencia
y la ha ataviado con el manto de vida. Para su favor especial Él de entre
todas las cosas creadas eligió la realidad del hombre, pura y semejante a
una gema, y la dotó con la capacidad única de conocerle y de reflejar la
grandeza de su gloria. Esta doble distinción conferida a él ha limpiado
de su corazón la herrumbre de todo deseo vano, y le ha hecho merecedor de
la vestidura con que su Creador ha estimado digno cubrirlo. Ésta le ha
servido para rescatar su alma de la miseria de la ignorancia.

Este manto con que el cuerpo y alma del hombre han sido adornados
es el fundamento mismo de su bienestar y desarrollo. ¡Oh cuán bendito el
día en que ayudado por la gracia y poder del Dios único y verdadero, el
hombre se haya liberado de la esclavitud y corrupción del mundo y de todo
lo que en él existe y haya logrado el verdadero y perdurable descanso
bajo la sombra del Árbol del Conocimiento!

Las melodías que el ave de tu corazón ha entonado en su gran amor
por sus amigos, han llegado hasta sus oídos y me ha conmovido a responder
tus preguntas y revelarte aquellos secretos que me sea permitido
manifestar. En tu estimada carta has preguntado cuáles profetas de Dios
deben ser considerados superiores a los demás. Sabe con toda seguridad
que la esencia de todos los profetas de Dios es una y la misma. Su unidad
es absoluta. Dios el Creador dice: "No hay distinción alguna entre los
portadores de mi Mensaje. Todos tienen un solo propósito; su secreto es
el mismo secreto. Honrar a uno más que a otro, exaltar a algunos por
encima de los demás de ninguna manera es permitido. Cada verdadero
profeta ha considerado su Mensaje como fundamentalmente el mismo que la
Revelación de cualquier otro profeta que le haya precedido. Por lo tanto,
si hombre alguno no comprendiera esta verdad y, en consecuencia, se
entregara al uso de lenguaje vano e indecoroso, ningún hombre cuya vista
sea perspicaz y cuyo entendimiento sea iluminado permitiría jamás que tal
ociosa charla le haga vacilar en su creencia.

El grado de revelación de los profetas de Dios en este mundo debe,
sin embargo, diferir. Cada uno de ellos ha sido portador de un Mensaje
distinto y ha sido comisionado para revelarse mediante hechos
determinados. Es por esta razón que parecen variar en su grandeza. Su
revelación puede ser comparada con la luz de la luna que derrama su
resplandor sobre la tierra. Aun cuando ella revela una nueva medida de su
brillantez cada vez que aparece, su esplendor inherente no puede nunca
disminuir ni puede su luz sufrir extinción.

Es claro  y evidente, por lo tanto, que cualquier variación
aparente en la intensidad de su luz no es inherente a la luz misma, sino
debe ser atribuida más bien a la receptividad variante de un mundo que
siempre cambia. Se le ha confiado un Mensaje a cada profeta a quien el
Creador Todopoderoso e Incomparable haya determinado enviar a los pueblos
de la tierra, y se le ha encargado actuar en la forma que mejor satisfaga
los requisitos de la época en que aparezca. Dios al enviar sus profetas a
los hombres tiene dos propósitos. El primero es liberar a los hijos de
los hombres de la oscuridad de la ignorancia y guiarlos a la luz del
verdadero entendimiento. El segundo es asegurar la paz y tranquilidad del
género humano y proveer todos los medios por los cuales pueden ser éstas
establecidas.

Los profetas de Dios deben ser considerados como médicos cuya tarea
es fomentar el bienestar del mundo y sus pueblos para que, mediante el
espíritu de unidad, puedan curar la dolencia de una humanidad dividida.
Nadie tiene el derecho de dudar de sus palabras o menospreciar su
conducta, porque ellos son los únicos que pueden afirmar haber
comprendido al paciente y diagnosticado correctamente sus males. Ningún
hombre por aguda que sea su percepción puede jamás esperar alcanzar las
alturas logradas por la sabiduría y comprensión del Médico Divino. No
sería de extrañar entonces, si se encontrara que el tratamiento prescrito
por el médico en este día no fuera idéntico al que prescribió
anteriormente. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando las dolencias que
afectan al paciente necesitan un remedio especial en cada etapa de su
enfermedad? De igual modo, cada vez que los profetas de Dios han
iluminado el mundo con el resplandeciente brillo del Sol de conocimiento
divino, invariablemente han emplazado a sus pueblos por los medios que
mejor se adaptaran a las exigencias de la época en que aparecieran, a
abrazar la luz de Dios. Así fueron capaces de dispersar la oscuridad de
la ignorancia y derramar sobre el mundo la gloria de su propio
conocimiento. Por consiguiente, es hacia la más íntima esencia de estos
profetas que los ojos de todo hombre de discernimiento deben dirigirse,
puesto que su único propósito ha sido siempre guiar a los errados y dar
paz a los afligidos. Éstos no son días de prosperidad y triunfo. La
humanidad entera está en las garras de múltiples males. Esfuérzate
entonces, para salvar su vida con la saludable medicina que la
todopoderosa mano del Médico infalible ha preparado.

Y ahora respecto de tu pregunta acerca de la naturaleza de la
religión. Sabe que los que en verdad son sabios han comparado el mundo
con el templo humano. Así como el cuerpo del hombre necesita vestidura
para cubrirse, asimismo el cuerpo de la humanidad debe ser necesariamente
adornado con el manto de justicia y sabiduría. Su atavío es la Revelación
que Dios le ha concedido. Cada vez que este atavío haya cumplido su
propósito, el Todopoderoso de seguro lo renovará. Porque cada edad
requiere una medida adicional de la luz de Dios. Cada Revelación divina
ha sido enviada de modo que corresponda a las circunstancias de la época
de su aparición.

En cuanto a tu pregunta sobre las declaraciones de los conductores
de religiones pasadas. Todo hombre sabio y digno de alabanza, sin duda
alguna evitará conversación tan vana e infructuosa. El incomparable
Creador ha creado a todos los hombres de una misma sustancia y ha
exaltado su realidad sobre el resto de sus criaturas. El éxito o fracaso
del hombre, su ganancia o pérdida deben, por lo tanto, depender de sus
propios esfuerzos. Mientras más se esfuerce, mayor será su progreso.
Ojalá que las lluvias primaverales de la munificencia de Dios hagan que
las flores de verdadero entendimiento broten del suelo de los corazones
de los hombres, y los purifiquen de toda corrupción terrenal.

XXXV. Ponderad un poco. ¿Qué es lo que en cada Dispensación incitó
a los pueblos de la tierra rechazar a la Manifestación del Todo
Misericordioso? ¿Qué cosa podía haberlos impulsado a alejarse de Él y
desafiar su autoridad? Si los hombres meditasen sobre estas palabras que
han brotado de la Pluma del Divino Ordenador, se apresurarían, cada uno y
todos, a abrazar la verdad de esta perdurable Revelación dada por Dios y
atestiguarían lo que Él mismo ha afirmado solemnemente. Es el velo de
vanas imaginaciones que, en los días de las Manifestaciones de la Unidad
de Dios y las Auroras de su eterna gloria, se ha interpuesto y continuará
interponiéndose entre ellos y el resto de la humanidad. Pues en esos días
Él quien es la Verdad Eterna se manifiesta en conformidad con aquello que
Él mismo ha determinado y no de acuerdo con los deseos y expectativas de
los hombres. Así Él ha revelado: "Siempre que viene a vosotros un apóstol
con lo que no desean vuestras almas os ensoberbecéis y a unos los
desmentís y a otros los matáis."

No puede haber duda alguna que, si estos apóstoles hubieran
aparecido en pasadas edades y ciclos, de acuerdo con las vanas
imaginaciones que los corazones de los hombres habían ideado, nadie
habría repudiado la verdad de estos seres santificados. A pesar que
dichos hombres han estado recordando, día y noche, el Dios único y
verdadero y que han estado piadosamente ocupados con el ejercicio de sus
oraciones, sin embargo, al final no reconocieron las Auroras de los
signos de Dios, las Manifestaciones de sus irrefutables testimonios, ni
participaron de sus favores.

Considera la Dispensación de Jesucristo. Mirad cómo todos los
hombres doctos de aquella generación, aunque esperaban ansiosamente la
venida del Prometido, no obstante, lo negaron. Tanto Anás el más erudito
entre los teólogos de su día, como Caifás el sumo sacerdote, lo
denunciaron y pronunciaron su sentencia de muerte.

De igual manera, cuando apareció Muhammad, el Profeta de Dios -que
todos los hombres sean ofrecidos en su sacrificio- los doctos de La Meca
y Medina se levantaron contra Él en los primeros días de su Revelación, y
rechazaron su Mensaje, mientras que aquellos que carecían totalmente de
conocimientos, reconocieron y abrazaron su Fe. Ponderad por un momento.
Considerad cómo Balál, el Etíope, a pesar de ser iletrado, ascendió al
cielo de la fe y certeza, mientras que 'Abdu'lláh Ubayy, un caudillo
entre los doctos, se esforzó con malicia para oponerse a Él. Mirad, cómo
un simple pastor fue tan arrobado por el éxtasis de las palabras de Dios
que pudo ser admitido en la morada de su Bien Amado  y fue unido a Aquel
quien es el Señor de la Humanidad, mientras que aquellos que se
enorgullecían de su conocimiento y sabiduría se extraviaron lejos de su
sendero y permanecieron desprovistos de su gracia. Por esta razón Él ha
escrito: "El que es enaltecido entre vosotros será humillado y el
humillado será enaltecido". Referencias a este tema pueden encontrarse en
la mayor parte de los Libros sagrados, así como en las declaraciones de
los profetas y mensajeros de Dios.

En verdad os digo que tal es la grandeza de esta Causa, que el
padre huye de su hijo y el hijo huye de su padre. Recordad la historia de
Noé y Canaán. Quiera Dios que, en estos días de delicia celestial, no os
privéis de los dulces sabores del Todo Glorioso Dios, y podáis
participar, en esta Primavera espiritual, de las efusiones de su gracia.
Levantaos en el nombre de Aquel quien es el Objeto de toda sabiduría, y,
con absoluto desprendimiento del saber de los hombres, levantad vuestras
voces y proclamad su Causa. ¡Juro por el Sol de la Revelación Divina! En
el momento en que os levantéis, atestiguaréis cómo un diluvio de
conocimiento divino brotará de vuestros corazones, y veréis ante vosotros
las maravillas de su sabiduría celestial manifiestas en toda su gloria.
Si probarais la dulzura de las palabras del Todo Misericordioso, sin
vacilar renunciaríais a vosotros mismos y entregaríais vuestras vidas por
el Bien Amado.

¿Quién podrá creer que este Siervo de Dios haya acariciado en su
corazón un deseo de honor o beneficio terrenales? La Causa asociada con
su Nombre está muy por encima de las cosas transitorias de este mundo.
¡Helo aquí! en esta la Más Grande Prisión, un exiliado, una víctima de la
tiranía. Sus enemigos lo han atacado por todos lados y continuarán
haciéndolo hasta el fin de su vida. Por lo tanto todo lo que Él os diga
será sólo por Dios, que quizá los pueblos de la tierra limpien sus
corazones de la mancha de los malos deseos, desgarren su velo y logren
conocer al Dios único y verdadero. Ésta es la más exaltada posición a que
hombre alguno puede aspirar. Su aceptación o rechazo de mi Causa, no
podrá beneficiarme, ni hacerme daño. Los emplazamos enteramente por Dios.
Él, en verdad, puede prescindir de toda criatura.

XXXVI. Sabe que cuando el Hijo del Hombre exhaló su último suspiro
y se entregó a Dios, la creación entera lloró con gran llanto. Sin
embargo, al sacrificarse a sí mismo, una nueva capacidad fue infundida en
todas las cosas creadas. Sus efectos, de los cuales dan testimonio todos
los pueblos de la tierra, están manifiestos ahora ante ti. La más honda
sabiduría que los eruditos hayan expresado, los más profundos
conocimientos que mente alguna haya descifrado, las obras de arte que las
manos más diestras han producido, la influencia ejercida por el más
potente de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza
vivificadora liberada por su resplandeciente y trascendente Espíritu que
todo lo penetra.

Atestiguamos que cuando Él vino al mundo, derramó el esplendor de
su gloria sobre todas las cosas creadas. Mediante Él el leproso se
restableció de la lepra de la perversidad e ignorancia. Por Él el impuro
y descarriado fueron curados. Mediante su poder, nacido de Dios
Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos y el alma del pecador
fue santificada.

La lepra puede ser interpretada como cualquier velo que se
interponga entre el hombre y el reconocimiento del Señor, su Dios.
Quienquiera se permita aislarse de Él, es realmente un leproso, quien no
será recordado en el Reino de Dios, el Poderoso, el Todo Alabado.
Atestiguamos, que por medio del Poder de la Palabra de Dios, todo leproso
fue purificado, toda enfermedad fue curada, y toda debilidad humana fue
eliminada. Es Él quien purificó al mundo. Bendito el hombre que con el
rostro radiante se ha vuelto hacia Él.

XXXVII. Bendito el hombre que ha confesado su creencia en Dios y en
sus signos, y ha reconocido que "a Él no se le ha de pedir cuenta de sus
hechos". Dios ha dispuesto que tal reconocimiento sea el ornamento de
toda creencia y su base fundamental. De Él debe depender la aceptación de
toda buena obra. Fijad vuestros ojos en Él, no sea que las murmuraciones
de los rebeldes os hagan errar.

Si Él decretara lícito lo que desde tiempo inmemorial ha sido
vedado, y prohibiere lo que en todo tiempo se ha considerado lícito,
nadie tiene el derecho de poner en duda su autoridad. Quienquiera que
vacile, aunque fuere por un solo instante, deberá ser considerado como
transgresor.

Quien no haya reconocido esta sublime y fundamental verdad, ni haya
alcanzado esta muy exaltada posición, será perturbado por los vientos de
la duda, y las murmuraciones de los infieles confundirán su alma. Aquel
que haya reconocido este principio será dotado de la más perfecta
constancia. Todo honor sea para esta toda gloriosa posición, cuyo
recuerdo adorna a toda Tabla exaltada. Tal es la enseñanza que os librará
de cualquier duda y perplejidad, os permitirá alcanzar la salvación,
tanto en este mundo como en el venidero. Él es, verdaderamente, el que
Siempre Perdona, el Más Generoso.

XXXVIII. Sabe con certeza que, en cada Dispensación, la Luz de la
Divina Revelación ha sido otorgada a los hombres en proporción directa a
su capacidad espiritual. Considera el sol. Cuán débiles son sus rayos en
el momento en que aparece sobre el horizonte. Cómo gradualmente, su calor
y potencia aumentan a medida que se aproxima a su cenit, permitiendo,
mientras tanto, a todas las cosas creadas adaptarse a la intensidad
creciente de su luz. Y cómo declina paulatinamente hasta alcanzar su
ocaso. Si manifestara súbitamente las energías latentes en él, sin duda
dañaría todas las cosas creadas.... De igual manera, si el Sol de la
Verdad revelara repentinamente, en el comienzo de su manifestación, todas
las potencialidades que la providencia del Todopoderoso le ha conferido,
la tierra de la comprensión humana quedaría desolada y se marchitaría;
porque el corazón de los hombres no podría soportar la intensidad de su
revelación, ni podría reflejar el brillo de su luz. Consternados y
abrumados, dejarían de existir.

XXXIX. Alabado seas, oh Señor mi Dios, por las maravillosas
Revelaciones de tu inescrutable mandato y las múltiples aflicciones y
pruebas que Tú has destinado para mí. En una época Tú me entregaste en
manos de Nimrod; en otra Tú permitiste que la vara del Faraón me
persiguiera. Sólo Tú, mediante tu conocimiento que todo lo abarca y la
acción de tu Voluntad, puedes valorar las incalculables aflicciones que
he sufrido en sus manos. Otra vez, Tú me arrojaste al calabozo de los
descreídos, sólo porque me sentí impulsado a susurrar a los oídos de los
bienamados de tu Reino, un indicio de la visión, con que Tú, mediante tu
conocimiento me habías inspirado y cuyo significado me habías revelado
mediante la potencia de tu poder. Posteriormente, Tú decretaste que la
espada del infiel cortara mi cabeza. En otra ocasión fui crucificado, por
haber descubierto ante los ojos de los hombres las gemas ocultas de tu
gloriosa unidad, por haberles revelado los maravillosos signos de tu
soberanía y eterno poder. ¡Cuán amargas las humillaciones que fueron
amontonadas sobre mí, en una época posterior, en la llanura de Karbilá!
¡Cuán solitario me sentí entre tu pueblo! ¡A qué estado de impotencia fui
reducido en aquella tierra! Insatisfechos con tales indignidades, mis
perseguidores me decapitaron y llevando en alto mi cabeza de país en
país, la exhibieron a la vista de la multitud incrédula y la depositaron
en las moradas de los perversos e infieles. En otra edad fui suspendido y
mi pecho se convirtió en blanco de los dardos de la maliciosa crueldad de
mis enemigos. Mis miembros fueron acribillados con proyectiles y mi
cuerpo despedazado. Finalmente, mira cómo en este Día, mis traidores
enemigos se han aliado contra mí y están continuamente conspirando para
inculcar el veneno del odio y malicia en las almas de tus servidores.
Están tramando, con todo su poder para llevar a cabo su objetivo.... A
pesar de lo penosa que es mi tribulación, oh Dios, mi Bienamado, te doy
gracias y mi Espíritu está agradecido por todo lo que me ha acontecido en
el sendero de tu complacencia.

Estoy contento con todo lo que Tú has ordenado para mí y doy la
bienvenida a las penas y sufrimientos que tengo que soportar, por
calamitosas que sean.

XL. ¡Oh mi Bien Amado! Tú has soplado tu Hálito en mí y me has
separado de mí mismo. Tú posteriormente decretaste que de tu Realidad
dentro de mí, sólo un tenue reflejo, un simple emblema quedara entre los
perversos y envidiosos . ¡Mira cómo engañados por este emblema, se han
levantado contra mí y han hacinado sobre mí sus recusaciones! Descúbrete
entonces, oh mi Bien Amado y líbrame de mi aflicción.

Entonces una Voz respondió: "Amo y siento gran cariño por este
emblema. ¿Cómo puedo consentir que sólo mis ojos contemplen este emblema
y que ningún corazón salvo el mío lo reconozca? ¡Por mi Belleza, que es
lo mismo que tu Belleza! Mi deseo es ocultarte a mis propios ojos;
¡cuánto más a los ojos de los hombres!"

Preparaba mi contestación cuando, he aquí la Tabla fue terminada
repentinamente, dejando mi tema sin concluir, y la perla de mi palabra
sin engarzar.

XLI. ¡Dios es mi testigo, oh pueblo! Dormía en mi lecho cuando, he
aquí, la Brisa de Dios acariciándome, me despertó de mi sueño. Su
Espíritu vivificador me revivió y mi lengua se desató para proclamar su
llamado. No me acuséis de haber transgredido contra Dios. No me miréis
con vuestros ojos sino con los míos. Así os amonesta Él quien es el
Bondadoso, el Omnisciente. Oh pueblo, ¿pensáis que Yo tengo en mis manos
el control de la última Voluntad y Propósito de Dios? Lejos de mí está
pretender eso. Lo atestiguo ante Dios, el Todopoderoso, el Exaltado, el
Omnisciente, el Omnisapiente. Si el destino final de la Fe de Dios
hubiera estado en mis manos, nunca habría consentido, ni aún por un
momento, en manifestarme a vosotros, ni hubiera permitido que una sola
palabra brotase de mis labios. De ello Dios mismo es ciertamente testigo.

XLII. ¡Oh Hijo de la Justicia! Por la noche la belleza del Ser
inmortal se dirigió desde la esmeralda altura de la fidelidad al
Sadratu'l-Muntahá y lloró con tal llanto que el Concurso en lo alto y los
moradores de los reinos celestiales gimieron al oír su lamento. Entonces
se oyó la pregunta: ¿por qué estos lamentos y sollozos? Él respondió:
Como se me ordenó, esperé atento sobre la loma de la lealtad, mas no
logré respirar de aquellos que habitan en la tierra la fragancia de la
fidelidad. Entonces, llamado a regresar, miré y, ¡he aquí! ciertas
palomas de santidad estaban atormentadas bajo las garras de los perros de
la tierra. Entonces la Doncella del Cielo apresuró desde su mística
mansión, resplandeciente, desprovista de su velo, y preguntó por sus
nombres, y todos fueron dichos, menos uno. Y cuando ella les urgió fue
pronunciada la primera letra de él, entonces los moradores de las cámaras
celestiales abandonaron precipitadamente sus habitaciones de gloria. Y
mientras la segunda letra se articulaba cayeron sobre el polvo cada uno y
todos. En ese momento se oyó una voz desde el más íntimo santuario:
"Hasta aquí, ni un paso más". En verdad, atestiguamos lo que han hecho y
lo que ahora hacen.

XLIII. ¡Oh Afnán, oh tú que has brotado de mi antiguo Linaje! Mi
gloria y mi amorosa bondad descansan sobre ti. ¡Cuán vasto es el
tabernáculo de la Causa de Dios! Ha cubierto con su sombra a todos los
pueblos y naciones de la tierra y dentro de poco reunirá bajo su abrigo a
toda la humanidad. Ya ha llegado el día de servicio. Innumerables Tablas
atestiguan las generosidades que te han sido otorgadas. Levántate a hacer
triunfar mi Causa y con la fuerza de tu palabra somete a los corazones de
los hombres. Debes manifestar aquello que asegure la paz y el bienestar
del desdichado y del oprimido. Apréstate para la acción, que quizá
liberes al cautivo de sus cadenas y le permitas alcanzar la libertad
verdadera.

La Justicia en este día lamenta su condición y la Equidad gime bajo
el yugo de la opresión. Las densas nubes de la tiranía han oscurecido la
faz de la tierra y envuelto a sus pueblos. Por el movimiento de nuestra
Pluma de gloria, por deseo del omnipotente Ordenador, hemos inspirado una
nueva vida en toda estructura humana y hemos infundido una nueva potencia
en cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman los indicios de esta
regeneración mundial. Ésta es la más grande, la más jubilosa nueva
impartida a la humanidad por la pluma de este Agraviado. ¿Por qué teméis,
oh mis bienamados? ¿Quién os puede consternar? Un poco de humedad basta
para disolver la arcilla endurecida de que está moldeada esta generación
perversa. El simple hecho de reuniros es suficiente para dispersar las
fuerzas de esta gente vana e inútil. ... .

En este día todo hombre perspicaz admitirá prontamente que los
consejos revelados por la Pluma de este Agraviado constituyen la suprema
fuerza animadora del progreso del mundo y la exaltación de sus pueblos.
Levantaos, oh pueblos, y por la fuerza del poder de Dios, decidíos a
ganar la victoria sobre vosotros mismos, que quizá toda la tierra sea
librada y santificada de su servidumbre a los dioses de sus vanas
fantasías, dioses que a sus desdichados adoradores han infligido tanta
pérdida y de cuya miseria son responsables. Estos ídolos constituyen el
obstáculo que ha estorbado al hombre en sus esfuerzos a avanzar por el
sendero de perfección. Abrigamos la esperanza que la Mano del poder
divino preste su ayuda a la humanidad y la libere de su estado de penosa
degradación.

En una de las Tablas estas palabras han sido reveladas: ¡Oh pueblos
de Dios! No os ocupéis con vuestros propios asuntos; que vuestros
pensamientos se fijen en lo que será capaz de restituir la prosperidad de
la humanidad y santificar los corazones y almas de los hombres. La mejor
manera de lograr esto es mediante acciones puras y santas, vida casta y
comportamiento digno. Actos valientes asegurarán el triunfo de esta Causa
y un carácter santo reforzará su poder. ¡Aferraos a la rectitud, oh
pueblo de Bahá! Esto es ciertamente el mandamiento que este Agraviado os
ha dado, y es lo que su ilimitada Voluntad ha escogido para cada uno de
vosotros.

¡Oh amigos! Os incumbe renovar y revivir vuestras almas por medio
de los dadivosos favores que, en esta divina y conmovedora Primavera,
llueven sobre vosotros. El Sol de su gran gloria ha derramado su
resplandor sobre vosotros y las nubes de su ilimitada generosidad os han
cubierto con su sombra. ¡Cuán elevado es el premio para quien no se haya
privado de tan grande generosidad ni haya dejado de reconocer la belleza
de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura! Cuidaos, pues el Malvado os
acecha listo para atraparos. Aseguraos contra sus infames artificios y,
guiados por la luz del nombre de Dios Todo Veedor, escapad de la
oscuridad que os rodea. Que vuestra visión abarque el mundo en vez de
limitarse a vuestro propio ser. El Malvado es aquel que impide el ascenso
de los hijos de los hombres y detiene su progreso espiritual.

En este Día incumbe a todo hombre asirse de lo que promueve los
intereses de todas las naciones y gobiernos justos y exalte su posición.
Por medio de todos y cada uno de los versos revelados por la Pluma del
Altísimo, las puertas del amor y unidad han sido abiertas enteramente a
los hombres. Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la
verdad: "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en espíritu
de amistad y hermandad". Cualquier cosa que haya hecho a los hijos de los
hombres rehuirse uno a otro y haya causado disensiones y divisiones entre
ellos, ha sido anulada y abolida por la revelación de estas palabras.
Desde el cielo de la Voluntad de Dios, y con el propósito de ennoblecer
al mundo del ser y elevar la mente y almas de los hombres, ha sido
enviado aquello que constituye el instrumento más efectivo para la
educación de toda la raza humana. La más elevada esencia y la más
perfecta expresión de todo lo que los pueblos del pasado hayan dicho o
escrito, por esta potentísima Revelación, ha descendido del cielo de la
Voluntad del Poseedor de todo, el Dios Perdurable. En el pasado ha sido
revelado: "El amor por el propio país es un elemento de la Fe de Dios".
Sin embargo, la Lengua de Grandeza, en el día de su manifestación,
proclamó: "No debe preciarse quien ama a su patria, sino quien ama al
mundo". Mediante el poder liberado por estas exaltadas palabras, Él ha
dado un nuevo impulso al ave del corazón humano, le ha señalado una nueva
dirección y del Libro sagrado de Dios ha borrado toda huella de
restricción y limitación.

¡Oh gente de Justicia! Sed brillantes como la luz y espléndidos
como el fuego encendido en la Zarza Ardiente. El resplandor del fuego de
vuestro amor sin duda fundirá y unificará a los pueblos y naciones
contendedoras de la tierra, mientras que la ferocidad de la llama de la
enemistad y odio no pueden dar otro resultado que la lucha y ruina.
Rogamos a Dios que escude a sus criaturas de los malos designios de sus
enemigos. Él ciertamente tiene poder sobre todas las cosas.

Toda alabanza sea para el Dios único y verdadero -exaltada sea su
gloria- por cuanto Él ha abierto las puertas de los corazones de los
hombres por la Pluma del Altísimo. Cada verso que esta Pluma ha revelado
es una puerta brillante y luminosa que descubre las glorias de santa y
piadosa vida, de puras e inmaculadas acciones. El emplazamiento y mensaje
que dimos no fueron nunca destinados para alcanzar o beneficiar a una
sola tierra o a un solo pueblo. La humanidad en su integridad debe
aferrarse firmemente a lo que haya sido revelado y otorgado a ella.
Entonces, y sólo entonces, alcanzará la verdadera libertad. Toda la
tierra está iluminada con la resplandeciente gloria de la Revelación de
Dios. En el año sesenta Aquel quien anunció la Luz de la Guía Divina -que
toda la creación sea ofrendada como sacrificio por Él- se levantó para
anunciar una nueva revelación del Espíritu Divino, y fue seguido, veinte
años más tarde, por Aquel mediante cuya venida el mundo recibió esta
gloria prometida, este maravilloso favor. Mirad cómo la mayoría de la
humanidad ha sido dotada con la capacidad de escuchar la más exaltada
Palabra de Dios, sobre la cual debe depender la reunión y resurrección
espiritual de todos los hombres....

Inclinad vuestros corazones, oh pueblo de Dios, hacia los consejos
de vuestro verdadero e incomparable Amigo. La Palabra de Dios puede ser
comparada a un árbol tierno cuyas raíces han sido plantadas en los
corazones de los hombres. Os incumbe nutrir su crecimiento por medio de
las vivificadoras aguas de la sabiduría, de palabras santas y sagradas,
para que su raíz pueda asegurarse firmemente y sus ramas puedan
extenderse hasta la altura de los cielos y aun más allá.

¡Oh vosotros que moráis en la tierra! El rasgo distintivo que marca
el carácter preeminente de esta Suprema Revelación consiste en que, por
una parte, hemos borrado del Libro sagrado de Dios todo aquello que ha
sido causa de lucha, malicia y daño entre los hijos de los hombres y por
otra parte hemos sentado los requisitos esenciales del entendimiento, y
de completa y permanente unidad. Venturosos quienes guardan mis
estatutos.

Una vez tras otra hemos amonestado a nuestros bienamados que
eviten, aun más, que huyan de toda cosa de la que perciban el olor a
maldad. El mundo está sufriendo gran trastorno y las mentes de sus
pueblos se encuentran en un estado de completa confusión. Suplicamos al
Todopoderoso que Él bondadosamente los ilumine con la gloria de su
Justicia, y los capacite para descubrir aquello que les sea provechoso en
todo tiempo y bajo toda condición. Él ciertamente es el que Todo lo
Posee, el Altísimo.

XLIV. No apartéis de vuestro lado el temor a Dios, oh vosotros los
doctos de la tierra y juzgad con ecuanimidad la Causa de este Iletrado,
de quien todos los Libros de Dios, el Protector, el que Subsiste por sí
mismo, han testificado.... ¿Acaso el miedo de desagradar a Dios, el temor
a Él quien no tiene par ni igual, no os despertarán? Aquel a quien el
mundo ha agraviado, en ningún momento se ha asociado con vosotros, nunca
ha estudiado vuestros escritos ni ha participado en ninguna de vuestras
disputas. El traje que Él usa, sus ondeantes cabellos, su turbante,
atestiguan la verdad de sus palabras. ¿Hasta cuándo persistiréis en
vuestra injusticia? Mirad la habitación en que han obligado a morar a
Aquel quien es la encarnación de la justicia. Abrid vuestros ojos y al
contemplar su aflicción, meditad diligentemente sobre aquello que
vuestras manos han forjado, que quizá no seáis privado de la luz de sus
divinas declaraciones, ni despojado de vuestra parte del océano de su
conocimiento.

Algunos entre plebeyos y nobles han objetado que este Agraviado no
es miembro del orden eclesiástico, ni descendiente del Profeta. Di: ¡Oh
vosotros que pretendéis ser justos! Pensad un momento y reconoceréis cuán
infinitamente exaltado es su posición actual sobre la posición que según
vosotros Él debería tener. La Voluntad del Todopoderoso ha decretado que
su Causa debe aparecer y manifestarse en una casa completamente
desprovista de todo aquello que los teólogos, doctos, sabios y letrados
comúnmente poseen.

El hálito del Espíritu Divino le despertó y le pidió que se
levantara y proclamara su Revelación. Tan pronto como fue despertado de
su sueño levantó su voz y llamó a toda la humanidad hacia Dios, el Señor
de todos los mundos. Nos hemos visto impulsados a revelar estas palabras
en vista de la debilidad y fragilidad de los hombres; de lo contrario, la
Causa que hemos proclamado es tal que ninguna pluma podrá describirla, ni
mente alguna concebir su grandeza. Esto lo atestigua Aquel con quien está
el Libro Madre.

XLV. La Antigua Belleza ha consentido ser encadenada para que la
humanidad sea liberada de su cautiverio, y ha aceptado ser prisionero de
esta poderosa Fortaleza para que todo el mundo logre la verdadera
libertad. Ha bebido hasta los posos de la copa del dolor, para que todos
los pueblos de la tierra alcancen felicidad perdurable y sean colmados de
alegría. Esto emana de la misericordia de vuestro Señor, el Compasivo, el
Más Misericordioso. Hemos aceptado ser humillados, oh creyentes en la
Unidad de Dios, para que vosotros seáis enaltecidos y hemos sufrido
múltiples tribulaciones para que podáis prosperar y florecer. ¡Mirad cómo
aquellos que se han imaginado socios de Dios, han forzado a Aquel quien
ha venido a rehacer el mundo entero, a residir en la más desolada de las
ciudades!

XLVI. No me apeno por la pesadumbre de mi encarcelación. Tampoco me
aflijo de mi humillación, ni de las tribulaciones que sufro en manos de
mis enemigos. ¡Por mi vida! Son mi gloria, gloria con la cual Dios se ha
adornado a sí mismo. ¡Ojalá lo supierais!

La vergüenza que fui obligado a soportar, ha descubierto la gloria
con que toda la creación ha sido dotada, y por las crueldades que he
sufrido, el Sol de la Justicia, se ha manifestado y ha derramado su
esplendor sobre los hombres.

Mis dolores son por aquellos que se han envuelto en sus pasiones
corruptas y pretenden estar asociados con la Fe de Dios, el Dadivoso, el
Todo Alabado.

Incumbe al pueblo de Bahá, morir al mundo y a todo lo que hay en
él; ser tan desprendidos de las cosas terrenales que los moradores del
Paraíso, inhalen de su vestidura la dulce fragancia de la santidad; para
que todos los pueblos de la tierra reconozcan en sus rostros el
resplandor del Todo Misericordioso, y mediante ellos se difundan los
signos y señales de Dios, el Todopoderoso, el Sapientísimo. ¡Aquellos que
han empañado el buen nombre de la Causa de Dios al seguir las
inclinaciones de la carne, ésos están en palpable error!

XLVII. ¡Oh judíos! Si tenéis la intención de crucificar otra vez a
Jesús, el Espíritu de Dios, dadme muerte a mí, porque en mi persona, Él
se ha manifestado una vez más a vosotros. Tratadme como queráis porque he
prometido sacrificar mi vida en el sendero de Dios. No temeré a nadie
aunque los poderes de la tierra y del cielo se alíen en mi contra.
¡Seguidores del Evangelio! Si abrigáis el deseo de matar a Muhammad, el
Apóstol de Dios, tomadme y poned fin a mi vida, porque yo soy Él, y mi
Ser es su Ser. Haced conmigo lo que queráis porque el más profundo deseo
de mi corazón es alcanzar la presencia de mi Bienamado en su Reino de
Gloria. ¡Tal es el decreto divino, si lo supierais! ¡Seguidores de
Muhammad! Si es vuestro deseo acribillar con vuestros dardos el pecho de
Aquel quien ha hecho que su Libro el Bayán os sea enviado, poned vuestras
manos sobre mí y perseguidme, porque Yo soy su Bienamado, la revelación
de su propio Ser, aunque mi nombre no sea su nombre. He venido bajo la
sombra de las nubes de gloria y he sido investido por Dios con invencible
soberanía. Él es ciertamente la Verdad, el Conocedor de las cosas no
vistas. Verdaderamente Yo espero de vosotros el mismo trato que habéis
acordado a Aquel quien me precedió. De esto son testigos todas las cosas,
si fuerais de aquellos que escuchan. ¡Oh pueblo del Bayán! Si habéis
resuelto derramar la sangre de Aquel cuya venida el Báb ha proclamado,
cuyo advenimiento Muhammad ha profetizado, y cuya Revelación Jesucristo
mismo ha anunciado, miradme a mí que estoy de pie, listo y sin defensa
ante vosotros. Proceded conmigo como lo dicten vuestros propios deseos.

XLVIII. ¡Dios es mi testigo! Si esto no estuviera en conflicto con
aquello que las Tablas de Dios han decretado, gustosamente habría besado
las manos de quienquiera hubiera intentado derramar mi sangre en el
sendero del Bienamado. Aun más, le habría dotado con una parte de los
bienes terrenales que Dios me ha permitido poseer, aun cuando quien
perpetrare este acto provocaría la ira del Todopoderoso, incurriría en su
maldición y merecería ser atormentado durante toda la eternidad de Dios,
el que Todo lo Posee, el Equitativo, el Omnisapiente.

XLIX. Sabe en verdad, que cuando quiera este Joven vuelve su vista
hacia su propio ser, encuentra que es lo más insignificante de toda la
creación. Sin embargo, cuando contempla las brillantes refulgencias que
ha sido capacitado para manifestar, he aquí, ese yo se transfigura ante
Él en una potencia soberana que satura la esencia de todas las cosas
visibles e invisibles. Gloria a Aquel quien, por la fuerza de la verdad,
ha enviado la Manifestación de su propio Ser y le ha confiado su mensaje
para toda la humanidad.

L. Oh desatentos, quitaos el sueño de la negligencia para que
podáis mirar el resplandor que su gloria ha difundido a través del mundo.
¡Qué torpes son quienes murmuran contra el nacimiento prematuro de su
luz! ¡Oh vosotros, ciegos de corazón! Sea temprano o tarde, las
demostraciones de su gloria refulgente ya están de hecho manifiestas. Os
incumbe determinar si tal luz ha aparecido o no. No está en vuestro poder
ni en el mío fijar el momento en que debe ser manifiesta. La Sabiduría
inescrutable de Dios ha fijado la hora de antemano. Estad contentos, oh
pueblo, con lo que Dios ha deseado y predestinado para vosotros.... ¡Oh
vosotros que me deseáis el mal! El Sol de la Guía eterna, es mi testigo:
Si hubiera estado en mi poder, nunca habría consentido, bajo ninguna
circunstancia, distinguirme entre los hombres, porque el Nombre que llevo
desdeña totalmente asociarse con esta generación cuyas lenguas están
sucias y cuyos corazones son falsos. Y cada vez que escogí callar y
guardar silencio, he aquí, la voz del Espíritu Santo, parado a mi
diestra, me despertó, y el Supremo Espíritu apareció ante mi faz, y
Gabriel me cubrió con su sombra, y el Espíritu de Gloria se movió dentro
de mi pecho ordenándome levantarme y romper mi silencio. Si vuestra
capacidad de oír fuese depurada y vuestros oídos estuviesen atentos,
seguramente comprenderíais que cada miembro de mi cuerpo, más aún, todos
los átomos de mi ser, proclaman y atestiguan este llamado: "Dios, fuera
de quien no hay otro Dios, y Aquel cuya belleza se manifiesta ahora, es
el reflejo de su gloria para todos los que están en el cielo y en la
tierra".

LI. ¡Oh pueblo! ¡Juro por el Dios único y verdadero! Éste es el
Océano del cual han procedido todos los mares, y con el cual cada uno de
ellos se reunirá finalmente. De Él se han generado todos los Soles y a Él
regresarán todos ellos. Por su potencia los Árboles de la Revelación
Divina han dado sus frutos, cada uno de los cuales ha sido enviado en la
forma de un profeta que lleva un mensaje a las criaturas de Dios en cada
uno de los mundos cuyo número sólo Dios, en su Conocimiento omnímodo,
puede calcular. Él ha logrado esto por la acción de solo una Letra de su
Palabra, revelada por su Pluma, estando su Pluma movida por su Dedo
guiador, estando su propio Dedo sostenido por la fuerza de la Verdad de
Dios.

LII. Di: ¡Oh pueblo! No os privéis de la gracia de Dios y de su
misericordia. Quienquiera se prive de ellas está en dolorosa perdición
¡Cómo! ¡Oh pueblo! ¿Adoráis el polvo y os alejáis de vuestro Señor, el
Bondadoso, el Todo Generoso? Temed a Dios y no seáis de los que perecen.
Di: El Libro de Dios ha sido enviado en la forma de este Joven. ¡Por
tanto, santificado sea Dios el más excelente de los hacedores! Prestad
atención, oh pueblos del mundo, no sea que huyáis de su faz. Más aún,
apresuraos en alcanzar su presencia y sed de aquellos que han vuelto a
Él. Orad para que seáis perdonados, oh pueblos, por no haber cumplido
vuestro deber para con Dios y por haber transgredido contra su Causa y no
seáis de los torpes. Él es quien os ha creado; Él es quien ha alimentado
vuestras almas mediante su Causa y os ha hecho capaces de reconocer a
Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Omnisciente. Él es
quien ha descubierto a vuestros ojos los tesoros de su conocimiento y os
ha hecho ascender al cielo de la certeza de su irresistible, su
irrefutable y muy exaltada Fe. Prestad atención, no sea que os privéis de
la gracia de Dios, y vuestras obras se reduzcan a nada, y no repudiéis la
verdad de esta clara, majestuosa, brillante y gloriosa Revelación. Juzgad
imparcialmente la Causa de Dios, vuestro Creador; contemplad lo que ha
sido enviado desde el Trono en lo alto y meditad sobre ello con corazones
inocentes y santificados. Entonces la verdad de esta Causa se os hará tan
evidente como el sol en su gloria meridiana. Entonces seréis de aquellos
que han creído en Él.

Di: El primer y más importante testimonio que establece su verdad
es Él mismo. Próximo a este testimonio está su Revelación. Para
quienquiera no reconozca ni uno ni otro Él ha establecido las palabras
que ha revelado, como prueba de su realidad y verdad. Esta es,
ciertamente, una demostración de su tierna misericordia para con los
hombres. Él ha dotado a toda alma con la capacidad de reconocer los
signos de Dios. De otra manera, ¿cómo habría Él podido cumplir su
testimonio hacia los hombres? si sois de los que ponderan su Causa en sus
corazones. Él nunca procederá injustamente con nadie, ni tampoco señalará
a las almas una tarea superior a sus capacidades. Él es ciertamente el
Compasivo, el Todo Misericordioso.

Di: Es tan grande la gloria de la Causa de Dios, que aun los ciegos
pueden percibirla, cuanto más aquellos que poseen vista perspicaz y
visión pura. Los ciegos, a pesar de no ser capaces de percibir la luz del
sol, sin embargo, pueden sentir su continuo calor. No obstante, los
ciegos de corazón entre el pueblo del Bayán -de esto Dios es mi testigo-
son impotentes, por mucho que el Sol brille sobre ellos, para percibir el
resplandor de su gloria o apreciar el calor de sus rayos.

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! Entre todos los pueblos del mundo os
hemos escogido para conocernos y reconocernos. Os hemos hecho acercar al
lado derecho del Paraíso, Lugar desde el cual el Fuego inmortal proclama
en múltiples tonos: "¡No hay otro Dios salvo Yo, el Omnipotente, el
Altísimo!" Cuidaos, no permitáis estar separados como por un velo de este
Sol que brilla sobre la Aurora de la Voluntad de vuestro Señor, el Todo
Misericordioso, y cuya luz ha envuelto a pequeños y grandes. Purificad
vuestra vista para que podáis percibir su gloria con vuestros propios
ojos, y no dependáis de la vista de otro, pues Dios jamás ha requerido de
un alma algo que sobrepase su fuerza. Así ha sido anunciado a los
profetas y mensajeros del antaño y se ha registrado en todas las
Escrituras.

Esforzaos, oh pueblo, para conseguir entrada en esta vasta
Inmensidad, que, por orden de Dios, no tiene ni principio ni fin, en la
cual su voz ha sido proferida y sobre la cual se esparcen los dulces
aromas de la santidad y gloria. No os despojéis del manto de grandeza, ni
permitáis que vuestros corazones se priven del recuerdo de vuestro Señor,
ni vuestros oídos de escuchar las dulces melodías de su maravillosa, de
su sublime, clara y muy elocuente voz que todo lo compele.

LIII. ¡Oh Nasír, oh mi siervo! Dios, la Eterna Verdad, es mi
testigo. En este Día el Joven Celestial ha levantado sobre las cabezas de
los hombres el glorioso Cáliz de la Inmortalidad y permanece atento en su
sede, preguntándose qué ojo reconocerá su gloria, y qué brazo se
extenderá sin vacilar para asir la Copa de su Mano de nívea blancura y
vaciarla. Hasta ahora unos pocos han bebido de esta incomparable gracia
que fluye suavemente del Antiguo Rey. Éstos ocupan las mansiones más
elevadas del Paraíso y están firmemente establecidos sobre los asientos
de autoridad. ¡Por la rectitud de Dios! Ni los espejos de su gloria, ni
los reveladores de sus nombres, ni ninguna cosa creada que haya existido
o existirá, jamás podrán superarlos, si sois de los que comprenden esta
verdad.

¡Oh Nasír! La excelencia de este Día está inmensamente exaltada por
encima de la comprensión de los hombres, por muy extenso que sea su
conocimiento, por muy profundo que sea su entendimiento. ¡ Cuánto más ha
de trascender la imaginación de los que se han extraviado de su luz y han
sido privados de su gloria! Si desgarraras el agraviante velo que ciega
tu visión, verías una generosidad tal que nada podrá jamás asemejársele o
igualarla desde el principio que no tiene principio hasta el fin que no
tiene fin. ¿Qué lenguaje debería elegir Aquel quien es el Portavoz de
Dios, para que aquellos que están separados como por un velo de Él,
puedan reconocer su gloria? Los rectos moradores del Reino en lo alto
beberán copiosamente del Vino de Santidad en mi nombre, el todo glorioso.
Nadie salvo ellos participará de tales beneficios.

LIV. ¡Por la rectitud de Dios, mi Bienamado! Jamás he anhelado la
soberanía mundana. Mi único propósito ha sido entregar a los hombres lo
que Dios, el Dadivoso, el Incomparable, me mandó darles, para que les
desligue de todo lo que pertenece a este mundo y les haga alcanzar tales
alturas que ni el impío puede concebir ni el insolente imaginar.

LV. Recuerda oh tierra de Tá (Tihrán) los días pasados en que tu
Señor te había hecho la sede de su trono y te había envuelto con la
refulgencia de su gloria. ¡Cuán vasto el número de aquellos seres
santificados, aquellos símbolos de certidumbre, quienes en su gran amor
por ti han entregado sus vidas y sacrificado todo por ti! La alegría sea
contigo y la suprema felicidad sea con aquellos que en ti moran.
Testifico que, como lo sabe todo corazón discernedor, de ti procede el
hálito viviente de Aquel quien es el Deseo del mundo. En ti ha sido
revelado el Invisible y de ti ha salido aquello que estaba oculto a los
ojos de los hombres. ¿A quién recordaremos de la multitud de tus sinceros
amantes, cuya sangre ha sido vertida dentro de tus muros y cuyo polvo
yace oculto bajo tu suelo? Los dulces aromas de Dios se han esparcido
incesantemente y continuarán esparciéndose eternamente sobre ti. Nuestra
Pluma se siente impulsada a conmemorarte y ensalzar a las víctimas de la
tiranía, aquellos hombres y mujeres que yacen bajo tu polvo.

Entre ellas está nuestra propia hermana, a quien ahora recordamos
como una señal de nuestra fidelidad y como una prueba de nuestra amorosa
bondad hacia ella. ¡Cuán penosa fue su condición! ¡Con qué resignación
regresó a su Dios! Sólo Nosotros, por nuestro conocimiento que todo lo
abarca, lo hemos sabido.

¡Oh tierra de Tá! Por la gracia de Dios tú eres todavía un centro
alrededor del cual sus bienamados se han reunido. ¡Felices ellos; feliz
cada refugiado que busca tu amparo en sus padecimientos en el sendero de
Dios, el Señor de este maravilloso Día! Benditos aquellos que recuerdan
al Dios único y verdadero, que magnifican su nombre y buscan
diligentemente servir a su Causa. Es a estos hombres que se han referido
los Libros sagrados de antaño. Sobre ellos el Comandante de los Fieles ha
prodigado sus alabanzas diciendo: "Las bendiciones que les esperan a
ellos superan las bendiciones de que ahora gozamos". Él ciertamente ha
dicho la verdad y de ello somos ahora testigos. La gloria de su posición,
sin embargo, no ha sido revelada aún. La Mano del poder divino de seguro
levantará el velo y expondrá a la vista de los hombres aquello que
alegrará y alumbrará el ojo del mundo.

Agradecedle a Dios, la Verdad Eterna, exaltado sea su Gloria, por
cuanto habéis logrado tan maravilloso favor, y habéis sido adornado con
el ornamento de su alabanza. Apreciad el valor de estos días, y asíos a
todo lo que es digno de esta Revelación. Él ciertamente es el Consejero,
el Compasivo, el Omnisciente.

LVI. Que nada te apene, oh Tierra de Tá (Tihrán) porque Dios te ha
escogido para que seas la fuente de alegría de toda la humanidad. Si es
su Voluntad, Él bendecirá tu trono con uno que gobernará con justicia, y
reunirá el rebaño de Dios que los lobos han dispersado. Con alegría y
gozo este gobernante volverá su rostro hacia el pueblo de Bahá y le
otorgará sus favores. A la vista de Dios, él es de hecho considerado como
una joya entre los hombres. Sobre él descansa para siempre la gloria de
Dios y la gloria de todos los que moran en el reino de su revelación.

Regocíjate con inmensa alegría, porque Dios te ha hecho "la Aurora
de su Luz" ya que dentro de ti nació la Manifestación de su Gloria. Está
contenta de este nombre que te ha sido conferido, nombre por el cual el
Sol de gracia ha derramado su esplendor, por lo cual tanto la tierra como
el cielo han sido iluminados.

Dentro de poco, tu situación interna cambiará y las riendas del
poder caerán en manos del pueblo. Ciertamente, tu Señor es el
Omnisciente. Su autoridad abraza todas las cosas. Permanece segura de los
bondadosos favores de tu Señor. La mirada de su amorosa bondad será
siempre dirigida hacia ti. Se aproxima el día en que tu agitación se
habrá transformado en paz y quieta calma. Así ha sido decretado en el
maravilloso Libro.

LVII. Oh Muhammad, cuando hayas partido de la corte de mi
presencia, dirige tus pasos hacia mi casa (Casa de Baghdád) y visítala en
nombre de tu Señor. Cuando llegues a su puerta detente ante ella y di:
¿Adónde se ha ido la Antigua Belleza, oh tú la más grande Casa de Dios,
Él por quién Dios te ha hecho el objeto de atracción de un mundo adorador
y te ha proclamado como el signo de su recuerdo para todos los que están
en los cielos y todos los que están en la tierra? ¡Oh, si volvieran los
días pasados cuando tú, oh Casa de Dios, fuiste consagrada como su
escabel, días en que las incesantes melodías del Todo Misericordioso
brotaban de ti! ¿Qué ha sido de tu joya, cuya gloria ha brillado sobre
toda la creación? ¿Adónde se han ido los días en que Él, el Antiguo Rey,
había hecho de ti el trono de su gloria, días en que Él te había escogido
a ti sola para que fueras la lámpara de salvación entre la tierra y el
cielo, y al amanecer y a la caída de la tarde te había hecho difundir la
dulce fragancia del Todo Glorioso?

¿Dónde está, oh Casa de Dios, el Sol de majestad y poder que te
había envuelto con el brillo de su presencia? ¿Dónde está Él, la Aurora
de las tiernas dádivas de tu Señor, el Irrestringido, quien había
establecido su sede dentro de tus murallas? ¿Oh trono de Dios, qué ha
alterado tu semblante y ha hecho temblar tus pilares? ¿Qué ha podido
cerrar tus puertas en la cara de quienes te buscan ansiosamente? ¿Qué te
ha desconsolado tanto? ¿Te han dicho acaso que el Amado del mundo es
perseguido por las espadas de sus enemigos? El Señor te bendiga y bendiga
tu fidelidad hacia Él, por cuanto tú has seguido siendo su compañero a
través de todas sus penas y padecimientos.

Testifico que tú eres el escenario de su trascendente gloria, su
más sagrada habitación. De ti ha emanado el Hálito del Todo Glorioso, que
se ha esparcido sobre todas las cosas creadas y ha llenado de alegría los
pechos de los devotos que moran en las mansiones del Paraíso. El Concurso
en lo alto y los que habitan las Ciudades de los Nombres de Dios lloran
por ti y lamentan las cosas que te han acaecido.

Todavía eres el símbolo de los nombres y atributos del
Todopoderoso, el Punto al cual los ojos del Señor de la tierra y del
cielo están dirigidos. Te ha acontecido lo que aconteció al Arca en que
ha sido establecida la promesa de seguridad de Dios. Bienaventurado quien
comprenda la intención de estas palabras y reconozca el propósito de
Aquel quien es el Señor de toda la creación.

Felices quienes aspiran de ti los dulces aromas del Misericordioso,
que reconocen tu exaltación, que protegen tu santidad, que en todo tiempo
reverencian tu posición. Imploramos al Todopoderoso que conceda que los
ojos de quienes se han alejado de ti y no han apreciado tu valor, puedan
ser abiertos para que verdaderamente te reconozcan a ti y a Aquel quien
por la fuerza de la verdad te ha levantado en alto. Ciertamente, están
ciegos de lo que se refiere a ti, y te ignoran, completamente, en este
día. Tu Señor es realmente el Bondadoso, el Perdonador.

Atestiguo que por ti, Dios ha puesto a prueba los corazones de sus
siervos. Bendito el hombre que dirija sus pasos hacia ti y te visite.
¡Ay, de quien niegue tu derecho, se aleje de ti, deshonre tu nombre y
profane tu santidad!

No te aflijas, oh Casa de Dios, si el velo de tu santidad es
rasgado por los infieles. En el mundo de la creación Dios te ha adornado
con la joya de su recuerdo. Nadie podrá jamás profanar tal ornamento. Los
ojos de tu Señor permanecerán en toda circunstancia puestos en ti. Él,
ciertamente, escuchará la oración de cada uno de los que te visiten, de
los que te circunden, y de los que en tu nombre le llamen. Él es, en
verdad, el Perdonador, el Todo Misericordioso.

Te suplico, o mi Dios, por esta Casa que ha sufrido tal cambio en
su separación de ti que llora su alejamiento de tu presencia y lamenta tu
tribulación, que me perdones a mí, a mis padres, mis parientes y a
aquellos de mis hermanos que han creído en ti. Permite que todas mis
necesidades sean satisfechas por tu munificencia, oh Tú quien eres el rey
de los Nombres. Tú eres el Más Generoso de los generosos, el Señor de
todos los mundos.

LVIII. Recuerda aquello que ha sido revelado a Mihdí, nuestro
siervo, en el primer año de nuestro exilio a la Tierra del Misterio
(Adrianópolis). A él le predijimos lo que debía acaecer a nuestra Casa
(en Baghdád) en los días por venir para que no se afligiera por los actos
de violencia y robo que ya se habían perpetrado contra ella. Ciertamente,
el Señor, tu Dios, conoce todo lo que está en los cielos y todo lo que
está en la tierra.

A él le hemos escrito: Ésta no es la primera humillación infligida
a mi Casa. En el pasado la mano del opresor la ha colmado de
indignidades. Ciertamente, en los días por venir, será degradada a tal
extremo que hará correr lágrimas de todo ojo discernedor. Así te hemos
revelado cosas ocultas más allá del velo impenetrable para todos, salvo
para Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado. En la plenitud del tiempo,
por medio del poder de la verdad, el Señor la exaltará a los ojos de
todos los hombres. Él hará que se convierta en el Estandarte de su Reino,
el Santuario alrededor del cual circulará el concurso de los fieles. Así
ha hablado el Señor tu Dios, antes que llegue el día de lamentación. Te
hemos dado esta Revelación en nuestra Tabla sagrada para que no te apenes
por todo lo que ha sobrevenido a nuestra Casa bajo los ataques del
enemigo. Toda alabanza sea para Dios, el Omnisciente, el Sapientísimo.

LIX. Todo observador imparcial admitirá sin vacilación que, desde
el amanecer de su Revelación, este Agraviado ha invitado a toda la
humanidad a dirigir sus rostros hacia la Aurora de Gloria, y ha prohibido
la corrupción, odio, opresión e iniquidad. Sin embargo, ¡ved lo que las
manos del opresor han forjado! Ninguna pluma se atreve a describir su
tiranía. Aun cuando el propósito de Aquel quien es la Eterna Verdad, ha
sido conferir vida eterna a todos los hombres y lograr su paz y
seguridad, ved cómo se han levantado para derramar la sangre de sus
amados y han pronunciado su sentencia de muerte.

Los instigadores de esta opresión son aquellas mismas personas que,
a pesar de su torpeza, son consideradas como los más sabios de los
sabios. Tal es su ceguera que, con severidad no disimulada, le han
arrojado en esta aflictiva Prisión fortificada a Él, para los siervos de
cuyo Umbral el mundo ha sido creado. Sin embargo, el Todopoderoso, a
pesar de ellos y de quienes han repudiado la verdad de este "Gran
Anuncio", ha transformado esta Casa Prisión en el Más Exaltado Paraíso,
el Cielo de los Cielos.

No hemos rechazado los beneficios materiales que pudieran aliviar
nuestra aflicciones. Sin embargo, cada uno de nuestros compañeros
atestiguará que nuestra corte sagrada está santificada sobre todo
beneficio material y muy por encima de ellos. No obstante, mientras
estábamos confinados en esta Prisión, hemos aceptado aquellas cosas de
las cuales los infieles han tratado de privarnos. Si se encontrara un
hombre que desease, en nuestro nombre, levantar un edificio de oro o de
plata puros, o una casa cubierta de piedras preciosas de inestimable
valor, tal deseo, sin duda alguna, será concedido. Él, ciertamente, hace
lo que Él desea y ordena lo que es de su agrado. Asimismo se ha permitido
a quienquiera lo desee, levantar estructuras nobles e imponentes a lo
largo y ancho de este territorio, y dedicar las ricas y sagradas tierras
adyacentes al Jordán y su vecindad al culto y servicio del Dios único y
verdadero, magnificada sea su gloria, para que las profecías registradas
por la Pluma del Altísimo en las Sagradas Escrituras se cumplan y para
que lo que Dios, el Señor de todos los mundos, ha determinado para esta
exaltadísima, sagrada y maravillosa Revelación pueda ser manifestado.

En tiempo pasado hemos proferido estas palabras: ¡Extiende tu saya,
oh Jerusalén! Meditad esto en vuestro corazones, oh pueblo de Bahá y dad
gracias a vuestro Señor, el Expositor, el más Manifiesto.

Si los misterios que nadie conoce salvo Dios fueran desentrañados,
toda la humanidad atestiguaría las demostraciones de una perfecta y
consumada justicia. Con una certeza que nadie puede poner en duda, todos
los hombres se aferrarían a sus mandamientos y los observarían
escrupulosamente. Verdaderamente, hemos decretado en nuestro Libro una
recompensa buena y generosa para todos quienes se aparten de la maldad y
sigan una vida casta y santa. Él es, en verdad, el Gran Donador, el Todo
Misericordioso.

LX. Mi cautiverio no puede deshonrarme. No, por mi Vida, me
confiere gloria. Lo que puede avergonzarme es la conducta de aquellos de
mis seguidores que pretenden amarme, y sin embargo siguen de hecho al
Malvado. En verdad, ellos son de los perdidos.

Cuando el tiempo fijado para esta Revelación se hubo cumplido y
Aquel quien es el Sol del mundo apareció en 'Iráq, Él pidió a sus
seguidores observar aquello que los santificaría de toda la inmundicia
terrenal. Algunos prefirieron seguir los deseos de una inclinación
corrupta mientras otros caminaron en el sendero de rectitud y verdad y
fueron bien guiados.

Di: No puede ser contado entre el pueblo de Bahá aquel que sigue
sus deseos mundanos o fija su corazón en cosas de la tierra. Es mi
verdadero seguidor quien, si llegare a un valle de oro puro, pasará
derecho por él indiferente como una nube, y no se volverá ni detendrá.
Tal hombre es ciertamente de mi. De su vestidura el Concurso en lo alto
puede aspirar la fragancia de santidad.... Y si encontrare la más bella y
atractiva de las mujeres, no sentirá su corazón seducido por la menor
sombra de deseo hacia su belleza. De hecho tal hombre es la creación de
inmaculada castidad. Así os instruye la Pluma del Antiguo de los Días,
como ha sido ordenado por vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todo
Misericordioso.

LXI. El mundo padece y su agitación aumenta día a día. Su rostro se
ha vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Tal será su condición que
exponerla ahora no sería aceptable ni correcto. Su perversidad continuará
por largo tiempo. Y cuando llegue la hora señalada, aparecerá súbitamente
aquello que hará temblar los miembros del cuerpo de la humanidad.
Entonces, y sólo entonces, será desplegado el Estandarte Divino, y el
Ruiseñor del Paraíso gorjeará su melodía.

LXII. Recuerda tú mis dolores, mis preocupaciones y ansiedades, mis
aflicciones y pruebas, las condiciones de mi cautiverio, las lágrimas que
he derramado, la amargura de mi angustia, y ahora mi encarcelamiento en
esta lejana tierra. Oh Mustafá, Dios es mi testigo. Si se te pudiera
decir lo que le ha acontecido a la Antigua Belleza, huirías al desierto y
llorarías con gran llanto. En tu pena te golpearías la cabeza y gritarías
como alguien que ha sido picado por una víbora. Está agradecido a Dios,
pues hemos rehusado revelarte los secretos de los inescrutables decretos
que nos han sido enviados desde el cielo de la Voluntad de tu Señor el
Omnipotente, el Todopoderoso.

¡Por la rectitud de Dios! Al levantarme de mi lecho cada mañana,
descubría las huestes de innumerables aflicciones reunidas tras mi
puerta; y cada noche, al acostarme, ¡he aquí! mi corazón era desgarrado
con agonía por lo que había padecido a causa de la diabólica crueldad de
sus enemigos. Cada pedazo de pan que parte la Antigua Belleza va
acompañado del ataque de una nueva aflicción, y cada gota que bebe está
mezclada con la amargura de la más dolorosa de las pruebas. Cada paso que
Él da está precedido por un ejército de inesperadas calamidades, mientras
que a su retaguardia siguen legiones de atormentadoras penas.

Tal es mi condición, si lo ponderaras en tu corazón. Más, que tu
alma no se apene por lo que Dios ha hecho caer sobre Nosotros. Somete tu
voluntad a su agrado, porque en ningún tiempo hemos deseado algo que no
sea su Voluntad, y hemos dado la bienvenida a cada uno de sus
irrevocables decretos. Que tu corazón sea paciente, y no desmayes. No
sigas el camino de aquellos que están profundamente perturbados.

LXIII. ¡Oh tú, cuyo rostro se ha vuelto hacia mí! Tan pronto como
tus ojos contemplen desde lejos mi ciudad natal (Tihrán), ponte de pie y
di: He venido hacia ti desde la Prisión, oh tierra de Tá, con nuevas de
Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que subsiste por sí mismo. Te
anuncio, oh madre del mundo y fuente de luz para todos los pueblos, las
tiernas misericordias de tu Señor, y te saludo en el nombre de Aquel
quien es la Verdad Eterna, el Conocedor de cosas no vistas. Atestiguo que
dentro de ti, Aquel quien es el Nombre Oculto fue revelado y el Tesoro
Invisible fue descubierto. Por medio de ti el secreto de todas las cosas,
sean del pasado o del futuro, ha sido revelado.

¡Oh tierra de Tá! Él, quien es el Señor de todos los Nombres, te
recuerda en su gloriosa posición. Tú fuiste la Aurora de la Causa de
Dios, la fuente de su Revelación, la manifestación de su Más Grande
Nombre, que ha hecho temblar los corazones y almas de los hombres. Cuán
numerosos han sido aquellos hombres y mujeres, aquellas víctimas de la
tiranía, quienes, dentro de tus murallas, han sacrificado sus vidas en la
senda de Dios, y han sido sepultados bajo tu polvo con tanta crueldad,
que cada siervo honrado de Dios ha lamentado su condición.

LXIV. Es nuestro deseo recordar la Morada de la suprema felicidad
(Tihrán), la santa y resplandeciente ciudad; ciudad en que la fragancia
del Bienamado ha sido derramada, donde sus signos han sido difundidos,
donde las señales de su gloria han sido reveladas, donde sus estandartes
han sido enarbolados, donde su tabernáculo ha sido levantado, donde cada
uno de sus sabios decretos ha sido proclamado.

Es la ciudad en que han sido exhalados los dulces sabores de la
reunión, los que han hecho que los sinceros amantes de Dios se acerquen a
Él y logren entrar en la Habitación de santidad y belleza. Feliz el
caminante que dirija sus pasos hacia esta ciudad, que consiga entrar en
ella, que beba el vino de la reunión mediante la gracia que fluye de su
Señor, el Dadivoso, el Todo Alabado.

He venido a ti, oh tierra del deseo del corazón, con nuevas de
Dios, para anunciarte su bondadoso favor y misericordia, y para saludarte
y ensalzarte en su nombre. Él es, en verdad, inmensamente generoso y
bondadoso. Bendito el hombre que torna su rostro hacia ti, que percibe de
ti la fragancia de la Presencia de Dios, el Señor de todos los mundos. Su
gloria sea contigo, y la brillantez de su luz te envuelva, por cuanto
Dios ha hecho de ti un paraíso para sus siervos y te ha señalado como la
tierra bendita y sagrada que Él mismo ha mencionado en los Libros que sus
profetas y mensajeros han revelado.

Mediante ti, oh tierra de gloria resplandeciente, la insignia: "No
hay otro Dios más que Él", ha sido revelada, y el estandarte:
"Ciertamente, Yo soy la Verdad, el Conocedor de cosas no vistas", ha sido
izado. Incumbe a cada uno que te visite gloriarse en ti y en quienes te
habitan, que han salido de mi Árbol, quienes me siguen y son mis amantes,
y quienes, con la más fuerte determinación, han vuelto sus rostros en
dirección de mi gloriosa posición.

LXV. Recuerda tu llegada a la Ciudad (Constantinopla); cómo los
ministros del Sultán pensaron que Tú desconocías sus leyes y reglamentos
y te creyeron uno de los ignorantes. Di: ¡Sí, por mi Señor! Soy ignorante
de todas las cosas salvo de lo que Dios, mediante su generoso favor, ha
deseado enseñarme. Esto lo atestiguamos con toda seguridad y lo
confesamos sin vacilar.

Di: Si las leyes y reglamentos a las cuales os aferráis son hechas
por vosotros mismos, de ningún modo las seguiremos. Así he sido instruido
por Él quien es el Sapientísimo, el Conocedor de todo. Tal ha sido mi
conducta en el pasado y así permanecerá en el futuro por la fuerza de
Dios y su poder. Éste es ciertamente el camino recto y verdadero. Si han
sido ordenadas por Dios, mostrad entonces vuestras pruebas, si sois de
aquellos que hablan la verdad. Di: Hemos escrito en un Libro, que no deja
de registrar la acción de ningún hombre, por insignificante que esta sea,
todo lo que te han imputado y todo lo que te han hecho.

Di: Os incumbe, oh Ministros de Estado, observar los preceptos de
Dios y abandonar vuestras propias leyes  y reglamentos y ser de aquellos
que son guiados correctamente. Esto es mejor para vosotros que todo lo
que poseéis, si sólo lo supierais. Si quebrantáis los mandamientos de
Dios, ni un ápice o título de vuestras obras será aceptable a su vista.
Pronto descubriréis las consecuencias de lo que habéis hecho en esta vana
existencia y se os pagará por ello. Ésta es, ciertamente, la verdad; la
verdad indudable.

¡Cuán grande ha sido el número de aquellos que, en edades pasadas,
han cometido las mismas acciones que vosotros habéis cometido, y quienes,
a pesar de tener un rango superior al vuestro, finalmente han regresado
al polvo y han sido relegados a su inevitable perdición! ¡ Ojalá
ponderarais la Causa de Dios en vuestros corazones! Seguiréis por su
huella y se os hará entrar en una habitación en la cual no encontraréis a
nadie que os ampare o ayude. Seréis ciertamente interrogados sobre
vuestros actos, se os pedirá cuenta por haber faltado a vuestros deberes
hacia la Causa de Dios y por haber rechazado desdeñosamente a sus amados,
quienes con evidente sinceridad han venido hacia vosotros.

Sois vosotros los que habéis tomado juntos consejo referente a
ellos, vosotros que habéis preferido seguir los impulsos de vuestros
propios deseos y abandonar los mandamientos de Dios, el que Ayuda en el
Peligro, el Todopoderoso.

Di: ¡Qué! ¿Os aferráis a vuestras propias ideas y desecháis los
preceptos de Dios? ¡Ciertamente os habéis agraviado y habéis agraviado a
otros! ¡Ojalá que pudierais comprenderlo! Di: Si vuestras reglas y
principios están basados en la justicia, ¿por qué, entonces, seguís
aquellos que están de acuerdo con vuestras inclinaciones corruptas y
rechazáis aquellos que se encuentran en conflicto con vuestros deseos?
¿Con qué derecho, entonces, pretendéis juzgar con justicia entre los
hombres? ¿Pueden vuestras reglas y principios justificar que persigáis a
Él quien, a vuestro llamado, se ha presentado ante vosotros, que le
hayáis rechazado e infligido cada día, penoso daño? ¿Os ha desobedecido
Él alguna vez, aunque sea por un instante? Todos los habitantes de 'Iráq
y, además de ellos, todo observador discernedor atestiguará la verdad de
mis palabras.

¡Sed imparciales en vuestro juicio, oh Ministros de Estado! ¿Qué
hemos cometido que justifique nuestro destierro? ¿Cuál es la ofensa que
ha merecido nuestra expulsión? ¡Nosotros os hemos buscado, y sin embargo,
mirad cómo habéis rehusado recibirnos! ¡Por Dios! Ésta es una penosa
injusticia que habéis perpetrado; injusticia que no puede compararse con
ninguna otra injusticia terrenal. El Todopoderoso es, Él mismo, testigo
de ello....

Sabed que el mundo, sus vanidades y sus bellezas se acabarán. Nada
perdurará salvo el Reino de Dios, que no pertenece a nadie sino a Él, el
Soberano Señor de todo, el que Ayuda en el Peligro, el Todo Glorioso, el
Todo Poderoso. Los días de vuestra vida pasarán y todas las cosas con que
os ocupáis y de las cuales os jactáis, perecerán, y vosotros, con toda
seguridad, seréis emplazados por una compañía de sus ángeles a comparecer
en el lugar donde los miembros de toda la creación temblarán y la carne
de todo opresor se estremecerá. Se os pedirá cuenta por las cosas que
vuestras manos han forjado en vuestra vana vida y recibiréis el justo
pago por vuestras acciones. Éste es el Día que llegará inevitablemente
sobre vosotros, la hora que nadie puede postergar. Esto lo atestigua la
Lengua de Él quien habla la verdad y es el Conocedor de todas las cosas.

LXVI. Temed a Dios, vosotros habitantes de la Ciudad
(Constantinopla), y no sembréis las semillas de disensión entre los
hombres. No caminéis por los senderos del Malvado. Durante los pocos días
que os restan de vuestra vida, seguid el camino del Dios único y
verdadero. Vuestros días se acabarán como se han acabado los días de los
que os han precedido. Regresaréis al polvo, como vuestros antecesores
regresaron.

Sabed que no temo a nadie excepto a Dios. No he depositado mi
confianza en nadie salvo en Él. A nadie sino a Él me aferraré y sólo
desearé lo que Él ha deseado para mí. Éste en verdad es el deseo de mi
corazón, si sólo supierais. He ofrecido mi alma y mi cuerpo como un
sacrificio para Dios, el Señor de todos los mundos. Quienquiera haya
conocido a Dios no conocerá a nadie sino a Él, y quien tema a Dios no
tendrá miedo de nadie salvo de Él, aunque las fuerzas de toda la tierra
se levanten y se pongan en contra de él. No hablo sino por su mandato y
no sigo sino su verdad, mediante la fuerza de Dios y su poder. Él,
ciertamente, recompensará a los veraces.

Narra, oh Siervo, las cosas que viste en el tiempo de arribo a la
Ciudad, para que tu testimonio perdure entre los hombres y sirva como
advertencia para los que creen. En el momento de nuestra llegada a la
Ciudad encontramos tanto a sus gobernantes como a sus dignatarios
reunidos como niños y divirtiéndose con arcilla. No encontramos a nadie
suficientemente maduro para recibir de nosotros las verdades que Dios nos
ha enseñado, ni preparado para escuchar nuestras maravillosas palabras de
sabiduría. Nuestro ojo interior lloró amargamente por ellos y por sus
transgresiones y por su descuido total de aquello para lo que fueron
creados. Esto es lo que observamos en esa ciudad y lo que escogimos para
anotar en nuestro Libro, para que sirva de advertencia a ellos y al resto
de la humanidad.

Di: Si deseáis esta vida y sus vanidades, deberíais haberlas
buscado cuando aún estabais encerrados en los vientres de vuestras
madres, porque en aquel tiempo os aproximabais continuamente a ellas, si
sólo lo comprendierais. Por otra parte, desde que nacisteis y
alcanzasteis la madurez os habéis estado alejando del mundo y acercando
al polvo. ¿Por qué entonces manifestáis tanta avaricia en acaparar los
tesoros de la tierra, cuando vuestros días están contados y vuestra
oportunidad está casi perdida? ¿Acaso entonces, oh negligentes, no
despertaréis de vuestro sueño?

Prestad atención a los consejos que este Siervo os da, por Dios.
Él, en verdad, no os pide ninguna recompensa, y está resignado a lo que
Dios ha ordenado para Él y es completamente sumiso a la Voluntad de Dios.

Los días de vuestra vida en gran parte se han consumido, oh pueblo,
y vuestro fin se aproxima rápidamente. Abandonad entonces las cosas que
habéis forjado y a las cuales os aferráis y asíos firmemente de los
preceptos de Dios, que quizás alcancéis aquello que Él ha determinado
para vosotros y seáis de aquellos quienes siguen un curso recto. No os
entretengáis con las cosas del mundo y sus vanos ornamentos, ni pongáis
vuestra esperanza en ellas. Depositad vuestra confianza en el recuerdo de
Dios, el Más Exaltado, el Más Grande. Pronto Él reducirá a la nada todas
las cosas que poseéis. Que Él sea vuestro temor, y no olvidéis su
convenio con vosotros, y no seáis de aquellos que están separados como
por un velo de Él.

Cuidaos, no os llenéis de orgullo ante Dios y no rechacéis
desdeñosamente a sus amados. Tratad humildemente a los fieles, aquellos
quienes han creído en Dios y en sus signos, cuyos corazones atestiguan su
unidad, cuyas lenguas proclaman su unidad, y que sólo hablan cuando Él lo
permite. Así os exhortamos con justicia y os advertimos con verdad, que
tal vez seáis despertados.

No pongáis sobre ningún alma una carga que no quisierais puesta
sobre vosotros, y no deseéis para nadie lo que no deseáis para vosotros.
Éste es mi mejor consejo, si sólo lo observaseis.

Respetad a los sacerdotes y eruditos entre vosotros, aquellos cuya
conducta esté de acuerdo con lo que profesan, quienes no traspasen los
límites fijados por Dios, cuyas opiniones estén en armonía con sus
mandatos como están revelados en su Libro. Sabed que ellos son las
lámparas de guía para los que están en los cielos y en la tierra.
Aquellos que menosprecian y desdeñan a los sacerdotes y doctos que viven
entre ellos, ciertamente han cambiado el favor con que Dios les ha
favorecido.

Di: Esperad hasta que Dios haya cambiado su favor hacia vosotros.
Nada pasa inadvertido por Él. Él conoce los secretos de los cielos y de
la tierra. Su conocimiento abarca todas las cosas. No os regocijéis por
lo que habéis hecho o por lo que haréis en el futuro, tampoco os
deleitéis con las tribulaciones que nos habéis infligido, pues no podéis
exaltar vuestra posición por tales medios, si sólo examinarais vuestras
obras con agudo discernimiento. Tampoco podréis disminuir la sublimidad
de nuestro estado. No, Dios aumentará la recompensa con la cual Él nos
premiará por haber soportado con paciencia perseverante las tribulaciones
que hemos padecido. Él, en verdad, aumentará la recompensa de aquellos
que soporten con paciencia.

Sabed que, desde tiempo inmemorial, las pruebas y tribulaciones han
sido el destino de los escogidos de Dios y de sus amados, y de aquellos
de sus siervos que se han separado de todo menos de Él, aquellos a
quienes ni el comercio ni los negocios han apartado del recuerdo del
Todopoderoso, aquellos que no hablan hasta que Él haya hablado y actúan
de acuerdo con sus mandatos. Tal es el método empleado por Dios en el
pasado y tal será en el futuro. Benditos son los que soporten con
firmeza, los que son pacientes en las enfermedades y privaciones, quienes
no se lamentan de nada que les acontezca y que hollan el sendero de la
resignación....

Se aproxima el día en que Dios habrá creado un pueblo que recordará
nuestros días, que relatará la historia de nuestras pruebas, que pedirá
la restitución de nuestros derechos a aquellos quienes, sin ninguna tilde
de prueba, nos han tratado con manifiesta injusticia. Dios, por cierto,
domina la vida de aquellos que nos han hecho daño, y conoce sus acciones.
Sin duda Él les aprehenderá por sus pecados. Él verdaderamente es el más
feroz de los vengadores.

Así os hemos relatado las historias del Dios único y verdadero y os
hemos enviado aquello que Él ha preordinado, que quizá pidáis su perdón,
regreséis a Él, os arrepintáis de verdad, os deis cuenta de vuestros
delitos, os despertéis de vuestro sueño, seáis sacudidos de vuestra
negligencia, respondáis por lo que no habéis hecho y seáis de aquellos
que hacen el bien. Quienquiera, que reconozca la verdad de mis palabras;
y quien no quiera, que se aparte de ellas. Mi único deber es recordaros
que no habéis cumplido con la Causa de Dios, que quizá seáis de aquellos
que guardan mi advertencia. Por lo tanto, escuchad mis palabras, y volved
a Dios, y arrepentíos para que Él por su gracia tenga misericordia de
vosotros, y lave vuestros pecados, y perdone vuestras transgresiones. La
grandeza de su bondad sobrepasa la furia de su ira, y su gracia abarca a
todos los que han sido creados y ataviados con el manto de vida, sean
ellos del pasado o del futuro.

LXVII. En esta Revelación ha aparecido lo que nunca apareció
anteriormente. Los infieles que han presenciado lo que se ha manifestado
murmuran y dicen: "En verdad, éste es un hechicero que ha inventado una
mentira contra Dios". De hecho, ellos son un pueblo desechado.

Oh Pluma del Antiguo de los Días, proclama a las naciones lo que ha
pasado en 'Iráq. Cuéntales del mensajero que fue delegado por la
congregación de los sacerdotes de esa tierra para entrevistarnos, quien
al alcanzar nuestra presencia nos preguntó sobre ciertas ciencias y a
quien contestamos en virtud del conocimiento que inherentemente poseemos.
Tu Señor ciertamente es el Conocedor de cosas no vistas. "Atestiguamos",
dijo él "que el conocimiento que Tú posees es tal que nadie puede
igualarlo. Sin embargo tal conocimiento es insuficiente para vindicar la
exaltada posición que el pueblo te atribuye. Si Tú hablas la verdad,
produce lo que las fuerzas combinadas de los pueblos de la tierra son
impotentes para producir". Así fue irrevocablemente decretado en la corte
de la presencia de tu Señor, el Todo Glorioso, el que Ama.

"¡Atestigua! ¿Qué ves?" Él quedó anonadado. Y cuando volvió en sí
dijo: "Yo de veras creo en Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado". "Ve
a donde el pueblo y diles: 'Pedid todo lo que deseéis. Poderoso es Él
para hacer lo que Él quiere. Ninguna cosa, sea del pasado o del futuro,
puede frustrar su Voluntad'." "Di: '¡Oh vosotros, congregación de
sacerdotes! Escoged cualquier asunto que deseéis y pedido a vuestro
Señor, el Dios de Misericordia, que os lo revele. Si Él satisface vuestro
deseo, por virtud de su soberanía, entonces creed en Él y no seáis de
aquellos que rechazan su verdad.'" "La aurora del entendimiento ha
despuntado", dijo él, "y el testimonio del Todo Misericordioso se ha
cumplido". Se levantó y regresó donde aquellos que lo enviaron, por el
mandato de Dios, el Todo Glorioso, el Bienamado.

Pasaron los días y él no volvió a nosotros. Finalmente otro
mensajero vino, quien nos informó que la gente había abandonado su
propósito original. Ellos son de hecho un pueblo despreciable. Esto es lo
que ocurrió en 'Iráq, y de lo que acabo de revelar Yo mismo soy testigo.
Este acontecimiento fue ampliamente divulgado pero no se encontró a nadie
que comprendiera su significado. Así lo ordenamos. ¡Si sólo lo supierais!

¡Por mí mismo! Quienquiera nos haya pedido, en edades pasadas,
demostrar los signos de Dios, tan pronto como se los hemos revelado, ha
repudiado la verdad de Dios. La mayor parte de la gente, sin embargo, ha
permanecido indiferente. Aquellos cuyos ojos están iluminados con la luz
del entendimiento percibirán los dulces sabores del Todo Misericordioso y
abrazarán su verdad. Éstos son aquellos quienes son de veras sinceros.

LXVIII. ¡Oh tú quien eres el fruto de mi Árbol y su hoja! Sobre ti
sean mi gloria y mi misericordia. Que tu corazón no se apene por lo que
te ha acontecido. Si observaras detenidamente las páginas del Libro de
Vida, ciertamente descubrirías aquello que disiparía tus penas y
disolvería tus angustias.

Sabe, oh fruto de mi Árbol, que los decretos del Soberano
Ordenador, respecto de hado y predestinación, son de dos clases. Ambas
deben ser obedecidas y aceptadas. Una es irrevocable, la otra es, como la
denotan los hombres, inminente. A la primera todos deben someterse sin
reserva, puesto que está fijada y establecida. Sin embargo, Dios puede
alterar o revocarla. Como el daño que debe resultar de tal cambio será
mayor que si el decreto hubiera permanecido inalterado, todos, por tanto,
deben voluntariamente asentir a lo que Dios ha deseado y mantenerse con
confianza en ello.

El decreto que es inminente, sin embargo, es tal que la oración y
la súplica lo pueden evitar.

Dios concede que tú quien eres el fruto de mi Árbol, y aquellos que
están asociados contigo, sean protegidos de sus malas consecuencias.

Di: ¡Oh Dios, mi Dios! Tú has puesto en mis manos un fideicomiso
tuyo, y ahora, de acuerdo con los deseos de tu Voluntad, has pedido que
vuelva a ti. No me corresponde a mí, que soy tu sierva, decir: ¿de dónde
me viene esto? o ¿por qué me ha ocurrido?, por cuanto Tú eres glorificado
en todos tus actos y debes ser obedecido en tu decreto. Tu sierva, oh mi
Señor, ha puesto sus esperanzas en tu gracia y generosidad. Concede que
ella obtenga aquello que la acercará a ti y le beneficiará en todo mundo
tuyo. Tú eres el Perdonador, el Todo Generoso. No hay otro Dios más que
Tú, el Ordenador, el Antiguo de los Días.

Confiere tus bendiciones, oh Señor mi Dios, a quienes han bebido el
vino de tu amor ante la faz de los hombres y que, a pesar de tus
enemigos, han reconocido tu unidad, atestiguado tu unicidad y han
confesado su creencia en aquello que ha hecho tiritar los miembros de los
opresores entre tus criaturas y temblar la carne de los orgullosos de la
tierra. Atestiguo que tu Soberanía jamás perecerá ni tu Voluntad
alterarse. Ordena para quienes que han vuelto sus rostros hacia ti y para
tus siervas que se han sostenido firmemente de tu Cuerda, aquello que es
digno del Océano de tu munificencia y el Cielo de tu gracia.

Tú eres Aquel, oh Dios, quien se ha proclamado a sí mismo como el
Señor de la Riqueza y ha caracterizado a todos quienes le sirven como
pobres y necesitados. Así como Tú has escrito: ¡Oh vosotros que creéis!
No sois sino pobres en necesidad de Dios; pero Dios es quien Todo lo
Posee, el Todo Alabado". Habiendo reconocido mi pobreza y tu riqueza, no
permitas que sea privado de la gloria de tus bienes. Tú eres,
ciertamente, el Supremo Protector, el Omnisciente, el Omnisapiente.

LXIX. Recuerda el proceder de la madre de Ashraf cuyo hijo ofrendó
su vida en la Tierra de Zá (Zanján). Él, de cierto, ocupa el asiento de
la verdad, en presencia de uno quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

Cuando los infieles tan injustamente decidieron darle muerte,
mandaron traer su madre, que quizás ella pudiera amonestarle e inducirle
a retractarse de su fe y seguir los pasos de quienes han repudiado la
verdad de Dios, el Señor de todos los mundos.

Tan pronto como vio el rostro de su hijo, le habló con palabras
tales que hicieron que los corazones de los amantes de Dios, y más allá
de ellos el Concurso en lo alto, gimieran y se afligieran con gran pena.
Verdaderamente tu Señor sabe lo que mi lengua pronuncia. Él mismo
atestigua mis palabras.

Y, cuando se dirigía a él, dijo: "¡Hijo, hijo mío! No dejes de
ofrecerte como sacrificio en el sendero de tu Señor. Cuidado, no
traiciones tu fe en Aquel ante cuyo rostro se han inclinado en adoración
todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra.
Sigue adelante, oh mi hijo, y persevera en el sendero del Señor tu Dios.
Apresúrate a alcanzar la presencia de Aquel quien es el Bienamado de
todos los mundos".

Sobre ella sean mis bendiciones, mi misericordia, mi alabanza y mi
gloria. Yo mismo repararé la pérdida de su hijo, un hijo que ahora habita
dentro del tabernáculo de mi majestad y gloria, cuya faz brilla con una
luz que envuelve con su resplandor a las Doncellas del Cielo en sus
cámaras celestiales, y aun más allá, a los moradores de mi Paraíso y a
los habitantes de las Ciudades de Santidad. Si alguien contemplara su
rostro exclamaría: "Mirad, éste no es sino un ángel noble".

LXX. El equilibrio del mundo ha sido trastornado por la vibrante
influencia de este más grande, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada
de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este único, este
maravilloso Sistema, nada que se le parezca ojos mortales jamás han
presenciado.

Sumergíos en el océano de mis palabras que descifréis sus secretos
y descubráis todas las perlas de sabiduría que yacen ocultas en sus
profundidades. Cuidaos de no vacilar en vuestra determinación de abrazar
la verdad de esta Causa, Causa por la cual se han revelado las
potencialidades. del poder de Dios y su soberanía ha sido establecida.
Con los rostros radiantes de alegría apresuraos en llegar hasta Él. Ésta
es la inmutable Fe de Dios; eterna en el pasado, eterna en el futuro. Que
aquel que busca, la alcance; y en cuanto a aquel que ha rehusado
buscarla, ciertamente, Dios está por encima de cualquier necesidad de sus
criaturas.

Di: Ésta la infalible Balanza sostenida por la Mano de Dios, en que
se pesa a todos cuantos están en los cielos y todos cuantos están en la
tierra, y se determina su destino, si sois de aquellos que creen y
reconocen esta verdad. Di: Mediante ella los pobres han sido
enriquecidos; los eruditos, iluminados; y a los buscadores se les ha
permitido ascender hasta la presencia de Dios. Cuidado, no sea que la
convirtáis en causa de disensión entre vosotros. Estad firmemente
asentados, cual montaña inamovible, en la Causa de vuestro Señor, el
Poderoso, el Amoroso.

LXXI. No os consternéis, oh pueblos del mundo, cuando el Sol de mi
belleza se haya puesto, y el cielo de mi tabernáculo esté oculto a
vuestros ojos. Levantaos a promover mi Causa y exaltar mi Palabra entre
los hombres. Estamos con vosotros en todo momento y os fortaleceremos con
el poder de la verdad. Somos, ciertamente, todo poderosos. Quienquiera
que me haya reconocido se levantará y me servirá con tal determinación,
que las fuerzas de la tierra y del cielo serán incapaces de vencer su
propósito.

Los pueblos del mundo están profundamente dormidos. Si despertaran
de su sueño, con ansia se apresurarían en ir hacia Dios, el Omnisciente,
el Omnisapiente. Desecharían cuanto poseen, aunque fuesen todos los
tesoros de la tierra, para que su Señor les recordara hasta el punto de
dirigirles una sola palabra. Tal es la instrucción que os ha dado Aquel
quien tiene el conocimiento de cosas ocultas, en una Tabla que el ojo de
la creación no ha visto, ni ha sido revelada a nadie excepto a Él mismo,
el Protector omnipotente de todos los mundos. Tan confusos están por la
embriaguez de sus deseos perversos, que son incapaces de reconocer al
Señor de todo lo que existe, cuya voz desde todas direcciones proclama:
"No hay Dios fuera de mí, el Poderoso, el Omnisapiente."

Di: No os regocijéis dé las cosas que poseéis; esta noche son
vuestras, mañana otros las poseerán. Así os advierte Aquel quien es el
Omnisciente, el Informante de Todo. Di: ¿Podéis aseverar que lo que
poseéis es permanente o seguro? ¡No! Por mi mismo, el Todo
Misericordioso. Los días de vuestra vida huyen como un soplo de viento y
todo vuestro fausto y gloria llegarán a su fin, así como terminaron la
pompa y la gloria de aquellos que os precedieron. ¡Reflexionad, oh
pueblo! ¿Qué ha sido de vuestros días pasados, de vuestros siglos
perdidos? Felices los días que han sido consagrados al recuerdo de Dios,
y benditas las horas que se han dedicado a la alabanza de Aquel quien es
el Omnisapiente. ¡Por mi vida! Ni la fastuosidad del poderoso, ni la
abundancia del rico, ni aún el ascendiente del impío, perdurarán. Todo
perecerá, con una palabra suya. Él es, ciertamente, el Omnipotente, el
que Todo lo Compele, el Todopoderoso. ¿Qué ventaja hay en los bienes
terrenales que los hombres poseen? Aquello que les beneficiará, lo han
desdeñado. Dentro de poco, despertarán de su sueño, y encontrarán que no
pueden obtener aquello que han dejado pasar en los días de su Señor, el
Todopoderoso, el Todo Alabado. Si lo supieran, renunciarían a todo cuanto
poseen, para que sus nombres fueran mencionados ante su trono.
Ciertamente, ellos son contados entre los muertos.

LXXII. Que vuestros corazones no se perturben, oh pueblo, cuando se
haya retirado la gloria de mi Presencia, y acallado el océano de mi
Palabra. Hay una sabiduría en mi presencia entre vosotros, y en mi
ausencia hay aún otra, inescrutable para todos salvo Dios, el
Incomparable, el Omnisciente. En verdad, os contemplamos desde nuestro
reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera se levante Para el triunfo de
nuestra Causa con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de
nuestros ángeles predilectos.

¡Oh pueblos de la tierra! Dios, la Eterna Verdad, es mi testigo,
que mansas y frescas corrientes de agua han brotado de las rocas por la
influencia de las dulces palabras pronunciadas por vuestro Señor, el
Irrestringido; y aún estáis dormidos. Desechad lo que poseéis y, en alas
del desprendimiento, remontaos más allá de todo lo creado. Así os ordena
el Señor de la creación, el movimiento de cuya Pluma ha revolucionado el
alma de la humanidad.

¿Sabéis desde qué altura os está llamando vuestro Señor, el Todo
Glorioso? ¿Pensáis que habéis reconocido la Pluma con la cual os ordena
vuestro Señor, el Señor de todos los nombres? ¡No, por mi vida! Si lo
supierais, renunciaríais al mundo y de todo corazón iríais presurosos a
la presencia del Bienamado. Vuestro espíritu sería a tal punto extasiado
por su Palabra, que causaría conmoción en el Mundo Mayor: ¡cuánto más en
este mundo pequeño y mezquino! Así han sido derramadas las lluvias de mi
generosidad desde el cielo de mi amorosa bondad, como signo de mi gracia;
para que seáis de los agradecidos.

Cuidaos, no sea que los deseos de la carne y de una inclinación
corrupta provoquen división entre vosotros. Sed como los dedos de una
mano y los miembros de un cuerpo. Así os aconseja la Pluma de la
Revelación, si sois de los que creen.

Considerad la misericordia de Dios y sus dádivas. Él os ordena lo
que os aprovechará, aunque Él mismo puede prescindir de todas las
criaturas. Vuestras malas acciones no pueden hacernos daño; tampoco
pueden beneficiarnos vuestras buenas obras. Os emplazamos sólo por amor a
Dios. Esto lo atestigua todo hombre perspicaz y de entendimiento.

LXXIII. Es claro y evidente que cuando los velos que ocultan las
realidades de las manifestaciones de los Nombres y Atributos de Dios, más
aún, de todas las cosas creadas visibles o invisibles, hayan sido
rasgados, nada quedará sino el Signo de Dios, un signo que Él mismo ha
puesto dentro de estas realidades. Este signo perdurará tanto tiempo como
sea el deseo del Señor, tu Dios, el Señor de los cielos y de la tierra.
Si tales son las bendiciones conferidas sobre todas las cosas creadas,
cuán superior debe ser el destino del verdadero creyente, cuya existencia
y vida deben ser consideradas como el propósito primordial de la
creación. Así como la concepción de la fe ha existido desde el principio
que no tiene principio, y perdurará hasta el fin que no tiene fin,
similarmente el verdadero creyente vivirá y perdurará eternamente. Su
espíritu girará por siempre en torno de la Voluntad de Dios. Él durará
tanto tiempo como Dios mismo. Él es manifestado por la Revelación de Dios
y oculto por su mandato. Es evidente que las más excelsas mansiones en el
Reino de Inmortalidad han sido ordenadas como habitación de aquellos que
verdaderamente han creído en Dios y en sus signos. La muerte jamás podrá
invadir aquel sagrado recinto. Es así como te hemos confiado los signos
de tu Señor para que perseveres en tu amor por Él, y seas de aquellos que
comprenden esta verdad.

LXXIV. Toda palabra que emana de los labios de Dios, está dotada
con tal potencia que puede instilar nueva vida en cada ser humano, si
sois de aquellos que comprenden esta verdad. Todas las maravillosas obras
que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de
su suprema y exaltada Voluntad, su maravilloso e inflexible Propósito.
Con la mera revelación de la palabra "Modelador", pronunciada por sus
labios y que proclama su atributo a la humanidad, es liberada tal
potencia que puede engendrar a través de edades sucesivas todas las
múltiples artes que las manos del hombre pueden producir. Ésta es,
indudablemente, una clara verdad. En cuanto es pronunciada esta
resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de
todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con
los cuales tales artes pueden ser producidas y perfeccionadas. Todas las
maravillosas obras que ahora presenciáis son la consecuencia directa de
la Revelación de este Nombre. En los días que vendrán, veréis por cierto
cosas de las cuales jamás habéis oído. Así ha sido decretado en las
Tablas de Dios, y nadie puede comprenderlo, salvo aquellos cuya vista es
aguda. Igualmente, en el instante en que la palabra que expresa mi
atributo "El Omnisciente" emane de mi boca, toda cosa creada, de acuerdo
con su capacidad y limitación, será investida con la fuerza para exponer
el conocimiento de las más maravillosas ciencias y será facultada para
manifestarlas con el transcurso del tiempo por el mandato de Aquel quien
es el Todopoderoso, el Conocedor de Todo. Sabe con certeza que la
revelación de cualquier otro Nombre está acompañada de una similar
manifestación de fuerza divina. Cada letra que procede de los labios de
Dios es verdaderamente una letra madre, y cada palabra pronunciada por
Él, quien es la Fuente de la Revelación Divina, es una palabra madre y Su
Tabla una Tabla Madre. Venturosos son quienes emprenden esta verdad.

LXXV. Rasgad, en mi Nombre, los velos que en forma agraviante han
cegado vuestra visión, y por medio del poder nacido de vuestra creencia
en la unidad de Dios, dispersad los ídolos de la vana imitación. Entrad
entonces, en el sagrado paraíso de la complacencia del Todo
Misericordioso. Santificad vuestras almas de todo lo que no sea de Dios y
disfrutad de la dulzura del descanso dentro de los confines de su vasta y
poderosa Revelación, bajo la sombra de su suprema e infalible autoridad.
No permitáis que los densos velos de vuestros deseos egoístas os
envuelvan, ya que he perfeccionado mi corazón en cada uno de vosotros,
para que la excelencia de  mi obra pueda ser completamente revelada a los
hombres. Por consiguiente, cada ser humano ha sido, y continuará siendo,
capaz de apreciar por sí mismo la Belleza de Dios, el Glorificado. ¿Si no
hubiera sido dotado de dicha capacidad, cómo podría haber sido llamado a
responder de su falta? Si en el Día en que todos los pueblos de la tierra
sean congregados ante la presencia de Dios se preguntare a alguna
persona: "¿Por qué no has creído en mi belleza y te has apartado de mí?"
y si tal persona respondiere diciendo: "Ya que todos los hombres han
errado y no se ha encontrado a nadie dispuesto a volver su rostro hacia
la Verdad, yo también, siguiendo su ejemplo, gravemente he dejado de
reconocer la Belleza del Eterno", tal defensa será seguramente rechazada.
Por cuanto la fe de ningún hombre puede depender de otro que no sea él
mismo.

Ésta es una de las verdades que está guardada en mí Revelación,
verdad que he revelado en todos los Libros sagrados, que he hecho
pronunciar a la Lengua de Grandeza y he hecho inscribir a la Pluma del
Poder. Meditad un tiempo sobre ella, para que con vuestra visión interior
y exterior, percibáis las sutilezas de la sabiduría divina y descubráis
las gemas del conocimiento celestial, que en lenguaje claro y ponderoso
he revelado en esta exaltada e incorruptible Tabla, para que no os
separéis del Más Elevado Trono, del Árbol, más allá del cual no hay paso,
de la Habitación del eterno poder y gloria.

Las signos de Dios brillan tan manifiesta y resplandecientemente
como el sol entre las obras de sus criaturas. Todo lo que procede de Él
es distinto de los inventos de los hombres y permanecerá siempre
diferente de ellos. De la Fuente de su conocimiento se han levantado
innumerables Lumbreras de erudición y sabiduría, y del Paraíso de su
Pluma el aliento del Todo Misericordioso ha sido exhalado continuamente a
los corazones y almas de los hombres. Felices son aquellos que han
reconocido esta verdad.

LXXVI. Presta atención, oh mí siervo, a lo que se te envía desde el
Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Más Grande. No hay otro Dios salvo
Él. Él ha hecho existir a sus criaturas, para que conozcan a Aquel quien
es el Compasivo, el Todo Misericordioso. A las ciudades de todas las
naciones Él ha enviado a sus mensajeros, con la misión de anunciar a los
hombres las nuevas del Paraíso de su complacencia y de atraerlos al
Refugio de perdurable seguridad, la Sede de la eterna santidad y
trascendente gloria.

Algunos fueron guiados por la Luz de Dios, fueron admitidos en la
corte de su presencia, y de las manos de la resignación bebieron las
aguas de vida eterna y fueron contados entre aquellos que verdaderamente
le reconocieron y creyeron en Él. Otros se rebelaron contra Él y
rechazaron los signos de Dios, el Más Fuerte, el Todopoderoso, el
Omnisapiente.

Edades pasaron hasta que alcanzaron su consumación en éste, el
Señor de los días, Día en que el Sol del Bayán se manifestó sobre el
horizonte de la misericordia, Día en que la Belleza del Todo Glorioso
brilló en la exaltada persona de 'Alí Muhammad, el Báb. Tan pronto como
se manifestó, todo el mundo se alzó contra Él. Fue denunciado por algunos
como uno que había calumniado a Dios, el Todo Poderoso, el Antiguo de los
Días. Otros lo consideraron como un hombre poseído de locura, acusación
que Yo mismo escuché de los labios de uno de los sacerdotes. Aun otros
disputaron su aseveración de ser el Portavoz de Dios y lo estigmatizaron
diciendo que había robado y usado como suyas las palabras del
Todopoderoso, y que había pervertido su significado mezclándolas con las
suyas propias. El Ojo de Grandeza llora amargamente por las cosas que sus
labios han pronunciado mientras continúan regocijándose en sus asientos.

Él dijo: "¡Dios es mi Testigo, oh pueblo! He venido a vosotros con
una Revelación del Señor, vuestro Dios, el Señor de vuestros antepasados.
Oh pueblo, no miréis las cosas que poseéis Más bien, mirad las cosas que
Dios os ha enviado. Esto, seguramente, será mejor para vosotros que toda
la  creación, si sólo pudierais comprenderlo. Mirad nuevamente, oh
pueblo, y considerad el testimonio de Dios y su prueba, que están en
vuestras manos, y comparadlas con la Revelación que en este Día os ha
sido enviada, para que la verdad, la infalible verdad, os sea manifestada
sin duda alguna. No sigáis, oh pueblo, los pasos del Malvado; seguid la
Fe del Todo Misericordioso y sed de aquellos que verdaderamente creen.
¿Qué ventaja sacaría el hombre si no reconociera la Revelación de Dios?
Absolutamente ninguna. De esto, mi propio Ser, el Omnipotente, el
Omnisciente, el Omnisapiente será testigo".

Cuánto más los exhortaba, más feroz se hizo su enemistad, hasta que
finalmente le dieron muerte con vergonzosa crueldad. ¡La maldición de
Dios caiga sobre los opresores!

Unos cuantos creyeron en Él; pocos de nuestros siervos son los
agradecidos. A éstos les amonestó en todas Sus Tablas -más aún, en cada
pasaje de sus maravillosos escritos- para que no se entregaran a nada en
el Día de la Revelación prometida, ya sea en el cielo o en la tierra.
"¡Oh pueblo!", dijo Él, "Me he revelado para la Manifestación de Él y he
hecho que mi Libro, el Bayán, descienda sobre vosotros sin otro propósito
que establecer la verdad de su Causa. Temed a Dios y no disputéis con Él
como el pueblo del Corán disputó conmigo. Cuando quiera escuchéis hablar
de Él, apresuraos hacia Él y aferraos a todo lo que Él os revele. Nada,
que no sea Él, jamás os puede aprovechar; no, aunque presentéis los
testimonios de todos los que os han precedido desde el primero hasta el
último".

Y cuando después de algunos años, el cielo del divino decreto fue
hendido, y la Belleza del Báb apareció en las nubes de los nombres de
Dios, ataviado con una nueva vestidura, esta misma gente maliciosamente
se levantó contra Él, cuya luz abarca todas las cosas creadas. Violaron
su Convenio, rechazaron su verdad, disputaron con Él, objetaron sus
signos, denunciaron su testimonio como falso y se unieron a la compañía
de los infieles. Finalmente determinaron darle muerte. ¡Tal es el estado
de quienes están en grave error!

Y cuando se dieron cuenta de su impotencia para alcanzar su
propósito, urdieron intrigas contra Él. Atestiguad, cómo en cada momento
inventan un nuevo recurso para dañarle y de este modo perjudicar y
deshonrar la causa de Dios. Di: ¡Ay de vosotros! ¡Por Dios! Vuestras
artimañas os cubren de vergüenza. Vuestro Señor, el Dios de Misericordia,
bien puede prescindir de todas sus criaturas. Nada puede aumentar o
disminuir lo que Él posee. Si creéis en Él, será para vuestro propio
provecho; y si no creéis, seréis vosotros quienes padeceréis. En ningún
momento, la mano del infiel puede profanar la orla de su Manto.

¡Oh mi siervo, que crees en Dios! ¡Por la rectitud del 
Todopoderoso! Si Yo te relatara la historia de las cosas que me han
acontecido, las almas y mentes de los hombres serían incapaces de
sostener su peso. Dios mismo es mi testigo. Vela sobre ti mismo y no
sigas los pasos de esta gente. Medita diligentemente sobre la Causa de tu
Señor. Esfuérzate para conocerle por medio de su propio Ser y no por
medio de otros. Pues nadie sino Él jamás podrá beneficiarte. Esto lo
atestiguarán todas las cosas creadas, si sólo pudieras comprenderlo.

Emerge de tras el velo, con el consentimiento de tu Señor, el Todo
Glorioso, el Más Fuerte, y a la vista de aquellos que  están en los
cielos y en la tierra, toma el Cáliz de la Inmortalidad y en el nombre de
tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo, bebe cuanto puedas, y no seas de
los que tardan. ¡Juro por Dios! En el momento en que tus labios toquen el
Cáliz, el Concurso en lo alto te aclamará diciendo: "¡Bebe con saludable
fruición, oh hombre, que has creído de veras en Dios!", y los habitantes
de las Ciudades de la Inmortalidad exclamarán "¡La alegría sea para ti,
oh tú que has vaciado el Cáliz de su amor!", y la Lengua de Grandeza te
saludará: "Grande la bienaventuranza que te espera, oh mi siervo, pues tú
has alcanzado lo que nadie ha alcanzado, salvo quienes se han desprendido
de lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra, y que son los
emblemas del verdadero desprendimiento".

LXXVII. Y ahora respecto de tu pregunta que se refiere a la
creación del hombre. Sabe que todos los hombres han sido creados en la
naturaleza hecha por Dios, el Guardián, el que Subsiste por sí mismo. A
cada uno le ha sido prescrita una medida preordinada, según está
decretado en las poderosas y resguardadas Tablas de Dios. Sin embargo,
todo lo que poseéis potencialmente sólo puede manifestarse como resultado
de vuestra propia voluntad. Vuestras acciones atestiguan esta verdad. Por
ejemplo, considerad aquello que ha sido prohibido a los hombres en el
Bayán. En aquel Libro, Dios, por su mandato, ha declarado legal, todo
aquello que Él ha deseado decretar y, mediante la fuerza de su soberano
poder, ha prohibido todo aquello que Él ha deseado prohibir. Esto lo
testifica el texto de ese Libro. ¿No seréis vosotros testigos? Sin
embargo, los hombres han violado conscientemente su ley. ¿Tal
comportamiento debe ser atribuido a Dios o a ellos mismos? Sed justos en
vuestro juicio. Toda cosa buena es de Dios y todo lo malo procede de
vosotros. ¿No lo comprenderéis? Esta misma verdad ha sido revelada en
todas las Escrituras, si sois de los que entienden. Toda acción que
meditáis, es tan clara para Él, como cuando ya ha sido ejecutada. No hay
otro Dios salvo Él. Suya es toda la creación y su imperio. Todo está
revelado ante Él, todo está registrado en sus sagradas y ocultas Tablas.
Sin embargo, esta precognición de Dios, no debe considerarse como causa
de las acciones de los hombres, al igual que vuestro propio conocimiento
de que cierto acontecimiento ha de ocurrir o vuestro deseo que ocurra, no
es y nunca será la razón de que éste suceda.

LXXVIII. Acerca de tu pregunta concerniente al origen de la
creación. Sabe con toda seguridad que la creación de Dios ha existido
desde la eternidad y continuará existiendo para siempre. Su principio no
ha tenido principio y su fin no conoce fin. Su nombre, el Creador,
presupone una creación, así como su título, el Señor de los Hombres,
implica la existencia de un siervo.

En cuanto a las afirmaciones, atribuidas a los profetas del pasado,
tales como "En el comienzo era Dios, no existían criaturas para
conocerle" y "El Señor estaba solo; no había nadie que le adorara", el
significado de éstas y otras frases similares es claro y evidente, y en
ningún momento deben ser interpretadas mal. De esta misma verdad son
testimonio las siguientes palabras que Él ha revelado "Dios estaba solo;
no había nadie excepto Él; Él siempre seguirá siendo lo que Él siempre ha
sido". Cualquier persona dotada de discernimiento puede comprender
inmediatamente que el Señor está manifiesto ahora, sin embargo, no hay
nadie que reconozca su gloria. Con esto se quiere decir que la morada en
que reside este Ser Divino está muy por encima del alcance y comprensión
de otro que no sea Él. Cualquier cosa que en el mundo contingente pueda
ser expresada o comprendida, jamás podrá traspasar los límites que por su
naturaleza inherente le han sido impuestos. Sólo Dios trasciende esas
limitaciones. Él, verdaderamente, es sempiterno. Ningún par o socio ha
sido, ni podrá ser jamás asociado con Él. Ningún nombre puede ser
comparado con su Nombre. Ninguna pluma puede retratar su naturaleza, como
tampoco puede lengua alguna describir su gloria. Para siempre Él
permanecerá inmensurablemente exaltado sobre cualquiera salvo Él mismo.

Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela
a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, quien
permanece todavía desconocido a los hombres, y que no ha dado aún
expresión a la Palabra de Dios, es, Él mismo, el Omnisciente en un mundo
en que no hay ningún hombre que le haya conocido. Él, en verdad, es el
Creador sin una creación. Por cuanto, en el momento que precede su
Revelación, cada una y todas las cosas creadas habrán de entregar su alma
a Dios. Éste es, de hecho, el Día del cual se ha escrito "¿De quién será
el Reino en este Día?" ¡Y no se encuentra a nadie preparado para
contestar!

LXXIX. Respecto de tu pregunta sobre los mundos de Dios. Sabe, en
verdad, que los mundos de Dios son incontables en su número e infinitos
en su extensión. Nadie puede contarlos ni comprenderlos salvo Dios, el
Omnisciente, el Omnisapiente. Considera tu estado cuando duermes.
Ciertamente, digo, este fenómeno es el más misterioso de los signos de
Dios entre los hombres, si sólo lo ponderaran en sus corazones. Ve como
aquello que has visto en tu sueño después de un considerable lapso se
realiza plenamente. Si el mundo en que te encontrabas en tu sueño fuera
idéntico con el mundo en que vives, seria necesario que el acontecimiento
que ocurre en aquel sueño sucediera en este mundo en el mismo instante de
su acaecimiento. Si fuera así, tú mismo lo atestiguarías. Sin embargo,
como éste no es el caso necesariamente se concluye que el mundo en que
vives es diferente y distinto de aquel que tú has presenciado en tu
sueño. Aquel mundo no tiene principio ni fin. Sería verdad si afirmaras
que ese mismo mundo, como lo ha decretado Dios, Todo Glorioso y
Omnipotente, está dentro de tu propio ser y está envuelto dentro de ti.
Sería igualmente cierto sostener que tu espíritu, después de haber
traspasado las limitaciones del sueño y de haberse desligado de toda
atracción terrenal, por la acción de Dios ha sido impulsado a recorrer un
reino que yace oculto en la más íntima realidad de este mundo.
Verdaderamente digo, que la creación de Dios abarca otros mundos fuera de
éste y otras criaturas fuera de éstas. En cada uno de estos mundos Él ha
ordenado cosas que nadie puede escudriñar, excepto Él mismo, el que Todo
lo Escudriña, el Omnisapiente. Medita sobre aquello que te hemos
revelado, para que descubras el propósito de Dios, tu Señor, el Señor de
todos los mundos. En estas palabras han sido atesorados los misterios de
la Sabiduría Divina. Nos hemos abstenido de extendernos sobre este tema
por el dolor que nos ha rodeado a causa de las acciones de aquellos que
han sido creados mediante nuestras palabras, si eres de aquellos que
escuchan nuestra Voz.

LXXX. Me has preguntado si el hombre, con excepción de los profetas
de Dios y de sus escogidos, conserva, después de su muerte física, la
misma individualidad, personalidad, conciencia y entendimiento que
caracterizan su vida en este mundo. Has observado que si esto fuera así,
¿cómo es que, mientras ligeras perturbaciones en sus facultades mentales
tales como desmayo y enfermedad severa le privan de su entendimiento y
conciencia, la muerte, que implica la descomposición de su cuerpo y la
disolución de sus elementos, es impotente para destruir ese entendimiento
y extinguir esa conciencia? ¿Cómo puede alguien imaginarse que la
conciencia y personalidad del hombre se mantienen, cuando los
instrumentos necesarios para su existencia y función han sido
completamente desintegrados?

Sabe que el alma del hombre, es exaltada sobre todas las
enfermedades de cuerpo y mente y es independiente de ellas. Que una
persona enferma muestre signos de debilidad, se debe a los obstáculos que
se interponen entre su alma y su cuerpo, porque el alma misma no es
afectada por ninguna dolencia del cuerpo. Considera la luz de la lámpara.
Aunque un objeto exterior interfiera su  resplandor, la luz en sí
continúa brillando sin disminuir su poder. De igual manera, cualquier mal
que afecte el cuerpo del hombre, es un obstáculo que impide la
manifestación del poder y fuerza inherentes al alma. Cuando ésta abandona
el cuerpo, sin embargo, evidenciará tal ascendiente y revelará tal
influencia como ninguna fuerza en la tierra puede igualar. Cada alma
pura, refinada y santificada será dotada de tremenda fuerza y se
regocijará con inmensa alegría.

Considera la lámpara cuando se cubre. Aunque su luz brille, su
resplandor está oculto a los hombres. De igual modo considera el sol,
cuando ha sido oscurecido por las nubes. Observa cómo su esplendor parece
haber disminuido, cuando en realidad la fuente de aquella luz no ha
cambiado. El alma del hombre debe ser comparada con este sol, y todas las
cosas de la tierra, consideradas como su cuerpo. Mientras ningún
obstáculo externo se interponga entre ellos, el cuerpo en su totalidad
continuará reflejando la luz del alma y será sostenido por su fuerza. Sin
embargo, tan pronto como un velo se interpone entre ellos, el brillo de
esa luz parece disminuir.

Considera además el sol cuando está completamente oculto tras las
nubes. Aunque la tierra está todavía iluminada con su luz, la medida de
luz que recibe se ha reducido considerablemente. Hasta que las nubes no
se hayan dispersado, el sol no brillará en la plenitud de su gloria. Ni
la presencia ni la ausencia de la nube pueden, en forma alguna, afectar
el esplendor inherente al sol. El alma del hombre es el sol que ilumina
su cuerpo y del cual deriva su sustento y debe considerarse así.

Aún más, considera cómo el fruto antes de formarse, yace
potencialmente dentro del árbol. Si se cortara el árbol en pedazos, no
podría encontrarse ningún signo o partícula del fruto, por pequeña que
fuera. Sin embargo, como has observado, cuando el fruto aparece, se
manifiesta con su maravillosa hermosura y gloriosa perfección. Ciertos
frutos, realmente, alcanzan su pleno desarrollo sólo después que han sido
separados del árbol.

LXXXI. Y ahora, referente a tu pregunta acerca del alma del hombre
y su supervivencia después de la muerte. Sabe tú ciertamente que el alma
después de su separación del cuerpo, continuará progresando hasta que
alcance la presencia de Dios, en un estado y condición que ni la
revolución de las edades y siglos, ni los cambios o azares de este mundo
pueden alterar. Perdurará tanto como el Reino de Dios, su soberanía, su
dominio y fuerza perduren. Manifestará los signos de Dios y sus atributos
y revelará su amorosa bondad y generosidad. El movimiento de mi Pluma se
detiene cuando intenta describir apropiadamente la grandeza y gloria de
tan exaltada posición. El honor con el cual la Mano de Misericordia
investirá al alma es tal, que ninguna lengua puede revelarlo
adecuadamente, ni ningún otro medio terrenal puede describir. Bendita es
el alma que en la hora de su separación del cuerpo esté purificada de las
vanas imaginaciones de los pueblos del mundo. Tal alma vive y se mueve de
acuerdo con la Voluntad de su Creador y entra al más elevado Paraíso. Las
doncellas del cielo, habitantes de las más sublimes mansiones, la
rodearán y los profetas de Dios y sus escogidos buscarán su compañía.
Esta alma conversará con ellos libremente, y les contará lo que ha tenido
que soportar en el sendero de Dios, el Señor de todos los mundos. Si se
dijera a cualquier hombre, lo que ha sido ordenado para tal alma en los
mundos de Dios, el Señor del trono en lo alto y de aquí en la tierra,
todo su ser se inflamaría instantáneamente en su gran anhelo por alcanzar
aquella exaltada, santificada y resplandeciente posición.... La
naturaleza del alma después de la muerte, nunca podrá ser descrita; no es
conveniente, ni permisible revelar todo su carácter a los ojos de los
hombres. Los profetas y mensajeros de Dios han sido enviados con el único
propósito de guiar a la humanidad en el recto Sendero de la Verdad. El
propósito fundamental de su revelación ha sido educar a todos los hombres
para que, en la hora de su muerte, asciendan con la mayor pureza y
santidad y con absoluto desprendimiento hacia el trono del Altísimo. La
luz que estas almas irradian es responsable del progreso del mundo y del
adelanto de sus pueblos. Son como levadura, que hace levantar el mundo
del ser y constituyen la fuerza animadora por la cual las artes y
maravillas del mundo se manifiestan. Por medio de ellas las nubes
derraman su munificencia sobre los hombres y la tierra produce sus
frutos. Todas las cosas tienen necesariamente una causa, una fuerza
motora, un principio animador. Estas almas y símbolos de desprendimiento
han provisto y continuarán proveyendo al mundo del ser con el supremo
impulso movedor. El otro mundo es tan diferente de este mundo, como lo es
éste del mundo de la criatura mientras está en el vientre de la madre.
Cuando el alma alcance la Presencia de Dios, tomará la forma que sea más
apropiada a su inmortalidad y digna de su habitación celestial. Tal
existencia es contingente y no existencia absoluta, ya que una es
precedida por una causa, mientras que la otra es independiente de ella.
La existencia absoluta está limitada estrictamente a Dios. ¡Exaltada sea
su gloria! Venturosos son quienes comprenden esta verdad. Si ponderaras
en tu corazón la conducta de los profetas de Dios, seguramente
atestiguarías de inmediato que necesariamente deben haber otros mundos
además de éste. Como ha sido registrado en la Tabla de la Sabiduría por
la Pluma del Glorioso, la mayoría de los verdaderos sabios y doctos, a
través de todas las edades, han atestiguado la verdad de lo que el
sagrado Verbo de Dios ha revelado. Aun los materialistas han dejado
testimonio en sus escritos de la sabiduría de estos mensajeros
divinamente nombrados, y han considerado que las referencias hechas por
los profetas acerca del Paraíso, fuego del infierno, futura recompensa y
castigo, han tenido su origen en el deseo de educar y elevar las almas de
los hombres. Considera, por consiguiente, cómo la mayoría de la
humanidad, cualesquiera que fueran sus creencias o teorías, ha reconocido
la excelencia de estos profetas de Dios y ha admitido su superioridad.
Estas Gemas de Desprendimiento son aclamadas por algunos, como las
personificaciones de la sabiduría, en tanto que otros las consideran como
portavoz de Dios mismo. ¿Cómo podrían, tales almas haber consentido
entregarse a sus enemigos, si hubieran creído que todos los mundos de
Dios se reducen a esta vida terrenal? ¿Hubieran sufrido violentamente
tales aflicciones y tormentos como jamás ningún hombre ha experimentado o
presenciado?

LXXXII. Me has preguntado acerca de la naturaleza del alma. Sabe en
verdad, que el alma es un signo de Dios, una gema celestial cuya realidad
los más doctos de los hombres no han comprendido, y cuyo misterio ninguna
mente, por aguda que sea, podrá esperar jamás desentrañar. Es, entre
todas las cosas creadas, la primera en declarar la excelencia de su
creador, la primera en reconocer su gloria, en aferrarse a su verdad, e
inclinarse en adoración ante Él. Si es fiel a Dios, reflejará su luz y
finalmente regresará a Él. Si, por el contrario, no es leal a su Creador,
se convertirá en una víctima del yo y de la pasión y, por último, se
hundirá en sus profundidades.

Quienquiera, que haya rehusado permitir en este Día, que las dudas
y fantasías de los hombres lo aparten de Aquel quien es la Verdad Eterna,
y no ha dejado que el tumulto provocado por las autoridades seglares y
eclesiásticas le impidan reconocer su Mensaje, tal hombre será
considerado por Dios, el Señor de todos los hombres, como uno de sus más
poderosos signos y será contado entre aquellos cuyos nombres han sido
inscritos por la Pluma del Altísimo en su Libro. Bendito aquel que ha
reconocido el verdadero estado y posición de tal alma y ha descubierto
sus virtudes.

En los libros del pasado, mucho se ha escrito sobre los diversos
grados en el desarrollo del alma, tales como concupiscencia,
irascibilidad, inspiración, benevolencia, contento, divina complacencia y
otros; sin embargo, la Pluma del Altísimo no está dispuesta a tratar de
ellos. En este Día toda alma que camine humildemente con su Dios y se
aferra a Él, se encontrará investida con el honor y gloria de todos los
bellos nombres y posiciones.

Cuando el hombre duerme, de ningún modo puede decirse que su alma
haya sido afectado inherentemente por algún objeto externo. No es
susceptible de ningún cambio en su estado o carácter originales.
Cualquier variación en sus funciones, se debe a causas externas. Es a
estas influencias externas que deben ser atribuidas cualesquiera
variaciones en su ambiente, entendimiento y percepción.

Considera el ojo humano. Aunque tiene la facultad de percibir todas
las cosas creadas, sin embargo, el más pequeño impedimento obstruirá su
visión tanto como para privarlo del poder de distinguir cualquier objeto.
Alabado sea el nombre de Aquel quien ha creado todas estas causas y es la
Causa de ellas, que ha ordenado que todo cambio y variación en el mundo
del ser dependan de ellas. Toda cosa creada en el universo entero no es
sino una puerta que conduce al conocimiento de Él, un signo de su
soberanía, una revelación de sus nombres, un símbolo de su majestad, una
muestra de su fuerza, un medio de ser admitido en su recto Sendero....

En verdad digo que el alma humana es en su esencia uno de los
signos de Dios, un misterio entre sus misterios. Es uno de los poderosos
signos del Omnipotente, el heraldo que proclama la realidad de todos los
mundos de Dios. Dentro de ella yace oculto lo que ahora el mundo es
completamente incapaz de comprender. Pondera en tu corazón la revelación
del Alma de Dios que penetra todas sus Leyes y compárala con esa
naturaleza baja y apetecedora que se ha rebelado contra Él, que prohibe a
los hombres volverse hacia el Señor de los Nombres, y que los empuja ir
tras sus deseos y perversidad. En verdad tal alma se ha adentrado lejos
en el sendero del error....

Además me has preguntado sobre el estado del alma después de su
separación del cuerpo. Sabe, de verdad, que si el alma del hombre ha
seguido los caminos de Dios, ciertamente regresará y será recogida en la
gloria del Amado. ¡Por la rectitud de Dios! Logrará una posición que
ninguna pluma puede retratar, ni lengua describir. El alma que se ha
mantenido fiel a la Causa de Dios, y ha permanecido invariablemente firme
en su Sendero, poseerá después de su ascensión tal poder que obtendrán
provecho de ella todos los mundos que el Todopoderoso ha creado. Tal alma
suministra a petición del Rey Ideal y Educador Divino, la levadura pura
que fermenta el mundo del ser, y provee la fuerza, por la cual las artes
y maravillas del mundo se hacen manifiestas. Considera que la harina
necesita levadura para fermentar. Aquellas almas que son el símbolo del
desprendimiento son la levadura del mundo. Medita sobre esto y sé de los
agradecidos.

En algunas de nuestras Tablas, nos hemos referido a este tema y
hemos mostrado las variadas etapas del desarrollo del alma. En verdad te
digo, que el alma humana está exaltada por encima de todo egreso y
regreso. Está quieta, y sin embargo se remonta; se mueve, y sin embargo
está quieta. Es, en sí, una prueba que atestigua la existencia de un
mundo contingente, así como la realidad de un mundo que no tiene
principio ni fin. Ve cómo el sueño que has tenido, después del lapso de
muchos años se representa de nuevo ante tus ojos. Considera cuán extraño
es el misterio del mundo que aparece en tus sueños. Pondera en tu corazón
la inescrutable sabiduría de Dios y medita sobre sus múltiples
revelaciones....

Atestigua las maravillosas muestras de la obra de Dios, y
reflexiona sobre su alcance y carácter. Aquel quien es el Sello de los
Profetas ha dicho: "¡Acrecienta mi admiración y asombro por ti, oh Dios!"

Respecto de tu pregunta si el mundo físico está sujeto a
limitaciones, sabe que la comprensión de este tema depende del observador
mismo. En un sentido está limitado; en otro sentido está exaltado más
allá de toda limitación. El Dios único y verdadero ha existido
eternamente, y eternamente continuará existiendo. Su creación, asimismo,
no ha tenido principio ni tendrá fin. Sin embargo, todo lo creado es
precedido por una causa. Este hecho en sí establece, sin la menor sombra
de duda, la unidad del Creador.

Además me has preguntado acerca de la naturaleza de las esferas
celestes. Para comprender su naturaleza sería necesario inquirir el
significado de las alusiones que se han hecho sobre las esferas celestes
y los cielos en los Libros del pasado, y descubrir el carácter de su
relación con este mundo físico y la influencia que ejercen sobre él. Todo
corazón se maravilla ante un tema tan anonadador, y toda mente queda
perpleja por su misterio. Solamente Dios puede sondear su significación.
Los sabios que han fijado en varios miles de años la vida de esta tierra,
no han considerado durante el largo período de sus observaciones ni el
número ni la edad de los otros planetas. Considera además las múltiples
divergencias que han resultado de las teorías propuestas por estos
hombres. Sabe que cada estrella fija tiene sus propios planetas, y cada
planeta sus propias criaturas, cuyo número ningún hombre puede calcular.

¡Oh tú que has fijado tus ojos en mi semblante! La Aurora de Gloria
ha manifestado en este Día su esplendor, y la Voz del Más Alto está
llamando. Antes hemos pronunciado estas palabras: "Éste no es el día,
para que alguien cuestione a su Señor. Incumbe a quienquiera que haya
escuchado el Llamado de Dios, proclamado por Aquel quien es la Aurora de
Gloria, levantarse y exclamar: '¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor de
todos los nombres; aquí estoy, aquí estoy, oh Hacedor de los Cielos!
Atestiguo que por tu Revelación las cosas ocultas en los Libros de Dios
han sido reveladas, y que todo lo que ha sido registrado en las Sagradas
Escrituras se ha cumplido' ".

LXXXIII. Considera la facultad racional con que Dios ha dotado la
esencia del hombre. Examínate a ti mismo y observa cómo tu movimiento y
quietud, tu voluntad y propósito, tu vista y oído, tu olfato y poder de
expresión, y todo aquello que esté en relación con tus sentidos físicos o
percepción espiritual, o los trascienda, procede de la misma facultad y
deben su existencia a ella. Están tan íntimamente ligadas a ella, que si
en menos de un abrir y cerrar de ojos, su relación con el cuerpo humano
se interrumpirá, cada uno de estos sentidos cesaría inmediatamente de
ejercer su función y sería privado del poder de manifestar los signos de
su actividad. Es indudablemente claro y evidente que cada uno de los
medios anteriormente mencionados ha dependido y continuará dependiendo
para su propio funcionamiento de esta facultad racional, que debe ser
considerada como un signo de la revelación de Aquel quien es el soberano
Señor de todo. Mediante su manifestación, todos estos nombres y atributos
han sido revelados y por la suspensión de su acción todos son destruidos
y perecen.

Sería totalmente falso sostener que esta facultad es igual al poder
de visión, por cuanto el poder de visión deriva de ella y actúa
dependiendo de ella. Igualmente, sería vano afirmar que esta facultad
puede ser identificada con el sentido del oído, ya que éste recibe de la
facultad racional, la energía necesaria para ejercer sus funciones.

La misma relación liga a esta facultad con todo lo que haya sido el
recipiente de estos nombres y atributos dentro del templo humano. Estos
nombres diversos y atributos revelados han sido generados mediante la
acción de este signo de Dios. En su esencia y realidad este signo es
inmensamente exaltado por sobre todos esos nombres y atributos. No, más
bien, todo fuera de él, al compararse con su gloria, se desvanece en la
nada absoluta y se vuelve una cosa olvidada.

Si ponderares en tu corazón, desde ahora hasta el fin que no tiene
fin, concentrando toda la inteligencia y entendimiento que las más
grandes mentes han logrado en el pasado o lograrán en el futuro, esta
Realidad sutil y divinamente ordenada, este signo de la revelación del
Dios Viviente y Todo Glorioso, aun así no comprenderás su misterio ni
podrás valorar su virtud. Habiendo reconocido tu impotencia para lograr
un entendimiento adecuado de aquella Realidad que mora dentro de ti,
admitirás prontamente la inutilidad de los esfuerzos que intentes tú o
cualquiera de las cosas creadas, en sondear el misterio del Dios
Viviente, el Sol de gloria que no se desvanece, el Antiguo de los días
sempiternos. Esta confesión de impotencia, que finalmente la
contemplación madura debe impulsar cada mente a hacer, es en sí la cima
del entendimiento humano y marca la culminación del desarrollo del
hombre.