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Pasajes de los Escritos de Bahá'u'lláh (Parte 2)

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LXXXIV. Considera al Dios único y verdadero como a uno que está
separado de todas las cosas creadas y es inmensamente exaltado sobre
ellas. Todo el universo refleja su gloria, mientras que Él mismo es
independiente de sus criaturas y las trasciende. Éste es el verdadero
significado de la unidad divina. Aquel, quien es la Verdad Eterna, es el
único poder que ejerce indiscutida soberanía sobre el mundo del ser, cuya
imagen se refleja en el espejo de la creación entera. Toda la existencia
depende de Él, y de Él proviene la fuente de sustento de todas las cosas.
Éste es el significado de la unidad divina; éste es su principio
fundamental.

    Algunos, engañados por sus vanas fantasías han concebido que todas
las cosas creadas son partícipes y socios de Dios, e imaginan que ellos
mismos son los exponentes de su unidad. ¡Por Aquel quien es el Dios único
y verdadero! Tales hombres han sido, y continuarán siendo, las víctimas
de ciegas imitaciones y deben ser contados entre aquellos que han
restringido y limitado el concepto de Dios.

    Es un verdadero creyente en la unidad divina aquel que, lejos de
confundir dualidad con unicidad, rehúsa permitir que ninguna noción de
multiplicidad nuble su conceptos de la singularidad de Dios, quien
considera al Ser Divino como Aquel quien, por su propia naturaleza,
trasciende las limitaciones de los números.

    La esencia de la creencia en la unidad divina consiste en
considerar a Aquel quien es la Manifestación de Dios, y a Aquel quien es
el invisible, el inaccesible e incognoscible Esencia, como uno y el
mismo. Con esto quiere decir que todo lo que pertenezca a Él, con todos
sus actos y hechos, todo que Él ordene o prohíba, deben ser considerados,
bajo todos sus aspectos, en todas las circunstancias, y sin reserva
alguna, como idénticos con la Voluntad de Dios mismo. Ésta es la posición
más elevada que puede lograr un verdadero creyente en la unidad de Dios.
Bendito es el hombre que alcanza esta posición y es de aquellos que son
firmes en su creencia.

    LXXXV. ¡Oh mis siervos! Os incumbe refrescar y revivir vuestras
almas mediante los misericordiosos favores que, en esta divina, en esta
conmovedora Primavera se derraman sobre vosotros. El Sol de su gran
gloria ha derramado su resplandor sobre vosotros y las nubes de su gracia
ilimitada os han amparado. ¡Cuán grande es la recompensa de aquel que no
se ha privado de tan inmensa generosidad, ni ha dejado reconocer la
belleza de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura!

    Di: ¡Oh pueblo! La lámpara de Dios está encendida; prestad
atención, no sea que los impetuosos vientos de vuestra desobediencia
extingan su luz. Ahora es el tiempo de levantaros y magnificar al Señor
vuestro Dios. No luchéis por las comodidades materiales, y conservad
vuestro corazón puro y sin mancha. El Malvado os espera, listo para
atraparos. Fortaleceos contra sus malignos artificios y, conducidos por
la luz del nombre del Dios único y verdadero, liberaos de la oscuridad
que os envuelve. Centrad vuestros pensamientos en el Bienamado, y no en
vosotros mismos.

    Di: ¡Oh vosotros que os habéis desviado y habéis perdido vuestro
camino! El Mensajero Divino, que no habla sino la verdad, os ha anunciado
la venida del Bienamado. He aquí que Él ya ha llegado. ¿Por qué motivo
estáis deprimidos y abatidos? ¿Por qué permanecéis desalentados, cuando
el Puro y Oculto Ser ha aparecido libre de velos entre vosotros? Aquel
quien es el principio y el Fin, Aquel quien es Quietud y Movimiento ya es
manifiesto ante vuestros ojos. Ve cómo, en este Día, el Principio se
refleja en el Fin, cómo de la Quietud se ha engendrado el Movimiento.
Este Movimiento se ha generado por las potentes energías que las palabras
del Todopoderoso han liberado a través de la creación entera. Quienquiera
haya sido revivido por su fuerza revitalizadora, se encontrará impulsado
a alcanzar la corte del Amado; y quienquiera se haya privado de ella, se
hundirá en irreparable abatimiento. Es realmente sabio aquel a quien el
mundo y todo lo que en él existe no han impedido reconocer la luz de este
Día, quien no ha permitido que la vana palabrería de los hombres lo
desvíe del sendero de la rectitud. Es realmente como un muerto, aquel que
en el maravilloso amanecer de esta Revelación, no ha sido revivido por su
brisa conmovedora. Es en verdad un cautivo aquel que no ha reconocido al
Supremo Redentor, pero que ha aceptado que su alma esté trabada, afligida
y desamparada en las cadenas de sus deseos.

    ¡Oh mis siervos! Quienquiera haya probado de esta Fuente, ha
alcanzado la Vida eterna, y quienquiera haya rehusado beber de ella, es
como los muertos. Di: ¡Oh obradores de iniquidad! La codicia os ha
impedido prestar oído atento a la dulce voz de Aquel quien es el que
Satisface a todo. Limpiad vuestros corazones de ella para que su Secreto
Divino sea descubierto a vosotros. Hele aquí manifiesto y resplandeciente
como el sol en toda su gloria.

    Di: ¡Oh vosotros que carecéis de entendimiento! Una severa prueba
os persigue y repentinamente os alcanzará. Levantaos, que quizá pase sin
causaros daño. Reconoced el carácter exaltado del nombre del Señor,
vuestro Dios, quien ha venido a vosotros en la grandeza de su gloria. Él,
en verdad, es el Omnisciente, el que Todo lo Posee, el Supremo Protector.


    LXXXVI. Ahora, referente a tu pregunta sobre si las almas humanas
siguen siendo conscientes unas de las otras después de su separación del
cuerpo. Sabe que las almas del pueblo de Bahá, que han entrado y están
establecidas dentro del Arca Carmesí, se asociarán y comulgarán
íntimamente unas con otras, y estarán tan profundamente ligadas en sus
vidas, aspiraciones, fines y anhelos, que serán como una sola alma. Ellas
son, en verdad, las que están bien informadas, poseen vista penetrante y
están ataviadas de entendimiento. Así lo ha decretado Aquel quien es el
Omnisciente, el Sapientísimo.

    El pueblo de Bahá, que son los moradores del Arca de Dios, son
todos bien conscientes del estado y la condición de cada uno, y están
unidos por los lazos de intimidad y amistad. Este estado, no obstante,
debe depender de la fe y conducta de ellos. Aquellos que son del mismo
grado y posición comprenden perfectamente la capacidad, carácter, logros
y méritos de cada cual. Sin embargo, quienes son de un grado inferior son
incapaces de comprender adecuadamente la posición de los que ocupen
rangos superiores o de estimar sus méritos. Cada cual recibirá su porción
de tu Señor. Bendito es el hombre que ha vuelto su rostro hacia Dios, y
ha caminado firmemente en su amor, hasta que su alma haya remontado vuelo
hacia Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el que Siempre
Perdona, el Todo Misericordioso.

    Las almas de los infieles, sin embargo, y de esto soy testigo, al
exhalar su último suspiro, serán informadas de lo bueno que se les ha
escapado, por lo cual lamentarán su condición y se humillarán ante Dios.
Continuarán así después que sus almas se hayan separado de sus cuerpos.

    Es claro y evidente que, después de su muerte física, todos los
hombres estimarán el valor de sus acciones y se darán cuenta de aquello
que sus manos han forjado. ¡Juro, por el Sol que brilla sobre el
horizonte del poder divino! Aquellos que son los seguidores del Dios
único y verdadero, desde el momento en que abandonen esta vida,
experimentarán tal gozo y alegría, que será imposible describirlos,
mientras que aquéllos que viven en error serán sobrecogidos por tal temor
y estremecimientos, y se llenarán de tal consternación, que nada podrá
excederlos. Bienaventurado quien haya bebido el selecto e incorruptible
vino de la fe por el dadivoso favor y las múltiples generosidades de
Aquel quien es el Señor de todas las Religiones....

    Éste es el Día en que los amados de Dios deben mantener su vista
dirigida hacia su Manifestación, y deben fijarla en todo lo que esta
Manifestación desee revelar. Ciertas tradiciones de edades pasadas no se
basan en fundamento alguno; asimismo, las ideas abrigadas por
generaciones de antaño, y que han registrado en sus libros, han sido
influidas, en su mayor parte, por los deseos de una inclinación corrupta.
Tú atestiguas cómo la mayoría de los comentarios e interpretaciones de
las palabras de Dios, ahora corrientes entre los hombres, carecen de
verdad. En algunos casos su falsedad ha sido descubierta cuando los velos
interpuestos fueron rasgados. Ellos mismos han reconocido que no han
comprendido el significado de ninguna de las palabras de Dios.

    Nuestro propósito es mostrar que, si los amados de Dios
santificaran sus corazones y oídos de las vanas palabras dichas en el
pasado, y se volvieran con sus íntimas almas a Aquel quien es la Aurora
de su Revelación, y a todo lo que Él ha manifestado, tal comportamiento
sería considerado meritorio a la vista de Dios....

    Magnifica su Nombre, y sé de los agradecidos. Transmite mis saludos
a mis amados, a quienes Dios ha elegido para su amor, y les ha hecho
lograr su objetivo. ¡Toda gloria sea para Dios, el Señor de todos los
mundos!

    LXXXVII. Ahora acerca de tu pregunta: "¿Por qué no se encuentra
ningún registro referente a los profetas que han precedido a Adán, el
Padre de la Humanidad, o de los reyes que han vivido en los días de esos
profetas?" Sabe que la falta de toda referencia a ellos no prueba que de
hecho no hayan existido. Si actualmente no se dispone de ningún registro
acerca de ellos, esto debe atribuirse a su extrema antigüedad, así como
también a los grandes cambios que la tierra ha sufrido desde su tiempo.

    Además, los modos y formas de escritura que ahora son corrientes
entre los hombres, eran desconocidos a las generaciones anteriores a
Adán. Incluso hubo un tiempo en que los hombres ignoraban por completo el
arte de la escritura y adoptaron un sistema completamente distinto del
que se usa en la actualidad. Para una exposición apropiada de este asunto
se requeriría una explicación elaborada.

    Considera las diferencias que han surgido desde los días de Adán.
Las diversas y muy conocidas lenguas que ahora hablan los pueblos de la
tierra, eran originalmente desconocidas, así como también las variadas
reglas y costumbres que ahora prevalecen entre ellos. Los pueblos de esos
tiempos usaban un lenguaje diferente de los que conocemos actualmente.
Las diferencias de idioma aparecieron en una edad posterior en una tierra
llamada Babel. Recibió el nombre de Babel porque este término significa
"lugar en que surgió la confusión de lenguas".

    Posteriormente, el siríaco se hizo prominente entre las lenguas
existentes. Las Escrituras sagradas de tiempos pasados fueron reveladas
en esa lengua. Más tarde, Abraham, el Amigo de Dios, apareció y derramó
sobre el mundo la luz de la Revelación Divina. El idioma que Él habló,
cuando cruzaba el Jordán, fue conocido como hebreo ('ibrání) que
significa "lengua de la travesía". Entonces los Libros de Dios y las
Escrituras sagradas fueron reveladas en esa lengua, y sólo después de un
lapso considerable, el árabe se convirtió en la lengua de Revelación....

    Atestigua, entonces, cuán numerosos y trascendentales han sido los
cambios del lenguaje, de la palabra y de la escritura, desde los días de
Adán. ¡Cuán mayores aun han debido ser los cambios antes de Él!

    Al revelar estas palabras nuestro propósito ha sido demostrar que
el Dios único y verdadero, en su altísima y trascendente posición, ha
sido siempre, y continuará siendo, eternamente exaltado sobre la loanza y
concepción de cualquiera salvo Él. Su creación ha existido siempre, y las
manifestaciones de su divina gloria y las auroras de eterna santidad han
sido enviadas desde tiempo inmemorial y han sido comisionadas para
emplazar a la humanidad al Dios único y verdadero. Que los nombres de
algunos de ellos se hayan olvidado y los registros de sus vidas se hayan
perdido, debe atribuirse a los cambios y transformaciones que han
sobrevenido al mundo.

    En algunos libros se hace mención de un diluvio que causó la
destrucción de todo lo que existía en la tierra, incluyendo registros
históricos y muchas otras cosas. Además han ocurrido muchos cataclismos
que han borrado las huellas de innumerables acontecimientos. Asimismo,
entre los registros históricos existentes hay diferencias y cada uno de
los pueblos del mundo tiene su propia relación sobre la edad de la tierra
y su historia. Algunos extienden su historia hasta ocho mil años atrás,
mientras que otros lo hacen hasta doce mil anos. Para cualquiera que haya
leído el libro de Júk, es claro, y evidente cuánto han diferido las
relaciones proporcionadas por los diversos libros.

    Quiera Dios que vuelvas tus ojos hacia la Más Grande Revelación y
desatiendas completamente estas tradiciones y relatos contradictorios.

    LXXXVIII. Sabed, ciertamente, que la esencia de la justicia y su
fuente están incorporadas en las ordenanzas prescritas por Aquel quien es
la Manifestación de la Persona de Dios entre los hombres, si sois de
aquellos que reconocen esta verdad. Él, por cierto, encarna la altísima,
la infalible norma de justicia para toda la creación. Aunque su ley fuera
tal que infundiera terror en el corazón de todos los que están en el
cielo y en la tierra, aquella ley no sería sino justicia manifiesta. Los
temores y agitación que la revelación de esta ley provocarían en los
corazones de los hombres, pueden compararse con el llanto del niño al
quitársele la leche materna, si sois de aquellos que comprenden. Si los
hombres descubrieran el propósito que motiva la Revelación de Dios,
seguramente desecharían sus temores y con el corazón lleno de gratitud se
regocijarían con gran alegría.

    LXXXIX. Sabe con toda seguridad que, así como crees firmemente que
la Palabra de Dios, exaltada sea su gloria, perdura para siempre, también
debes creer con fe libre de dudas que su significado nunca podrá ser
agotado. Sin embargo, aquellos que son sus intérpretes señalados,
aquellos cuyos corazones son los depositarios de sus secretos, son los
únicos que pueden comprender su múltiple sabiduría. Quienquiera que, al
leer las Sagradas Escrituras, se sienta tentado a escoger lo que convenga
para desafiar la autoridad del Representante de Dios entre los hombres,
es por cierto como un muerto, aunque en apariencia camine y converse con
sus semejantes, y comparta con ellos su alimento y bebida.

    ¡Oh, si el mundo me creyera! Si todo lo que yace guardado dentro
del corazón de Bahá, y que el Señor, su Dios, el Señor de todos los
nombres, le ha enseñado, fuera manifestado a la humanidad, todo hombre
sobre la tierra quedaría atónito.

    ¡Cuán grande es la multitud de verdades que no podrán jamás ser
ataviadas con la vestidura de palabras! ¡Cuán vasto es el número de
verdades que ninguna expresión puede describir adecuadamente, cuyo
significado nunca podrá ser revelado, y a las cuales no podrá hacerse ni
siquiera la más remota alusión! ¡Cuán múltiples son las verdades que
deben permanecer sin ser pronunciadas hasta que haya llegado el tiempo
señalado! Así se ha dicho: "No todo lo que sabe un hombre puede ser
revelado, ni puede todo lo que él pueda revelar ser considerado como
oportuno, ni tampoco puede toda expresión oportuna ser considerada como
apropiada para la capacidad de aquellos que lo oyen".

    De estas verdades algunas pueden ser reveladas solamente de acuerdo
con la capacidad de los repositorios de la luz de nuestro conocimiento y
los recipientes de nuestra gracia oculta. Rogamos a Dios que te
fortalezca con su poder, y que te haga capaz de reconocer a Aquel quien
es la Fuente de todo conocimiento, para que puedas desligarte de todo
saber humano, por cuanto "¿qué provecho obtiene el hombre de esforzarse
por obtener erudición, cuando ya ha encontrado y reconocido a Aquel quien
es el Objeto de todo conocimiento?" Aférrate a la Raíz de Conocimiento, y
a Aquel quien es el Manantial de éste, para que seas independiente de
todos los que aseguran ser versados en el saber humano, y cuya pretensión
ninguna prueba clara, ni el testimonio de ningún libro ilustrativa pueden
sostener.

    XC. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es prueba directa
de la revelación en ellos de los atributos y nombres de Dios, ya que en
cada átomo están encerradas las señales que dan testimonio elocuente de
la revelación de aquella muy grande luz. Me parece que, a no ser por la
potencia de esa revelación, ningún ser podría jamás existir. ¡Cuán
resplandeciente son las lumbreras de conocimiento que brillan en un
átomo, y cuán vastos los océanos de sabiduría que se agitan dentro de una
gota! Esto, en grado sumo, es aplicable al hombre, quien, entre todo lo
creado, ha sido investido con el manto de tales dones y señalado para la
gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos
los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni
excedido por otro ser creado. A él le son aplicables todos esos nombres y
atributos. Así Él ha dicho: "El hombre es mi misterio, y Yo soy su
misterio". Son múltiples los versículos que se han revelado repetidamente
en todos los Libros celestiales y santas Escrituras, con referencia a
este muy profundo y elevado tema. Así Él ha revelado: "De seguro les
mostraremos nuestros signos en el mundo y dentro de ellos mismos". Otra
vez dice: "Y también en vosotros mismos, ¿acaso no veréis los signos de
Dios?" Y en otra parte Él revela: "Y no seáis como los que olvidan a
Dios, y por tanto Él les ha hecho olvidarse a sí mismos". Con respecto a
esto, Aquel quien es el Rey eterno -que las almas de todos los que moran
en el Tabernáculo místico sean sacrificados por Él- ha dicho: "Ha
conocido a Dios aquel que se ha conocido a sí mismo".

    ...De lo que se ha dicho queda claro que todas las cosas, en su más
íntima realidad, atestiguan la revelación de los nombres y atributos de
Dios dentro de ellas mismas. Cada una, según su capacidad, señala y
expresa el conocimiento de Dios. Es tan potente y universal esta
revelación, que ha abarcado todas las cosas visibles e invisibles. Así Él
ha revelado: "¿Tiene algo que no seas Tú, poder de revelación para que
hubiese podido manifestarte? Ciego es el ojo que no te percibe". Asimismo
ha dicho el Rey eterno: "Ninguna cosa he percibido sin percibir a Dios
antes de ello, o a Dios después de ello." Y también aparece en la
tradición de Kumayl: "Mirad, una luz ha resplandecido en la Mañana de la
eternidad y ¡he aquí!, sus rayos han penetrado la más íntima realidad de
todos los hombres". El hombre, lo más noble y perfecto de todo lo creado,
supera a todo en la intensidad de esta evolución, y es una expresión más
plena de su gloria. Y de todos los hombres son las Manifestaciones del
Sol de la Verdad los más perfectos, los más distinguidos y los más
excelsos. Más aun, todos excepto estas Manifestaciones, viven por la
acción de su Voluntad, y se mueven y existen por las efusiones de su
gracia.

    XCI. Entre las pruebas que demuestran la verdad de esta Revelación
está que, en toda época y Dispensación, cuando quiera que se revelara la
Esencia invisible en la persona de su Manifestación, ciertas almas
humildes y liberadas de todo apego mundano buscaban iluminación en el Sol
de la Profecía y en la Luna de la guía divina, llegando a la Presencia
divina. Por esta razón, los sacerdotes de la época y quienes poseían
riquezas se burlaron desdeñosamente de esos hombres. Así Él ha revelado
refiriéndose a los errados: "Entonces dijeron los jefes de su pueblo que
no creyeron: 'En ti no vemos más que un hombre como nosotros; y no vemos
que te hayan seguido sino aquellos que son los más viles de nosotros,
faltos de reflexión, ni os vemos con excelencia alguna sobre nosotros; es
más, os consideramos mentirosos'". Pusieron reparos a estas santas
manifestaciones, y protestaron diciendo: "Nadie os ha seguido, excepto
los despreciables entre nosotros, aquellos que no merecen atención". Su
objetivo era demostrar que nadie entre los eruditos, los ricos y los
renombrados, creía en ellos. Mediante ésta y semejantes pruebas
pretendían demostrar la falsedad de Aquel que no dice sino la verdad.

    Sin embargo, en esta muy resplandeciente Dispensación y
poderosísima Soberanía, un número de sacerdotes iluminados, de hombres de
erudición consumada, de doctores de madura sabiduría, llegaron a su
Corte, bebieron del cáliz de su divina Presencia, y fueron investidos con
el honor de su muy excelente favor. Renunciaron, por el amor del
Bienamado, al mundo y todo lo que hay en él....

    Todos ellos fueron guiados por la luz del Sol de la Revelación
divina, confesaron y reconocieron su verdad. Tal era su fe, que la
mayoría de ellos renunciaron a sus bienes y familia, aferrándose a la
complacencia del Todo Glorioso. Dieron la vida por su Bienamado, y lo
entregaron todo en su sendero. Sus pechos fueron el blanco de los dardos
del enemigo, y sus cabezas adornaron las lanzas de los infieles. No quedó
tierra que no bebiese la sangre de esas personificaciones del
desprendimiento, ni espada que no hiriese su cuello. Sus actos, por sí
solos, atestiguan la verdad de sus palabras. ¿No les basta a los hombres
de este día el testimonio de estas almas santas, que tan gloriosamente se
levantaron para ofrendar sus vidas a su Amado, que todo el mundo quedó
maravillado ante su sacrificio? ¿No es testimonio suficiente contra la
infidelidad de quienes, por una baratija, traicionaron su fe, y trocaron
la inmortalidad por aquello que perece; quienes cedieron el Kawthar de la
Presencia divina a cambio de fuentes salobres, y cuyo único objetivo en
la vida es usurpar la propiedad ajena? Así ves cómo todos ellos se han
ocupado con las vanidades del mundo, apartándose de Aquel quien es el
Señor, el Altísimo.

    Sé justo: ¿Es aceptable y digno de atención el testimonio de
aquellos cuyas obras concuerdan con sus palabras, cuyo comportamiento
exterior se ajusta a su vida interior? La mente se desconcierta al ver
sus obras, y el alma se maravilla ante su valor y resistencia física. ¿O
es aceptable el testimonio de estas almas sin fe, que no exhalan sino el
aliento de sus deseos egoístas, presos en la jaula de sus vanas
fantasías? Al igual que los murciélagos de las tinieblas, no levantan la
cabeza de su lecho, salvo para ocuparse de las cosas pasajeras del mundo,
y no encuentran descanso de noche si no es empeñándose en promover los
fines de su sórdida vida. Absortos en sus planes egoístas, están
inconscientes del Decreto divino. De día, se afanan con toda su alma por
conseguir beneficios mundanos; de noche, su única ocupación es satisfacer
sus deseos carnales. ¿Con qué ley o norma podrían justificarse los
hombres al adherirse a las recusaciones de almas tan limitadas y
desconocer la fe de quienes, por la complacencia de Dios, han renunciado
a su vida y sus bienes, su fama y su renombre, su reputación y honor?...

    ¡Con qué amor, devoción, alborozo y santo arrobamiento sacrificaron
sus vidas en el sendero del Todo Glorioso! Todos dan testimonio de esta
verdad. Y, sin embargo, ¿cómo pueden despreciar esta Revelación? ¿Ha
presenciado época alguna acontecimientos tan trascendentales? ¿Si estos
compañeros no son los que verdaderamente se afanan por llegar a Dios, a
quién puede considerarse como tal? ¿Han sido estos compañeros buscadores
de poder o de gloria? ¿Han anhelado riquezas? ¿Han abrigado deseo alguno
que no sea la complacencia de Dios? ¿Si estos compañeros, con todos sus
maravillosos testimonios y prodigiosas obras, son falsas, quien entonces
puede dignamente pretender que tiene la verdad? ¡Juro por Dios! Sus
propios actos son testimonio suficiente y prueba irrefutable para todos
los pueblos de la tierra, si ponderasen los hombres en su corazón los
misterios de la Revelación divina. "¡Y aquellos que actúan injustamente
pronto sabrán lo que les espera!"...

    Considera a estos mártires de sinceridad incuestionable, cuya
veracidad la testifica el texto explícito del Libro, todos los cuales,
como has visto, sacrificaron su vida, sus bienes, sus esposas, sus hijos
y todo cuanto tenían, y ascendieron a los más elevados aposentos del
Paraíso. ¿Está bien rechazar el testimonio que estos seres exaltados y
desprendidos dan de la verdad de esta preeminente y gloriosa Revelación,
y considerar aceptables las denuncias que contra esta Luz resplandeciente
han hecho esos hombres incrédulos, quienes por el oro han renegado de su
fe, y por su afán de mando han rechazado a Aquel quien es el Jefe Supremo
de toda la humanidad? Y esto, a pesar de que su carácter se ha revelado a
todos los hombres, que les han reconocido como aquellos que de ningún
modo renunciarán a una tilde o ápice de su autoridad temporal a favor de
la santa Fe de Dios, cuanto menos a su vida, sus bienes o cosa parecida.

    XCII. El Libro de Dios está completamente abierto y su Palabra
emplaza al género humano a Él. Sin embargo, se ha encontrado apenas un
puñado de hombres dispuestos a aferrarse a su Causa, o convertirse en
instrumentos para su promoción. Estos pocos han sido proveídos con el
Elíxir Divino, que es lo único que puede trasmutar en oro puro la escoria
del mundo, y han recibido el poder de administrar el remedio infalible
para todos los males que afligen a los hijos de los hombres. Ningún
hombre podrá lograr vida eterna, a menos que abrace la verdad de esta
inestimable, esta maravillosa y sublime Revelación.

    Prestad atención, oh amigos de Dios, a la voz de Aquel a quien el
mundo ha agraviado y sosteneos firmemente de todo aquello que exaltará su
causa. Él, ciertamente, guía a quienquiera Él desea a su recto Sendero.
Ésta es una Revelación que infunde fuerzas al débil y corona con riquezas
al desamparado.

    Con la mayor amistad y con espíritu de perfecta fraternidad, tomad
consejo juntos y dedicad los preciosos días de vuestras vidas al
mejoramiento del mundo y a la promoción de la Causa de Aquel quien es el
Antiguo Soberano Señor de todo. Él, ciertamente, prescribe a todos los
hombres lo que es justo y les prohíbe todo aquello que degrade su
posición.

    XCIII. Sabe que toda cosa creada es un signo de la revelación de
Dios. Cada uno, de acuerdo con su capacidad es, y siempre será, una señal
del Todopoderoso. Por cuanto Él, el Soberano Señor de todo, ha dispuesto
revelar su soberanía en el reino de los nombres y atributos, toda cosa
creada, por el acto de la Voluntad Divina, ha sido hecha un signo de su
gloria. Tan penetrante y universal es esta revelación que en todo el
universo, no puede descubrirse nada que no refleje su esplendor. En tales
circunstancias toda consideración de proximidad o lejanía es
eliminada.... Si la Mano del poder divino despojara a todas las cosas
creadas de este elevado don, todo el universo quedaría desolado y vacío.

    ¡Ve cuán inmensamente glorificado es el Señor, tu Dios, sobre todas
las cosas creadas! Atestigua la majestad de su soberanía, su ascendiente,
y supremo poder. Si las cosas que han sido creadas por Él -magnificada
sea su Gloria- y dispuestas para ser manifestaciones de sus nombres y
atributos, por virtud de la gracia con la cual han sido dotadas, están
exaltadas mucho más allá de toda proximidad o lejanía, ¿cuánto más
elevada debe ser aquella Esencia Divina que les ha llamado a existir?...

    Medita sobre lo que el poeta ha escrito: "No os sorprendáis, si mi
Bienamado está más cerca de mí que mi propio yo; maravillas de que, a
pesar de tal proximidad, esté yo todavía tan lejos de Él"....
Considerando lo que Dios ha revelado, que "Nosotros estamos más cerca del
hombre que su vena vital", el poeta, aludiendo a este verso, ha declarado
que, aun cuando la revelación de mi Bienamado ha impregnado a tal punto
mi ser que Él está más cerca de mí que mi vena vital, sin embargo, a
pesar de mi certeza de su realidad y mi reconocimiento de mi estado, me
encuentro todavía tan lejos de Él. Con esto quiere decir que su corazón,
que es el asiento del Todo Misericordioso y el trono donde habita el
esplendor de su revelación, ha olvidado a su Creador, se ha desviado de
su sendero, se ha apartado de su gloria y está manchado con la corrupción
de deseos terrenales.

    Debe recordarse en cuanto a esto, que Dios único y verdadero es en
sí exaltado más allá de toda proximidad y lejanía y por encima de ellas.
Su realidad trasciende tales limitaciones. Su relación con sus criaturas
no comprende grados. Que algunas estén cerca y otras lejos, debe
atribuirse a las manifestaciones mismas.

    Que el corazón es el trono en que la Revelación de Dios, el Todo
Misericordioso, está centrada, lo atestiguan las sagradas palabras que
hemos revelado anteriormente. Entre ellas está este dicho: "Cielo y
tierra, no me pueden contener; lo único que puede contenerme es el
corazón de aquel que cree en mí y es fiel a mi Causa". Cuán a menudo ha
errado el corazón humano -que es el recipiente de la luz de Dios y el
asiento de la revelación del Todo Misericordioso- de Aquel quien es la
Fuente de esa luz y el Manantial de esa revelación. Es la rebeldía del
corazón que lo aparta de Dios y lo condena a estar lejos de Él. Sin
embargo, aquellos corazones que son conscientes de su Presencia, están
cerca de Él y deben considerarse como que se han aproximado a su trono.

    Considera, además, cuán a menudo el hombre se olvida de sí mismo,
mientras que Dios, por su conocimiento que todo lo abarca, permanece
consciente de su criatura y continúa derramando sobre ella el manifiesto
resplandor de su gloria. Es evidente, por tanto, que en tales
circunstancias, Él está más cerca de éste que él de sí mismo.
Ciertamente, Él permanecerá siempre así, pues mientras que el Dios único
y verdadero conoce todas las cosas, percibe todas las cosas, y comprende
todas las cosas, el hombre mortal es propenso a errar, e ignora los
misterios que yacen envueltos dentro de él....

    Que nadie imagine que nuestra aseveración, que todas las cosas
creadas son signos de la revelación de Dios, quiere decir -Dios no lo
permita- que todos los hombres, sean buenos o malos, piadosos o infieles,
sean iguales a la vista de Dios. Tampoco implica que el Ser Divino -
magnificado sea su nombre y exaltada sea su gloria- sea, en ninguna
circunstancia comparable con los hombres, ni que pueda, de ningún modo,
ser asociado con sus criaturas. Tal error ha sido cometido por ciertos
insensatos que, habiendo ascendido al cielo de sus vanas fantasías, han
interpretado la Unidad Divina como que ésta significaría que todas las
cosas creadas son los signos de Dios, y que, consecuentemente, no existe
distinción alguna entre ellas. Otros les han pasado al sostener que estos
signos son pares y socios de Dios mismo. ¡Dios Misericordioso! Él, en
verdad, es único e indivisible; único en su esencia, único en sus
atributos. Todo lo demás fuera de Él, no es nada al enfrentarse a la
resplandeciente revelación de apenas uno de sus nombres, con el más tenue
indicio de su gloria; ¡cuánto menos aún, al confrontársele con su propio
Ser!

    ¡Por la rectitud de mi nombre, el Todo Misericordioso! La Pluma del
Altísimo tiembla con gran estremecimiento y está muy conmovida ante la
revelación de estas palabras. ¡Cuán exigua e insignificante es la gota
evanescente al ser comparada con las olas y movimiento del ilimitado y
eterno Océano de Dios, y cuán despreciable debe parecer todo lo
contingente y perecedero al enfrentársele a la inefable gloria del
Eterno, que no ha sido creado! Imploramos perdón de Dios, el
Todopoderoso, para aquellos que abrigan tales creencias y pronuncian
semejantes palabras. Di: ¡Oh pueblo! ¿Cómo puede ser comparada una
fantasía fugaz con Aquel que subsiste por sí mismo, y cómo puede
compararse el Creador con sus criaturas, que son tan sólo como la
escritura de su Pluma? No, más aún, su escritura excede todas las cosas y
está santificada de todas las criaturas e inmensamente exaltada sobre
ellas.

    Más aún, considera los signos de la revelación de Dios, en su
relación mutua. ¿Puede el sol, que no es sino uno de estos signos,
considerarse en igual categoría que la oscuridad? ¡Él Dios único y
verdadero es mi testigo! Ningún hombre puede creerlo, a menos que sea de
aquellos cuyos corazones son pobres y cuyos ojos han sido engañados. Di:
Consideraos a vosotros mismos. Tanto vuestras uñas como vuestros ojos son
partes de vuestro cuerpo. ¿Los consideráis de igual categoría y valor? Si
decís sí; di entonces: Verdaderamente habéis imputado con falsedad el
Señor, mi Dios, el Todo Glorioso, por cuanto cortáis unas y estimáis los
otros tan apasionadamente como a vuestra propia vida.

    De ningún modo es permisible transgredir los límites del propio
grado o posición. La integridad de cada grado y posición debe ser
preservada necesariamente. Esto significa que toda cosa creada debe ser
vista a la luz del grado o posición que se la ha ordenado ocupar.

    Sin embargo, se debe tener presente que, cuando la luz de mi
Nombre, el que Todo lo Penetra, ha derramado su resplandor sobre el
universo, todas las cosas creadas y cada una de ellas, de acuerdo con un
mandato establecido, han sido dotadas con la capacidad de ejercer una
influencia particular, y se les ha hecho poseer una virtud especial.
Considera el efecto del veneno. Aunque mortífero, posee el poder de
ejercer bajo ciertas circunstancias una influencia benéfica. La potencia
infundida en todas las cosas creadas es la consecuencia directa de la
revelación de este muy bendito Nombre. ¡Glorificado sea Aquel quien es el
Creador de todos los nombres y atributos! Arroja al fuego el árbol
podrido y seco, y permanece bajo la sombra del Árbol verde y hermoso, y
participa de su fruto.

    La gente que vive en los días de las manifestaciones de Dios, en su
mayoría ha pronunciado tales frases indecorosas. Éstas han sido
registradas incidentalmente en los Libros revelados y en las Sagradas
Escrituras.

    Es realmente un creyente en la Unidad de Dios aquel que reconoce en
todas las cosas creadas y en cada una de ellas, el signo de la revelación
de Aquel quien es la Verdad Eterna, y no aquel que sostiene que la
criatura no se distingue del Creador.

    Considera, por ejemplo, la revelación de la luz del Nombre de Dios,
el Educador. Ve cómo son manifiestas las pruebas de tal revelación en
todas las cosas, cómo el mejoramiento de todos los seres depende de ella.
Esta educación es de dos clases. Una es universal. Su influencia penetra
todas las cosas y las sostiene. Por esta razón Dios ha asumido el título:
"Señor de todos los mundos". La otra está limitada a quienes se han
cobijado bajo la sombra de este Nombre y han buscado la protección de
esta poderosísima Revelación. Quienes, sin embargo, no han buscado esta
protección, se han privado de este privilegio y son incapaces de
beneficiarse con el sustento espiritual que ha sido enviado por la gracia
celestial de éste, el Más Grande Nombre. ¡Cuán profundo es el abismo que
separa al uno del otro! Si se levantara el velo, y se manifestara la
gloria plena de la posición de aquellos que se han vuelto completamente
hacia Dios y han renunciado al mundo en su amor por Él, toda la creación
quedaría atónita. El verdadero creyente en la Unidad de Dios, como ya se
ha explicado, reconocerá, tanto en el creyente como en el incrédulo, las
pruebas de la revelación de estos dos Nombres. Si esta revelación fuera
removida todo perecería.

    Igualmente, considera la revelación de la luz del Nombre de Dios,
el Incomparable. Ve cómo esta luz ha envuelto a toda la creación, cómo
cada cosa creada manifiesta el signo de su Unidad, atestigua la realidad
de Aquel quien es la Verdad Eterna, proclama su soberanía, su unicidad y
su poder. Esta revelación es una muestra de su misericordia, que envuelve
a todas las cosas creadas. Sin embargo, aquellos que han unido socios a
Él, no tienen conocimiento de tal revelación y están privados de la Fe
mediante la cual pueden acercarse y unirse a Él. Mira cómo los diversos
pueblos y razas de la tierra atestiguan su unidad y reconocen su
unicidad. De no ser por el signo, dentro de ellos, de la Unidad de Dios,
nunca hubieran reconocido la verdad de las palabras "No hay otro Dios
sino Dios". Y, no obstante, considera cuán penosamente han errado y se
han desviado de su sendero. Por cuanto no han reconocido al Soberano
Revelador, han dejado de ser contados entre aquellos que pueden ser
considerados verdaderos creyentes en la Unidad de Dios.

    Este signo de la revelación del Ser Divino en aquellos que han
unido socios a Él, puede ser considerado en un sentido como un reflejo de
la gloria con que son iluminados los fieles. Sin embargo, nadie puede
comprender esta verdad, salvo los hombres dotados de entendimiento.
Aquellos que en verdad han reconocido la Unidad de Dios deberían ser
considerados como las manifestaciones primordiales de este Nombre. Son
ellos quienes han bebido el vino de la Unidad Divina, de la copa que las
manos de Dios les ha ofrecido, y han vuelto sus rostros hacia Él. ¡Cuán
enorme es la distancia que separa a estos seres santificados de aquellos
hombres que están tan lejos de Dios!...

    Dios conceda que, con visión penetrante, puedas percibir, en todas
las cosas, el signo de la revelación de Aquel quien es el Antiguo Rey, y
reconocer cuán exaltado y santificado de toda la creación es aquel
santísimo y sagrado Ser. Esto, en verdad, es la raíz y la esencia misma
de la creencia en la unidad y singularidad de Dios. "Dios estaba solo, no
había nadie fuera de Él". Él es ahora, lo que siempre ha sido. No hay
otro Dios sino Él, el Uno, el Incomparable, el Todopoderoso, el Más
Exaltado, el Más Grande.

    XCIV. Y ahora, respecto de tu referencia a la existencia de dos
Dioses. ¡Cuidado, cuidado!, que no seas llevado a unir socios al Señor,
tu Dios. Él es, y ha sido desde siempre, uno y solo, sin par o igual,
eterno en el pasado, eterno en el futuro, separado de todas las cosas,
siempre existente, inmutable, y subsistente de sí mismo. Él no ha
designado a ningún asociado para sí en su Reino, a ningún consejero para
que le aconseje, a nadie que pueda compararse a Él, nadie que rivalice su
gloria. Todos los átomos del universo atestiguan esto, y más allá de
ellos, los moradores de los reinos en lo alto, quienes ocupan las más
exaltadas posiciones, y cuyos nombres son recordados ante el Trono de
Gloria.

    Atestigua en lo íntimo de tu corazón este testimonio que Dios mismo
ha pronunciado para sí, que no hay otro Dios sino Él, que todo fuera de
Él ha sido creado por su mandato, modelado por su consentimiento, está
sujeto a su ley, es como una cosa olvidada cuando se le compara con las
gloriosas muestras de su unicidad, y es como nada cuando se le enfrenta a
las poderosas revelaciones de su unidad.

    Él, ciertamente, ha sido, a través de la eternidad, único en su
Esencia, único en sus atributos, único en sus obras. Toda comparación es
sólo aplicable a sus criaturas, y todas las ideas de asociación son
conceptos que pertenecen solamente a aquellos que le sirven. Su Esencia
es inmensamente exaltada por encima de las descripciones de sus
criaturas. Él solo ocupa la Sede de majestad trascendente, de suprema e
inaccesible gloria. El ave del corazón humano, por muy alto que se
remonte, nunca podrá esperar alcanzar las alturas de su incognoscible
Esencia. Es Él quien ha llamado a existir a toda la creación, quien ha
hecho que cada cosa tome vida por su mandato. ¿Debe, entonces, lo que ha
nacido en virtud de la palabra que su Pluma ha revelado, la que ha
dirigido el dedo de su Voluntad ser considerado como su asociado, o como
una personificación de su Ser? Lejos sea de su gloria, que la pluma o la
lengua del hombre haga alusión a su misterio, o que el corazón humano
conciba su Esencia. Todos fuera de Él, se encuentran pobres y desolados
delante de su puerta, todos son impotentes ante la grandeza de su poder,
y todos no son más que esclavos en su Reino. Él es lo suficientemente
rico como para prescindir de todas sus criaturas.

    El lazo de servidumbre establecido entre el que adora y el Adorado,
entre la criatura y el Creador, debería ser considerado, en sí mismo,
como una prueba de su bondadoso favor hacia los hombres, y no como una
indicación de algún mérito que pudieran tener. Esto lo atestigua todo
creyente verdadero y discernidor.

    XCV. Sabe que, de acuerdo con lo que tu Señor, el Señor de todos
los hombres, ha prescrito en su libro, los favores conferidos por Él a la
humanidad han sido y siempre serán ilimitados en su alcance. EL primero y
más sobresaliente de estos favores que el Todopoderoso ha otorgado a los
hombres, es el don del entendimiento. Su objetivo al conferir dicho don,
no ha sido sino capacitar a su criatura para conocer y reconocer al Dios
único y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Este don da al hombre el
poder de discernir la verdad en todas las cosas, lo conduce hacia aquello
que es justo y le ayuda a descubrir los secretos de la creación. Próximo
en importancia es el poder de la visión, el instrumento principal
mediante el cual su entendimiento puede funcionar. Los sentidos del oído,
del corazón y otros similares deben, de igual manera, ser considerados
entre los dones con que ha sido dotado el cuerpo humano. Inmensamente
exaltado es el Todopoderoso, quien ha creado estos poderes y los ha
revelado en el cuerpo del hombre.

    Cada uno de estos dones es una muestra indudable de la majestad, el
poder, el ascendiente, el conocimiento que todo lo abarca del Dios único
y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Considera el sentido del tacto.
Atestigua cómo se ha extendido su poder sobre todo el cuerpo humano.
Mientras que los sentidos de la vista y oído están localizados cada uno
en un centro particular, el sentido del tacto abarca todo el cuerpo
humano. ¡Glorificado sea su poder, magnificada sea su soberanía!

    Estos dones están inherentes en el hombre mismo. Aquel que
predomina sobre todos los demás dones, que es incorruptible en su
naturaleza y que pertenece sólo a Dios mismo, es el don de la Revelación
Divina. Toda dádiva conferida al hombre por el Creador, ya sea material o
espiritual, está subordinada a ésta. En su esencia es, y siempre será, el
Pan que desciende del cielo. Es el supremo testimonio de Dios, la más
clara demostración de su verdad, el signo de su plena generosidad, la
señal de su misericordia que todo lo abarca, la prueba de su muy amorosa
providencia, el símbolo de su perfecta gracia. Verdaderamente ha
participado de este grandioso don de Dios, quien haya reconocido a su
Manifestación en este Día.

    Da gracias a tu Señor por haberte otorgado tan grandiosa dádiva.
Levanta tu voz y di: ¡Toda alabanza sea para ti, oh Tú, el Deseo de todo
corazón comprensivo!

    XCVI. La Pluma del Altísimo llama sin cesar; y sin embargo, ¡cuán
pocos son los que han prestado oído a su voz! Los moradores del reino de
los nombres se han ocupado con la alegre vestimenta de este mundo,
olvidando que todo hombre que tiene ojos para percibir y oídos para
escuchar no puede sino reconocer cuán fugaces son sus colores.

    Una nueva vida se agita, en esta época, dentro de todos los pueblos
de la tierra; y sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni comprendido
su motivo. Considerad los pueblos de Occidente. Mirad cómo, en su
búsqueda de lo vano y trivial, han sacrificado y siguen sacrificando
incontables vidas por el establecimiento y la promoción de ello. Por otra
parte, los pueblos de Persia, aun cuando son el repositorio de una clara
y luminosa Revelación, la gloria de cuya grandeza y renombre ha abarcado
el mundo entero, están desalentados y sumidos en un profundo letargo.

    ¡Oh amigos! No descuidéis las virtudes con que habéis sido dotados,
ni seáis negligentes con vuestro alto destino. No permitáis que vuestros
esfuerzos se pierdan a causa de las vanas imaginaciones que algunos
corazones han ideado. Sois las estrellas del cielo del entendimiento, la
brisa que sopla al amanecer, las fluyentes aguas de las cuales debe
depender la vida misma de todos los hombres, las letras inscritas en Su
pergamino sagrado. Con la mayor unidad y con un espíritu de perfecta
fraternidad, esforzaos a fin de que podáis alcanzar aquello que es digno
de este Día de Dios. Ciertamente os digo, contiendas, disensiones y
cualquier otra cosa que la mente del hombre detesta, es indigno de su
posición. Centrad vuestras energías en la propagación de la Fe de Dios.
Quien sea digno de vocación tan elevada, que se levante y la promueva.
Quien sea incapaz de hacerlo, tiene el deber de designar a quien, en su
lugar, haya de proclamar esta Revelación, cuya fuerza ha hecho temblar
las más poderosas estructuras, ha reducido a polvo todas las montañas y
ha anonadado a todas las almas. Si la grandeza de este Día fuera revelada
en toda su amplitud, todo ser humano abandonaría una miríada de vidas en
su anhelo de participar, aunque sólo fuera por un momento, de su gran
gloria, cuánto más este mundo y sus tesoros corruptibles.

    Dejaos guiar por la sabiduría en todas vuestras acciones y aferraos
tenazmente a ella. Quiera Dios que todos seáis fortalecidos para llevar a
cabo aquello que es la Voluntad de Dios, y que seáis ayudados
benévolamente a apreciar el grado conferido a aquellos de sus amados que
se han levantado para servirle a Él y magnificar su nombre. Sobre ellos
sea la gloria de Dios, la gloria de todo lo que está en los cielos y todo
lo que está en la tierra, y la gloria de los moradores del más exaltado
Paraíso, el cielo de los cielos.

    XCVII. Considera las dudas que aquellos que han unido socios a
Dios, han instilado en el corazón de la gente de esta tierra.
Preguntaron: "¿Es posible que el cobre sea transmutado en oro?" Di: Sí,
por mi Señor, es posible. Su secreto, sin embargo, permanece oculto en
nuestro Conocimiento. Lo revelaremos a quien queramos. Quienquiera que
dude de nuestro poder, que pida al Señor, su Dios, que Él le descubra el
secreto y le asegure de su verdad. Que el cobre pueda ser transformado en
oro, es en sí, prueba suficiente de que el oro puede igualmente ser
transmutado en cobre, si eres de los que pueden comprender esta verdad.
Se puede hacer que cualquier mineral adquiera la densidad, forma y
sustancia de cualquier otro mineral. El conocimiento de ello está con
Nosotros en el Libro Oculto.

    XCVIII. Di: ¡Oh jefes de religiones! No peséis el Libro de Dios con
las normas y ciencias que son corrientes entre vosotros, porque el Libro
mismo es la balanza infalible establecida entre los hombres. En ésta muy
perfecta balanza debe pesarse todo lo que poseen los pueblos y razas de
la tierra, en tanto que la medida de su peso deberá ser comprobada según
sus propias normas, si lo supierais.

    El ojo de mi amorosa bondad llora amargamente por vosotros, ya que
no habéis reconocido a Aquel a quien habéis estado llamando de día y de
noche, al atardecer y de mañana. Avanza, oh pueblo, con rostros de nívea
blancura y corazones radiantes hacia el bendito lugar carmesí, desde
donde el Sadratu'l-Muntahá proclama; "¡Verdaderamente, no hay Dios fuera
de mí, el Omnipotente Protector, el que Subsiste por sí mismo!"

    ¡Oh vosotros jefes de religiones! ¿Quién de entre vosotros es el
hombre que pueda competir conmigo en visión o discernimiento? ¿Dónde se
puede encontrar quién se atreva a sostener que es mi igual en palabra o
sabiduría? ¡No, por mi Señor, el Todo Misericordioso! Cuanto hay en la
tierra perecerá; y ésta es la faz de vuestro Señor, el Todopoderoso, el
Bienamado.

    Hemos decretado, oh pueblo, que el fin más alto y último de toda
erudición sea el reconocimiento de Aquel quien es el Objeto de todo
conocimiento; y, sin embargo, reflexionad cómo habéis permitido que
vuestros conocimientos os hayan separado, como por un velo, de Aquel
quien es la Aurora de esta Luz, por quien ha sido descubierta toda cosa
oculta. Si sólo pudierais descubrir la fuente desde donde se difunde el
resplandor de esta aseveración, desecharíais los pueblos del mundo y todo
cuanto ellos poseen, y os acercaríais a esta más bendita Sede de gloria.

    Di: Éste, verdaderamente, es el cielo en que se ha atesorado el
Libro Madre, si sólo pudierais comprenderlo. Él es quien ha hecho que la
Roca clame y la Zarza Ardiente eleve su voz, sobre el Monte que se alza
en la Tierra Santa, y proclame: "¡El Reino es de Dios, el soberano Señor
de todo, el Omnipotente, el Amoroso!"

    No hemos asistido a escuela alguna, ni leído ninguna de vuestras
disertaciones. Inclinad vuestros oídos a las palabras de este Iletrado,
con las que os emplaza hacia Dios, el que Siempre Perdura. Esto para
vosotros es mejor que todos los tesoros de la tierra, si sólo lo
comprendierais.

    XCIX. La vitalidad de la fe de los hombres en Dios, se está
extinguiendo en todos los países; nada que no sea su saludable medicina
podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las
entrañas de la sociedad humana: ¿Qué otra cosa, sino el Elixir de su
potente Revelación puede limpiarla y revivirla? ¿Está dentro del poder
humano, oh Hakím, producir una transformación tan completa en los
elementos constitutivos de cualquiera de las diminutas e indivisibles
partículas de materia, como para transmutarlas en oro puro? La tarea aun
mayor de convertir fuerza satánica en poder celestial, por desconcertante
y difícil que esto parezca, es una tarea que Nosotros hemos sido
habilitados para efectuar. La Fuerza capaz de tal transformación supera
la potencia del Elíxir mismo. La sola Palabra de Dios puede vindicar la
distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan
grande y trascendental.

    C. La voz del Heraldo Divino, que procede desde el Trono de Dios
declara: ¡Oh vosotros, mis amados! No permitáis que la orla de mi sagrada
vestidura sea mancillada y enlodada con las cosas de este mundo, y no
sigáis las instigaciones de vuestros deseos malos y corruptos. La Aurora
de la Revelación Divina, que brilla en la plenitud de su gloria en el
cielo de esta Prisión, es mi testigo. Aquellos cuyos corazones están
vueltos hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de toda la
creación deben necesariamente, en este Día, trascender todas las cosas
creadas, visibles e invisibles y estar santificados de ellas. Si se
levantan para enseñar mi Causa, deben permitir que el hálito de Aquel
quien es el Irrestringido les anime, y deben difundirla por toda la
tierra con gran determinación, con mentes completamente centradas en Él y
con corazones totalmente desprendidos de todas las cosas e independientes
de ellas, y con almas santificadas de este mundo y de sus vanidades. Les
incumbe escoger como mejor provisión para sus viajes, la confianza en
Dios y ataviarse con el amor de su Señor, el Más Exaltado, el Todo
Glorioso. Si así lo hacen, sus palabras tendrán influencia sobre sus
oyentes.

    ¡Cuán grande, cuán inmensamente grande es el abismo que nos separa
de aquellos que, en este Día, están ocupados con sus pasiones mundanas, y
han puesto sus esperanzas en las cosas de la tierra y su efímera gloria!
Muchas veces, la corte del Todo Misericordioso, parecía tan desprovista
exteriormente de la riqueza de este mundo, que aquellos que vivían en
íntima asociación con Él sufrían penosa indigencia. A pesar de sus
padecimientos, la Pluma del Altísimo no ha deseado en ningún momento
referirse, ni hacer la más ligera alusión, a las cosas que pertenecen a
este mundo y a sus tesoros. Y si alguna vez le era presentado algún
obsequio, éste era aceptado, como una muestra de su gracia hacia quien se
lo ofrecía. Si alguna vez quisiéramos apropiarnos, para nuestro uso, de
todos los tesoros de la tierra, a nadie se le ha dado el derecho de
objetar nuestra autoridad o desafiar nuestro derecho. Sería imposible
concebir una acción más despreciable que solicitar, en nombre del Dios
único y verdadero, las riquezas que poseen los hombres.

    Te incumbe a ti y a los seguidores de Aquel que es la Verdad
Eterna, llamar a los hombres a todo lo que les santifique del apego a las
cosas de la tierra y que les purifique de su contaminación, para que el
dulce aroma de las vestiduras del Todo Glorioso pueda ser aspirado de
todos aquellos que le aman.

    Sin embargo, los que poseen riquezas, deben tener la mayor
consideración para con los pobres, ya que grande es el honor destinado
por Dios para los pobres que son firmes en paciencia. ¡Por mi vida! No
hay otro honor, fuera del que Dios desee conceder, que pueda compararse
con este honor. Grande es la bienaventuranza que espera a los pobres que
soporten pacientemente y encubran sus padecimientos y venturosos son los
ricos que donen riquezas a los necesitados y los prefieran a ellos antes
que a sí mismos.

    Conceda Dios que los pobres se esfuercen y luchen para ganar los
medios de subsistencia. Éste es un deber que ha sido prescrito para todos
en ésta, la más grande Revelación, y es considerado a la vista de Dios
como una buena acción. Quienquiera que cumpla con este deber, ciertamente
recibirá ayuda del Invisible. Él puede enriquecer mediante su gracia a
quienquiera Él desee. Verdaderamente, Él tiene poder sobre todas las
cosas....

    Oh 'Alí, di a los amados de Dios que la equidad es la más
fundamental de las virtudes humanas. La evaluación de todas las cosas
debe depender necesariamente de ella. Medita un momento sobre las
calamidades y aflicciones que este Prisionero ha soportado. Toda mi vida
he estado a la merced de mis enemigos, y he sufrido cada día una nueva
tribulación en el sendero del amor de Dios. He perseverado pacientemente
hasta que la fama de la Causa de Dios se hubo difundido sobre la tierra.
Si ahora alguien se levantara, incitado por las vanas imaginaciones que
su corazón haya forjado, y se esforzara en sembrar abierta o secretamente
las semillas de la disensión entre los hombres, ¿se puede decir que
semejante hombre ha obrado con equidad? ¡No, por Aquel, cuyo poder se
extiende sobre todas las cosas! ¡Por mi vida! Mi corazón gime y mis ojos
lloran penosamente por la Causa de Dios y por aquellos que no entienden
lo que dicen e imaginan lo que no pueden comprender.

    Conviene a todos los hombres en este Día asirse firmemente del Más
Grande Nombre y establecer la unidad de toda la humanidad. No hay donde
huir, ni refugio que nadie pueda buscar sino Él. Si algún hombre fuera
llevado a pronunciar palabras que hicieran al pueblo apartarse de las
costas del ilimitado océano de Dios, y fijar sus corazones en cualquier
cosa fuera de su Ser glorioso y manifiesto -que ha tomado una forma
sujeta a las limitaciones humanas- este hombre, por muy elevada que sea
la posición que ocupe, será denunciado por toda la creación como alguien
que se ha privado de las dulces fragancias del Todo Misericordioso.

    Di: ¡Sed equitativos en vuestro juicio, oh hombres de corazón
comprensivo! Aquel que es injusto en su juicio carece de las
características que distinguen la posición del hombre. Aquel quien es la
Verdad Eterna conoce bien lo que ocultan los pechos de los hombres. Su
longanimidad ha envalentonado a sus criaturas, por cuanto, hasta que no
llegue el tiempo señalado, Él no rasgará ningún velo. Su incomparable
misericordia ha reprimido la furia de su cólera y ha hecho imaginar a la
mayoría de los hombres que el Dios único y verdadero no sabe lo que han
cometido secretamente. ¡Por Aquel quien es el Omnisapiente, el Conocedor
de Todo. El espejo de su conocimiento refleja con absoluta claridad,
precisión y fidelidad las acciones de todos los hombres. Di: ¡La loanza a
ti, oh Encubridor de los pecados de los débiles y desamparados!
¡Magnificado sea tu nombre, oh Tú que perdonas a los negligentes que te
ofenden!

    Hemos prohibido a los hombres que sigan las imaginaciones de sus
corazones, para que puedan reconocer a Aquel quien es la soberana Fuente
y el Objeto de todo conocimiento y aceptar todo lo que Él desee revelar.
Mira cómo se han enredado en sus vanas fantasías y ociosas imaginaciones.
¡Por mi Vida! Ellos mismos son las víctimas de aquello que sus propios
corazones han forjado y, no obstante, no pueden percibirlo. Vana e inútil
es la palabra de sus labios y, sin embargo, no lo comprenden.

    Imploramos a Dios que otorgue benévolamente su gracia a todos los
hombres y les capacite para lograr conocimiento de Él y de sí mismos.
¡Por mi vida! Quienquiera que le haya conocido se remontará en la
inmensidad de su amor y se desligará del mundo y de todo lo que hay en
él. Nada en esta tierra le desviará de su camino, menos aún los que
impulsados por sus vanas imaginaciones, dicen lo que Dios ha prohibido.

    Di: Éste es el Día, en que todo oído necesariamente debe prestar
atención a su voz. Escuchad el Llamado de este Agraviado y magnificad el
nombre del Dios único y verdadero, adornaos con el ornamento de su
recuerdo e iluminad vuestros corazones con la luz de su amor. Ésta es la
llave que abre el corazón de los hombres, el bruñidor que limpiará el
alma de todos los seres. Aquel que descuida lo que mana de los dedos de
la Voluntad de Dios, vive en error evidente. Amistad y rectitud de
conducta, y no disensión y maldad, son las señales de la verdadera fe.

    Proclama a los hombres lo que Aquel quien habla la verdad y es el
Fideicomisario de Dios te ha ordenado observar. Mi gloria sea contigo, oh
tú que invocas mi nombre, que diriges tu mirada hacia mi corte y que
expresas con tu lengua la alabanza de tu Señor, el Benéfico.

    CI. El propósito que fundamenta la revelación de todo Libro
sagrado, aun más, de todo verso divinamente revelado, es dotar a los
hombres de rectitud y entendimiento para que la paz y tranquilidad puedan
ser establecidas firmemente entre ellos. Todo lo que infunda confianza en
los corazones de los hombres, y todo lo que enaltezca su posición o
promueva su contento es aceptable a la vista de Dios. ¡Cuán elevada es la
posición que el hombre puede alcanzar, si sólo eligiera cumplir con su
alto destino! A qué profundidades de degradación puede hundirse,
profundidades que ni la más vil de las criaturas jamás ha alcanzado!
Asid, oh amigos, la oportunidad que este Día os ofrece, y no os privéis
de las generosas efusiones de su gracia. Imploro a Dios que benévolamente
permita a cada uno de vosotros, en este sagrado Día, adornaros con el
ornamento de acciones puras y santas. Él, en verdad, hace todo lo que sea
su voluntad.

    CII. Poned oído atento, oh pueblo, a lo que Yo, en verdad, os digo.
El Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- siempre ha considerado
y continuará considerando a los corazones de los hombres como su posesión
propia y exclusiva. Todo lo demás, ya pertenezca a la tierra o al mar, ya
sea riqueza o gloria, Él lo ha legado a los reyes y gobernantes de la
tierra. Desde el principio que no tiene principio, el estandarte que
proclama las palabras "Él hace todo lo que sea su voluntad" ha sido
desplegado en todo su esplendor delante de su Manifestación. Lo que la
humanidad necesita en este día, es obediencia a aquellos que ejercen
autoridad y fiel adhesión a la cuerda de sabiduría. Los instrumentos que
son esenciales para la protección inmediata, la seguridad y paz de la
raza humana, han sido confiados en manos de los gobernantes de la
sociedad humana y están en su poder. Éste es el deseo de Dios y su
decreto.... Abrigamos la esperanza que alguno de los reyes de la tierra,
por Dios, se levante para el triunfo de este pueblo agraviado y oprimido.
Semejante soberano será exaltado y glorificado eternamente. Dios ha
prescrito a este pueblo el deber de ayudar a quienquiera les ayude,
servir sus mejores intereses y demostrarle su lealtad perdurable.
Aquellos que me siguen deben luchar en todas circunstancias para promover
el bienestar de quienquiera que se levante para el triunfo de mi Causa y
deben demostrar en todo momento su devoción y fidelidad hacia él. Feliz
el hombre que escucha mi consejo y lo observa. ¡Ay! de aquel que no
cumpla con mi deseo.

    CIII. Por medio de su lengua que dice la verdad, Dios ha
testificado en todas sus Tablas estas palabras: "Yo soy Aquel que vive en
el Reino Abhá de Gloria".

    ¡Por la rectitud de Dios! Él, desde las alturas de esta sublime,
esta santa, esta poderosa y eminente posición ve todo y oye todo, y en
esta hora proclama: Bienaventurado eres, oh Javád, por cuanto has logrado
lo que ningún hombre antes de ti ha logrado. ¡Juro por Aquel quien es la
Verdad Eterna! Por ti se han alegrado los ojos de los moradores del
Exaltado Paraíso. La gente, sin embargo, está completamente desatenta. Si
reveláramos tu posición, los corazones de los hombres quedarían
penosamente perturbados, sus pasos resbalarían, las personificaciones de
la vanagloria quedarían atónitas, y se desplomarían, y por temor de oír,
se taparían los oídos con los dedos de la negligencia.

    No te apesadumbres por causa de aquellos que se han ocupado con las
cosas de este mundo y han olvidado el recuerdo de Dios, el Más Grande.
¡Por Aquel quien es la Verdad Eterna! Se aproxima el día, cuando la
indignada ira del Todopoderoso se apoderará de ellos. Verdaderamente Él
es el Omnipotente, el que Todo Sojuzga, el Todopoderoso. Él limpiará el
mundo de la contaminación de su corrupción, y lo hará un legado para
aquellos de sus siervos que estén cerca de Él.

    Di: ¡Oh pueblo! Que polvo llene vuestras bocas y cenizas cieguen
vuestros ojos, por haber trocado al Divino José al más miserable precio.
¡Oh, qué miseria descansa sobre vosotros, que os habéis desviado tan
lejos! ¿Habéis imaginado en vuestros corazones que tenéis el poder para
aventajarle a Él y a su Causa? ¡Lejos estáis de ello! Así lo atestigua Él
mismo, el Omnipotente, el Exaltadísimo, el Más Grande.

    Pronto las ráfagas de su castigo golpearán sobre vosotros y os
cubrirá el polvo del infierno. Aquellos hombres que, habiendo acumulado
las vanidades y adornos de la tierra, se han alejado de Dios con desdén,
ellos han perdido este mundo y el mundo venidero. Dentro de poco Dios,
con la Mano del Poder, les arrancará sus posesiones y les despojará del
manto de su generosidad. Esto pronto lo atestiguarán ellos mismos. Tú
también serás testigo de ello.

    Di: ¡Oh pueblo! No dejéis que esta vida y sus falacias os engañen,
pues el mundo y todo lo que hay en él está asido firmemente en el puño de
su Voluntad. Él concede su favor a quien Él quiera, y a quien Él quiera
se lo quita. Él hace lo que desea. Si a su vista el mundo tuviera algún
valor, Él de cierto, jamás habría permitido que sus enemigos lo
poseyeran, ni siquiera en la medida de un grano de mostaza. Sin embargo,
Él ha hecho que os enredéis en los asuntos del mundo en pago por lo que
vuestras manos han forjado en su Causa. Esto es de hecho un castigo que
vosotros por vuestra propia voluntad os habéis infligido, si sólo
pudierais comprenderlo. ¿Os regocijáis con las cosas que, de acuerdo con
el juicio de Dios, son despreciables e indignas, cosas con que Él pone a
prueba los corazones de los que dudan?

    CIV. ¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed en verdad que una
calamidad imprevista os sigue, y os espera un doloroso castigo. No
penséis que las acciones que habéis cometido han sido ocultas a mi vista.  
¡Por mi belleza! Todas vuestras acciones han sido grabadas por mi Pluma,
con caracteres claros sobre tablas de crisolita.

    CV. ¡Oh reyes de la tierra! Ha venido Aquel quien es el soberano
Señor de todo. El Reino es de Dios, el Protector omnipotente, el que
Subsiste por sí mismo. No adoréis a nadie sino a Dios, y con corazones
radiantes alzad vuestros rostros hacia vuestro Señor, Señor de todos los
nombres. Ésta es una Revelación con la cual nada que poseéis podrá ser
jamás comparada, silo supierais.

    Vemos cómo os regocijáis por lo que habéis acumulado para otros,
excluyéndoos de los mundos que sólo mi Tabla guardada puede calcular. Los
tesoros que habéis acumulado os han alejado inmensamente de vuestro
objetivo último. Esto es indigno de vosotros, si sólo pudieseis
comprenderlo. Limpiad vuestros corazones de toda suciedad terrenal, y
apresuraos a entrar en el Reino de vuestra Señor, Creador del cielo y de
la tierra, quien hizo temblar al mundo y que se lamentaran todos sus
pueblos, salvo aquellos que han renunciado a todo, aferrándose a lo que
la Tabla Oculta ha ordenado.

    Éste es el Día en que Aquel quien conversó con Dios ha alcanzado la
luz del Antiguo de los Días y bebido las aguas puras de la reunión, de
esta Copa que ha hecho crecer los mares. Di: ¡Por el Dios único y
verdadero! Sinaí gira en torno a la Aurora de la Revelación, en tanto que
de las alturas del Reino se oye la Voz del Espíritu de Dios que proclama:
"Moveos, oh vosotros los orgullosos de la tierra e id presurosos hacia
Él." El Carmelo, en este Día, se ha apresurado en vehemente adoración
para alcanzar su corte, mientras que el corazón de Sión proclama: "La
Promesa está cumplida. Aquello que había sido anunciado en la Santa
Escritura de Dios, el Más Exaltado, el Todopoderoso, el Bienamado, se ha
hecho manifiesto."

    ¡Oh reyes de la tierra! La Más Grande Ley ha sido revelada en este
lugar, en este escenario de trascendente esplendor. Toda cosa oculta ha
sido descubierta, en virtud de la Voluntad del Supremo Ordenador, Aquel
que ha anunciado la Hora Final, por quien la Luna ha sido hendida, y
expuesto todo decreto irrevocable.

    ¡No sois más que vasallos, oh reyes de la tierra! Aquel quien es el
Rey de Reyes ha aparecido, ataviado con su muy maravillosa gloria, y os
emplaza ante sí, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí
mismo. Estad atentos, no sea que el orgullo os impida reconocer la Fuente
de la Revelación; no sea que las cosas del mundo como un velo os separen
de Aquel quien es el Creador del cielo. Levantaos y servid a Aquel quien
es el Deseo de todas las naciones, quien os ha creado mediante una
palabra suya, y ha ordenado que seáis, para siempre, los emblemas de su
soberanía.

    ¡Por la rectitud de Dios! No es nuestro deseo adueñarnos de
vuestros reinos. Nuestra misión es tomar y poseer los corazones de los
hombres. En ellos están puestos los ojos de Bahá. De esto da testimonio
el Reino de los Nombres, si pudierais comprenderlo. Quienquiera que siga
a su Señor, renunciará al mundo y a todo cuanto hay en él; ¡cuánto mayor
entonces, ha de ser el desprendimiento de Aquel quien ocupa tan augusta
posición! Abandonad vuestros palacios y apresuraos para que seáis
admitidos en su Reino. Esto, en verdad, os aprovechará tanto en este
mundo como en el venidero. Esto lo atestigua el Señor del reino en lo
alto, si lo supierais.

    ¡Cuán grande la bienaventuranza que espera al rey que se levanta
para ayudar a mi Causa en mi Reino, y se desprenda de todo menos de mí!
Tal rey se cuenta entre los compañeros del Arca Carmesí, Arca que Dios ha
preparado para el pueblo de Bahá. Todos deben glorificar su nombre,
reverenciar su posición y ayudarle a abrir las puertas de las ciudades
con las llaves de mi Nombre, el omnipotente Protector de todos los que
habitan los reinos visibles e invisibles. Tal rey es el ojo mismo de la
humanidad, el luminoso ornamento de la frente de la creación, la fuente
de bendiciones para el mundo entero. Oh pueblo de Bahá, ofrendad en su
ayuda vuestros bienes, es más, vuestra vida misma.

    CVI. El Médico Omnisciente tiene puesto su dedo en el pulso de la
humanidad. Percibe la enfermedad y en su infalible sabiduría prescribe el
remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración
particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones
actuales no puede ser nunca el mismo que el que pueda requerir una edad
siguiente. Preocupaos fervientemente con las necesidades de la edad en
que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y
requerimientos.

    Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de
grandes, de incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho
de enfermos, severamente atribulada y desilusionada. Los que están
embriagados con egoísmo vanidoso se han interpuesto entre ella y el
divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los
hombres y a sí mismos en la red de sus artificios. No pueden ni descubrir
la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen ningún conocimiento del
remedio. Han concebido que lo recto es torcido, y han imaginado que su
amigo es un enemigo.

    Prestad oídos a la dulce melodía de este Prisionero. Levantaos y
dejad oír vuestras voces, para que quizás aquellos que están
profundamente dormidos puedan ser despertados. Di: ¡Oh vosotros que
estáis como muertos! La Mano de la generosidad divina os brinda el Agua
de Vida. Apresuraos y tomad lo que podáis. Quien haya nacido de nuevo en
este Día, nunca morirá; quien permanezca muerto nunca vivirá.

    CVII. Aquel quien es vuestro Señor, el Todo Misericordioso, atesora
en su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una alma y un
cuerpo. Apresuraos en ganar vuestra porción de la bondadosa gracia y
misericordia de Dios, en este Día que eclipsa todos los otros Días
creados. ¡Cuán grande es la felicidad que espera al hombre que abandona
todo lo que posee en su deseo por obtener las cosas de Dios! Atestiguamos
que tal hombre está entre los venturosos de Dios.

    CVIII. Tenemos un tiempo fijo para vosotros, oh pueblos. Si a la
hora señalada no os volvéis hacia Dios, Él en verdad os asirá
violentamente y hará que penosas aflicciones os acosen de todas
direcciones ¡Cuán severo es, en verdad, el castigo con que entonces os
castigará vuestro Señor!


    CIX. ¡Oh Kamál! Las alturas que puede lograr el hombre mortal en
este Día, mediante el munífico favor de Dios, aún no han sido reveladas a
su vista. El mundo de la existencia nunca ha tenido, ni posee todavía la
capacidad para tal revelación. Sin embargo, se aproxima el día en que las
potencialidades de tan grandioso favor, por virtud de su mandato, serán
manifestadas a los hombres. Aun si las fuerzas de las naciones se
alinearan contra Él, aun silos reyes de la tierra se aliaren para socavar
su Causa, la fuerza de su poder permanecerá inmutable. Él,
verdaderamente, habla la verdad y llama a toda la humanidad hacia el
camino de Aquel quien es el Incomparable, el Omnisciente.

    Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una
civilización en continuo progreso. EL Todopoderoso es mi testigo: Actuar
como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que
corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y
amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra. Di: ¡Oh
amigos! Bebed cuanto podáis de esta corriente cristalina que fluye por la
gracia celestial de Aquel quien es el Señor de los Nombres. Dejad que en
mi nombre, otros participen de sus aguas, para que los gobernantes de los
hombres en todos los países puedan reconocer plenamente el propósito para
el cual la Verdad Eterna ha sido revelada, y la razón por la cual ellos
mismos han sido creados.

    CX. El Gran Ser dice: ¡Oh vosotros, hijos de los hombres! El
propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es proteger
los intereses de la raza humana, promover su unidad, y estimular el
espíritu de amor y fraternidad entre los hombres. No dejéis que se
convierta en fuente de disensión y discordia, de odio y enemistad. Éste
es el Sendero recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo que sea
erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo no podrán
nunca menoscabar su resistencia, ni el transcurso de incontables siglos
podrá socavar su estructura. Nuestra esperanza es que los jefes
religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar
esta edad y rehabilitar su destino. Que tomen consejo juntos después de
haber meditado sobre sus necesidades, y suministren mediante deliberación
ferviente y plena a un mundo enfermo y penosamente afligido el remedio
que requiere.... Incumbe a quienes tienen autoridad observar moderación
en todo. Todo lo que traspase los límites de la moderación cesará de
ejercer influencia beneficiosa. Considerad, por ejemplo, cosas como la
libertad, la civilización y otras. Por muy favorablemente que hombres de
entendimiento las consideren, éstas, si son llevadas a exceso, ejercerán
influencia perniciosa sobre los hombres.... Conceda Dios que los pueblos
del mundo, como resultado de los elevados esfuerzos hechos por sus
gobernantes y los sabios y eruditos entre los hombres, sean conducidos a
reconocer lo que más les conviene. ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad
en su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo
reinarán el caos y la confusión entre los hombres? ¿Hasta cuándo agitará
la discordia la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación,
lamentablemente, soplan desde todas direcciones, y la contienda que
divide y aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de
convulsiones y caos inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto el
orden prevaleciente resulta ser deplorablemente defectuoso. Imploro a
Dios, exaltada sea su gloria, que benévolamente despierte a los pueblos
de la tierra, que conceda que el resultado de su conducta les sea
provechoso, y les ayude a realizar lo que es digno de su posición.

    CXI. ¡Oh pueblos y razas contendientes sobre la tierra! Dirigid
vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille
sobre vosotros. Reuníos y por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo
que sea fuente de discordia entre vosotros. Entonces, el resplandor del
gran Lucero del mundo envolverá a toda la tierra y sus habitantes
llegarán a ser los ciudadanos de una sola ciudad y los ocupantes de un
solo trono. Siempre, desde los primeros días de su vida, este Agraviado
no ha tenido ningún deseo más que éste ni sentirá anhelo alguno que no
sea éste. Es indudable que los pueblos del mundo de cualesquiera raza o
religión derivan su inspiración de una sola fuente celestial y son los
súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas bajo las que
viven debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la
época en que fueron reveladas. Todas ellas, excepto de unos pocos, que
son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el
reflejo de su Voluntad y Propósito. Levantaos, y armados con el poder de
la fe, despedazad a los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los
sembradores de disensión entre vosotros. Aferraos a aquello que os junte
y una. Esto es, en verdad, la más exaltada Palabra que el Libro Madre ha
enviado y revelado a vosotros. Esto lo atestigua la Lengua de Grandeza
desde su morada de gloria.

    CXII. Ved los disturbios que por muchos años han afligido a la
tierra y la perturbación que ha conmovido a sus pueblos. O ha sido
asolada por guerras, o bien, atormentada por calamidades repentinas e
imprevistas. A pesar de que el mundo está rodeado de miseria y
sufrimiento, ningún hombre se ha detenido a reflexionar cuál puede ser la
causa o fuente de ello. Cada vez que el Verdadero Consejero pronunciaba
una palabra en amonestación, he aquí que todos le denunciaban como autor
de maldad y rechazaban su proclamación. ¡Cuán incomprensible y
desconcertante es tal conducta! No se encuentran ni dos hombres de
quienes pueda decirse que están unidos interior y exteriormente. Las
señales de discordia y maldad son evidentes en todas partes, a pesar de
que todos fueron creados para la armonía y la unión. El Gran Ser dice:
¡Oh bienamados! El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os
miréis como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo
árbol y las hojas de una sola rama. Abrigamos la esperanza que la luz de
la justicia brille sobre el mundo y que lo purifique de la tiranía. Si
los gobernantes y reyes de la tierra, los símbolos del poder de Dios -
exaltada sea su gloria- se levantan y deciden dedicarse a lo que promueve
los más altos intereses de toda la humanidad, el reinado de la justicia,
ciertamente, será establecido entre los hijos de los hombres y el fulgor
de su luz envolverá toda la tierra. El Gran Ser dice: La estructura de la
estabilidad y el orden mundiales ha sido erigida sobre los pilares
gemelos de recompensa y castigo y continuarán siendo sostenidas por
ellos. En otro pasaje Él ha escrito: ¡Prestad atención, oh concurso de
gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en
su poder conquistador a la fuerza de justicia y sabiduría....
Bienaventurado es el rey que marcha con la insignia de la sabiduría
desplegada al frente y con los batallones de la justicia alineados detrás
de él. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el
semblante de la seguridad. No hay ninguna duda que si el sol de la
justicia que las nubes de la tiranía han oscurecido derramara su luz
sobre los hombres, la faz de la tierra sería completamente transformada.

    CXIII. ¿Imaginas, oh Ministro del Sháh en la Ciudad
(Constantinopla), que Yo tengo en mis manos el destino final de la Causa
de Dios? ¿Piensas que mi encarcelamiento o la vergüenza que he tenido que
soportar, o aun mi muerte y completa aniquilación, pueden desviar su
curso? ¡Miserable es lo que has imaginado en tu corazón! Tú eres
ciertamente de aquellos que siguen las vanas imaginaciones que forjan sus
corazones. No hay Dios sino Él. Potente es Él para manifestar su Causa, y
para exaltar su testimonio, y para establecer todo lo que sea su
Voluntad, y para elevarla a una posición tan eminente que ni tus propias
manos ni las de los que se han apartado de Él no podrán jamás tocar o
dañarla.

    ¿Crees que tú tienes el poder de frustrar su Voluntad, de impedirle
ejecutar su juicio o de no dejarle ejercer su soberanía? ¿Pretendes tú
que algo en los cielos o en la tierra pueda resistir su Fe? ¡No, por
Aquel quien es la Verdad Eterna! Nada, en toda la creación, puede
desbaratar su Propósito. Desecha, por tanto, la vana presunción que
Sigues, pues la mera presunción no podrá jamás tomar el lugar de la
verdad. Sé tú de aquellos que de verdad se han arrepentido y han vuelto a
Dios, el Dios que te ha creado, que te ha alimentado y que te ha hecho un
ministro entre los que profesan tu fe.

    Sabe además que Él es quien, por su propio deseo ha creado todo lo
que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. ¿Cómo puede,
entonces, lo que ha sido creado por su mandato, vencerle a Él? ¡Muy
exaltado es Dios sobre lo que vosotros podéis imaginar de Él, vosotros
pueblo de malicia! Si esta Causa es de Dios ningún hombre puede
derrotarla; y si no es de Dios, los teólogos entre vosotros, los que
siguen sus deseos corruptos, y quienes se han rebelado contra Él, por
cierto, bastarían para vencerla.

    ¿No has escuchado lo que un hombre de la familia de Faraón, un
creyente, ha dicho antaño, y que Dios contó a su Apóstol, a quien Él ha
elegido sobre todos los seres humanos, ha confiado su Mensaje y ha hecho
la fuente de su misericordia hacia todos los que moran en la tierra? Él
dijo, y Él ciertamente habla la verdad: "¿Mataréis a un hombre, porque
dice mi Señor es Dios, cuando ya ha venido con pruebas de su misión? Si
es un mentiroso, sobre él será su mentira, pero si es un hombre de
verdad, al menos parte de lo que amenaza caerá sobre vosotros". Esto es
lo que Dios ha revelado a su Bienamado, en su Libro infalible.

    Y sin embargo, no habéis dado oídos a su llamado, habéis
desatendido su ley, habéis rechazado su consejo, como está registrado en
su Libro, y habéis sido de los que se han desviado lejos de Él. ¡Cuántos
son aquellos que cada año y cada mes han sido muertos a causa de
vosotros! ¡Cuán múltiples las injusticias que habéis perpetrado;
injusticias como que los ojos de la creación no han visto, que ningún
cronista jamás ha registrado! ¡Cuán numerosos los niños y criaturas que
quedaron huérfanos, y los padres que perdieron a sus hijos a causa de
vuestra crueldad, oh vosotros, los injustos! ¡Cuán a menudo la hermana se
ha desconsolado y ha llorado la muerte de su hermano, y cuántas veces la
esposa ha lamentado la desaparición de su esposo y único sostenedor!

    Vuestra iniquidad crecía cada vez más hasta que matasteis a Aquel
que nunca había quitado su vista de la faz de Dios, el Exaltadísimo, el
Más Grande. ¡Si por lo menos le hubierais muerto de la manera que los
hombres suelen matarse! Le matasteis empero en tales circunstancias que
ningún hombre ha presenciado jamás. Los cielos lloraron penosamente por
Él y las almas de aquellos que están cerca de Dios clamaron por su
aflicción. ¿No era Él un Vástago de la Antigua Casa de vuestro Profeta?
¿No se había difundido entre vosotros su fama de descendiente directo del
Apóstol? ¿Por qué, entonces, infligisteis sobre Él lo que ningún hombre,
por lejos que miréis atrás en el pasado, ha infligido sobre otro? ¡Por
Dios! ¡El ojo de la creación no ha visto a alguien como vosotros! ¡
Matáis a Aquel quien es el Vástago de la Casa de vuestro Profeta y os
regocijáis y divertís mientras estáis sentados en vuestros asientos de
honor! ¡Pronunciáis vuestras imprecaciones contra los que fueron antes de
vosotros, y que han perpetrado lo que vosotros habéis perpetrado, y
permanecéis todo el tiempo sin daros cuenta de vuestras atrocidades!

    Sed justos en vuestro juicio. ¿Aquellos a quienes maldecís, sobre
quienes invocáis el mal, actuaron en forma diferente de vosotros? ¿No han
muerto al descendiente de su Profeta así como vosotros habéis muerto al
descendiente del vuestro? ¿No es vuestra conducta similar a la de ellos?
¿Cómo, entonces, pretendéis ser diferentes de ellos, oh vosotros,
sembradores de disensión entre los hombres?

    Y cuando le quitasteis la vida, uno de sus seguidores se levantó
para vengar su muerte. Era un desconocido, y el propósito que había
concebido no fue notado por nadie. Éste, al fin, efectuó lo que fuera
preordinado. Os incumbe, por lo tanto, no culpar a nadie sino a vosotros
mismos por lo que habéis cometido, si juzgáis con rectitud. ¿Quién en
toda la tierra ha hecho lo que vosotros habéis hecho? ¡Nadie, por Aquel
quien es el Señor de todos los mundos!

    Todos los gobernantes y reyes de la tierra honran y reverencian a
los descendientes de sus profetas y santos, si sólo pudierais
comprenderlo. Vosotros, en cambio, sois responsables de hechos tales que
en ninguna época ha cometido hombre alguno. Vuestros delitos han sido la
causa de que todo corazón comprensivo se consuma de dolor. Y sin embargo,
habéis permanecido sumidos en vuestra negligencia y no habéis comprendido
la iniquidad de vuestras acciones.

    Habéis persistido en vuestro descarrío hasta que os levantasteis
contra Nosotros, aunque no habíamos hecho nada que justificara vuestra
enemistad. ¿No teméis a Dios, quien os ha creado, quien os ha modelado,
quien os ha hecho lograr vuestra fuerza y quien os ha unido con aquellos
que se han resignado a Él (musulmanes)? ¿Hasta cuándo persistiréis en
vuestro descarrío? ¿Hasta cuándo rehusaréis reflexionar? ¿Hasta cuándo no
sacudiréis vuestro letargo y os despertaréis de vuestra negligencia?
¿Hasta cuándo permaneceréis inconscientes de la verdad?

    Ponderad en vuestros corazones. A pesar de vuestro comportamiento y
de lo que vuestras manos han forjado, ¿habéis conseguido extinguir el
fuego de Dios o apagar la luz de su Revelación, una luz que ha envuelto
con su brillo a aquellos que están sumergidos en los ondulantes océanos
de la inmortalidad, y que ha atraído a las almas de los que
verdaderamente creen y sostienen su unidad? ¿No sabéis que la Mano de
Dios está por sobre vuestra mano, que su irrevocable Decreto trasciende
todas vuestras maquinaciones, que Él es supremo sobre sus siervos, que Él
es capaz de cumplir su propósito, que Él hace lo que desea, que Él no
debe ser interrogado sobre lo que es su voluntad, que Él ordena lo que le
place, que Él es el Más Poderoso, el Omnipotente? ¿Si creéis que esto es
la verdad, por qué entonces no cesáis en vuestra agitación y vivís en paz
con vosotros mismos?

    Vosotros perpetráis cada día una nueva injusticia y me tratáis como
me tratasteis en épocas pasados, aunque jamás intenté entrometerme en
vuestros asuntos. Nunca me opuse a vosotros, ni me rebelé contra vuestras
leyes. ¡He aquí que finalmente me hicisteis prisionero en esta lejana
tierra! Sin embargo, sabed ciertamente que nada que vuestras manos o las
manos de los infieles hayan forjado jamás pudo en el pasado, ni jamás
podrá en el futuro cambiar la Causa de Dios ni alterar sus
procedimientos.

    ¡Prestad atención a mi advertencia, vosotros, pueblo de Persia! Si
soy muerto por vuestras manos, de cierto, Dios levantará a alguien que
ocupará el asiento hecho vacante por mi muerte, porque tal es el método
que Dios ha llevado a efecto antaño, y no podréis encontrar cambio en el
método de proceder de Dios. ¿Tratáis de extinguir la luz de Dios que
brilla sobre su tierra? Dios está contra lo que deseáis. Él perfeccionará
su luz a pesar de que vosotros la aborrecéis en lo íntimo de vuestros
corazones.

    Detente por un momento y reflexiona, oh Ministro, y sé justo en tu
juicio. ¿Qué hemos cometido que pueda justificar que tú nos hayas
difamado ante los Ministros del Rey, que hayas seguido tus deseos,
tergiversado la verdad y expuesto tus calumnias contra Nosotros? Nunca
nos hemos conocido excepto cuando nos encontramos en la casa de tu padre
en los días en que se conmemoraba el martirio del Imán Husayn. En esas
ocasiones nadie tenía la oportunidad para hacer conocer a otros sus
opiniones o creencias ni en conversación ni en discurso. Atestiguarás la
verdad de mis palabras si eres de los veraces. No he frecuentado otras
reuniones en las que pudieras haber conocido mi pensamiento ni en que
ningún otro pudiera haberlo hecho. ¿Cómo entonces pronunciaste tu
veredicto contra mí, cuando no habías escuchado mi testimonio de mis
propios labios? ¿No has escuchado lo que Dios, exaltada sea su gloria, ha
dicho, "No digáis a nadie que os salude al encontraros: Tú no eres un
creyente". "No rechacéis a aquellos que en la mañana y en la noche
suplican a su Señor, ansiosos de contemplar su faz." ¡Tú, en verdad, has
abandonado lo que el Libro de Dios ha prescrito y no obstante consideras
que eres un creyente!

    A pesar de lo que has hecho -y de esto Dios es mi testigo- no tengo
rencor contra ti ni contra nadie, aunque de ti y de otros recibimos tal
daño que ningún creyente en la unidad de Dios podría soportar. Mi causa
no está en manos de nadie sino Dios y mi confianza no está en ningún otro
más que en Él. Dentro de poco acabarán vuestros días así como pasarán los
días de aquellos que vanaglorian con exorbitante orgullo ante sus
semejantes. ¡Pronto seréis juntados en presencia de Dios, y seréis
interrogados sobre vuestras acciones y tendréis el pago por lo que
vuestras manos han forjado y desdichada es la morada de los hacedores de
iniquidad!

    ¡Por Dios! Si pudieras darte cuenta de lo que has hecho,
seguramente llorarías tristemente por ti mismo, huirías para refugiarte
hacia Dios, te desconsolarías y te lamentarías todos los días de tu vida
hasta que Dios te perdonara, pues Él es en verdad el Más Generoso, el
Todo Munífico. Tú, sin embargo, persistirás en tu negligencia hasta la
hora de tu muerte, por cuanto tú, con todo tu corazón, tu alma y más
íntimo ser, te has ocupado con las vanidades del mundo. Tú, después de tu
partida, descubrirás lo que te hemos revelado y encontrarás todas tus
acciones registradas en el Libro, en el cual se anotan las obras de todos
los que viven en la tierra, sean éstas mayores o menores que el peso de
un átomo. Atiende, por tanto, mi consejo y escucha con el oído de tu
corazón mis palabras y no las descuides, ni seas de aquellos que rechazan
mi verdad. No te gloríes en las cosas que te han sido dadas. Pon ante tus
ojos lo que ha sido revelado en el Libro de Dios, el que Ayuda en el
Peligro, el Todo Glorioso: "Y cuando habían olvidado sus advertencias,
les abrimos las puertas de todas las cosas", así como te abrimos a ti y a
tus iguales las puertas de esta tierra y de los ornamentos de ella.
Aguarda, por tanto, lo que ha sido prometido en la última parte de este
santo verso, pues ésta es una promesa de Aquel quien es el Todopoderoso,
el Omnipotente, una promesa que no resultará ser falsa.

    No conozco el sendero que habéis escogido y que holláis, ¡oh
congregación de los que me desean el mal! ¡Os emplazamos a Dios, os
recordamos su Día, os anunciamos las nuevas de vuestra reunión con Él, os
atraemos a su corte y os enviamos señales de su maravillosa sabiduría, y
aun así, ves cómo nos rechazáis, cómo nos condenáis como a un infiel
mediante lo que vuestros labios mentirosos han pronunciado, cómo tramáis
vuestras maquinaciones contra Nosotros! Y cuando os manifestamos lo que
Dios por su munífico favor, nos ha concedido, decís "Esto no es sino
magia evidente". Las mismas palabras fueron dichas por las generaciones
anteriores a vosotros, que eran lo que sois vosotros, si sólo pudierais
comprenderlo. Con esto, os habéis privado de la munificencia de Dios y de
su gracia, y jamás las obtendréis hasta el día en que Dios haya juzgado
entre Nosotros y vosotros, y Él, ciertamente, es el mejor de los jueces.

    Algunos de entre vosotros han dicho: "Él es quien ha pretendido ser
Dios". ¡Por Dios! Ésta es una grave calumnia. No soy sino un siervo de
Dios que ha creído en Él, y en sus signos, y en sus profetas y en sus
ángeles. Mi lengua, y mi corazón, y mi ser interior y exterior atestiguan
que no hay Dios sino Él, que todos los demás han sido creados por su
mandato y modelados por la acción de su Voluntad. No hay otro Dios sino
Él, el Creador, el Resucitador de los muertos, el Vivificador, el que da
muerte. Yo soy aquel que esparce los favores con que Dios, por su
munificencia, me ha favorecido. Si ésta es mi transgresión, entonces soy
ciertamente el primero de los transgresores. Yo y mis parientes estamos a
vuestra merced. Haced lo que os plazca y no seáis de los que vacilan,
para que Yo pueda volver a Dios mi Señor, y alcanzar el lugar donde Yo no
pueda ver ya vuestras caras. Esto, verdaderamente, es mi mayor anhelo, mi
más ardiente deseo. De mi condición Dios es, ciertamente, informado,
observante.

    ¡Imagina que estás bajo los ojos de Dios, oh Ministro! Si no le
ves, en verdad, Él te ve claramente. Observa y juzga nuestra Causa con
justicia. ¿Qué hemos cometido que haya podido inducirte a levantarte
contra Nosotros, y calumniarnos ante la gente si eres de los que son
justos? Partimos de Tihrán por mandato del Rey, y con su permiso,
trasladamos nuestra residencia a 'Iráq. ¿Si hubiese transgredido contra
él, por qué entonces me liberó? ¿Si estaba libre de culpa, por qué razón
nos afligisteis con tales tribulaciones que nadie entre los que profesan
vuestra fe ha sufrido? ¿Ha sido alguna de mis acciones, después de mi
llegada a 'Iráq, tal que haya subvertido la autoridad del gobierno?
¿Quién puede decir que ha percibido algo reprensible en nuestro
comportamiento? Averigua tú mismo de su pueblo, para que puedas ser de
aquellos que han discernido la verdad.

    Durante once años vivimos en esa tierra, hasta que llegó el
Ministro que representaba a tu gobierno, cuyo nombre mi pluma abomina
mencionar, quien era dado a la bebida, quien seguía sus pasiones, y
cometía iniquidad, y era corrupto y corrompía a 'Iráq. Esto lo
atestiguarán los más de los habitantes de Baghdád, si inquirieras de
ellos y fueras de los que buscan la verdad. Fue él quien se apoderó
ilícitamente de los bienes de sus congéneres, quien abandonó todos los
mandamientos de Dios, y perpetró todo lo que Dios ha prohibido.
Finalmente, siguiendo sus deseos, se levantó contra Nosotros y caminó en
el sendero de los injustos. En su carta dirigida a ti nos acusó, y tú le
creíste y seguiste su camino, sin buscar de él ninguna prueba ni
testimonio fidedigno. No pediste ninguna explicación ni trataste de
investigar o averiguar el asunto, para que la verdad pueda ser
distinguida de la falsedad a tu vista y puedas ser claro en tu
discernimiento. Indaga tú mismo qué clase de hombre era, consultando a
los Ministros que estaban en ese tiempo en 'Iráq, como asimismo al
Gobernador de la Ciudad (Baghdád), a su primer Consejero, para que la
verdad te sea revelada y seas de los bien informados.

    ¡Dios es nuestro testigo! Nosotros, en ninguna circunstancia, hemos
demostrado oposición a él ni a otros. Observamos, en todas condiciones
los preceptos de Dios y nunca fuimos uno de aquellos que hacían
desórdenes. Esto lo atestigua él mismo. Su intención era prendernos y
enviarnos de vuelta a Persia, para poder así exaltar su fama y
reputación. Tú has cometido el mismo crimen y con el mismo propósito.
Ambos son de un mismo grado a la vista de Dios, el soberano Señor de
todo, el Omnisciente.

    No es nuestro propósito al dirigirte estas palabras aliviar el peso
de nuestra aflicción, o inducirte a interceder por Nosotros ante nadie.
¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los mundos! Hemos expuesto todo
este asunto ante ti, para que quizá te des cuenta de lo que has hecho,
desistas de infligir a otros el daño que tú nos has infligido, y seas de
aquellos que se han arrepentido verdaderamente ante Dios, quien te creó a
ti y todas las cosas y finalmente actúes con discernimiento en el futuro.
Esto es mejor para ti que todo lo que tú posees, que tu ministerio cuyos
días están contados.

    Ten cuidado, no seas inducido a tolerar la injusticia. Asienta tu
corazón sobre la justicia, y no alteres la Causa de Dios, y sé de
aquellos cuyos ojos están dirigidos hacia las cosas que han sido
reveladas en su Libro. No sigas, en ninguna circunstancia, los impulsos
de tus malos deseos. Guarda la ley de Dios, tu Señor, el Benéfico, el
Antiguo de los Días. Tú, con toda seguridad volverás al polvo y perecerás
como todas las cosas con que te deleitas. Esto lo ha dicho la Lengua de
verdad y gloria.

    ¿No recuerdas la advertencia de Dios, pronunciada en tiempos
pasados, para que seas de aquellos que acatan su advertencia? Él dijo, y
Él ciertamente, habla la verdad: "De ella (la tierra) os hemos creado y a
ella os volveremos y de ella os sacaremos una segunda vez". Esto es lo
que Dios ha ordenado para todos los que moran en la tierra, sean elevados
o humildes. No incumbe, por tanto, a quien fue creado del polvo, quien
volverá a éste, y será nuevamente sacado de él, llenado de orgullo ante
Dios y ante sus amados, menospreciarles altivamente, y estar lleno de
desdeñosa arrogancia. No, más bien te incumbe a ti y a aquellos
semejantes a ti, someteros a quienes son las manifestaciones de la unidad
de Dios, y ceder humildemente a los fieles, que han abandonado todo por
causa de Dios, y se han desprendido de las cosas que absorben la atención
de los hombres y los desvían lejos del sendero de Dios, el Todo Glorioso,
el Todo Alabado. Así os enviamos lo que os aprovechará y aprovechará a
quienes han puesto toda su fe y confianza en su Señor.

    CXIV. Escucha, oh Rey (Sultán 'Abdu'l-'Azíz) la palabra de Aquel
quien habla la verdad, quien no te pide que le recompenses con las cosas
que Dios ha escogido conferirte, quien, sin errar, holla el recto
Sendero. Él es quien te emplaza a Dios, tu Señor, quien te muestra el
rumbo correcto, el camino que lleva a la verdadera felicidad, para que
quizá seas de aquellos con quienes será el bien.

    Ten cuidado, oh Rey, no te rodees de aquellos ministros que siguen
los deseos de una inclinación corrupta, que ha desechado lo que ha sido
entregado a sus manos y traicionado manifiestamente sus
responsabilidades. Sé generoso con los demás como Dios ha sido generoso
contigo y no abandones los intereses de tu pueblo a merced de ministros
como éstos. No deseches el temor a Dios y sé de los que obran con
rectitud. Rodéate de ministros de quienes podéis percibir la fragancia de
fe y justicia, toma consejo con ellos, y escoge lo que sea lo mejor a tu
vista, y sé de los que obran con generosidad.

    Sabe con certeza que quienquiera que no crea en Dios no es digno de
confianza ni veraz. Esto es de hecho la verdad, la indudable verdad.
Quien obra traidoramente hacia Dios obrará también traidoramente hacia su
rey. Nada puede apartar a este hombre del mal, nada puede impedirle
traicionar a su prójimo, nada puede inducirle a actuar con rectitud.

    Ten cautela, no entregues las riendas de los asuntos de tu estado
en manos de otros y no pongas tu confianza en ministros indignos de tu
crédito, y no seas de aquellos que viven en negligencia. Aborrece a
aquellos cuyos corazones se han apartado de ti, no pongas tu confianza en
ellos ni les confíes tus asuntos ni los asuntos de los que profesan tu
fe. Está alerta, no sea que permitas que el lobo llegue a ser pastor del
rebaño de Dios, y no abandones el destino de sus amados a merced de los
malvados. No esperes que aquellos que violan las ordenanzas de Dios sean
veraces ni sinceros en la fe que profesan. Evítalos y mantén guardia
estricta sobre ti, no sea que sus maquinaciones y maldades te dañen.
Apártate de ellos y fija tu mirada en Dios, tu Señor, el Todo Glorioso,
el Más Generoso. Aquel que se entrega por completo a Dios, ciertamente,
Dios estará con él y aquel que pone toda su confianza en Dios,
verdaderamente, Él le protegerá de todo lo que pueda dañarle y le
escudará de la iniquidad de todo tramador de mal.

    Si pusieres oídos a mi voz y observares mi consejo, Dios te
exaltará a tan eminente posición, que los designios de ningún hombre
sobre la tierra no podrán nunca tocarte ni lastimarte. Observa, oh Rey,
con lo más íntimo de tu corazón y con todo tu ser, los preceptos de Dios
y no camines por las sendas del opresor. Toma las riendas de los asuntos
de tu pueblo y sosténlas firmes en la mano de tu poder, y examina
personalmente cualquier cosa que les concierna. Que nada se te escape,
pues en ello está el bien supremo.

    Da gracias a Dios por haberte escogido a ti del mundo entero y
haberte hecho rey de aquellos que profesan tu fe. Te corresponde apreciar
los maravillosos favores con que Dios te ha favorecido y magnificar
continuamente su nombre. Le alabarás de la mejor manera si amas a sus
amados y resguardas y proteges a sus siervos de la maldad de los
pérfidos, para que nadie los siga oprimiendo. Deberías, además,
levantarte a imponer la ley de Dios entre ellos, para que seas de
aquellos que están firmemente establecidos en su ley.

    Si tú hicieras que ríos de justicia difundieran sus aguas entre tus
súbditos, Dios de seguro te ayudaría con las huestes de lo invisible y de
lo visible, y te fortalecería en tus asuntos. No hay Dios sino Él. Toda
la creación y su imperio son suyos. A Él vuelven las obras de los fieles.

    No te confíes en tus tesoros. Pon toda tu fe en la gracia de Dios,
tu Señor. Que Él sea tu confianza en todo lo que hagas, y sé de aquellos
que se han sometido a su Voluntad. Deja que Él sea tu ayuda y enriquécete
con sus tesoros, pues con Él están los tesoros de los cielos y de la
tierra. Él los concede a quien quiere, y de quien quiere los retiene. No
hay otro Dios sino Él, el Poseedor de Todo, el Todo Alabado. Todos son
sólo indigentes ante la puerta de su Misericordia; todos son impotentes
ante la revelación de su soberanía, e imploran sus favores.

    No sobrepases los límites de la moderación, y procede justamente
con aquellos que te sirven. Dales lo que esté de acuerdo con sus
necesidades, pero no lo que les permita acumular riquezas para adornarse
a sí mismos, embellecer sus hogares, adquirir cosas que no son de ningún
beneficio para ellos, y ser contados entre los extravagantes. Procede con
ellos con justicia inflexible, de modo que ninguno sufra privación ni sea
mimado con lujos. Esto no es sino justicia manifiesta.

    No permitas que el abyecto gobierne y domine a aquellos que son
nobles y dignos de honor, y no dejes que los magnánimos estén a merced de
los despreciables e indignos, pues esto es lo que Nosotros observamos a
nuestra llegada a la Ciudad (Constantinopla), y esto lo atestiguamos.
Encontramos entre sus habitantes algunos que poseían fortuna opulenta y
vivían en medio de riquezas excesivas, en tanto que otros estaban en
penosa necesidad y pobreza miserable. Esto es impropio de tu soberanía e
indigno de tu posición.

    Que mi consejo sea aceptable para ti, y esfuérzate en gobernar con
equidad entre los hombres, para que Dios exalte tu nombre y difunda la
fama de tu justicia en todo el mundo. Ten cuidado, no sea que enriquezcas
a tus ministros a expensas de tus súbditos. Teme los suspiros de los
pobres y de los rectos de corazón, quienes al amanecer de cada día
deploran su condición, y sé para ellos un soberano benigno. Ellos, en
verdad, son tus tesoros sobre la tierra. Te atañe, por tanto, proteger
tus tesoros de los asaltos de aquellos que desean saquearte. Inquiere sus
asuntos e indaga cada año, no, más, aun, cada mes, su situación, y no
seas de aquellos que son desatentos con sus deberes.

    Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si
estuvieras en su Presencia, pesa en esa Balanza tus acciones cada día,
cada momento de tu vida. Haz un examen de conciencia antes que seas
llamado a rendir cuenta, en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza
para sostenerse por temor a Dios, en que se hará estremecer los corazones
de los desatentos.

    Incumbe a todo rey ser tan generoso como el sol, que estimula el
crecimiento de todos los seres y da a cada uno lo que merece, cuyos
beneficios no son inherentes en sí, sino que son ordenados por Aquel
quien es el Omnipotente, el Todo Poderoso. El Rey debería ser tan
generoso, tan munífico en su misericordia como las nubes, las efusiones
de cuya generosidad son derramadas sobre todas las tierras, por el
mandato de Aquel quien es el Supremo Ordenador, el Omnisapiente.

    Ten cuidado de no confiar los asuntos de tu gobierno enteramente en
manos de otro. Nadie puede cumplir tus funciones mejor que tú mismo. Así
te aclaramos nuestras palabras de sabiduría y te enviamos aquello que te
permitirá pasar de la siniestra de la opresión a la diestra de la
justicia y aproximarte al resplandeciente océano de sus favores. Así es
el sendero que los reyes que fueron antes de ti han hollado, aquellos que
actuaron equitativamente con sus súbditos y caminaron por los caminos de
inflexible justicia.

    Tú eres la sombra de Dios en la tierra. Por lo tanto, esfuérzate en
actuar de manera tal que corresponda a una posición tan augusta. Si dejas
de seguir las cosas que hemos hecho descender sobre ti y te hemos
enseñado, ciertamente menoscabarás este grande e inapreciable honor.
Vuelve entonces y aférrate enteramente a Dios, y limpia tu corazón del
mundo y todas sus vanidades, y no permitas que el amor hacia un extraño
entre y more en él. Mientras no hayas purificado tu corazón de todo
vestigio de ese amor, el brillo de la luz de Dios no podrá derramar su
resplandor sobre él, porque Dios no ha dado a nadie más que un solo
corazón. Verdaderamente, esto ha sido decretado y escrito en su antiguo
Libro. Y ya que el corazón humano, como ha sido modelado por Dios, es uno
e indiviso, te incumbe cuidar que sus afectos sean también, uno e
indivisos. Aférrate, por tanto, con todo el afecto de tu corazón a su
amor, y deslígalo del amor de cualquier otro fuera de Él, para que Él te
ayude a sumergirte en el océano de su unidad, y te permite ser un
verdadero sostenedor de su unicidad. Dios es mi testigo. Mi único
propósito al revelarte estas palabras es santificarte de las cosas
transitorias de la tierra y ayudarte a entrar en el reino de gloria
sempiterna, para que, con el consentimiento de Dios, seas de aquellos que
moran y reinan allí....

    ¡Juro por Dios, oh Rey! No es mi deseo presentar mi queja a ti
contra aquellos que me persiguen. Solamente expreso mi pena y sufrimiento
a Dios, quien me ha creado a mí y a ellos, quien conoce bien nuestra
condición y quien vigila todas las cosas. Mi deseo es advertirles las
consecuencias de sus acciones, para que quizá desistan de tratar a otros
como me han tratado a mí, y sean de aquellos que atienden mi advertencia.

    Las tribulaciones que nos han alcanzado, la privación que sufrimos,
las variadas dificultades que nos han rodeado, todas pasarán, como
pasarán asimismo, los placeres en que se regocijan y la opulencia que
disfrutan. Ésta es la verdad que ningún hombre sobre la tierra puede
rechazar. Los días en que hemos sido compelidos a habitar en el polvo
pronto se acabarán, así como los días en que ellos ocupan los asientos de
honor. Dios, de seguro, juzgará con verdad entre nosotros y ellos, y Él,
ciertamente, es el mejor de los jueces.

    Damos gracias a Dios por todo lo que nos ha acontecido, y
sobrellevamos pacientemente las cosas que Él ha ordenado en el pasado o
que ordenará en el futuro. En Él he depositado mi confianza, y a sus
manos he entregado mi Causa. Él, ciertamente, retribuirá a todos aquellos
que resisten con paciencia y ponen su confianza en Él. Suya es la
creación y su imperio. Él exalta a quien quiere, y a quien quiere Él
rebaja. A Él no se le debe pedir cuenta de sus hechos. Él,
verdaderamente, es el Todo Glorioso, el Omnipotente.

    Que tu oído sea atento, oh Rey, a las palabras que te hemos
dirigido. Haz que el opresor desista de su tiranía y separa a los
perpetradores de injusticia de entre aquellos que profesan tu fe. ¡Por la
rectitud de Dios! Las tribulaciones que hemos soportado son tales, que
cualquier pluma que las narre no puede ser sino sobrecogida por la
angustia. Ninguno de aquellos que creen de verdad en la unidad de Dios y
la mantienen, puede soportar el peso de su narración. Tan grandes han
sido nuestros sufrimientos, que hasta los ojos de nuestros enemigos han
llorado por Nosotros, y más allá de ellos, los de toda persona
discernidora. Y hemos sido sometidos a todas estas pruebas, a pesar de
nuestra acción de dirigirnos a ti y de exhortar al pueblo a entrar bajo
tu sombra, para que seas una fortaleza para los que creen en la unidad de
Dios y la mantienen.

    ¿Acaso alguna vez, oh Rey, te he desobedecido? ¿He transgredido
alguna vez alguna de tus leyes? ¿Puede alguno de los ministros que te
representaban en 'Iráq presentar alguna prueba que pueda establecer mi
deslealtad hacia ti? ¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los
mundos! Ni por un breve instante nos rebelamos contra ti ni contra
ninguno de tus ministros. Quiera Dios, nunca nos sublevaremos contra ti,
aunque seamos expuestos a pruebas más severas que ninguna que hemos
sufrido en el pasado.

    De día y de noche, en la tarde y de mañana, oramos a Dios por ti,
para que te ayude benévolamente a ser obediente hacia Él, y a observar su
mandamiento, para que te escude de las huestes de los malvados. Haz, por
tanto, como te plazca y trátanos como corresponde a tu posición y es
digno de tu soberanía. No seas negligente con la ley de Dios en todo lo
que tú desees lograr ahora o en los días por venir. Di: ¡Alabado sea
Dios, el Señor de todos los mundos!

    CXV. La Pluma de Revelación, oh Dhabíh, en la mayoría de las Tablas
divinamente reveladas, ha registrado estas palabras: Hemos amonestado a
todos los amados de Dios, que tengan cuidado, no sea que la orla de
nuestra sagrada vestidura sea manchada con la inmundicia de acciones
ilícitas o ensuciada con el polvo de una conducta reprensible. Además,
les hemos exhortado a fijar su mirada en todo lo que ha sido revelado en
nuestras Tablas. Si sus oídos interiores hubieran estado atentos a los
consejos divinos, que han brillado de la Aurora de la Pluma del Todo
Misericordioso, y si hubieran escuchado su Voz, lo más de los pueblos de
la tierra ya hubieran sido adornados con el ornamento de su guía. Empero,
lo que había sido preordinado ha ocurrido.

    Una vez más, la Lengua del Antiguo de los Días, desde ésta la Más
Grande Prisión, revela estas palabras que están registradas en este
Pergamino de nívea blancura: ¡Oh vosotros, los bienamados del Dios único
y verdadero! Pasad más allá de los estrechos retiros de vuestros deseos
malos y corruptos, y avanzad hacia la vasta inmensidad del reino de Dios,
y morad en los prados de la santidad y del desprendimiento para que la
fragancia de vuestras obras pueda guiar a toda la humanidad al océano de
la imperecedera gloria de Dios. Absteneos de ocuparos con los asuntos de
este mundo y de todo lo que pertenece a él, o de mezclaros en las
actividades de lo que son sus jefes visibles.

    El Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, ha concedido a
los reyes el gobierno del mundo. A nadie se le ha dado derecho de actuar
de una manera contraria a las opiniones consideradas de quienes tienen
autoridad. Lo que Él ha reservado para sí son las ciudades de los
corazones de los hombres; y los amados de Aquel que es la Verdad Soberana
son en este Día como las llaves de éstas. Quiera Dios, que todos ellos
sean capacitados para abrir, mediante el poder del Más Grande Nombre, las
puertas de estas ciudades. Esto es lo que significa ayudar al Dios único
y verdadero, tema a que se ha referido la Pluma de Aquel que hace que
rompa el alba en todos sus Libros y Tablas.

    Incumbe, asimismo, a los amados de Dios ser indulgentes con sus
semejantes, y ser tan santificados y desprendidos de todas las cosas, y
mostrar tal sinceridad y equidad, que todos los pueblos de la tierra
puedan reconocer que ellos son los procuradores de Dios entre los
hombres. Considera a qué elevadas alturas se han remontado los mandatos
del Todopoderoso, y cuán abyecta es la habitación donde viven estas almas
endebles. Bienaventurados son aquellos que, con las almas de la certeza
han volado en los cielos que ha desplegado la Pluma de tu Señor, el Todo
Misericordioso.

    Mira, oh Dhabíh, las obras que ha producido Dios, la Soberana
Verdad. Di tú: ¡Cuán grande, cuán intensamente grande es la fuerza de su
poder, que abarca todos los mundos! ¡Exaltado, inmensamente exaltado es
su desprendimiento, por encima del alcance y comprensión de toda la
creación! ¡Glorificada, glorificada sea su docilidad que ha derretido los
corazones de aquellos que han sido llevados cerca de Dios!

    A pesar de ser afligidos por innumerables tribulaciones, que hemos
sufrido en manos de nuestros enemigos, hemos proclamado a todos los
gobernantes de la tierra lo que Dios ha querido proclamar, para que todas
las naciones sepan que ninguna forma de aflicción, puede impedir a la
Pluma del Antiguo de los Días lograr su propósito. Su Pluma se mueve con
el permiso de Dios, quien modela los huesos podridos que se desmoronan.

    Considerando esta poderosísima empresa, incumbe a todos los que le
aman, apretarse para el esfuerzo y fijar sus pensamientos en lo que
asegure la victoria de la causa de Dios, en vez de cometer acciones viles
y despreciables. Si, por un momento, consideraras las obras y acciones
visibles de Aquel quien es la Verdad Eterna, caerías sobre el suelo y
exclamarías: ¡Oh, Tú, quien eres el Señor de los Señores! Atestiguo que
Tú eres el Señor de toda la creación, y el Educador de todos los seres
visibles e invisibles. Soy testigo que tu poder ha abarcado el universo
entero, y que las huestes de la tierra nunca podrán desalentarte, ni el
dominio de todos los pueblos y naciones podrán impedirte ejecutar tu
propósito. Confieso que Tú no tienes otro deseo sino la regeneración del
mundo entero, el establecimiento de la unidad de sus pueblos, y la
salvación de los que habitan en él.

    Reflexiona algún tiempo, y considera cómo deben conducirse quienes
son los amados de Dios, y a qué alturas deben remontarse. Ruega en todo
momento a tu Señor, el Dios de Misericordia, para que les ayude a hacer
lo que es su Voluntad. Verdaderamente Él es el Más Poderoso el Todo
Glorioso, el Omnisapiente.

    La encarcelación infligida a este Agraviado, oh Dhabíh, no le hizo
ningún daño ni podrá nunca hacerlo; tampoco podrán la pérdida de todos
sus bienes terrenales, su exilio, ni aun su martirio y aparente
humillación, causarle ningún perjuicio. Lo que puede perjudicarle son las
acciones malas que cometan los amados de Dios, y que le imputen a Él
quien es la Soberana Verdad. Ésta es la aflicción que sufro, y de esto
Aquel quien es poderoso sobre todas las cosas es mi testigo. Lo que me ha
adolorido enormemente son las pretensiones que el pueblo del Bayán
expresa cada día. Algunos han declarado su lealtad a una de mis Ramas
(Hijos), mientras que otros han afirmado sus pretensiones independientes
y han actuado de acuerdo con sus propios deseos.

    ¡Oh Dhabíh! La Lengua de Grandeza dice: ¡Por mí mismo quien habla
la verdad! En esta poderosísima Revelación, todas las Dispensaciones del
pasado han alcanzado su más elevada y final consumación. Quienquiera que
pretenda traer una Revelación después de Él es de seguro un impostor
mentiroso. Rogamos a Dios que Él, por su gracia, le ayude a retractarse
de tal pretensión y repudiarla. Si se arrepintiere, Dios, sin duda, le
perdonará. Pero si insiste en su error, Dios enviará, con toda seguridad,
a uno que lo tratará sin misericordia. Verdaderamente Él es el
Todopoderoso, el Omnipotente.

    Mira cómo el pueblo de Bayán no ha reconocido de ningún modo que el
único objetivo de todo lo que ha revelado mi Manifestación Anterior y
Precursor de mi Belleza, ha sido mi Revelación y la proclamación de mi
Causa. Él nunca habría pronunciado, sino por mí, lo que pronunció, y de
esto Aquel que es la Soberana Verdad es mi testigo. ¡Atestigua cómo esta
gente insensata ha tratado la Causa de Aquel quien es Poseedor de Todo,
el Inaccesible, como juego y pasatiempo! Sus corazones forjan cada día
una nueva maquinación y su fantasía los lleva a buscar un retiro nuevo.
Si lo que dicen es cierto, ¿cómo, entonces, puede ser asegurada la
estabilidad de la Causa de tu Señor? Pondera esto en tu corazón y sé de
aquellos de vista aguda, que inquieren con cuidado, que son firmes en su
propósito y creencia. Tal debería ser tu certeza, que si toda la
humanidad presentara pretensiones que ningún hombre haya jamás presentado
ni ninguna mente concebido, tú no harías caso de ellas, las desecharías y
volverías tu rostro hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de
todos los mundos.

    ¡Por la rectitud de mi propio Ser! ¡Grande, inmensamente grande es
esta Causa! ¡Poderoso, inconcebiblemente poderoso es este Día!
Bienaventurado, de verdad, es el hombre que ha renunciado a todo y ha
fijado su vista sobre Aquel cuya faz ha dado iluminación a todos los que
están en los cielos y a todos los que están en la tierra.

    Tu vista debe ser aguda, oh Dhabíh, tu alma diamantina, y tus pies
como el bronce, si no deseas ser estremecido por los asaltos de deseos
egoístas que susurran en los pechos de los hombres. Éste es el firme
mandamiento que, en virtud de la Voluntad del Antiguo Rey, la Pluma del
Más Grande Nombre ha sido movido a revelar. Cuídala como tu vista y sé de
los agradecidos. Empéñate día y noche en servir la Causa de Aquel quien
es la Verdad Eterna, y sé desprendido de todo menos de Él. ¡Por mí mismo!
Todo lo que veas en este Día, perecerá. Sumamente elevada será tu
posición, si permaneces firme en la Causa de tu Señor. Hacia Él están
dirigidos tus diligentes movimientos y en Él está tu descanso final.

    CXVI. ¡Oh reyes de la cristiandad! No escuchasteis las palabras de
Jesús, el Espíritu de Dios: "Yo me voy, y vuelvo a donde vosotros". ¿Por
qué, entonces, cuando Él vino nuevamente a vosotros en las nubes del
cielo, no os acercasteis a Él, para que pudierais ver su rostro y ser de
aquellos que alcanzaron su Presencia? En otro pasaje Él dice: "Cuando Él,
el Espíritu de la Verdad, venga, Él os guiará a toda verdad". Empero,
ved, cómo, cuando Él os trajo la verdad, rehusasteis volver vuestros
rostros hacia Él, y persististeis en divertiros en vuestros pasatiempos y
vanidades. No le disteis la bienvenida, ni buscasteis su Presencia, para
que pudierais oír los versos de Dios de sus propios labios y participar
de la múltiple sabiduría del Todopoderoso, el Todo Glorioso, el
Sapientísimo. Debido a vuestra falta, habéis impedido que el aliento de
Dios sople sobre vosotros, y habéis retenido de vuestras almas la dulzura
de su fragancia. Continuáis vagando con deleite en el valle de vuestros
deseos corruptos. Vosotros, y todo lo que poseéis, pasará. De cierto,
volveréis a Dios y seréis llamados a rendir cuenta de vuestros actos en
presencia de Aquel quien reunirá a toda la creación....

    Han pasado veinte años, oh reyes, durante los cuales cada día hemos
probado la angustia de una nueva tribulación. Ninguno de los que nos
precedieron ha soportado lo que Nosotros hemos soportado. ¡Oh, que
pudierais comprenderlo! Aquellos que se levantaron contra Nosotros nos
han muerto, han derramado nuestra sangre, han saqueado nuestros bienes y
violado nuestro honor. Aunque conscientes de la mayoría de nuestras
aflicciones, no habéis detenido, sin embargo, la mano del agresor. ¿Pues
no es acaso vuestro claro deber refrenar la tiranía del opresor y tratar
con equidad a vuestros súbditos, para que vuestro alto sentido de la
justicia se demuestre plenamente ante toda la humanidad?

    Dios ha confiado en vuestras manos las riendas del gobierno del
pueblo, para que reinéis con justicia sobre ellos, resguardéis los
derechos de los humillados y castiguéis a los malhechores. Si descuidáis
el deber prescrito a vosotros por Dios en su Libro, vuestros nombres
serán contados entre los injustos a su vista. Grave, ciertamente, será
vuestro error. ¿Os aferráis a lo que vuestras imaginaciones han maquinado
y arrojáis tras de vosotros los mandamientos de Dios, el Exaltadísimo, el
Inaccesible, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Desechad las cosas que
poseéis y aferraos a lo que Dios os ha ordenado observar. Buscad su
gracia, pues aquel que la busca holla su recto Sendero.

    Considerad la condición en que estamos y ved qué males y
dificultades que nos han probado. No nos desatendáis ni por un momento y
juzgad entre Nosotros y nuestros enemigos con equidad. Esto, de seguro,
será por vosotros un beneficio manifiesto. Así os relatamos nuestra
historia y os contamos las cosas que nos han acaecido, para que remediéis
nuestros males y alivies nuestra carga. Que aquel que quiera, nos libere
de nuestra dificultad; y en cuanto a aquel que no quiera, mi Señor es de
seguro el mejor de los socorredores.

    Advierte y haz conocer a la gente, oh Siervo, aquello que te hemos
enviado, y no dejes que el temor a nadie te desaliente, y no seas de
aquellos que vacilan. Se aproxima el día en que Dios habrá exaltado su
Causa y magnificado su testimonio a los ojos de todos los que están en
los cielos y todos los que están en la tierra. Pon en todas
circunstancias, plena confianza en tu Señor, y fija tu mirada en Él y
apártate de todos los que repudian su Verdad. Que Dios, tu Señor, sea tu
único socorredor y ayuda. Nos hemos comprometido a asegurar tu triunfo
sobre la tierra y exaltar nuestra Causa por encima de todos los hombres,
aunque no encontremos ningún rey que dirija su mirada a ti.

    CXVII. El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la
paz y tranquilidad del mundo y el adelanto de sus pueblos, ha escrito:
Debe llegar el tiempo cuando la imperativa necesidad de tener una
concentración vasta y omnímoda de los hombres será universalmente
comprendida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente
concurrir a ella y participando en sus deliberaciones deben considerar
los fundamentos de la Gran Paz mundial. Tal paz exige que las grandes
potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra,
estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey tomare sus armas
contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo. Si esto se
hace las naciones del mundo ya no necesitarán armamentos, salvo con el
fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno
dentro de sus territorios. Esto asegurará la paz y la calma de todos los
pueblos, gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y gobernantes de
la tierra, los espejos del dadivoso y omnipotente nombre de Dios, puedan
alcanzar esta posición y escudar a la humanidad de la embestida de la
tiranía.... Se aproxima el día en que todos los pueblos de la tierra
habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando se haya
logrado esto, a cualquier ciudad que uno viaje, será como llegar a la
tierra nativa. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales.
Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse
por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción.... Es de hecho
un hombre, quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El
Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para
promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En
otro pasaje Él ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria,
sino quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad
sus ciudadanos.

    CXVIII. No dejéis de lado el temor a Dios, oh reyes de la tierra, y
cuidaos de no transgredir los límites que ha fijado el Todopoderoso.
Observad los mandamientos prescritos a vosotros en su Libro, y tomad
cuidado de no sobrepasar sus límites. Estad alertas para que no hagáis
injusticia a nadie, aunque sea como un grano de mostaza. Hollad el
sendero de la justicia, porque éste es, ciertamente, el sendero recto.

    Resolved vuestras diferencias y reducid vuestros armamentos, para
que el peso de vuestros gastos sea aliviado y vuestras mentes y corazones
se tranquilicen. Reparad las disensiones que os dividen y ya no
necesitaréis armamentos, excepto los que la protección de vuestras
ciudades y territorios requiera. Temed a Dios y cuidaos de no traspasar
los límites de la moderación y ser contados entre los extravagantes.

    Hemos sabido que aumentáis vuestros desembolsos cada año, y cargáis
el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad, es más de lo
que pueden soportar y es una grave injusticia. Decidid con justicia entre
los hombres y sed los emblemas de la justicia entre ellos. Esto, si
juzgáis imparcialmente, es lo que os incumbe y corresponde a vuestra
posición.

    Guardaos de tratar injustamente a quienquiera que recurra a
vosotros y entre bajo vuestro amparo. Tened temor a Dios y sed de los que
llevan una vida piadosa. No os fiéis de vuestro poder, vuestros
ejércitos, ni vuestros tesoros. Poned toda vuestra fe y confianza en
Dios, quien os ha creado, y buscad su ayuda en todos vuestros asuntos. El
socorro viene sólo de Él. Él socorre a quien quiere con las huestes de
los cielos y de la tierra.

    Sabed que los pobres son el depósito de Dios en medio de vosotros.
Cuidaos que no traicionéis su depósito, que no procedáis injustamente con
ellos y que no caminéis por los caminos de los pérfidos. Con toda
seguridad, seréis llamados a dar cuenta de su depósito en el día en que
la Balanza de la Justicia será establecida, día en que todos recibirán lo
que merezcan, en que los hechos de todos los hombres, ricos y pobres,
serán ponderados.

    Si no prestáis atención a los consejos que, en lenguaje
incomparable e inequívoco, hemos revelado en esta Tabla, el castigo
divino os asaltará de todas direcciones y la sentencia de su justicia
será pronunciada contra vosotros. En ese día no tendréis poder para
resistirle, y reconoceréis vuestra propia impotencia. Tened misericordia
de vosotros mismos y de los que están bajo vosotros. Juzgad entre ellos
de acuerdo con los preceptos prescritos por Dios en su muy santa y
exaltada Tabla, Tabla en que Él ha asignado a cada cosa una medida
determinada, en que Él ha dado una clara explicación de todas las cosas y
que es, en sí misma, una amonestación para los que creen en Él.

    Examinad nuestra causa, inquirid las cosas que nos han acaecido, y
decidid con justicia entre Nosotros y nuestros enemigos y sed de los que
obran equitativamente con sus semejantes. Si no detenéis la mano del
opresor, si no resguardáis los derechos de los oprimidos, ¿qué justifica
entonces que os vanagloriáis ante los hombres? ¿De qué podéis jactaros
con derecho? ¿Es de vuestros alimentos o bebidas que os enorgullecéis, de
las riquezas que almacenáis en vuestros tesoros, de la diversidad y valor
de los ornamentos con que os adornáis? Si la verdadera gloria consistiera
en la posesión de esas cosas perecederas, entonces la tierra sobre la
cual camináis debería enaltecerse sobre vosotros, porque os suministra y
confiere estas mismas cosas por decreto del Todopoderoso. En sus entrañas
se halla, de acuerdo con lo que Dios ha ordenado, todo lo que poseéis. De
ella, como un signo de su misericordia, deriváis vuestras riquezas.
Mirad, entonces, vuestra condición, aquella de que os gloriáis! ¡Oh, si
pudierais comprenderlo!

    ¡No, más aún! ¡Por Aquel que sostiene en su mano el reino de toda
la creación! En nada reside vuestra gloria verdadera y perdurable salvo
en la adhesión firme a los preceptos de Dios, en la observancia plena de
sus leyes, en la resolución de ver que no queden sin cumplir, y en
proseguir firmemente el camino derecho.

    CXIX.  ¡Oh gobernantes de la tierra! ¿Por qué habéis ofuscado el
resplandor del Sol, y hecho que deje de brillar? Escuchad el consejo que
os da la Pluma del Altísimo, que quizá tanto vosotros como los pobres
podáis lograr tranquilidad y paz. Imploramos a Dios que ayude a los reyes
de la tierra a establecer la paz en el mundo. Él, verdaderamente hace lo
que es su Voluntad.

    ¡Oh reyes de la tierra! Vemos que aumentáis vuestros gastos cada
año y cargáis el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad,
es grave y totalmente injusto. Temed los suspiros y lágrimas de este
Agraviado y no impongáis cargas excesivas a vuestros pueblos. No les
robéis para erigir palacios para vosotros; no, más bien, escoged para
ellos lo que escogéis para vosotros mismos. Así desplegamos a vuestros
ojos lo que os aprovecha, si sólo lo comprendierais. Vuestros pueblos son
vuestros tesoros. Tened cuidado, no sea que vuestro dominio viole los
mandamientos de Dios y entreguéis a vuestros protegidos en manos del
ladrón. Por ellos reináis, mediante ellos subsistís, con su ayuda
conquistáis. ¡Empero, con qué desdén les miráis! ¡Cuán extraño, cuán
profundamente extraño!

    Ya que habéis rehusado la Más Grande Paz, aferraos a ésta, la Paz
Menor, que quizá podáis mejorar vuestra propia condición y la de vuestros
dependientes.

    Estad reconciliados entre vosotros, oh gobernantes de la tierra,
para que no necesitéis más armamentos, salvo en la medida para resguardar
vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desatendáis el
consejo del Omnisciente, el Justo.

    Sed unidos, oh reyes de la tierra, pues así la tempestad de la
discordia entre vosotros será apaciguada y vuestros pueblos hallarán
descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si alguno de vosotros toma
armas contra otro, levantaos todos contra él, porque esto no es sino
justicia manifiesta.

    CXX.  ¡Oh vosotros, los representantes elegidos del pueblo en todos
los países! Tomad consejo juntos y ocupaos sólo con lo que beneficie a la
humanidad y mejore su condición, si sois de los que inquieren con
cuidado. Considerad al mundo como el cuerpo humano, que aunque al ser
creado es sano y perfecto, ha sufrido, por diversas causas, graves
trastornos y enfermedades. Ni un día logró alivio; no, más bien su
dolencia se hizo más severa, puesto que cayó en manos de médicos
ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales, y han errado
gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un
miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto quedaba enfermo como antes. Así
os informa el Omnisciente, el Sapientísimo.

    Lo vemos, en este día, a la merced de gobernantes tan embriagados
con orgullo, que no pueden discernir claramente lo que más les conviene,
ni menos aún reconocer una Revelación tan asombrosa y desafiante como
ésta. Y cuando alguno entre ellos se ha empeñado en mejorar su condición,
su motivo ha sido su propio provecho, lo haya declarado o no; y la
indignidad de este motivo ha limitado su poder para curar y sanar.

    Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más
poderoso instrumento para la curación del mundo entero, es la unión de
todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto no puede
lograrse sino por el poder de un Médico inspirado, hábil y todopoderoso.
Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error.

    CXXI. Di: ¡Oh vosotros que me envidiáis y buscáis dañarme! ¡Que la
furia de vuestra ira contra mí os confunda! He aquí que el Sol de Gloria
se ha levantado sobre el horizonte de mi Revelación y ha envuelto con su
resplandor a toda la humanidad. Y ved cómo, no obstante, os habéis
apartado de su esplendor y estáis sumergidos en la mayor negligencia.
Tened misericordia de vosotros mismos, no repudiéis la pretensión de
Aquel cuya verdad ya habéis reconocido y no seáis de los transgresores.

    ¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Si rechazáis esta
Revelación, todas las naciones de la tierra se mofarán de vosotros y os
menospreciarán, pues habéis sido vosotros, quienes, con objeto de
vindicar la verdad de vuestra Causa, habéis expuesto ante sus ojos los
testimonios de Dios, el Soberano Protector> el Todopoderoso, el Todo
Glorioso, el Sapientísimo. Y, a pesar de esto, tan pronto como su
Revelación siguiente investida con la gloria de una soberanía que compele
todo, fue enviada a vosotros, la desechasteis, ¡oh vosotros que sois
contados entre los negligentes!

    ¡Cómo! ¿Creéis de corazón que poseéis el poder de extinguir el
resplandor del Sol, o eclipsar su esplendor? ¡No, por mi vida! No podéis
ni podréis nunca lograr vuestro propósito, aunque tengáis la ayuda de
todo lo que está en los cielos y de todo lo que está en la tierra. Tened
temor a Dios, y no hagáis vanas vuestras obras. Poned oído a sus palabras
y no seáis de aquellos que están apartados, como por un velo de Él. Di:
¡Dios es mi testigo! Nada he deseado para mí mismo. Lo que he deseado es
la victoria de Dios y el triunfo de su Causa. Él mismo es testigo
suficiente entre Yo y vosotros. Si limpiarais vuestros ojos, percibiríais
fácilmente cómo mis acciones atestiguan la verdad de mis palabras, cómo
mis palabras son una guía para mis acciones.

    ¡Cegados están vuestros ojos! ¿No habéis comprendido la grandeza
del poder de Dios y de su soberanía? ¿No habéis visto su majestad y
gloria? ¡Ay de vosotros, oh congregación de los malvados y envidiosos!
Escuchad mis palabras y no vaciléis ni por un momento. Así os pide Aquel
quien es la belleza del Todo Misericordioso, para que quizás os
desprendáis de lo que poséis y ascendáis a las alturas desde donde
podréis descubrir cómo la creación entera está cobijada bajo la sombra de
su Revelación.

    Di: No hay refugio para vosotros, ni asilo adonde podáis huir, ni
nadie para defenderos ni protegeros en este Día, de la furia de la ira de
Dios y de su vehemente poder, a menos que busquéis el amparo de su
Revelación. Ésta es, en verdad, su Revelación, que ha sido manifestada a
vosotros en la persona de este Joven. Glorificado, entonces, sea Dios por
tan resplandeciente, preciosa y maravillosa visión.

    Apartaos de todo menos de mí, y volved vuestros rostros hacia mi
rostro, pues esto es mejor para vosotros que todas las cosas que poseéis.
La Lengua de Dios atestigua la verdad de mis palabras por mi propia
Palabra, que habla la verdad, y abarca y comprende todas las cosas.

    Di: ¿Pensáis que vuestra lealtad a su Causa pueda ser de provecho
para Él, o que vuestra repudiación de su verdad puede causarle algún
daño? ¡No, por mi mismo, Él que Sojuzga Todo, el Inaccesible, el
Altísimo! Rasgad los velos de los nombres y hendid su reino. ¡Por mi
Belleza! Aquel quien es el Monarca de todos los nombres ha llegado, Aquel
por cuyo mandato cada uno de los nombres ha sido creado, desde el
principio que no tiene principio, Aquel que continuará creándolos como Él
crea apropiado. Él verdaderamente es el Todopoderoso, el Sapientísimo.

    Cuidaos de que os despojéis del atavío de la guía divina. Bebed lo
que podáis de la Copa que los Jóvenes del Cielo han levantado por encima
de vuestras cabezas. Así os ordena Aquel quien tiene más misericordia
para vosotros que vosotros la tenéis, Aquel quien no ha pedido ninguna
recompensa ni agradecimiento de vosotros. Su recompensa viene de Aquel
quien por el poder de la verdad, le ha enviado a vosotros, le ha elegido
y proclamado como su propio testimonio para toda la creación. Él es quien
le ha dado el poder de manifestar todos sus signos. Volved a mirar para
que podáis percibir aquello a que la Lengua del Antiguo de los Días os ha
llamado, que quizá seáis de aquellos que han comprendido la verdad.
¿Habéis oído alguna vez que vuestros antepasados, o las generaciones que
les precedieron, aun hasta el primer Adán, relataran que alguien que
viniera en las nubes de la revelación, investido de manifiesta y
trascendente soberanía, teniendo en su diestra el Reino de Dios y en su
siniestra todo el poder y gloria de su dominio eterno, alguien precedido
por las huestes de Dios, el Todopoderoso, el que Compele Todo, el
Omnipotente, y pronunciando continuamente versos cuyo significado ni aun
las mentes de los más eruditos y sabios de los hombres fueran incapaces
de sondear, fuera, a pesar de esto, portador de un mensaje que no es de
Dios? Sed discernidores entonces, y decid la verdad, la verdad misma, si
pretendéis ser honestos y magnánimos.

    Di: Los versos que hemos revelado son tan numerosos como aquellos
que en la Revelación anterior descendieron sobre el Báb. Que aquel que
dude de las palabras que el Espíritu de Dios ha pronunciado, busque la
corte de nuestra presencia y escuche la melodía de nuestros versos
divinamente revelados, y que sea testigo de la prueba evidente de nuestra
pretensión.

    Di: ¡Por la rectitud del Todopoderoso! La medida de los favores de
Dios se ha colmado, su palabra ha sido perfeccionada, la luz de su
semblante ha sido revelada, su soberanía ha envuelto a toda la creación,
la gloria de su Revelación ha sido hecha manifiesta, y sus dádivas han
llovido sobre toda la humanidad.

    CXXII. El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de
una educación adecuada le ha privado de aquello que inherentemente posee.
Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a
existir; por una palabra más, fue guiado a reconocer la Fuente de su
educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados.
El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de
valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus
tesoros y permitir a la humanidad beneficiarse de éstos. Si algún hombre
meditare sobre lo que han revelado las Escrituras enviadas desde el cielo
de la santa Voluntad de Dios, reconocerá fácilmente que el propósito de
ella es que todos los hombres sean considerados como un alma, para que el
sello con las palabras "El Reino será de Dios" pueda ser estampado en
cada corazón, y la luz de la generosidad, gracia y misericordia divinas
puedan envolver a toda la humanidad. El Dios único y verdadero, exaltado
sea su gloria, no ha deseado nada para sí. La lealtad del género humano
no le aprovecha, ni su perversidad puede dañarle. El Ave del Reino de la
Prolación emite continuamente este llamado: "Todas las cosas las he
destinado para ti, y también a ti, para ti mismo". Si los eruditos y
hombres de sabiduría mundana de esta época, permitieran a la humanidad
aspirar la fragancia de la fraternidad y del amor, todo corazón
comprensivo entendería el significado de la verdadera libertad y
descubriría el secreto de la paz imperturbable y de la tranquilidad
absoluta. Si la tierra alcanzara esta posición y fuera iluminada con su
luz, entonces, en verdad, se podría decir de ella: "No verás en ella ni
hondonadas ni lomas".

    CXXIII. Las generaciones que fueron antes de vosotros, ¿a dónde han
ido? Y aquellos en torno de los cuales giraban las más bellas y hermosas
del país, ¿ahora dónde están? Que su ejemplo os aproveche, oh pueblo, y
no seáis de aquellos que se han desviado.

    Otros, dentro de poco, pondrán sus manos sobre lo que poseéis y
ocuparán vuestras habitaciones. Poned oído a mis palabras y no seáis
contados entre los necios.

    Para cada uno de vosotros es deber supremo escoger para sí lo que
nadie pueda violar ni usurpar. Esto es -y ello me lo atestigua el
Todopoderoso- el amor a Dios, si sólo pudierais comprenderlo.

    Construid para vosotros casas que ni la lluvia ni los diluvios
podrán jamás destruir, y que os protejan de los cambios y azares de esta
vida. Ésta es la orden de Aquel a quien el mundo ha agraviado y
desamparado.

    CXXIV. ¡Cuán maravillosa es la Unidad del Dios Viviente y
Perdurable, unidad que es exaltada por encima de toda limitación, que
trasciende la comprensión de todas las cosas creadas! ¡Desde la
eternidad, Él ha habitado su inaccesible morada de santidad y gloria y
continuará siempre entronizado sobre las alturas de su independiente
soberanía y grandeza! ¡Cuán excelsa ha sido su incorruptible Esencia,
cuán independiente del conocimiento de todas las cosas creadas, y cuán
inmensamente exaltada permanecerá por encima de la alabanza de todos los
habitantes de los cielos y de la tierra!

    Desde la fuente exaltada y de la esencia de su favor y generosidad
Él ha encomendado a toda cosa creada un signo de su conocimiento, para
que ninguna de sus criaturas sea privada de su parte, de acuerdo con su
capacidad y grado, en la expresión de este conocimiento. Este signo es el
espejo de su belleza en el mundo de la creación. Cuanto más grande sea el
esfuerzo hecho para el pulimento de este espejo sublime y noble, tanto
más fielmente reflejará la gloria de los nombres y atributos de Dios, y
revelará las maravillas de sus signos y conocimientos. Toda cosa creada
podrá revelar (tan grande es este poder de reflexión) las potencialidades
de su posición preordinada, reconocerá su capacidad y limitaciones, y
atestiguará la verdad que "Él, ciertamente, es Dios; no hay otro Dios
fuera de Él"....

    No puede haber ninguna duda que, como consecuencia de los esfuerzos
que cada uno haga conscientemente y como resultado del ejercicio de sus
propias facultades espirituales, este espejo podrá a tal punto ser
limpiado de la escoria de la inmundicia terrenal y purgado de fantasías
satánicas, que será capaz de aproximarse a los prados de santidad eterna
y alcanzar las cortes de fraternidad sempiterna. Sin embargo, en
cumplimiento del principio que para cada cosa ha sido fijado un tiempo y
para cada fruta ha sido ordenada una sazón, las energías latentes de tal
generosidad pueden ser liberadas mejor, y la gloria vernal de tal dádiva
puede ser sólo manifestada en los Días de Dios. Aunque cada día sea
investido con su parte preordinada de la maravillosa gracia de Dios, los
Días asociados directamente con la Manifestación de Dios poseen una
distinción única y ocupan una posición que ninguna mente podrá nunca
comprender. Tal es la virtud infundida en ellos, que si en esos días de
delicia sempiterna los corazones de todos los que moran en los cielos y
en la tierra fuera enfrentados con aquel Sol de gloria imperecedera y
fueran acordados con su Voluntad, cada uno se hallaría exaltado sobre
todas las cosas terrenales, radiante con su luz y santificado por su
gracia. ¡Alabada sea esta gracia, que ninguna bendición, por grande que
sea puede exceder, y todo honor sea para esta amorosa bondad, nada
semejante a la cual ha visto el ojo de la creación! ¡Exaltado es Él sobre
lo que le atribuyen o cuentan de Él!

    Por esta razón, ningún hombre necesitará en esos días de su
prójimo. Ya se ha demostrado plenamente que, en ese Día divinamente
designado, la mayoría de los que han buscado y han alcanzado su santa
corte, han mostrado tal conocimiento y sabiduría que ni una gota de los
cuales nadie, fuera de estas almas benditas y santificadas, por mucho
tiempo que haya enseñado o estudiado, ha captado, ni jamás comprenderá.
Es por virtud de este poder que los amados de Dios, en los días de la
Manifestación del Sol de la Verdad, han sido exaltados por encima de toda
erudición humana y hecho independientes de ésta. No, más aún, de sus
corazones y de los manantiales de sus poderes innatos ha brotado
incesantemente la esencia íntima de la erudición y sabiduría humanas.

    CXXV. ¡Oh mi hermano! Cuando un buscador verdadero decide dar el
paso de la búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo
de los Días, debe antes que nada purificar su corazón, que es la sede de
revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de
todo conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las
personificaciones de la fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es
el santuario del amor perdurable del Amado, de toda contaminación, y
santificar su alma de todo lo que pertenece al agua y arcilla y de todo
apego vago y efímero. Debe limpiar su corazón tanto que no quede en él
ningún vestigio de amor ni odio; no sea que ese amor le incline
ciegamente al error o ese odio le aleje de la verdad. Así puedes ver, en
este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de tal amor y odio, está
privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las Personificaciones
de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos del olvido y
del error.

    Ese buscador debe en todo momento poner su confianza en Dios, debe
renunciar a los pueblos de la tierra, desprenderse del mundo del polvo y
aferrarse a Aquel quien es el Señor de los Señores. No debe nunca tratar
de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón
toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y
resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa.
Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno
mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la
lengua devora tanto corazón como alma. La fuerza de aquél dura sólo un
tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo.

    Ese buscador también debiera considerar la murmuración como grave
error y mantenerse alejado de su dominio, por cuanto que la murmuración
apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma. Debiera conformarse
con poco y liberarse de todo deseo desmesurado. Debiera apreciar la
compañía de quienes han renunciado al mundo y considerar que rehuir a la
gente jactanciosa y mundana es un gran beneficio. Al amanecer de cada día
debiera comulgar con Dios y perseverar con toda su alma en la búsqueda de
su Amado. Debiera consumir todo pensamiento descarriado con la llama de
su amorosa mención y, con la rapidez del relámpago, pasar por encima de
todo lo que no sea Él. Debiera socorrer al desposeído y nunca rehusar su
favor al menesteroso. Debiera ser bondadoso con los animales, y más aún
con su semejante, que está dotado del poder del habla. No debiera vacilar
en sacrificar su vida por su Amado, ni permitir que la desaprobación de
los hombres le aparte de la Verdad. No debiera desear a otros lo que no
desea para sí mismo, ni prometer lo que no ha de cumplir. Con todo su
corazón debiera el buscador evitar la compañía de malhechores y orar por
la remisión de sus pecados. Debiera perdonar al pecaminoso y jamás
despreciar su baja condición, pues nadie sabe cuál será su propio fin.
¡Cuántas veces un pecador, en la hora de su muerte, ha llegado a la
esencia de la fe, y tomando la bebida inmortal, ha alzado el vuelo hacía
el Concurso celestial! ¡Y cuántas veces un creyente piadoso ha cambiado
tanto al momento de la ascensión de su alma, que ha caído en el fuego
infernal!

    Es nuestro propósito, al revelar estas convincentes e importantes
palabras, inculcar en el buscador que debe considerar a todo, excepto
Dios, como transitorio, y debe estimar a todo lo que no sea Él, quien es
el Objeto de toda adoración, como la nada absoluta .

    Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen
el sello de quienes están dotados de espiritualidad. Ya se los ha
mencionado a propósito de los requisitos para los caminantes que hollan
el Sendero del Conocimiento Positivo. Cuando el caminante desprendido y
buscador sincero ha cumplido con estas condiciones esenciales, entonces,
y sólo entonces, puede llamársele buscador verdadero. Cuandoquiera que
haya cumplido las condiciones implícitas en el versículo: "Quien se
esfuerce por Nosotros", disfrutará de las bendiciones conferidas por las
palabras: "De seguro le guiaremos por nuestros caminos".

    Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del
deseo anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del
arrobamiento y del éxtasis, se haya encendido en el corazón del buscador,
y sople en su alma la brisa de su amorosa bondad, será disipada la
oscuridad del error, será dispersada la bruma de las dudas y los recelos
y su ser será envuelto por la luz del conocimiento y de la certeza. En
ese momento, el Heraldo Místico, portador de las felices nuevas del
Espíritu, aparecerá resplandeciente como la mañana desde la Ciudad de
Dios, y mediante el son de trompeta del conocimiento, despertará del
sueño de la negligencia al corazón, al alma y al espíritu. Entonces los
múltiples favores y la efusión de gracia del santo y eterno Espíritu
conferirá al buscador una nueva vida tal que se hallará dotado de vista
nueva, oído nuevo, corazón nuevo y mente nueva. Contemplará las
manifiestas señales del universo y penetrará los misterios ocultos del
alma. Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo una
puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas
las cosas descubrirá los misterios de la Revelación divina y las pruebas
de una manifestación perdurable.

    Juro por Dios que si aquel que holla el sendero de la guía y busca
escalar las alturas de la rectitud, llegara a esta gloriosa y suprema
posición, aspiraría la fragancia de Dios a una distancia de mil leguas y
percibiría la resplandeciente mañana de una Guía divina apareciendo en el
amanecer de todas las cosas. Cada cosa, por pequeña que fuera, sería para
él una revelación que le llevaría donde su Amado, el Objeto de su
búsqueda. Sería tan grande el discernimiento de ese buscador, que
distinguiría entre verdad y falsedad como distingue el sol de la sombra.
Si se esparcieran en los rincones más remotos del Oriente los fragantes
perfumes de Dios, él de seguro los reconocería y aspiraría su fragancia,
aunque habitara en los últimos confines del Occidente. Asimismo
distinguiría todos los signos de Dios -sus maravillosas palabras, sus
grandes obras y poderosos hechos- de las acciones, las palabras y los
hábitos de los hombres, al igual que el joyero separa la joya de la
piedra, o el hombre que distingue la primavera del otoño y el calor del
frío. Cuando el canal del alma humana se haya limpiado de todo apego
impeditivo y mundano, percibirá indefectiblemente, a través de distancias
inmensurables, el hálito del Amado, y, guiado por su perfume, llegará a
la Ciudad de la Certeza y entrará en ella.

    Allí descubrirá las maravillas de su antigua sabiduría y percibirá
todas las enseñanzas ocultas en el susurro de las hojas del Árbol que
florece en esa Ciudad. Escuchará, con su oído externo e interno, los
himnos de alabanza y gloria que de su polvo ascienden hacia el Señor de
los Señores, y descubrirá con su vista interior los misterios de la
"vuelta" y "renacimiento".

    ¡Cuán inefablemente gloriosos son los signos, las señales, las
revelaciones y los esplendores que ha destinado para esa ciudad Aquel
quien es el Rey de los nombres y atributos! La llegada a esa Ciudad apaga
la sed sin agua, y enciende el amor a Dios sin fuego. Dentro de cada
tallo de hierba se atesoran los misterios de una sabiduría inescrutable,
y en cada rosal una miríada de ruiseñores gorjean sus melodías con
venturoso encantamiento. Sus maravillosos tulipanes revelan el misterio
de la Zarza Ardiente, y sus fragantes aromas de santidad exhalan el
perfume del Espíritu Mesiánico. Otorga riquezas sin oro, y confiere
inmortalidad sin muerte. En cada hoja se atesoran inefables delicias, y
en cada aposento yacen ocultos innumerables misterios.

    Aquellos que valientemente se afanan en la búsqueda de la voluntad
de Dios, una vez que hayan renunciado a todo salvo a Él, estarán de tal
manera ligados y aferrados a esa Ciudad, que una momentánea separación de
ella les será inconcebible. Escucharán pruebas infalibles del Jacinto de
esa asamblea, y percibirán los más seguros testimonios en la belleza de
su Rosa y la melodía de su Ruiseñor. Una vez alrededor de cada mil años,
será esta Ciudad renovada y adornada nuevamente....

    Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de Dios, revelada en cada
época y dispensación. En los días de Moisés fue el Pentateuco; en los
días de Jesús, el Evangelio; en los días de Muhammad, el Mensajero de
Dios, el Corán; en este día, es el Bayán; y en la dispensación de Aquel a
quien Dios hará manifiesto, su propio Libro, Libro al que necesariamente
han de referirse todos los Libros de Dispensaciones anteriores, Libro que
entre todos sobresale, trascendente y supremo.

    CXXVI. Dondequiera que nos destierren, por grande que sea la
tribulación que suframos, aquellos que son del pueblo de Dios, con firme
resolución y perfecta confianza, deben mantener su vista dirigida hacia
la Aurora de Gloria, y ocuparse con todo lo que conduzca al mejoramiento
del mundo y a la educación de sus pueblos. Todo lo que nos ha acaecido en
el pasado, ha promovido los intereses de nuestra Revelación y ha
proclamado su fama; y todo lo que nos acaezca en el futuro tendrá un
resultado semejante. Aferraos con vuestro íntimo corazón a la Causa de
Dios, Causa que ha sido enviada por Aquel quien es el Ordenador, el
Sapientísimo. Con la mayor bondad y misericordia hemos llamado y dirigido
a todos los pueblos y naciones hacia lo que de cierto les aprovechará.

    ¡El Sol de la Verdad, que brilla con su esplendor meridiano, es
nuestro testigo! Aquellos que son del pueblo de Dios no tienen otra
ambición salvo revivir al mundo, ennoblecer su vida y regenerar a sus
pueblos. La veracidad y buena voluntad han señalado, en todo tiempo, sus
relaciones con todos los hombres. Su comportamiento no es sino un reflejo
de su vida interior, y su vida interior, el espejo de su comportamiento.
Ningún velo oculta ni oscurece las verdades sobre las que está
establecida su Fe. Ante los ojos de todos los hombres, estas verdades han
sido descubiertas y pueden ser reconocidas inequívocamente. Sus propias
acciones atestiguan la verdad de estas palabras.

    Todo ojo discernidor puede percibir en este Día la luz matutina de
la Revelación de Dios, y todo oído atento puede reconocer la Voz que se
escuchó desde la Zarza Ardiente. Tal es el ímpetu de las aguas de la
misericordia divina, que Aquel quien es la Aurora de los signos de Dios y
el Revelador de las señales de su gloria, se asocia sin velo ni
encubrimiento con los pueblos y naciones de la tierra y conversa con
ellos. ¡Cuán numerosos aquellos que, con corazones que intentan maldad,
han buscado nuestra Presencia, y han salido de ella como leales y
cariñosos amigos! Las puertas de la gracia están abiertas de par en par a
la faz de todos los hombres. En nuestras relaciones externas con ellos
hemos tratado igualmente al recto y al pecador, que quizás el malhechor
alcance el ilimitado océano del perdón divino. Nuestro nombre "el
Encubridor" ha derramado tal luz sobre los hombres, que el malvado ha
imaginado ser de los piadosos. A nadie que nos busque jamás
desilusionaremos, ni se le negará a aquel que haya puesto su rostro en
Nosotros, acceso a nuestra Corte....

    ¡Oh amigos! Ayudad al Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria, con vuestras acciones buenas, con tal conducta y carácter, que
sean aceptables a su vista. Aquel que aspire ser un ayudante de Dios en
este Día, que cierre sus ojos a todo lo que posea y los abra a las cosas
de Dios. Que cese de ocuparse con aquello que le dé provecho, y se
dedique a lo que exalte el nombre compeledor del Todopoderoso. Deberá
limpiar su corazón de toda mala pasión y deseo corrupto, porque el temor
a Dios es el arma que le hará victorioso, el instrumento primordial con
el que puede lograr su objetivo. El temor a Dios es el escudo que
defiende su Causa, el adarga que permite a su pueblo alcanzar la
victoria. Es un estandarte que ningún hombre puede derribar, una fuerza
que ningún poder puede rivalizar. Con su ayuda, y con el consentimiento
de Aquel quien es el Señor de las Huestes, aquellos que se han aproximado
a Dios han podido someter y conquistar las ciudades de los corazones de
los hombres.

    CXXVII. Oh pueblo, si deseáis conocer a Dios y descubrir la
grandeza de su poder, miradme entonces con mis propios ojos, y no con los
ojos de cualquiera fuera de mí. De otro modo, no seréis nunca capaces de
reconocerme, aunque ponderarais mi Causa tanto como perdure mi Reino, y
meditareis sobre todas las cosas creadas, a través de la eternidad de
Dios, el Soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Perdurable, el
Omnisapiente. Así hemos manifestado la verdad de nuestra Revelación, que
quizás el pueblo sea despertado de su negligencia y sea de aquellos que
comprenden.

    Mirad el vil estado de estos hombres que saben muy bien cómo me he
ofrendado a mí mismo y a mis parientes en el sendero de Dios y por la
preservación de su fe en Él, quienes son plenamente conscientes de cómo
me han rodeado mis enemigos en los días en que los corazones de los
hombres temían y temblaban, días en que se ocultaban de los ojos de los
amados de Dios y de sus enemigos, y estaban ocupados con el afianzamiento
de su propia seguridad y paz.

    Finalmente conseguimos manifestar la Causa de Dios, y la exaltamos
a una posición tan eminente, que todos, salvo aquellos que abrigaban
rencor contra este Joven en sus corazones y unían socios con el
Todopoderoso, reconocieron la soberanía de Dios y su poderoso dominio.
Mas, no obstante esta Revelación cuya influencia ha penetrado todas las
cosas, y a pesar del brillo de está Luz, nada semejante a la cual ninguno
de ellos ha visto, atestigua cómo el pueblo del Bayán me ha negado y ha
contendido conmigo. Algunos se han apartado del Sendero de Dios, han
rechazado la autoridad de Aquel en quien habían creído y han actuado
insolentemente hacia Dios, el Poderosísimo, el Supremo Protector, el Más
Exaltado, el Más Grande. Otros vacilaron y se detuvieron en su Sendero, y
consideraron la Causa del Creador, en su verdad íntima, como inválida a
menos que fuera acreditada por la aprobación de aquel que fue creado por
acción de mi Voluntad. Así sus obras se reducían a nada, y sin embargo,
no lo percibieron. Entre ellos está aquel que quiso medir a Dios con la
medida de sí mismo, y fue tan desviado por los nombres de Dios, que se
levantó contra mí, me condenó como a una que merecía la muerte, y me
imputó las ofensas de las cuales él mismo era culpable.

    Por lo tanto declaro mi pena y mi dolor a Aquel quien me creo y me
confió su Mensaje. A Él doy gracias y elevo alabanzas por lo que ha
ordenado, por mi soledad y la angustia que sufro en manos de estos
hombres que se han desviado tan lejos de Él. He soportado pacientemente
las tribulaciones que me han acosado, y continuaré soportándolas y pondré
toda mi fe y confianza en Dios. A Él suplicaré diciendo: "Guía a tus
siervos, oh mi Señor, hacia la corte de tu favor y munificencia, y no
permitas que sean privados de las maravillas de tu gracia y de tus
múltiples bendiciones. Pues ellos no saben lo que Tú has ordenado para
ellos, en virtud de tu misericordia que abarca toda la creación.
Exteriormente, oh Señor, son débiles e impotentes; interiormente no son
sino huérfanos. Tú eres el Todo Generoso, el Munífico, el Más Exaltado,
el Más Grande. No descargues sobre ellos, oh mi Dios, la furia de tu ira,
mas permíteles durar hasta el tiempo en que las maravillas de tu
misericordia se hayan manifestado, quizá vuelvan a ti y te pidan perdón
por las cosas que han cometido contra ti. Verdaderamente, Tú eres el
Perdonador, el Todo Misericordioso.

    CXXVIII. Di: ¿Es digno de un hombre que, mientras pretenda ser un
seguidor de su Señor, el Todo Misericordioso, haga en su corazón las
acciones propias del Malvado? No, es muy indigno de él, y de esto Aquel
quien es la Belleza del Todo Glorioso, es mi testigo. ¡Oh, que pudierais
comprenderlo!

    Limpiad de vuestros corazones el amor por las cosas mundanas; de
vuestras lenguas, todo recuerdo salvo su recuerdo; de vuestro ser, todo
lo que os impida ver su Faz, u os tiente a seguir los impulsos de
vuestras inclinaciones malas y corruptas. Que Dios sea vuestro temor, oh
pueblo, y sed de aquellos que hollan el sendero de la rectitud.

    Di: ¡Oh pueblo! Si vuestra conducta contradice lo que profesáis,
¿cómo pensáis, entonces, que sois capaces de distinguiros de aquellos
que, aunque profesan su fe en el Señor, su Dios, tan pronto como Él vino
hacia ellos en la nube de santidad, han rehusado reconocerle, y han
repudiado su verdad? Libraos de todo apego a este mundo y sus vanidades.
Tened cuidado de acercaros a ellas, por cuanto os incitan a seguir
vuestros propios placeres y deseos ávidos y os impiden entrar en el recto
y glorioso Sendero.

    Sabed que "el mundo" significa vuestra inconsciencia de Aquel quien
es vuestro Hacedor y vuestra absorción en cualquier cosa salvo Él. La
"vida por venir", por otra parte, designa las cosas que os dan un
acercamiento seguro a Dios, el Todo Glorioso, el Incomparable. Cualquier
cosa que os impida amar a Dios en este Día, no es sino el mundo.
Rehuidle, para que seáis contados con los venturosos. Si un hombre
deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o
participar de los beneficios que ésta pueda conferirle, ningún daño podrá
acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios,
pues Dios ha ordenado todas las cosas buenas, creadas en el cielo o en la
tierra, para los siervos suyos que realmente creen en Él. Comed, oh
pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no os privéis de
sus maravillosas dádivas. Dad gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos
que de verdad son agradecidos.

    ¡Oh tú que has abandonado tu hogar y has buscado la presencia de
Dios! Proclama a los hombres el Mensaje de tu Señor, para que quizá les
impida seguir los impulsos de sus deseos malos y corruptos, y les traiga
al recuerdo de Dios, el Exaltadísimo, el Más Grande. Di: Temed a Dios, oh
pueblo, y absteneos de derramar la sangre de nadie. No contendáis con
vuestro prójimo y sed de los que hacen el bien. Guardaos de cometer
desórdenes en la tierra, después que haya sido bien ordenada y no sigáis
las huellas de los descarriados.

    Quienquiera se levante entre vosotros para enseñar la Causa de su
Señor, que ante todo, se enseñe a sí mismo, para que su palabra atraiga
los corazones de los que le escuchan. A menos que se enseñe a sí mismo,
las palabras de su boca no influirán el corazón del buscador. Tened
cuidado, oh pueblo, de ser de aquellos que dan buenos consejos a otros,
pero olvidan seguirlos ellos mismos. Las palabras de tales personas, y
más allá de las palabras, las realidades de todas las cosas, y más allá
de estas realidades, los ángeles que están cerca de Dios, les acusan de
falsedad.

    Si tal hombre lograra alguna vez influir a alguien, este éxito no
debe atribuírsele a él, sino más bien, a la influencia de las palabras de
Dios, como está decretado por Aquel quien es el Todopoderoso, el
Sapientísimo. A la vista de Dios, es considerado como una lámpara que
imparte su luz, y que, no obstante, en todo momento se consume a sí
misma.

    Di: Oh pueblo, no cometáis aquello que traiga vergüenza sobre
vosotros, o deshonre la Causa de Dios a los ojos de los hombres y no
seáis de los sediciosos. No os acerquéis a aquello que vuestras mentes
condenan. Evitad toda clase de maldad, porque esto es prohibido a
vosotros en el Libro que nadie puede tocar, excepto aquellos a quienes
Dios ha limpiado de toda mancha de culpa y ha contado entre los
purificados.

    Sed justos con vosotros mismos y con los demás, para que las
señales de justicia sean reveladas por vuestras acciones entre nuestros
fieles siervos. Guardaos de usurpar la propiedad de vuestro prójimo.
Probad ser dignos de la confianza y fe que ha depositado en vosotros, y
no retengáis del pobre las dádivas que la gracia de Dios os ha conferido.
Él, verdaderamente, recompensará a los caritativos y les devolverá el
doble de lo que hayan dado. No hay otro Dios sino Él. Toda la creación y
su imperio son suyos. Él confiere sus dones a quien Él quiere y de quien
quiera, los retiene. Él es el Gran Donador, el Más Generoso, el Benévolo.

    Di: Enseñad la Causa de Dios, oh pueblo de Bahá, porque Dios ha
prescrito a todos y a cada uno el deber de proclamar su Mensaje y lo
considera como la más meritoria de todas las acciones. Tal acción es
aceptable sólo cuando aquel que enseña la Causa ya es un firme creyente
en Dios, el Supremo Protector, el Misericordioso, el Todopoderoso.
Además, Él ha ordenado, que su Causa sea enseñada por el poder de la
palabra de los hombres y no recurriendo a la violencia. Así ha sido
enviado su mandato desde el Reino de Aquel quien es el Exaltadísimo, el
Omnisapiente. Cuidaos, no sea que contendáis con alguien, más aún,
esforzaos para hacerle consciente de la verdad de manera bondadosa y con
muy convincente exhortación. Si vuestro oyente responde, responderá para
su propio bien, y si no, apartaos de él y volved vuestros rostros hacia
la sagrada Corte de Dios, la sede de resplandeciente santidad.

    No disputéis con nadie sobre las cosas de este mundo y sus asuntos,
porque Dios las ha abandonado a aquellos que han puesto sus afectos en
ellas. De todo el mundo, Él ha escogido para sí los corazones de los
hombres, corazones que las huestes de la revelación y de la prolación
pueden someter. Así ha sido ordenado por los Dedos de Bahá, sobre la
Tabla del decreto irrevocable de Dios, por mandato de Aquel quien es el
Supremo Ordenador, el Omnisciente.

    CXXIX. ¡Oh caminante en el sendero de Dios! Toma tu porción del
océano de su gracia y no te prives de las cosas que yacen ocultas en sus
profundidades. Sé de aquellos que han participado de sus tesoros. Una
gota de este océano, si fuera derramada sobre todos los que están en los
cielos y en la tierra, sería suficiente para enriquecerles con la
munificencia de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Sapientísimo.
Con las manos de la renuncia, saca de sus aguas vivificadoras, y rocía
con ellas todas las cosas creadas, para que sean limpiadas de todas las
limitaciones humanas y puedan aproximarse a la poderosa sede de Dios,
este resplandeciente y sagrado Lugar.

    No te apenes si lo realizas solo. Dios te sea suficiente para todo.
Comulga íntimamente con su Espíritu y sé de los agradecidos. Proclama la
Causa de tu Señor a todos los que están en los cielos y en la tierra. Si
algún hombre respondiera a tu llamado, descubre ante él las perlas de la
sabiduría del Señor, tu Dios, que su Espíritu te ha enviado, y sé de
aquellos que de verdad creen. Y si alguien rechazara tu ofrecimiento,
apártate de él y deposita tu fe y confianza en el Señor, tu Dios, el
Señor de todos los mundos.

    ¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera en este Día, abra sus labios
y haga mención del nombre de su Señor, las huestes de la inspiración
divina descenderán sobre él desde el cielo de mi nombre, el Omnisciente,
el Sapientísimo. También descenderá sobre él el Concurso en lo alto, cada
uno llevando en alto, un cáliz de luz pura. Así ha sido preordinado en el
reino de la Revelación de Dios, por el mandato de Aquel quien es el Todo
Glorioso, el Todopoderoso.

    Dentro del Santo Velo, y preparado para el servicio de Dios, yace
una compañía de sus escogidos que serán manifestados a los hombres,
ayudarán a su Causa, y no temerán a nadie, aunque toda la raza humana se
levante y lidie contra ellos. Éstos son aquellos que, ante la vista de
los habitantes de la tierra y los moradores del cielo, se erguirán, y
aclamarán en alta voz el nombre del Todopoderoso, y llamarán a los hijos
de los hombres a seguir el sendero de Dios, el Todo Glorioso, el Todo
Alabado. Sigue su camino y no dejes que nadie te desanime. Sé de aquellos
a quienes la conmoción del mundo, por mucho que les agite en el sendero
de su Creador, nunca podrá entristecer, cuyo propósito, la censura de los
censuradores jamás podrá derrotar.

    Ve con la Tabla de Dios y sus signos, y únete a los que han creído
en mí y anúnciales nuevas de nuestro más sagrado Paraíso. Amonesta,
entonces a los que han unido socios a Él. Di: Vengo a vosotros, oh
pueblo, desde el Trono de gloria y os traigo un mensaje de Dios el Más
Poderoso, el Exaltadísimo, el Más Grande. En mi mano llevo el testimonio
de Dios, vuestro Señor, y el Señor de vuestros antepasados. Pesadlo en la
Balanza justa que poseéis, la Balanza del testimonio de los profetas y
mensajeros de Dios. Si lo encontráis fundado sobre la verdad, si creéis
que es de Dios, tened cuidado, entonces, no sea que lo caviléis y volváis
vanas vuestras obras, y seáis contados entre los infieles. Es ciertamente
el signo de Dios que ha sido enviado, por el poder de la verdad, con el
cual se ha demostrado a sus criaturas la validez de su Causa, y han sido
levantadas las insignias de pureza entre la tierra y el cielo.

    Di: Éste es el Pergamino místico y sellado, el repositorio del
Decreto irrevocable de Dios, que contiene las palabras que ha trazado el
Dedo de Santidad, que yacía envuelto en el velo de impenetrable misterio
y que ahora ha sido enviado como una muestra de gracia de Aquel quien es
el Todopoderoso, el Antiguo de los Días. En él hemos decretado los
destinos de todos los habitantes de la tierra y los moradores del cielo,
y hemos registrado el conocimiento de todas las cosas desde la primera
hasta la última. Nada puede pasar inadvertido para Él, ni frustrarle, ya
haya sido creado en el pasado, o sea creado en el futuro, si sólo
pudierais comprenderlo.

    Di: La Revelación enviada por Dios ha sido, con toda seguridad,
repetida, y la Mano extendida de nuestro poder ha amparado a todos los
que están en los cielos y a todos los que están en la tierra. Hemos
manifestado por el poder de la verdad, la verdad misma, una vislumbre
infinitesimal de nuestro Misterio impenetrable, y he aquí, aquellos que
han reconocido el fulgor del esplendor sinaico expiraron, cuando
percibieron un ligero atisbo de esta Luz Carmesí que envuelve el Sinaí de
nuestra Revelación. Así ha venido en las nubes de su testimonio Aquel
quien es la Belleza del Todo Misericordioso, y se ha cumplido el decreto
en virtud de la Voluntad de Dios, el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

    Di: ¡Sal de Tu cámara sagrada, oh Doncella del Cielo, moradora del
Exaltado Paraíso! Atavíate de la manera que agrades con la sedosa
Vestidura de Inmortalidad, y ponte, en nombre del Todo Glorioso, el
bordado Manto de Luz. Escucha, entonces, el dulce y maravilloso acento de
la Voz que viene del Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo.
Quita el velo de tu rostro y revela la belleza de la Zagala de ojos
negros, y no permitas que los siervos de Dios sean privados de la luz de
tu luminoso semblante. No te apenes si escuchas los gemidos de los que
habitan la tierra o las lamentaciones de los que moran en el cielo. Deja
que perezcan en el polvo de la extinción. Que sean reducidos a la nada,
por cuanto el fuego del odio ha sido encendida en sus pechos. Entona,
entonces, ante la faz de los pueblos de la tierra y del cielo, y con voz
muy melodiosa, el himno de alabanza, en conmemoración de Aquel quien es
el Rey de los nombres y atributos de Dios. Así hemos decretado tu
destino. Y Nosotros bien podemos lograr nuestro propósito.

    Ten cuidado, Tú que eres la Esencia de la Pureza, que no te
despojes de tu manto de gloria reluciente. Más bien, enriquécete cada vez
más, en el reino de la creación, con las vestiduras incorruptibles de tu
Dios, para que la hermosa imagen del Todopoderoso sea reflejada por ti en
todas las cosas creadas, y la gracia de tu Señor sea infundida en la
plenitud de su poder a toda la creación.

    Si percibes de alguien el aroma del amor de tu Señor, ofréndate por
él, porque te hemos creado para este fin, y hemos hecho convenio contigo,
desde tiempo inmemorial y en la presencia de la congregación de nuestros
favorecidos, con este mismo propósito. No te impacientes, si los ciegos
de corazón lanzan los dardos de sus vanas fantasías sobre ti. Abandónales
a si mismos, pues siguen las instigaciones de los malvados.

    Proclama a la vista de los moradores del cielo y de la tierra: Yo
soy la Doncella del Cielo, la Criatura engendrada por el Espíritu de
Bahá.  Mi morada es la Mansión de su Nombre, el Todo Glorioso. Ante el
concurso en lo alto fui adornada con el ornamento de sus nombres. Estaba
envuelta en el velo de una seguridad inviolable y yacía oculta a los ojos
de los hombres. Me parece haber escuchado una Voz de divina e
incomparable dulzura, que procedía de la diestra del Dios de
Misericordia, y he aquí, todo el Paraíso se conmovió y tembló ante mí en
su anhelo por escuchar sus palabras y contemplar la belleza de Aquel
quien las pronunciaba. Así hemos revelado en esta luminosa Tabla, y en la
más dulce de las lenguas, los versos que la Lengua de la Eternidad fue
movida a pronunciar en el Qayyúmu'l-Asmá'.

    Di: Él ordena lo que desea, en virtud de su soberanía, y hace lo
que es su Voluntad por su propio mandato. No debe ser interrogado sobre
lo que Él desee ordenar. Él, en verdad, es el Irrestringido, el
Todopoderoso, el Sapientísimo.

    Aquellos que no han creído en Dios, y se han rebelado contra su
soberanía, son las impotentes víctimas de sus deseos e inclinaciones
corruptas. Éstos regresarán a su habitación en el fuego del infierno:
¡miserable es la morada de los negadores!

    CXXX. Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad.
Sé digno de la confianza de tu prójimo, y mírale con rostro
resplandeciente y amistoso. Sé para el pobre un tesoro, para el rico, un
amonestador; sé uno que responde al llamado del menesteroso, y guarda la
santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra.
No seas injusto con nadie, y a todos muestra mansedumbre. Sé como una
lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los
entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un
sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y
rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un
bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo. Sé ojos para el
ciego y una luz de guía a los pies de los que yerran. Sé un ornamento del
semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un
pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la
humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el
horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un
arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la
munificencia, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente
en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad.

    CXXXI. La Pluma del Antiguo Rey nunca ha cesado de recordar a los
amados de Dios. En un tiempo ríos de misericordia han fluido de su Pluma,
en otro, mediante su movimiento, el claro Libro de Dios ha sido revelado.
Él es Aquel, a quien nadie es comparable, en cuyo lenguaje ninguno podía
nunca competir. Él es quien, desde la eternidad, ha estado establecido en
la sede del ascendiente y poder, de cuyos labios han procedido consejos
que pueden satisfacer las necesidades de toda la humanidad, y
advertencias que pueden beneficiarle.

    El Dios único y verdadero me atestigua, y sus criaturas
testificarán que ni por un momento me he permitido estar oculto a los
ojos de los hombres, ni he consentido escudarme contra su agravio. Ante
la faz de todos los hombres me he levantado y les he ordenado cumplir mi
agrado. Mi objetivo no es sino el mejoramiento del mundo y la
tranquilidad dé sus pueblos. El bienestar de la humanidad, su paz y
seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente
establecida. Esta unidad no podrá jamás lograrse mientras se permita que
los consejos que ha revelado la Pluma del Altísimo pasen desatendidos.

    Mediante el poder de las palabras que Él ha pronunciado, toda la
raza humana puede ser iluminada con la luz de la unidad, y el recuerdo de
su Nombre es capaz de inflamar los corazones de todos los hombres y
consumir los velos que se interponen entre ellos y su gloria. Una acción
recta está dotada de tal potencia que puede enaltecer a tal punto al
polvo como para hacerlo ir más allá del cielo de los cielos. Puede rasgar
toda atadura y tiene el poder de restaurar la fuerza que se ha gastado y
desvanecido....

    Sed puros, oh pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos....
Di: ¡Oh pueblo de Dios! Lo que puede asegurar la victoria de Aquel quien
es la Verdad Eterna, sus huestes y ayudantes en la tierra, han sido
anotadas en los Libros y Escrituras sagradas, y son tan claras y
manifiestas como el sol. Estas huestes son los actos rectos, la conducta
y carácter que son aceptables a su vista. Quienquiera se levante a ayudar
a nuestra Causa en este Día, y llame en su ayuda las huestes de un
carácter loable y una conducta recta, la influencia que fluye de tal
acción, ciertamente será difundida por todo el mundo.

CXXXII. El propósito del Dios único y verdadero, exaltada sea su
gloria, al revelarse a los hombres, es poner en descubierto las gemas que
yacen ocultas en la mina de su ser íntimo y verdadero. Es parte de la
esencia de la Fe de Dios y su Religión en este Día, que no deberá
permitirse nunca que las diversas comuniones de la tierra, y los
múltiples sistemas de creencias religiosas, fomenten la animosidad entre
los hombres. Estos principios y leyes, estos sistemas poderosos y
firmemente establecidos, han procedido de una sola Fuente, y son los
rayos de una sola Luz. Que difieren unos de otros debe atribuirse a los
requisitos variables de las edades en que fueron promulgadas.

    ¡Oh pueblo de Bahá! Aprestaos en vuestros esfuerzos, que quizás el
tumulto de lucha y disensión religiosas, que agita a los pueblos de la
tierra, sea aquietado, para que toda huella de ellas sea completamente
borrada. Por el amor a Dios y a aquellos que le sirven, levantaos para
ayudar a esta, la más sublime y trascendental Revelación. El fanatismo y
odio religiosos son un fuego que devora el mundo, cuya violencia nadie
puede extinguir. Sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la
humanidad de esta aflicción desoladora....

    La prolación de Dios es una lámpara, cuya luz son estas palabras:
Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Proceded
uno con otro con extremo amor y armonía, con amistad y compañerismo.
¡Aquel, quien es el Sol de la Verdad, es mi testigo! Tan potente es la
luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra. El Dios único y
verdadero, quien conoce todas las cosas, atestigua Él mismo la verdad de
estas palabras.

    Esforzaos para que alcancéis esta trascendente y muy sublime
posición, posición que puede asegurar la protección y seguridad de toda
la humanidad. Esta meta supera todas las demás metas, y esta aspiración
es el monarca de todas las aspiraciones. Sin embargo, mientras no se
disipen las espesas nubes de la opresión que oscurecen el sol de la
justicia, será difícil que la gloria de esta posición sea revelada a los
ojos de los hombres....

    Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá, con espíritu de
amistad y compañerismo. Si sois conscientes de cierta verdad, si poseéis
una joya, de la que otros están privados compartidla con ellos en un
lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su
propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara,
abandonadle a sí mismo, e implorad a Dios que le guíe. Guardaos de
tratarle sin bondad. Una lengua amable es el imán del corazón de los
hombres. Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es
fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento....

    CXXXIII. La ordenanzas de Dios han sido enviadas desde el cielo de
su muy augusta Revelación. Todos deben observarlas diligentemente. La
suprema distinción del hombre, su verdadero adelanto, su victoria final,
ha dependido siempre y continuará dependiendo de ellas. Quienquiera
guarde los mandamientos de Dios alcanzará felicidad eterna.

    Una doble obligación descansa sobre aquel que ha reconocido la
Aurora de la Unidad de Dios y aceptado la verdad de Aquel quien es la
Manifestación de su unicidad. La primera es constancia en su amor, tal
que ni el clamor del enemigo ni las pretensiones del impostor ocioso
puedan impedirle aferrarse a Aquel quien es la Verdad Eterna, constancia
que prescinda totalmente de ellos. La segunda es estricta observancia de
las leyes que Él ha prescrito, leyes que Él siempre ha ordenado a los
hombres y continuará ordenando, mediante las cuales la verdad puede ser
distinguida y separada de la falsedad.

    CXXXIV. El primer deber y el más sobresaliente, después del
reconocimiento de Aquel quien es la Verdad Eterna, es la constancia en su
Causa. Aférrate a ella, y sé de aquellos cuyas mentes están fijas y
fundadas firmemente en Dios. Ninguna acción, por muy meritoria que sea,
no ha sido ni será jamás comparable a ésta. Es el rey de todas las
acciones, y esto lo atestiguará tu Señor, el Altísimo, el Más
Poderoso....

    Las virtudes y atributos que pertenecen a Dios son todos evidentes
y manifiestos, y han sido mencionados y descritos en todos los Libros
Celestiales. Entre éstos se encuentran la confiabilidad, la veracidad, la
pureza de corazón en comunión con Dios, la indulgencia, la resignación a
todo lo que el Todopoderoso ha decretado, el contento con las cosas que
su Voluntad ha proveído, la paciencia, aun más, el agradecimiento en
medio de las tribulaciones, y completa confianza en Él bajo todas
circunstancias. De acuerdo con la estimación de Dios, éstas figuran como
las más elevadas y loables entre todas las acciones. Todas las demás
acciones son secundarias y subordinadas a ellas, y continuarán siempre
siéndolo....

    El espíritu que anima al corazón humano es el conocimiento de Dios,
y su mejor adorno es el reconocimiento de la verdad que: "Él hace todo lo
que es su Voluntad y ordena lo que Él desea". Su atavío es el temor a
Dios, y su perfección es la constancia en su Fe. Así instruye Dios a
todos los que le buscan. Él, en verdad, ama a aquel que se vuelve hacia
Él. No hay otro Dios sino Él, el Perdonador, el Más Generoso. Toda loanza
sea a Dios, el Señor de todos los mundos.

    CXXXV.  ¡Oh Letra del Viviente! El oído de Dios ha escuchado tu
llamado, y sus ojos han visto la súplica que has escrito. Él te llama
desde su sede de gloria y te revela los versos que han sido enviados por
aquel que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo.

    Bendito eres por haber abolido enteramente el ídolo del egoísmo y
de la vana imaginación, por haber rasgado el velo de la ociosa fantasía,
mediante la fuerza del poder de tu Señor, el Supremo Protector, el
Todopoderoso, el único Amado. Ciertamente serás contado entre aquellas
Letras que han superado a toda otra Letra. Por esto has sido elegido por
Dios, por la lengua de tu Señor, el Báb, el resplandor de cuyo semblante
ha envuelto a toda la creación y continuará envolviéndola. Da gracias al
Todopoderoso y magnifica su nombre por cuanto Él te ha ayudado a
reconocer una Causa que ha hecho temblar los corazones de los habitantes
de los cielos y de la tierra, que ha hecho clamar a los moradores de los
Reinos de la creación y de la Revelación, por la cual los secretos
ocultos en los corazones de los hombres han sido descubiertos y probados.

    Tu Señor, el Altísimo (el Báb), desde su Reino de gloria, te dirige
esta palabras: Grande es la bendición que te espera, oh Letra del
Viviente, por que tú de verdad has creído en mí, has rehusado
avergonzarme ante el Concurso en lo Alto, has cumplido tu promesa, te has
despojado del velo de las vanas imaginaciones, y has fijado tu mirada en
el Señor, tu Dios, el Señor de lo visible e invisible, el Señor del
Templo Frecuentado. Estoy muy contento contigo, por cuanto he encontrado
tu rostro resplandeciente en el Día en que los rostros se han hecho
lúgubres y se han vuelto negros.

    Di: ¡Oh pueblo del Bayán! ¿No os hemos amonestado, en todas
nuestras Tablas y en todas nuestras Escrituras ocultas, para que no
sigáis vuestras pasiones malas e inclinaciones corruptas, sino para que
dirijáis vuestras miradas hacia la Escena de gloria trascendente en el
Día en que será establecida la Más Poderosa Balanza, Día en que las
dulces melodías del Espíritu de Dios manarán de la diestra del trono de
vuestro Señor, el omnipotente Protector, el Todopoderoso, el Santo de los
Santos? ¿No os hemos prohibido aferraros a las cosas que os apartaran de
la Manifestación de nuestra Belleza en su siguiente Revelación, sean
ellas las personificaciones de los nombres de Dios y toda su gloria, o
los reveladores de sus atributos y su dominio? ¡Ve cómo, en cuanto me he
revelado, habéis rechazado mi verdad y os habéis alejado de mí, y habéis
sido de los que han considerado los signos de Dios como un juego y
pasatiempo!

    ¡Por mi Belleza! En este Día nada en absoluto será aceptado de
vosotros aunque. continuéis adorando a Dios y postrándoos ante Él por
toda la eternidad de su dominio. Pues todas las cosas dependen de su
Voluntad, y el valor de todos los hechos está condicionado a su
aceptación y agrado. Todo el universo no es sino un puñado de arcilla en
su mano. A no ser que uno reconozca a Dios y le ame, su llamado no será
escuchado por Dios en este Día. Ésta es parte de la esencia de su Fe, si
sólo supierais.

    ¿Estaréis contentos con aquello que sólo es como la niebla en la
llanura y dispuestos a privaros del Océano, cuyas aguas, en virtud de la
Voluntad de Dios, refrescan las almas de los hombres? ¡Ay de vosotros,
por haber respondido a la generosidad de Dios con algo tan vano y
despreciable! Sois, en verdad, de aquellos que me han rechazado en mi
Revelación anterior. ¡Oh qué vuestros corazones comprendieran!

    Levantaos y, a la vista de Dios, expiad vuestras faltas de deber
hacia Él. Éste es mi mandamiento a vosotros, si prestarais oídos a mi
mandamiento. ¡Por mi mismo! Ni el pueblo del Corán, ni los seguidores de
la Tora, ni del Evangelio, ni los de ningún otro Libro han cometido lo
que vuestras manos han hecho. Yo mismo he dedicado toda mi vida a la
vindicación de la verdad de esta Fe. Yo mismo, en todas mis Tablas he
anunciado el advenimiento de su Revelación. Sin embargo, tan pronto como
Él se manifestó en su Revelación subsiguiente, vestido con la gloria de
Bahá y ataviado con el manto de su grandeza, vosotros os rebelasteis
contra Aquel quien es el Supremo Protector, el que Subsiste por sí mismo.
¡Cuidaos, oh pueblo! Avergonzaos de aquello que me ha acaecido por
vuestras manos en el Sendero de Dios. Cuidaos de que no seáis contados
entre los que han rechazado lo que les ha sido enviado desde el Cielo de
la trascendente gloria de Dios.

    Tales son, oh Letra del Viviente, las palabras que tu Señor ha
pronunciado y te ha dirigido desde los reinos en lo alto. Proclama las
palabras de vuestro Señor a sus siervos, que tal vez sacudan su sueño y
pidan perdón a Dios, quien les ha formado y les ha modelado, y les ha
enviado esta muy refulgente, esta muy santa y manifiesta Revelación de Su
Belleza.

    CXXXVI. Di: Oh pueblo, librad vuestras almas de las cadenas del yo
y purificadlas de todo apego a cualquier cosa fuera de mí. El recuerdo de
mí limpia todas las cosas de mancha, si pudierais comprenderlo. Di: Si
todas las cosas creadas fuesen despojadas enteramente del velo de vanidad
y deseo mundanos, la Mano de Dios las vestiría en este Día, a todas y
cada una, con la vestidura "Él hace lo que es su Voluntad en el reino de
la creación", para que así sea manifestado en todas las cosas el signo de
su soberanía. Exaltado, entonces, sea Él, el Soberano Señor de todo, el
Todopoderoso, el Supremo Protector, el Todo Glorioso, el Omnipotente.

    Entona, oh mi siervo, los versos de Dios que tú has recibido, como
son entonados por aquellos que se han acercado a Él, para que la dulzura
de tu melodía encienda tu propia alma y atraiga los corazones de todos
los hombres. Quienquiera recite retirado en su cámara los versos
revelados por Dios, los ángeles esparcidores del Todopoderoso difundirán
por doquier la fragancia de las palabras pronunciadas por su boca, y
harán que palpite el corazón de todo hombre recto. Aunque al principio
permanezca inconsciente de su efecto, sin embargo, la virtud de gracia
concedida a él debe necesariamente ejercer tarde o temprano influencia
sobre su alma. Así han sido decretados los misterios de la Revelación de
Dios en virtud de la Voluntad de Aquel quien es la Fuente de poder y
sabiduría.

    ¡Oh Khalíl! Dios es mi testigo. Aunque mi Pluma se mueva sobre mi
Tabla, sin embargo, en el fondo de su corazón llora y está dolorosamente
afligida. La lámpara que arde ante el Trono, asimismo, llora y gime por
causa de lo que la Antigua Belleza ha sufrido en manos de aquellos que no
son sino una creación de su Voluntad. Dios mismo sabe y atestigua la
verdad de mis palabras. Ningún hombre que haya purgado su oído del
ruidoso clamor de los infieles y lo haya puesto hacia todas las cosas
creadas, puede dejar de oír la voz de su lamento y llanto por el dolor
que nos ha sucedido en manos de aquellos de nuestros siervos que no han
creído y se han rebelado contra Nosotros. Así te hemos revelado un
vislumbre de las penas que nos han sobrevenido para que seas consciente
de nuestros sufrimientos y soportes pacientemente tus aflicciones.

    Levántate para ayudar a tu Señor en todo tiempo y en todas
circunstancias, y sé tú uno de sus ayudantes. Amonesta, entonces, al
pueblo para que presten atención a las palabras que el Espíritu de Dios
ha pronunciado en esta refulgente y esplendorosa Tabla. Di: No sembréis,
oh pueblo, las semillas de disensión entre los hombres, y no contendáis
con vuestro prójimo. Sed pacientes bajo todas condiciones, y depositad
toda vuestra fe y confianza en Dios. Ayuda a vuestro Señor con la espada
de la sabiduría y la prolación. Esto, ciertamente, es propio de la
posición del hombre. Apartarse de ello sería indigno para Dios, el
Soberano Señor de todo, el Glorificado. El pueblo, sin embargo, ha sido
desviado, y es, ciertamente, de los desatentos.

    Abrid, oh pueblo, las puertas de los corazones de los hombres con
las llaves del recuerdo de Aquel quien es el Recuerdo de Dios y la Fuente
de sabiduría entre vosotros. Él ha elegido de todo el mundo los corazones
de sus siervos, y los ha hecho sede de la revelación de su gloria. Por
tanto, santificadlos de toda mancha, para que aquello para lo cual fueron
creados sea grabado en ellos. Esto, de hecho, es una muestra del generoso
favor de Dios.

    Embelleced vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad, y adornad
vuestras almas con el ornamento de la honestidad. Cuidad, oh pueblo, no
sea que obréis traicioneramente con alguno. Sed los procuradores de Dios
entre sus criaturas y los emblemas de su generosidad en medio de su
pueblo. Aquellos que siguen sus placeres y corruptas inclinaciones han
errado y disipado sus esfuerzos. Ellos, de veras, son de los perdidos.
Esforzaos, oh pueblo, para que vuestros ojos sean dirigidos hacia la
misericordia de Dios, que vuestros corazones estén en consonancia con su
maravilloso recuerdo, que vuestras almas dependan confiadamente de su
gracia y munificencia, que vuestros pies hollen el sendero de su
complacencia. Éstos son los consejos que os lego. ¡Ojalá siguierais mis
consejos!

    CXXXVII. Algunos han considerado que es lícito violar la integridad
de los bienes de su prójimo y no han dado importancia a la orden de Dios
prescrita en su Libro. ¡Que el mal caiga sobre ellos y el castigo de
Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, les aflija! ¡Por Aquel quien
brilla sobre la Aurora de santidad! Si toda la tierra fuera convertida en
plata y oro, ningún hombre del que pueda decirse que verdaderamente ha
ascendido al cielo de fe y certeza se dignaría a mirarlo, menos aun a
tomar y guardarlo. Anteriormente nos hemos referido a este tema en
pasajes revelados en lengua árabe, en palabras de exquisita belleza.
¡Dios es nuestro testigo! Quienquiera haya gustado la dulzura de esas
palabras nunca consentirá transgredir los límites que Dios ha fijado, ni
volverá su mirada hacia nadie excepto su Bienamado. Tal hombre reconocerá
fácilmente con su vista interior cuán vanas y fugaces son las cosas de
este mundo, y pondrá sus afectos en cosas sublimes.

    Di: ¡Avergonzaos, oh vosotros que os llamáis los amantes de la
Antigua Belleza! Que os sirvan de amonestación las tribulaciones que Él
ha sufrido, el peso de la angustia que ha soportado por amor de Dios. Que
vuestros ojos se abran. ¿Con qué propósito se ha afanado Él, si las
múltiples pruebas que ha sobrellevado han de tener finalmente como
resultado tan despreciables profesiones, y tan miserable conducta? Todo
ladrón, todo obrador de iniquidades, en los días anteriores a mi
Revelación, ha pronunciado estas mismas palabras y ha efectuado estos
mismos hechos.

    Ciertamente digo: Prestad atención a mi dulce voz y santificaos de
la suciedad de vuestras malas pasiones y deseos corruptos. Aquellos que
moran dentro del tabernáculo de Dios, y están establecidos en las sedes
de gloria sempiterna, rehusarán, aunque estén muriendo de hambre,
extender y tomar ilícitamente la propiedad de su prójimo, por muy bajo y
despreciable que éste sea.

    El propósito del Dios único y verdadero al manifestarse a sí mismo
es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad
y confiabilidad, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la
paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría. Su objetivo es cubrir
a cada hombre con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el
ornamento de acciones buenas y santas.

    Di: Tened misericordia de vosotros mismos y de vuestros semejantes,
y no permitáis que la Causa de Dios -Causa que es inmensamente exaltada
sobre la esencia íntima de la santidad-  sea manchada por la inmundicia
de vuestras ociosas fantasías, de vuestras imaginaciones indecorosas y
corruptas.

    CXXXVIII. Tú ves, oh Dios de Misericordia, Tú cuyo poder penetra
todas las cosas creadas, a estos siervos tuyos, tus esclavos, quienes de
acuerdo con el beneplácito de tu Voluntad, observan de día el ayuno
prescrito por ti, quienes se levantan, con el alba del día, para hacer
mención de tu Nombre y celebrar tu alabanza, en el deseo de obtener su
parte de las cosas buenas que están atesoradas en los erarios de tu
gracia y munificencia. Te imploro, oh Tú que tienes en tus manos las
riendas de toda la creación, en cuyo puño está todo el reino de tus
nombres y de tus atributos, que no prives en tu Día a tus siervos de las
lluvias que se vierten de las nubes de tu misericordia, ni les impidas
tomar su porción del océano de tu complacencia.

    Todos los átomos de la tierra son testigos, oh mi Señor, de la
grandeza de tu poder y soberanía; y todos los signos del universo
atestiguan la gloria de tu majestad y fuerza. Ten misericordia, entonces,
oh Tú que eres el soberano Señor de todo, que eres el Rey de los días
sempiternos y Monarca de todas las naciones, sobre éstos, tus siervos,
que se han aferrado a la cuerda de tus mandamientos, que han doblado su
cerviz a las revelaciones de tus leyes que han sido enviadas desde el
cielo de tu Voluntad.

    Ve, oh mi Señor, cómo sus ojos se han levantado hacia el orto de tu
amorosa bondad, cómo sus corazones están puestos sobre los océanos de tus
favores, cómo se acallan sus voces ante los acentos de tu muy dulce Voz,
que llama, desde la Posición más sublime, en tu nombre, el Todo Glorioso.
Ayuda Tú a tus amados, oh mi Señor, a aquellos que han abandonado todo
para poder obtener lo que Tú posees, quienes han sido envueltos por
pruebas y tribulaciones por haber renunciado al mundo y depositado su
afecto en tu dominio de gloria. Escúdalos, te imploro, oh mi Señor, de
los asaltos de las malas pasiones y deseos, ayúdales a obtener lo que ha
de aprovecharles en este presente mundo y el venidero.

    Te pido, oh mi Señor, por tu oculto, tu atesorado Nombre, que llama
en alta voz en el reino de la creación y emplaza a todos los pueblos al
Árbol más allá del cual no hay paso, la sede de trascendente gloria, que
derrames sobre nosotros, y sobre tus siervos la inundante lluvia de tu
misericordia, para que nos limpie del recuerdo de todo salvo de ti, nos
acerque a las orillas del océano de tu gracia. Ordena, oh Señor, por tu
muy exaltada Pluma, lo que ha de inmortalizar nuestras almas en el
Dominio de gloria, perpetuar nuestros nombres en tu Reino, y guardar
nuestras vidas en los erarios de tu protección y nuestros cuerpos en el
baluarte de tu inviolable fortaleza. Potente eres Tú sobre todas las
cosas, ya sean del pasado o del futuro. No hay otro Dios sino Tú, el
Protector omnipotente, el que subsiste por sí mismo.

    Tú ves, oh Señor, nuestras manos suplicantes levantadas hacia el
cielo de tu favor y generosidad. Concede que sean colmadas con los
tesoros de tu munificencia y generoso favor. Perdónanos a nosotros, y a
nuestros padres, y a nuestras madres, y cumple todo lo que hemos deseado
desde el océano de tu gracia y divina generosidad. Acepta, oh Amado de
nuestros corazones, todas nuestras obras en tu sendero. Tú eres,
verdaderamente, el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Incomparable, el
Único, el Perdonador, el Conferidor de Gracia.

    CXXXIX. Presta atención, oh Nabíl-i-A'zam, a la Voz del Antiguo de
los Días, que te llama desde el Reino de su Nombre todo glorioso. Es Él
quien proclama desde los dominios en lo alto y dentro de la esencia
íntima de todas las cosas creadas: "Yo, verdaderamente, soy Dios, no hay
otro Dios sino Yo. Yo soy Aquel quien, desde siempre, ha sido la Fuente
de toda soberanía y poder, Aquel quien continuará, por la eternidad,
ejerciendo su dignidad soberana y dando su protección a todas las cosas
creadas. Mi prueba es la grandeza de mi poder y mi soberanía que abarca a
toda la creación"....

    Bendito eres tú, oh mi nombre, por cuanto has entrado en mi Arca, y
te deslizas, por la fuerza de mi soberano y muy exaltado poder, sobre el
océano de grandeza, y te cuentas entre mis favorecidos cuyos nombres ha
inscrito el Dedo de Dios. Has bebido de la copa que es en verdad la vida
de las manos de este Joven, en torno de quien giran las Manifestaciones
del Todo Glorioso, y el brillo de cuya presencia aquellos que son las
Auroras de Misericordia ensalzan de día y de noche.

    Su gloria sea contigo, por cuanto has ido de Dios hacia Dios y has
entrado en las márgenes de la Corte de esplendor inmarcesible, Lugar que
el hombre mortal no podrá nunca describir. Allí la brisa de santidad,
cargada del amor de tu Señor, ha conmovido tu espíritu dentro de ti, y
las aguas del entendimiento te han lavado de las manchas de alejamiento e
impiedad. Has sido admitido en el Paraíso del Recuerdo de Dios, por tu
reconocimiento de Aquel quien es la Personificación de ese Recuerdo entre
los hombres.

    Por tanto, sé agradecido a Dios, por que te ha fortalecido para
ayudar a su Causa, porque ha hecho que las flores del conocimiento y la
comprensión broten en el jardín de tu corazón. Así te ha envuelto su
gracia, como ha envuelto a toda la creación. Cuidado, no permitas que
algo te apene. Líbrate de todo apego a las vanas alusiones de los hombres
y arroja tras de ti las vanas y sutiles disputas de aquellos que están
separados de Dios por velos. Proclama, entonces, lo que el Más Grande
Espíritu te hará pronunciar en el servicio de la Causa de tu Señor, para
que conmuevas las almas de todos los hombres y atraigas sus corazones
hacia esta muy bendita y toda gloriosa Corte....

    Sabe que hemos anulado la regla de la espada como ayuda a nuestra
Causa, y la hemos sustituido por el poder nacido de la prolación de los
hombres. Así lo hemos decretado irrevocablemente, en virtud de nuestra
gracia. Di: ¡Oh pueblo! No sembréis las semillas de discordia entre los
hombres, y absteneos de contender con vuestro prójimo, pues vuestro Señor
ha encomendado el mundo y las ciudades de éste al cuidado de los reyes de
la tierra, y los ha hecho emblemas de su propio poder, en virtud de la
soberanía que Él ha elegido para conferirles. Él ha rehusado reservar
para sí parte alguna del dominio de este mundo. Esto lo atestigua Aquel
quien es, Él mismo, la Verdad Eterna. Lo que Él ha reservado para sí, son
las ciudades de los corazones de los hombres, para que Él pueda
limpiarlos de toda inmundicia terrenal y habilitarlos para aproximarse al
Lugar santificado que las manos de los infieles no podrán nunca profanar.
Abrid, oh pueblo, la ciudad del corazón humano con la llave de vuestra
palabra. Así Nosotros, de acuerdo con una medida preordinada, os hemos
prescrito vuestro deber.

    ¡Por la rectitud de Dios! El mundo y sus vanidades, y su gloria, y
todas las delicias que pueda ofrecer, son todos, a la vista de Dios, tan
viles como polvo y cenizas, no, y aún mas despreciables que éstos. ¡Si
los corazones de los hombres pudieran comprenderlo! Limpíaos
completamente, oh pueblo de Bahá, de la contaminación del mundo, y de
todo lo que le pertenece. Dios mismo es mi testigo. Las cosas de la
tierra no os convienen. Desechadlas para quienes las deseen, y fijad
vuestros ojos en esta muy santa y refulgente Visión.

    Lo que os conviene es el amor a Dios, y el amor a Aquel quien es la
Manifestación de su Esencia, y la observancia de todo lo que Él elija
para prescribiros, si sólo lo supierais.

    Di: Que la veracidad y la cortesía sean vuestro adorno. No
permitáis ser privados del manto de la paciencia y justicia, para que los
dulces aromas de santidad sean exhalados desde vuestros corazones sobre
todas las cosas creadas. Di: Cuidado, oh pueblo de Bahá, no sea que
andéis por los caminos de aquellos cuyas palabras difieren de sus hechos.
Esforzaos que seáis habilitados para manifestar a los pueblos de la
tierra los signos de Dios y reflejar sus mandamientos. Que vuestros
hechos sean una guía para toda la humanidad, pues lo que profesan la
mayoría de los hombres, sean nobles o humildes, difieren de su conducta.
Es por vuestros actos que podéis distinguiros de los demás. Por ellos
puede ser derramado sobre toda la tierra el brillo de vuestra luz. Feliz
es el hombre que atiende mi consejo y guarda los preceptos prescritos por
Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente.

    CXL. ¡Oh Muhammad-'Alí! Grande es la ventura que te espera, por
cuanto has adornado tu corazón con el ornamento del amor a tu Señor, el
Todo Glorioso, el Todo Alabado, Aquel que haya alcanzado esta posición en
este día, todo el bien será suyo.

    No prestes atención a la humillación a que han sido sometidos en
este Día los amados de Dios. Esta humillación es el orgullo y la gloria
de todo honor temporal y elevación mundana. ¿Qué honor puede imaginarse
mayor que el honor conferido con la Lengua del Antiguo de los Días cuando
recuerda a sus amados en su Prisión, la Más Grande? El día se aproxima,
en que las nubes interpuestas se habrán disipado completamente, en que la
luz de las palabras: "Todo honor pertenece a Dios y a aquellos que le
aman", habrá aparecido, tan manifiesta como el sol, sobre el horizonte de
la Voluntad del Todopoderoso.

    Todos los hombres, sean nobles o humildes, han buscado tan gran
honor y aún lo buscan. Todos, sin embargo, tan pronto como el Sol de la
Verdad derramara su resplandor sobre el mundo, han sido privados de sus
beneficios, y han sido apartados como por un velo de su gloria, excepto
aquellos que se han aferrado a la cuerda de la infalible providencia del
Dios único y verdadero, y que, con completo desprendimiento de todo salvo
Él, han vuelto sus rostros hacia su santa corte.

    Da gracias a Aquel, quien es el Deseo de todos los mundos por
haberte investido con tan alto honor. Dentro de poco el mundo y todo lo
que hay en él será como una cosa olvidada, y todo el honor será para los
amados de tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

    CXLI. ¡Un Libro enviado en verdad a los hombres de discernimiento!
Ordena al pueblo observar la justicia y obrar la rectitud, y les prohíbe
seguir sus inclinaciones corruptas y deseos carnales, acaso los hijos de
los hombres sean despertados de su negligencia.

    Di: Seguid, oh pueblo, lo que ha sido prescrito a vosotros en
nuestras Tablas, y no os dejéis llevar por las imaginaciones que han
maquinado los sembradores de maldad, aquellos que cometen malicia y la
imputan a Dios, el Más Santo, el Todo Glorioso, el Exaltadísimo. Di:
Hemos aceptado ser probados con males y aflicciones para que os
santifiquéis de toda inmundicia terrenal. ¿Por qué rehusáis entonces
ponderar en vuestros corazones nuestro propósito? ¡Por la rectitud de
Dios! Quienquiera que reflexione sobre las tribulaciones que Nosotros
hemos sufrido, su alma se desvanecerá de pena. Tu Señor, Él mismo,
atestigua la verdad de mis palabras. Hemos soportado el peso de todas las
calamidades para santificaros de toda corrupción terrenal, y, sin
embargo, estáis indiferentes.

    Di: Incumbe a cada uno que se sostiene firmemente del borde de
nuestro Manto, no ser manchado por nada que sea contrario al Concurso en
lo alto. Así ha sido decretado por tu Señor, el Todo Glorioso, en su
perspicua Tabla. Di: ¿Dejáis a un lado mi amor y cometéis lo que
entristece mi corazón? ¿Qué os impide comprender lo que ha sido revelado
a vosotros por Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente?

    Nosotros de verdad vemos vuestras acciones. Si percibimos de ellas
el dulce aroma de la pureza y santidad, Nosotros, ciertamente, os
bendeciremos. Entonces, las lenguas de los moradores del Paraíso
pronunciaran vuestra alabanza y magnificarán vuestros nombres entre
aquellos que se han acercado a Dios.

    Aférrate al borde del Manto de Dios y sosténte firmemente de su
Cuerda, que nadie puede dividir. Cuida que el clamor de aquellos que han
repudiado su Más Grande Anuncio no te impida lograr tu propósito.
Proclama lo que te ha sido prescrito en esta Tabla, aunque todos los
pueblos se alcen y se opongan a ti. Tu Señor es, en verdad, el que
Compele Todo, el Protector Infalible.

    Mi gloria sea contigo y con aquellos de mis amados que se han
asociado contigo. Éstos son de verdad aquellos con quienes estará el
bien.

    CXLII. ¡Juro por la belleza del Bienamado! Ésta es la Misericordia
que ha envuelto a toda la creación, el Día en que la gracia de Dios ha
penetrado e impregnado todas las cosas. Las aguas vivientes de mi
misericordia, oh 'Alí, vierten copiosamente, y mi corazón se funde con el
calor de mi ternura y amor. En ningún momento he podido resignarme a las
aflicciones que han sucedido a mis amados ni a ninguna pena que pudiera
ofuscar la alegría de sus corazones.

    Cada vez que mi nombre "el Todo Misericordioso" escuchaba que uno
de mis amados había proferido una palabra que iba contra mi deseo, se
retiraba herido de dolor y desconsolado a su morada; y cuando mi nombre
"el Encubridor" descubría que alguno de mis seguidores había infligido
una afrenta o humillación a su prójimo, asimismo volvía apesadumbrado y
lleno de tristeza a sus retiros de gloria, y allí lloraba y se lamentaba
penosamente. Y cuando mi nombre "el que Siempre Perdona" percibía que
alguno de mis amigos había cometido una transgresión gritaba en su gran
tormento, y vencido por la angustia, caía sobre el polvo y era llevado
por una compañía de los ángeles invisibles a su habitación en los
dominios en lo alto.

    ¡Por mí mismo, el Verdadero, oh 'Alí! El fuego que ha inflamado el
corazón de Bahá es más abrasador que el fuego que arde en tu corazón, y
su lamentación, más aguda que tu lamentación. Cada vez que el pecado
cometido por alguno entre ellos era pronunciado en la Corte de su
Presencia, la Antigua Belleza se llenaba tanto de vergüenza como para
desear que pudiese ocultar la gloria de su semblante de los ojos de todos
los hombres, porque Él en todo momento ha fijado su mirada en su
fidelidad y ha observado sus requisitos esenciales.

    Las palabras que tú escribiste, tan pronto como fueron leídas en mi
Presencia, han hecho que el océano de mi fidelidad se mueva dentro de mí,
y que la brisa de mi perdón acaricie tu alma, y que el árbol de mi
amorosa bondad te dé sombra, y que las nubes de mi generosidad viertan
sus dádivas sobre ti. Juro por el Sol que gira sobre el horizonte de la
eternidad. Lloro por ti en tu tristeza, y me lamento contigo en tu
tribulación.... Soy testigo de los servicios que me has hecho, y
atestiguo las diversas aflicciones que has soportado por mi amor. Todos
los átomos de la tierra declaran mi amor por ti.

    El llamado que tú elevaste, oh 'Alí, es altamente aceptable a mi
vista. Proclama con tu pluma y lengua mi Causa. Llama y emplaza al pueblo
hacia Aquel quien es el Soberano Señor de todos los mundos, con tal celo
y fervor, que todos los hombres sean encendidos por ti.

    Di: ¡Oh mi Señor, mi Bienamado, el Movedor de mis acciones, la
Estrella de Guía de mi alma, la Voz que llama en mi ser íntimo, el Objeto
de la adoración de mi corazón! La loanza sea a ti por haberme habilitado
para volver mi rostro hacia ti, por haber inflamado mi alma mediante el
recuerdo de ti, por haberme ayudado a proclamar tu Nombre y cantar tus
alabanzas.

    ¡Mi Dios, mi Dios! Si no se encontrara a nadie que se desviase de
tu sendero, ¿cómo podría entonces ser desplegada la enseña de tu
misericordia o izado el estandarte de tu generoso favor? Y si no se
cometiera iniquidad, ¿qué podría proclamarte como el Encubridor de los
pecados de los hombres, el que Siempre Perdona, el Omnisciente, el
Sapientísimo? Que mi alma sea un sacrificio por los delitos de aquellos
que te contravienen, porque sobre éstos sopla la dulce fragancia de los
tiernos mercedes de tu Nombre, el Compasivo, el Todo Misericordioso. Que
mi vida sea entregada por las transgresiones de aquellos que te
desobedecen, porque mediante ellas el hálito de tu gracia y la fragancia
de tu amorosa bondad se hacen conocer y difundir entre los hombres. Que
mi ser íntimo sea ofrendado por los pecados de aquellos que han pecado
contra ti, porque es como resultado de tales pecados que el Sol de tus
múltiples favores se revela sobre el horizonte de tu generosidad y las
nubes de tu infalible providencia vierten sus dádivas sobre las
realidades de todas las cosas creadas.

    Yo soy aquel, oh mi Señor, que te ha confesado la multitud de sus
malas obras, que ha reconocido lo que ningún hombre ha reconocido. Me he
apresurado para alcanzar el océano de tu perdón, y he buscado refugio
bajo la sombra de tu muy bondadoso favor. Concede, te lo imploro, oh Tú
que eres el Rey Eterno y el Soberano Protector de todos los hombres, que
yo sea habilitado para manifestar lo que ha de hacer que los corazones y
almas de los hombres se remonten a la inmensidad ilimitada de tu amor y
comulguen con tu Espíritu. Fortaléceme con la fuerza de tu soberanía para
que yo pueda volver todas las cosas creadas hacia la Aurora de tu
Manifestación y la Fuente de tu Revelación. Ayúdame, oh mi Señor, a
someterme completamente a tu Voluntad, y a levantarme y servirte, porque
yo no estimo esta vida terrenal para ningún propósito que no sea el de
rodear el Tabernáculo de tu revelación y la Sede de tu Gloria. Tú me ves,
oh mi Dios, desprendido de todo salvo de ti y humilde y servil a tu
Voluntad. Procede conmigo como sea propio de ti y como corresponda a tu
alteza y gran gloria.

    ¡Oh 'Alí! La munificencia de Aquel quien es el Señor de todos los
mundos, ha sido conferida a ti, y sigue siéndolo. Ármate con su fortaleza
y fuerza, y levántate a ayudar a su Causa y a magnificar su santo nombre.
No dejes que tu ignorancia del conocimiento de los hombres y tu
incapacidad de leer y escribir entristezcan tu corazón. Las puertas de su
múltiple gracia están dentro del poderoso puño de la fuerza del Dios
único y verdadero. Él las ha abierto, y continuará abriéndolas, a la faz
de todos aquellos que le sirven. Ojalá que esta brisa de dulzura divina
continúe soplando del prado de tu corazón sobre todo el mundo, de manera
que sus efectos sean manifiestos en cada país. Es Él que tiene poder
sobre todas las cosas. Él ciertamente, es el Más Fuerte, el Todo
Glorioso, el Omnipotente.

    CXLIII. Bienaventurado eres, oh mi siervo, por cuanto has
reconocido la Verdad y te has apartado de aquel que repudiara al Todo
Misericordioso, y fuera condenado como malvado en la Tabla Madre. Ve
seguro en el amor de Dios, y mantente recto en su Fe, y ayúdale con el
poder de tu prolación. Así te lo ordena el Todo Misericordioso, quien
sufre aprisionamiento en manos de sus opresores.

    Si te llega la tribulación por mi Causa, trae a la memoria mis
males y aflicciones, y recuerda mi destierro y aprisionamiento. Así te
transmitimos lo que ha descendido sobre Nosotros de Aquel quien es el
Todo Glorioso, el Omnisapiente.

    ¡Por mí mismo! Se aproxima el día en que habremos enrollado el
mundo y todo lo que hay en él, y habremos extendido un nuevo orden en su
lugar. Él, ciertamente, es poderoso sobre todas las cosas.

    Santifica tu corazón para que puedas recordarme, y purifica tu oído
para que puedas escuchar mis palabras. Pon entonces tu rostro hacia el
Punto donde ha sido establecido el trono de tu Señor, el Dios de
Misericordia, y di: La loanza sea a ti, oh mi Señor, porque me has
habilitado para reconocer la Manifestación de tu propio Ser, y me has
ayudado a fijar mi corazón en la corte de tu presencia, el objeto de la
adoración de mi alma. Te suplico, por tu nombre que ha hecho que los
cielos se rasguen y la tierra se parte, que ordenes para mí lo que Tú
ordenaste para aquellos que se han alejado de todo menos de ti y han
puesto sus corazones firmemente en ti. Concede que sea sentado en tu
presencia en el asiento de la verdad, dentro del Tabernáculo de la
Gloria. Potente eres Tú para hacer tu voluntad. No hay otro Dios sino Tú,
el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

    CXLIV. La Pluma del Altísimo ha decretado la obligación de enseñar
esta Causa y la ha impuesto a cada uno.... Dios, sin duda, inspirará a
quienquiera se desprenda de todo salvo de Él, y hará que de su corazón se
viertan y fluyan copiosamente las aguas puras de la sabiduría y la
prolación. Verdaderamente, tu Señor, el Todo Misericordioso, es potente
para hacer su voluntad y ordena todo lo que a Él le place.

    Si consideraras este mundo y te dieras cuenta de cuán fugaces son
las cosas que pertenecen a él, no escogerías hollar ningún sendero
excepto el sendero del servicio a la Causa de tu Señor. Nadie tendría
poder para impedirte celebrar su alabanza, aunque todos los hombres se
levantaran para oponerse a ti.

    Sigue derecho y sé perseverante en su servicio. Di: ¡Oh pueblo! El
Día, prometido a vosotros en todas las Escrituras, ya ha llegado. Temed a
Dios y no os abstengáis de reconocer al Objeto de vuestra creación.
Apresuraos en ir hacia Él. Esto es mejor para vosotros que el mundo y
todo lo que hay en él. ¡Ojalá pudierais comprenderlo!

    CXLV. Si os encontráis con los humillados u oprimidos, no les deis
la espalda desdeñosamente, porque el Rey de la Gloria siempre los guarda
y los rodea con tal ternura que nadie puede sondearla salvo aquellos que
han hecho que sus esperanzas y deseos se sumerjan en la Voluntad de
vuestro Señor, el Conferidor de Gracia, el Omnisapiente. ¡Oh, vosotros,
ricos de la tierra! No huyáis de la faz del pobre que yace en el polvo;
no, más bien, amparadlo y dejad que os cuente el relato de los dolores
con que el Decreto inescrutable de Dios ha hecho que sea afligido. ¡Por
la rectitud de Dios! Mientras os asociáis con él, el Concurso en lo alto
os estará observando, estará intercediendo por vosotros, estará
ensalzando vuestros nombres y glorificando vuestra acción.
Bienaventurados son los doctos que no se enorgullecen de sus logros; y el
bien está con los rectos que no menosprecian los pecaminosos, sino, más
bien, encubren sus fechorías, para que sus propias faltas puedan
permanecer veladas a los ojos de los hombres.

    CXLVI. Es nuestra esperanza y deseo que cada uno de vosotros se
convierta en fuente de toda bondad hacia los hombres y un ejemplo de
rectitud para la humanidad. Cuidaos, no sea que os prefiráis sobre
vuestros semejantes. Fijad vuestra mirada en Aquel quien es el Templo de
Dios entre los hombres. Él, en verdad, ha ofrendado su vida como un
rescate para la redención del mundo. Él, ciertamente, es el Todo
munífico, el Conferidor de Gracia, el Altísimo. Si aparecen diferencias
entre vosotros, vedme de pie ante vuestra faz, y pasad por alto las
faltas de cada uno por amor a mi nombre y como una muestra de vuestro
amor por mi manifiesta y resplandeciente Causa. Gustamos de veros en todo
momento uniéndoos en amistad y concordia dentro del paraíso de mi
complacencia, y de aspirar de vuestros actos la fragancia de amabilidad y
unidad, de amorosa bondad y fraternidad. Así os aconseja el Omnisapiente,
el Fiel. Siempre estaremos con vosotros; si aspiramos el perfume de
vuestra fraternidad, nuestro corazón de seguro se regocijará, pues nada
más nos puede satisfacer. Esto lo atestigua todo hombre de verdadero
entendimiento.

    CXLVII. ¡El Más Grande Nombre es mi testigo! ¡Cuán triste sería si
en este Día algún hombre pusiera su corazón en las cosas transitorias de
este mundo! Levantaos y aferraos firmemente a la Causa de Dios. Sed muy
amorosos el uno al otro. Quemad el velo del yo con la llama del Fuego
inextinguible por amor al Bienamado, y asociaos con vuestro prójimo con
rostros alegres y radiantes de luz. Habéis observado bien, en todos sus
aspectos, el comportamiento de Aquel quien es la Palabra de la Verdad
entre vosotros. Conocéis muy bien cuán duro es para este Joven permitir,
aunque fuere por una noche, que sea entristecido por Él el corazón de
cualquiera de los amados de Dios.

    La Palabra de Dios ha encendido el corazón del mundo: ¡Cuán
deplorable será si no sois abrasados con su llama! Quiera Dios que
consideréis esta bendita noche como la noche de la unidad, entrelacéis
vuestras almas, y decidáis adornaros con el ornamento de un carácter
excelente y loable. Que vuestro interés principal sea rescatar al caído
de la ciénaga de la extinción inminente y ayudarle a abrazar la antigua
Fe de Dios. Vuestro comportamiento para con vuestro prójimo debe ser tal
que manifieste claramente los signos del Dios único y verdadero, porque
entre los hombres, vosotros sois los primeros en ser creados de nuevo por
su Espíritu, los primeros en adorarle e inclinarse ante Él, los primeros
en circundar su trono de gloria. ¡Juro por Aquel quien me ha hecho
revelar todo lo que le ha placido! Sois más conocidos a los habitantes
del Reino en lo alto que a vosotros mismos. ¿Pensáis que estas palabras
son vanas y huecas? ¡Ojalá pudierais percibir las cosas que ve vuestro
Señor, el Todo Misericordioso, cosas que atestiguan la excelencia de
vuestro grado, que son testigos de la grandeza de vuestro valor, que
proclaman la sublimidad de vuestra posición! Conceda Dios que vuestros
deseos y pasiones irrefrenadas no os impidan alcanzar lo que ha sido
ordenado para vosotros.

    CXLVIII.  ¡Oh Salmán! Todo lo que hayan dicho los sabios o místicos
nunca ha excedido las limitaciones a que ha estado estrictamente sujeta
la mente finita del hombre, ni podrán jamás esperar excederlas. A
cualquier altura se remonte la mente de los más exaltados de los hombres,
por muy grandes que sean las profundidades en que penetre el corazón
comprensivo y desprendido, tal mente y corazón no podrán nunca trascender
aquello que es lo creado por sus propios conceptos y el producto de sus
propios pensamientos. Las meditaciones del pensador más profundo, las
devociones del más santo de las santos, las más elevadas expresiones de
alabanza de lengua o pluma humanas, no son sino un reflejo de aquello que
ha sido creado dentro de ellos mismos, mediante la revelación del Señor,
su Dios. Quienquiera pondere esta verdad en su corazón fácilmente
admitirá que hay ciertos límites que ningún hombre puede transgredir.
Todo intento que, desde el principio que no tiene principio, se haya
hecho para representarse a Dios y conocerle, está limitado por las
exigencias de su propia creación, creación que Él ha hecho existir por la
acción de su propia Voluntad y no para los propósitos de nadie sino para
los de su propio Ser. Inmensamente exaltado es Él sobre los afanes de la
mente humana para concebir su Esencia, o los de la lengua humana para
describir su misterio. Ningún lazo de relación directa podrá jamás unirle
a las cosas que Él ha creado, ni pueden las más abstrusas ni las más
remotas alusiones de sus criaturas hacer justicia a su ser. Por su
Voluntad que penetra el mundo, Él ha hecho existir a todas las cosas
creadas. Él está velado en la antigua eternidad de su propia Esencia
exaltada e indivisible, siempre lo ha estado, y continuará eternamente
encubierto en su inaccesible majestad y gloria. Todo lo que hay en el
cielo y todo lo que hay en la tierra ha venido a existir por su mandato,
y por su Voluntad han salido de la nada absoluta al reino de la
existencia. ¿Cómo puede, entonces, la criatura que La Palabra de Dios ha
modelado comprender la naturaleza de Aquel quien es el Antiguo de los
Días?

    CXLIX. Si algún hombre se levantare en este Día, y con absoluto
desprendimiento de todo lo que hay en los cielos y de todo lo que hay en
la tierra pusiera sus afectos en Aquel quien es la Aurora de la santa
Revelación de Dios, ciertamente se le dará poder para someter a todas las
cosas creadas mediante la potencia de uno de los Nombres del Señor, su
Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. Sabe con certeza que el Sol de la
Verdad en este día ha derramado sobre el mundo un esplendor al cual nada
semejante han presenciado edades pasadas. Que la luz de su gloria, oh
pueblo, brille sobre vosotros, no seáis de los negligentes.

    CL. Cuando llegue la victoria, cada hombre se declarará creyente y
se apresurará al refugio de la Fe de Dios. Felices aquellos que en los
días de las pruebas que envuelven al mundo se han mantenido firmes en la
Causa y han rehusado desviarse de su verdad.

    CH. Libraos, oh ruiseñores de Dios, de las espinas y zarzas de la
desdicha y la miseria, y alzad vuelo hacia el rosedal de esplendor
inmarcesible. ¡Oh mis amigos que permanecéis sobre el polvo! Daos prisa
hacia vuestra habitación celestial. Anunciaos a vosotros mismos la
felices nuevas: "¡Aquel quien es el Más Amado ya ha llegado! Él se ha
coronado con la gloria de la Revelación de Dios, y ha abierto a la faz de
los hombres las puertas de su antiguo Paraíso". Que todos los ojos se
regocijen y que todo oído se alegre, porque ahora es el tiempo para
contemplar su Belleza, ahora es el tiempo justo para escuchar su voz.
Proclama a todo amador anhelante: "¡Mirad, vuestro Bienamado ha venido
entre los hombres!" y a los mensajeros del Monarca del amor imparte las
nuevas: "¡He aquí, el Adorado ha aparecido ataviado en la plenitud de su
gloria!" ¡Oh amantes de su belleza! Convertid la angustia de vuestra
separación de Él en la alegría de reunión sempiterna, y dejad que la
dulzura de su presencia disuelva la amargura de vuestra lejanía de su
corte.

    Ved cómo la múltiple gracia de Dios, que es vertida de las nubes de
gloria divina, ha envuelto al mundo en este día. Pues mientras que en
días pasados todo amante suplicaba y buscaba a su Amado, es el mismo
Amado quien ahora llama a sus amantes y les invita a alcanzar su
presencia. Cuidado, no sea que perdáis tan preciado favor; estad atentos,
no sea que menospreciéis tan maravillosa muestra de su gracia. No
abandonéis los beneficios incorruptibles, y no os contentéis con lo que
perece. Levantad el velo que oscurece vuestra visión y disipad las
tinieblas en que está envuelta, para que podáis contemplar la belleza
descubierta de la faz del Amado, podáis ver lo que ningún ojo ha visto, y
escuchar lo que ningún oído ha escuchado.

    ¡Escuchadme, oh aves mortales! En el Rosedal de esplendor inmutable
ha brotado una Flor, con la cual cualquier otra flor comparada no es sino
una espina, y ante el brillo de cuya gloria la esencia misma de la
belleza palidece y se marchita. Levantaos, por tanto, y, con todo el
entusiasmo de vuestros corazones, con todo el anhelo de vuestras almas,
el pleno fervor de vuestra voluntad, y los esfuerzos concentrados de todo
vuestro ser, luchad por alcanzar el paraíso de su presencia, y esforzaos
por aspirar la fragancia de la Flor incorruptible, respirar los dulces
aromas de santidad y obtener una porción de ese perfume de gloria
celestial. Quienquiera siga este consejo romperá sus cadenas, gustará el
abandono del amor arrobador, logrará el deseo de su corazón y entregará
su alma a las manos de su Amado. Rompiendo su jaula, al igual que el ave
del espíritu, alzará vuelo a su santo y eterno nido.

    La noche ha sucedido al día, y el día ha sucedido a la noche, y las
horas y momentos de vuestra vida han venido y se han ido, y sin embargo
ninguno de vosotros ha consentido, ni por un instante, en desprenderse de
aquello que perece. Moveos, para que los breves momentos que aún os
quedan no sean disipados y perdidos. Vuestros días pasarán con la rapidez
del relámpago, y vuestros cuerpos serán sepultados bajo un dosel de
polvo. ¿Qué podréis obtener entonces? ¿Cómo podréis reparar vuestra falta
pasada?

    La eterna Candela brilla en su gloria descubierta. Ved cómo ha
consumido todo velo mortal. ¡Oh vosotros, que como las polillas amáis su
luz! Oponeos valientemente a todo peligro, y consagrad vuestras almas a
su llama consumidora. ¡Oh vosotros que estáis sedientos de Él! Despojaos
de todo afecto terrenal, y apresuraos a abrazar a vuestro Amado. Con un
gozo que nada puede igualar, daos prisa en alcanzarle. La Flor, hasta
ahora oculta a la vista de los hombres, está descubierta a vuestros ojos.
En el patente esplendor de su gloria está Él ante vosotros. Su voz
emplaza a todos los seres santos y consagrados a venir y unirse a Él.
Feliz es aquel que se vuelve a ello; bienaventurado aquel que ha
alcanzado y ha contemplado la luz de tan maravilloso semblante.

    CLII. Tu ojo es mi depósito, no permitas que el polvo de los vanos
deseos ofusque su lustre. Tu oído es un signo de mi munificencia, no
dejes que el tumulto de motivos indecorosos lo aparte de mi Palabra que
envuelve toda la creación. Tu corazón es mi erario, no consientas que la
traicionera mano del yo te despoje de las perlas que he atesorado dentro
de él. Tu mano es un símbolo de mi amorosa bondad, no le impidas asirse
firmemente a mis resguardadas y ocultas Tablas.... Sin que me pidieras,
he derramado sobre ti mi gracia. Sin que me demandaras, he cumplido tu
deseo. A pesar de tu desmerecimiento, te he escogido para mis muy
valiosos, mis incalculables favores.... ¡Oh mis siervos! Sed tan
resignados y sumisos como la tierra, para que del suelo de vuestro ser
puedan florecer los fragantes, los santos y multicolores jacintos de mi
conocimiento. Sed llameantes como el fuego, para que podáis consumir los
velos de la desidia y encender, mediante las vivificadoras energías del
amor de Dios, el corazón arrecido  y renuente. Sed ligeros e
irrestringidos como la brisa, para que seáis admitidos en los aledaños de
mi corte, mi inviolable Santuario.

    CLIII. ¡Oh desterrado y fiel amigo! Apaga la sed de la incuria con
las aguas santificadas de mi gracia, y desaloja la lobreguez de la
lejanía con la luz matutina de mi divina presencia. No permitas que la
habitación dentro de la cual mora mi imperecedero amor por ti sea
destruida por la tiranía de los deseos ávidos, ni anubles la belleza del
Joven celestial con el polvo del yo y la pasión. Atavíate con la esencia
de la rectitud, que tu corazón no tema a nadie excepto Dios. No obstruyas
el luminoso manantial de tu alma con las espinas y zarzas de afectos
inmoderados y vanos, y no impidas que fluyan las aguas vivientes que
manan de la fuente de tu corazón. Pon toda tu esperanza en Dios, y
aférrate tenazmente a su infalible misericordia. ¿Quién sino Él puede
enriquecer al indigente, y librar al caído de su envilecimiento?

    ¡Oh mis siervos! Si descubrieseis los ocultos océanos, sin riberas,
de mi incorruptible riqueza, con toda certeza no estimarías en nada al
mundo, no, menos aún, a toda la creación. Que la llama de la búsqueda
arda en vuestros corazones con tal vehemencia, que os permita alcanzar
vuestro supremo y más exaltado objetivo: la posición en que podáis
acercaros a vuestro Más Amado y unirse a Él....

    ¡Oh mis siervos! No dejéis que vuestras vanas esperanzas y ociosas
fantasías socaven los fundamentos de vuestra creencia en Dios Todo
Glorioso, por cuanto tales imaginaciones han sido totalmente inútiles
para los hombres, y no les han dirigido hacia el Sendero recto. ¿Pensáis,
oh mis siervos, que la Mano de mi soberanía trascendente, ensombrecedora,
y que envuelve todo ha sido encadenada, que el flujo de mi antigua, mi
incesante misericordia que penetra todo, ha sido coartado, o que las
nubes de mis sublimes e insuperables favores han cesado de verter sus
dádivas sobre los hombres? ¿Podéis imaginar que las miríficas obras que
han proclamado mi divino e irresistible poder han sido retiradas, o que
la potencia de mi voluntad y propósito ha sido vedada de dirigir los
destinos de la humanidad? ¿Si no es así, por qué entonces os habéis
esforzado por prevenir que la Belleza inmortal de mi sagrado y bondadoso
Semblante sea descubierta a los ojos de los hombres? ¿Por qué habéis
luchado por impedir que la Manifestación del Ser Todo Glorioso y
Todopoderoso derrame el resplandor de su Revelación sobre la tierra? Si
fueseis justos en vuestro juicio, fácilmente reconoceríais cómo las
realidades de todas las cosas están embriagadas con la alegría de esta
nueva y maravillosa Revelación, cómo todos los átomos de la tierra han
sido iluminados con el brillo de su gloria. ¡Vano y miserable es lo que
habéis imaginado y aún imagináis!

    Desandad vuestros pasos, oh mis siervos, e inclinad vuestros
corazones hacia Aquel quien es la Fuente de vuestra creación. Libraos de
vuestros afectos malos y corruptos, y apresuraos a abrazar la Luz del
Fuego inmortal que arde en el Sinaí de esta misteriosa y trascendente
Revelación. No corrompáis la santa Palabra primordial de Dios, que abarca
todo, y no tratéis de profanar su santidad ni rebajéis su carácter
exaltado. ¡Oh negligentes! Aun cuando las maravillas de mi misericordia
han envuelto a todas las cosas creadas, visibles e invisibles, y las
revelaciones de mi gracia y munificencia han embebido cada átomo del
universo, no obstante la vara con que puedo castigar a los malvados es
dolorosa, y la fiereza de mi ira contra ellos, terrible. Con oídos que
estén santificados de vanagloria y deseos mundanos, escuchad los consejos
que Yo, en mi misericordiosa bondad, os he revelado, y con vuestros ojos
exteriores e interiores, contemplad las pruebas de mi maravillosa
Revelación....

    ¡Oh mis siervos! No os privéis de la inmarcesible y resplandeciente
Luz que brilla dentro de la Lámpara de gloria divina. Que la llama del
amor a Dios arda brillantemente dentro de vuestros corazones radiantes.
Alimentadla con el aceite de la guía divina y protegedla dentro del
amparo de vuestra constancia. Guardadlo dentro del globo de la fidelidad
y el desprendimiento de todo salvo Dios, para que las malas murmuraciones
de los impíos no extingan su luz.  ¡Oh mis siervos! Mi santa, mi
divinamente ordenada Revelación puede ser comparada con un océano en
cuyas profundidades yacen ocultas innumerables perlas de gran precio, de
excelente lustre. Es el deber de todo buscador moverse y luchar por
alcanzar las riberas de este océano, para que así pueda, en proporción
con la intensidad de su búsqueda y los esfuerzos que ha hecho, participar
de los beneficios que han sido preordinados en las irrevocables y ocultas
Tablas de Dios. Si nadie quisiera dirigir sus pasos hacia sus riberas, si
ninguno se levantara ni le hallase, ¿puede decirse que ha despojado a
este océano de su poder o ha disminuido, en grado alguno, sus tesoros?
¡Cuán vanas, cuán despreciables las imaginaciones que vuestros corazones
han concebido, y aún conciben! ¡Oh mis siervos! ¡El Dios único y
verdadero es mi testigo! Este muy grande, este insondable y ondeante
Océano está cerca, asombrosamente cerca de vosotros. ¡Ved, está más
próximo a vosotros que vuestra vena vital! Veloces como el pestañeo del
ojo podréis, si sólo lo deseareis, alcanzar este favor imperecedero, y
participar de él, esta gracia dada por Dios, este don incorruptible, esta
muy potente e inefablemente gloriosa generosidad.

    ¡Oh mis siervos! Si pudieseis comprender qué maravillas de mi
munificencia y generosidad he querido confiar a vuestras almas, de verdad
os libraríais del apego a todas las cosas creadas, y ganaríais verdadero
conocimiento de vosotros mismos, conocimiento que es lo mismo que la
comprensión de mi propio Ser. Os encontraríais independientes de todo
salvo de mí y percibiríais, con vuestro ojo interior y exterior, y tan
manifiestos como la revelación de mi refulgente Nombre, los mares de mi
amorosa bondad y generosidad moviéndose dentro de vosotros. No dejéis que
vuestras vanas fantasías, vuestras malas pasiones, vuestra insinceridad y
ceguera de corazón apaguen el brillo ni manchen la santidad de tan
excelsa posición. Sois como el pájaro que se remonta, con toda la fuerza
de sus poderosas alas y con completa y alegre confianza, en la inmensidad
de los cielos hasta que, impelido a satisfacer su hambre, se vuelve
anhelante al agua y barro de la tierra bajo él y, atrapado en la red de
su deseo, se encuentra impotente para reanudar su vuelo hacia los reinos
de donde vino. Impotente para sacudir la carga que pesa sobre sus alas
enlodadas, aquel pájaro, hasta entonces un habitante de los cielos, es
forzado ahora a buscar su morada en el polvo. Por lo tanto, oh mis
siervos, no manchéis vuestras alas con el barro del descarrío y deseos
vanos y no dejéis que se ensucien con el polvo de la envidia y el odio,
para que nada os impida remontaros en los cielos de mi divino
conocimiento.

    ¡Oh mis Siervos! Mediante el poder de Dios y su fuerza, y del
erario de su conocimiento y sabiduría, he hecho aparecer y os he revelado
las perlas que yacían encubiertas en las profundidades de su eterno
océano. He llamado a las Doncellas del Cielo para que emerjan de tras el
velo del encubrimiento y las he revestido con éstas, mis palabras de
consumado poder y sabiduría. Más aún, con la mano del poder divino, he
roto el sello del escogido vino de mi Revelación, y he esparcido esta
santa, esta oculta fragancia cargada de almizcle sobre todas las cosas
creadas. ¿Quién sino vosotros debe ser culpado si escogéis permanecer
privados de tan grande efusión de la trascendente gracia de Dios que todo
lo envuelve, con tan luminosa revelación de su resplandeciente
misericordia?...

    ¡Oh mis siervos! Nada brilla en mi corazón salvo la inmarcesible
luz de la Mañana de guía divina, y de mi boca no procede nada sino la
esencia de la verdad, que el Señor, vuestro Dios, ha revelado. No sigáis,
por tanto, vuestros deseos mundanos, y no violéis el Convenio de Dios, ni
rompáis vuestro compromiso con Él. Con firme determinación, con todo el
afecto de vuestro corazón, y con la plena fuerza de vuestras palabras,
volveos hacia Él, y no andéis por los caminos de los necios. El mundo no
es más que una apariencia, vana y vacía, una mera nada que lleva
semejanza de realidad. No pongáis vuestros afectos en él. No rompáis el
vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han
errado y se han desviado de sus caminos. Ciertamente digo: El mundo es
como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por
alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra
que es sólo una mera ilusión. Más aún, puede comparársele con la imagen
sin vida de la amada, a quien el amante ha buscado y, al fin, después de
larga búsqueda y para su mayor pesar, ha encontrado que es tal que no
puede "cebar ni aquietar su hambre".

    ¡Oh mis siervos! No os apenéis si, en estos días y en este plano
terrenal, cosas contrarias a vuestros deseos han sido ordenadas y
manifiestas por Dios, porque días de inmensa alegría, de delicia
celestial, hay de seguro en abundancia para vosotros. Mundos, santos y
espiritualmente gloriosos, serán descubiertos a vuestros ojos. Habéis
sido destinados por Él a participar, en este mundo y en el siguiente, de
sus beneficios, compartir sus alegrías y obtener una porción de su gracia
sostenedora. A todos y a cada uno de ellos, sin duda, alcanzaréis.

    CLIV. Advierte, oh Salmán, a los amados del Dios único y verdadero
que no juzguen con ojo crítico los dichos y escritos de los hombres. Que
más bien consideren tales dichos y escritos con espíritu de imparcialidad
y amorosa simpatía. Sin embargo, aquellos hombres que, en este Día, han
sido llevados a atacar en sus escritos enardecidos, las normas de la
Causa de Dios, deben ser tratados en forma diferente. Incumbe a todos los
hombres, cada cual de acuerdo con su habilidad, refutar los argumentos de
aquellos que han atacado la Fe de Dios. Así ha sido decretado por Aquel
quien es el Omnipotente, el Todopoderoso. Aquel que desee promover la
Causa del Dios único y verdadero, que la promueva mediante su pluma y
lengua, y no recurriendo a la espada ni la violencia. En una ocasión
previa revelamos este mandato, y ahora lo confirmamos, si sois de
aquellos que comprenden. Por la rectitud de Aquel quien, en este Día,
exclama dentro del corazón íntimo de todas las cosas creadas: "¡Dios, no
hay otro Dios fuera de mí!" Si algún hombre se levantare para defender,
en sus escritos, la Causa de Dios contra sus acometedores, tal hombre,
por muy insignificante que fuere su aporte, será tan honrado en el mundo
venidero que el Concurso en lo alto envidiaría su gloria. Ninguna pluma
puede retratar la sublimidad de su posición, ni puede lengua alguna
describir su esplendor. Porque a quienquiera que se mantenga firme y
constante en esta santa, esta gloriosa y exaltada Revelación, le será
dado tal poder, que lo habilitará para arrostrar y resistir todo lo que
hay en el cielo y en la tierra. De esto Dios mismo es testigo.

    ¡Oh vosotros, amados de Dios! No reposéis en vuestros lechos, no,
más bien, conmoveos tan pronto como reconozcáis a vuestro Señor, el
Creador, y oíd de las cosas que le han sucedido, y apresuraos para
ayudarle. Desatad vuestras lenguas y proclamad sin cesar su Causa. Esto
será para vosotros mejor que todos los tesoros del pasado y del futuro,
si sois de aquellos que comprenden esta verdad.

    CLV. El primer deber prescrito por Dios a sus siervos es el
reconocimiento de Aquel quien es la Aurora de su Revelación y la Fuente
de sus leyes, quien representa a la Deidad tanto en el Reino de su Causa
como en el mundo de la creación. Quienquiera cumpla este deber ha logrado
todo el bien; y quienquiera esté privado de él, se ha extraviado, aunque
sea autor de todo hecho justo. Incumbe a cada uno que alcanza esta muy
sublime posición, esta cima de trascendente gloria, observar toda
ordenanza de Aquel quien es el Deseo del mundo. Estos deberes gemelos son
inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro. Así ha sido decretado por
Aquel quien es la Fuente de inspiración divina.

    Aquellos a quienes Dios ha dotado con perspicacia reconocerán
fácilmente que los preceptos dictados por Dios constituyen los más altos
medios para el mantenimiento del orden en el mundo y la seguridad de sus
pueblos. Aquel que se aparta de ellos, es contado entre los abyectos y
necios. Nosotros, en verdad, os hemos ordenado rechazar los dictados de
vuestras malas pasiones y deseos corruptos, y no transgredir los límites
que ha fijado la Pluma del Altísimo, porque éstos son el hálito de vida
para todas las cosas creadas. Los mares de sabiduría divina y de divina
prolación se han agitado por el soplo de la brisa del Todo
Misericordioso. Apresuraos y bebed cuanto podáis, ¡oh hombres de
entendimiento! Aquellos que han violado el Convenio de Dios al quebrantar
sus mandamientos, y se han vuelto atrás sobre sus talones, ésos han
errado lastimosamente a la vista de Dios, el que Todo lo Posee, el
Altísimo.

    ¡Oh vosotros pueblos del mundo! Sabed, ciertamente, que mis
mandamientos son las lámparas de mi amorosa providencia entre mis
siervos, y las llaves de mi misericordia para mis criaturas. Así ha sido
enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la
Revelación. Si algún hombre gustara la dulzura de las palabras que han
querido proferir los labios del Todo Misericordioso, aunque estuvieran en
su poder los tesoros de la tierra, renunciaría a todos y a cada uno de
ellos para poder vindicar la verdad de siquiera uno sólo de sus
mandamientos, los cuales brillan sobre la Aurora de su generoso cuidado y
amorosa bondad.

    Di: De mis leyes puede aspirarse el dulce aroma de mi vestidura, y
con su ayuda los estandartes de la Victoria serán plantados sobre las más
altas cumbres. La Lengua de mi poder, desde el cielo de mi omnipotente
gloria, ha dirigido a mi creación estas palabras: "Observa mis
mandamientos, por amor a mi belleza". Feliz el amante que de estas
palabras ha inhalado la divina fragancia de su Bienamado, saturadas con
el perfume de una gracia que ninguna lengua puede describir. ¡Por mi
vida! Aquel que ha tomado el vino escogido de la equidad de manos de mi
generoso favor, circulará alrededor de mis mandamientos, que brillan
sobre la Aurora de mi creación.

    No penséis que os hemos revelado un mero código de leyes. No, más
bien, hemos roto el sello del Vino escogido con los dedos de la fuerza y
del poder. Esto lo atestigua aquello que ha revelado la Pluma de la
Revelación. ¡Meditad sobre esto, oh hombres de perspicacia!...

    Cada vez que mis leyes aparecen como el sol en el cielo de mi
prolación, deben ser fielmente obedecidas por todos, aunque mi decreto
sea tal que haga henderse el cielo de toda religión. Él hace lo que le
place. Él elige; y nadie puede objetar su elección. Todo lo que Él, el
Bienamado, ordena, eso mismo es, ciertamente, amado. Esto, Aquel quien es
el Señor de toda la creación me lo atestigua. Quienquiera que haya
inhalado la dulce fragancia del Todo Misericordioso, y haya reconocido la
fuente de estas palabras, dará la bienvenida con sus propios ojos a las
saetas del enemigo, para poder establecer entre los hombres la verdad de
las leyes de Dios. Bienaventurado aquel que se haya vuelto hacia ello y
haya comprendido el significado de su decisivo decreto.

    CLVI. Aquel quien es la Verdad Eterna, desde la Aurora de Gloria,
ha dirigido sus ojos hacia el pueblo de Bahá, y les dice las siguientes
palabras: "Consagraos a la promoción del bienestar y la tranquilidad de
los hijos de los hombres. Dedicad vuestra mente y voluntad a la educación
de los pueblos y razas de la tierra, que quizá las disensiones que la
dividen, por la fuerza del Más Grande Nombre sean borrados de su faz, y
toda la humanidad se convierta en los sostenedores de un Orden único y
los habitantes de una sola Ciudad. Iluminad y santificad vuestros
corazones; no dejéis que sean profanados por las espinas del odio ni por
los abrojos de la malicia. Moráis en un solo mundo y habéis sido creados
por la acción de una sola Voluntad. Bendito es aquel que se asocia con
todos los hombres en espíritu de máxima bondad y amor".

    CLVII. Aquellos que han abandonado su país por el propósito de
enseñar nuestra Causa, a éstos los fortalecerá el Fiel Espíritu mediante
su poder. Una compañía de nuestros ángeles escogidos los acompañará, como
lo ha ordenado Aquel quien es el Todopoderoso, el Omnisapiente. ¡Cuán
grande la bienaventuranza que espera a aquel que ha alcanzado el honor de
servir al Todopoderoso! ¡Por mi vida! Ningún acto, por muy grande que
sea, puede comparársele, excepto los hechos que han sido ordenados por
Dios, el Omnipotente, el Más Poderoso. Tal servicio es, en verdad, el
príncipe de toda buena acción y el ornamento de toda obra meritoria. Así
ha sido ordenado por Aquel quien es el Soberano Revelador, el Antiguo de
los Días.

    Quienquiera se levante a enseñar nuestra Causa debe necesariamente
desprenderse de todas las cosas terrenales, y debe considerar, en todo
momento, el triunfo de nuestra Fe como su objetivo supremo. Esto,
ciertamente, ha sido decretado en la Tabla Guardada. Y cuando determine
dejar su hogar, por amor de la Causa de su Señor, que ponga toda su
confianza en Dios, como la mejor provisión para su viaje, y que se atavíe
con el manto de la virtud. Así ha sido decretado por Dios, el
Todopoderoso, el Todo Alabado.

    Si es encendido con el fuego de su amor, si renuncia a todas las
cosas creadas, las palabras que profiera abrasarán a quienes le escuchen.
Verdaderamente, tu Señor es el Omnisciente, el Informado de Todo. Feliz
es el hombre que ha oído nuestra voz y ha respondido a nuestro llamado.
Él, en verdad, es de aquellos que serán traídos cerca de Nosotros.

    CLVIII. Dios ha prescrito a cada uno el deber de enseñar su Causa.
Quienquiera se levante a cumplir este deber, debe necesariamente, antes
de proclamar su Mensaje, adornarse con el ornamento de un carácter recto
y loable, para que sus palabras puedan atraer los corazones de aquellos
que son receptivos a su llamado. Sin ello, nunca podrá esperar influir a
sus oyentes.

    CLIX. Considerad la mezquindad de las mentes humanas. Piden lo que
les hace daño, y rechazan aquello que les aprovecha. Son, en verdad, de
los que se han extraviado lejos. Encontramos a algunos hombres que desean
la libertad y se jactan de ello. Tales hombres están en las profundidades
de la ignorancia.

    La libertad, finalmente, tiene que llevar a la sedición, cuyas
llamas nadie puede apagar. Así os advierte Aquel que prevé, el
Omnisciente. Sabed que la personificación de la libertad y su símbolo es
el animal. Lo que conviene al hombre es sumisión a las restricciones que
le protegerán de su propia ignorancia y le resguardarán contra el daño de
los promotores de discordia. La libertad hace que el hombre sobrepase los
límites de la decencia e infrinja la dignidad de su posición. Le rebaja
al nivel de extrema depravación y perversidad.

    Considerad a los hombres como un rebaño de ovejas que necesitan un
pastor que las proteja. Esto, ciertamente, es la verdad, la clara verdad.
Aprobamos la libertad en ciertas circunstancias, y en otras, rehusamos
sancionaría. Nosotros, en verdad, somos el Omnisciente.

    Di: La verdadera libertad consiste en la sumisión del hombre a mis
mandamientos, por poco que lo sepáis. Si los hombres observaran aquello
que les hemos enviado desde el Cielo de la Revelación, ciertamente,
alcanzarían la perfecta libertad. Feliz el hombre que ha comprendido el
Propósito de Dios en todo cuanto Él ha revelado desde el Cielo de su
Voluntad, que penetra todas las cosas creadas. Di: La libertad que os
aprovecha no se halla sino en la completa servidumbre a Dios, la Eterna
Verdad. Quienquiera haya gustado su dulzura, rehusará trocarla por todo
el dominio de la tierra y del cielo.

    CLX.  ¡Ciertamente es un verdadero creyente en la unidad de Dios
quien, en este Día, le considera como uno que es inmensamente exaltado
sobre todas las comparaciones y semejanzas con que los hombres le han
comparado. Ha errado gravemente quien haya tomado a estas comparaciones y
semejanzas por Dios mismo. Considerad la relación entre el artesano y su
obra, entre el pintor y su pintura. ¿Podría alguna vez sostenerse que la
obra producida por sus manos es igual que ellas mismas? ¡Por Aquel quien
es el Señor del Trono en lo alto y de la tierra abajo! No pueden
interpretarse de ningún modo sino como pruebas que proclaman la
excelencia y perfección de su autor.

    ¡Oh Shaykh, oh tú que has sometido tu voluntad a Dios! Por
autosometimiento y unión perpetua con Dios se entiende que los hombres
deberían sumir su voluntad totalmente en la Voluntad de Dios, y
considerar sus deseos como la nada extrema al lado de su Propósito. Todo
lo que el Creador ordene observar a sus criaturas, diligentemente y con
el mayor regocijo y vehemencia, deben levantarse y cumplirlo. En ningún
caso deben permitir que su fantasía oscurezca su juicio, ni tampoco deben
considerar sus propias imaginaciones como la voz del Eterno. Hemos
revelado en la Oración del Ayuno: "Si tu Voluntad decretase que de tu
boca procedieran estas palabras, y fuesen dirigidas a ellos: 'Observa,
por amor a mi Belleza, el ayuno, oh pueblo, y no pongas ningún límite a
su duración juro por la majestad de tu gloria, que todos ellos lo
observarían fielmente, se abstendrían de violar tu ley y continuarían
haciéndolo hasta que entregaran sus almas a ti'". En esto consiste el
completo sometimiento de la voluntad de uno a la Voluntad de Dios.
Medítalo para que puedas beber las aguas de vida sempiterna que fluyen a
través de las palabras del Señor de toda la humanidad, y puedas
atestiguar que el Dios único y verdadero siempre ha sido
inmensurablemente exaltado sobre sus criaturas. Él, ciertamente, es el
Incomparable, el Perdurable, el Omnisciente, el Omnisapiente. La posición
del absoluto autosometimiento trasciende todas las demás posiciones y
siempre permanecerá exaltado sobre ellas.

    Te incumbe consagrarte a la Voluntad de Dios. Todo lo que ha sido
revelado en sus Tablas no es más que un reflejo de su Voluntad. Tan
completa debe ser tu consagración, que toda huella de deseo mundano debe
ser lavada de tu corazón. Este es el significado de la verdadera unidad.

    Implora a Dios que te habilite para permanecer firme en esta senda
y que te ayude a guiar a los pueblos del mundo hacia Aquel quien es el
manifiesto y soberano Gobernante, quien se ha revelado en un atavío
distinto, quien da palabra a un Mensaje divino y específico. Ésta es la
esencia de la fe y certeza. Aquellos que son los adoradores del ídolo que
han cincelado sus imaginaciones, y que lo llaman Realidad Interior, tales
hombres en verdad son contados entre los paganos. Esto lo ha testificado
el Todo Misericordioso en sus Tablas. Él, ciertamente es el Omnisciente,
el Omnisapiente.

    CLXI. Apresta tus esfuerzos, que quizá puedas guiar a tu prójimo a
la ley de Dios, el Más Misericordioso. Tal acto, ciertamente, supera
todos los demás actos a la vista de Dios, el que posee todo, el Altísimo.
Tal debe ser tu constancia en la Causa de Dios, que ninguna cosa terrenal
tenga la fuerza de disuadirte de tu deber. Aunque las fuerzas de la
tierra se alíen contra ti, aunque todos los hombres disputen contigo,
debes permanecer inconmovible.

    Sé irrestringido como el viento, al llevar el Mensaje de Aquel que
hizo romper el alba de la Guía Divina. Considera como el viento, fiel a
lo que Dios ha ordenado, sopla sobre todas las regiones de la tierra,
sean habitadas o desoladas. Ni la vista de desolación, ni las muestras de
prosperidad pueden causarle dolor ni agradarle. Sopla en todas
direcciones, como le ha sido ordenado por su Creador. Así debería ser el
que pretenda ser amante del Dios único y verdadero. Le incumbe fijar su
mirada en los fundamentos de su Fe y afanarse diligentemente por su
propagación. Deberá proclamar, enteramente por amor a Dios, su Mensaje, y
con ese mismo espíritu, aceptar cualquier respuesta que sus palabras
puedan evocar en quien le escucha. Aquel que acepte y crea, recibirá su
recompensa; y aquel que se aparte, no recibirá nada sino su propio
castigo.

    En la víspera de nuestra partida de 'Iráq, hemos advertido a los
fieles que esperen la aparición de los Pájaros de la Oscuridad. No puede
haber duda alguna que el graznido del Cuervo será elevado en ciertas
tierras, como ha sido oído en años recientes. Cualquier cosa que suceda,
buscad refugio en el Dios único y verdadero, para que os escude de las
astucias del impostor.

    Ciertamente digo: En esta poderosísima Revelación, todas las
Dispensaciones del pasado han alcanzado su más alta, su final
consumación. Así os aconseja vuestro Señor, el Omnisciente, el
Sapientísimo. La loanza a Dios, el Señor de todos los mundos.

    El Todo Misericordioso ha conferido al hombre la facultad de visión
y le ha dotado con el poder del oído. Algunos la han descrito como el
"mundo menor", cuando en realidad, debería considerársele como el "mundo
mayor". Las potencialidades inherentes a la posición del hombre, la
medida plena de su destino en el mundo y la excelencia inherente de su
realidad, deben ser todas manifiestas en este Día prometido de Dios.

    La Pluma del Altísimo, en todo tiempo y en todas condiciones, ha
recordado, con alegría y ternura, a sus amados, y les ha aconsejado
seguir su camino. Bienaventurado aquel a quien ni los cambios ni los
azares de este mundo han impedido reconocer la Aurora de la Unidad de
Dios, quien ha bebido, con resolución inquebrantable, y en nombre del que
Subsiste por sí mismo, el vino sellado de su Revelación. Tal hombre será
contado con los moradores del Paraíso, en el libro de Dios, el Señor de
todos los mundos.

    CLXII. Toda alabanza sea a Dios quien ha adornado al mundo con un
ornamento, y lo ha ataviado con una vestidura, de la que no puede ser
despojado por ninguna fuerza terrenal, por muy poderosos que sean sus
batallones, por muy vasta que sea su riqueza, por muy profunda que sea su
influencia. Di: La esencia de toda fuerza es la de Dios, el Fin último y
más alto de toda la creación. La fuente de toda majestad es de Dios, el
Objeto de adoración de todo lo que está en los cielos y todo lo que está
en la tierra. Las fuerzas que tienen su origen en este mundo de polvo
son, por su misma naturaleza, indignas de consideración.

    Di: Los manantiales que mantienen la vida de estas aves, no son de
este mundo. Su fuente está muy por encima del alcance y percepción de la
comprensión humana. ¿Quién hay que pueda apagar la luz que la nívea Mano
de Dios ha encendido? ¿Dónde se encuentra aquel que tenga la fuerza para
extinguir el fuego que ha sido encendido por el poder de tu Señor, el
Omnipotente, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Es la Mano del poder
divino que ha sofocado las llamadas de la disensión. Potente es Él para
hacer lo que le place. Él dice: Sé y es. Di: Los fieros ventarrones y
torbellinos del mundo y sus pueblos no podrán nunca sacudir el fundamento
sobre el cual está basada la rosácea estabilidad de mis escogidos.
¡Magnánimo Dios! ¿Qué pudo haber impulsado a esta gente a esclavizar y
aprisionar a los amados de Aquel quien es la Verdad Eterna?... Se
aproxima, sin embargo, el día en que los fieles contemplarán al Sol de la
justicia que brillará en su pleno esplendor desde la Aurora de gloria.
Así se informa el Señor de todo ser en ésta, su dolorosa Prisión.

    CLXIII. ¡Miembros de la raza humana! Asíos firmemente a la Cuerda
que ningún hombre puede dividir. Esto, de veras, os aprovechará todos los
días de vuestra vida, pues su resistencia es de Dios, el Señor de todos
los mundos. Aferraos a la justicia y equidad, y apartaos de las
murmuraciones de los necios, aquellos que se han enajenado de Dios, que
han cubierto sus cabezas con el ornamento de los doctos, y han condenado
a muerte a Aquel quien es la Fuente de sabiduría. Mi nombre los ha
elevado a tan altos grados, y sin embargo, tan pronto como me hube
revelado a sus ojos, ellos, con manifiesta injusticia, pronunciaron la
sentencia de mi muerte. Así nuestra Pluma ha revelado la verdad, y sin
embargo, el pueblo está sumido en la negligencia.

    Quienquiera que se aferre a la justicia, no puede en ninguna
circunstancia, transgredir los límites de la moderación. Discierne la
verdad en todas las cosas, por la guía de Aquel que todo lo ve. La
civilización, tan a menudo preconizada por los doctos representantes de
las artes y ciencias, traerá, si se le permite rebasar los límites de la
moderación, gran daño sobre los hombres. Así os advierte Aquel quien es
el Omnisciente. Si es llevada a exceso, la civilización resultará ser una
fuente de maldad tan prolífica como lo fue de bondad cuando era mantenida
dentro de las restricciones de la moderación. Medítalo, oh pueblo, y no
seas de aquellos que vagan dementes por el páramo del error. Se aproxima
el día en que su llama devorará las ciudades, en que la Lengua de
Grandeza proclamará: "¡El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Todo
Alabado!"

    Todo lo demás está sujeto a este mismo principio de moderación. Da
gracias a tu Señor quien te ha recordado en esta maravillosa Tabla. Toda
alabanza sea a Dios, el Señor del glorioso trono.

    Si algún hombre ponderase en su corazón lo que la Pluma del
Altísimo ha revelado y gustase su dulzura, ciertamente, se hallaría
vaciado y liberado de sus propios deseos, y sería enteramente servil a la
Voluntad del Todopoderoso. Feliz es el hombre que ha alcanzado tan
elevada posición y no se ha privado de tan munífica gracia.

    En este Día, no podemos ni aprobar la conducta del temeroso que
trata de disimular su fe, ni ratificar el comportamiento del creyente
declarado que clamorosamente sostiene su lealtad a esta Causa. Ambos
deberían observar los dictados de la sabiduría y luchar diligentemente
por servir a los mejores intereses de la Fe.

    Que cada hombre observe y medite sobre la conducta de este
Agraviado. Siempre, desde el alba de esta Revelación hasta el tiempo
presente, hemos rehusado tanto a ocultarnos de nuestros enemigos, como a
retraernos de la compañía de nuestros amigos. Aun envueltos con una
miríada de dolores y aflicciones, con poderosa confidencia hemos
emplazado a los pueblos de la tierra a la Aurora de Gloria. La Pluma del
Altísimo no está dispuesta a relatar, en conexión con esto, los males que
ha sufrido. Si se revelaran, sin duda sumirían en el dolor a los
favorecidos de entre los fieles, aquellos que verdaderamente sostienen la
unidad de Dios y están totalmente consagrados a su Causa. Él ciertamente,
habla la verdad y es el que Escucha Todo, el Omnisapiente. Nuestra vida,
en su mayor parte, ha sido gastada en medio de nuestros enemigos.
Atestigua cómo, en el presente, estamos viviendo en un nido de
serpientes.

    Esta Tierra Santa ha sido mencionada y exaltada en todas las
sagradas Escrituras. En ella han aparecido los profetas de Dios y sus
elegidos. Éste es el desierto en el que han vagado todos los mensajeros
de Dios, desde el que fue elevado el grito: "Aquí estoy, aquí estoy, oh
mi Dios". Ésta es la Tierra prometida en que Aquel quien es la Revelación
de Dios fue destinado a ser manifiesto. Éste es el Valle del decreto
impenetrable de Dios, el lugar de nívea blancura, la Tierra de esplendor
inmarcesible. Todo lo que ha sucedido en este Día ha sido predicho en las
Escrituras de antaño. Sin embargo, estas mismas Escrituras condenan
unánimemente al pueblo que habita esta tierra. En un tiempo, ellos han
sido tildados como la "generación de víboras". Ved cómo este Agraviado,
ahora, en tanto que está rodeado por una "generación de víboras", llama y
emplaza a todos los hombres hacia Aquel quien es el Deseo Último del
mundo, la Cima y Aurora de Gloria. Feliz es el hombre que ha escuchado la
voz de Aquel quien es el Señor del Reino de la Prolación, y ¡ay! de los
negligentes, aquellos que se han desviado lejos de su verdad.

    CLXIV. Sabe que todo oído atento, si se mantiene puro e impoluto,
debe, en todo momento y desde todas direcciones, escuchar la voz que
pronuncia estas santas palabras: "Ciertamente, somos de Dios, y a Él
volveremos". Los misterios de la muerte física del hombre y de su retorno
no han sido divulgados, y aún permanecen sin ser leídos. ¡Por la rectitud
de Dios! Si fuesen revelados, evocarían tal miedo y tristeza que algunos
perecerían, mientras que otros se llenarían tanto de alegría, que
ansiarían la muerte, e implorarían, con anhelo incesante, al Dios único y
verdadero -exaltada sea su gloria- que apresurase su fin.

    La muerte ofrece a todo creyente seguro la copa que es, en verdad,
la vida. Confiere regocijo y es portadora de alegría. Concede el don de
la vida eterna.

    En cuanto a aquellos que han gustado el fruto de la existencia
terrenal del hombre, que es reconocimiento del Dios único y verdadero,
exaltada sea su gloria, su vida venidera es tal que Nosotros no estamos
habilitados para describirla. El conocimiento de ella es únicamente de
Dios, el Señor de todos los mundos.

    CLXV. Quienquiera que eleve la pretensión de una Revelación directa
de Dios antes de la expiración de un plazo de mil años, tal hombre es de
seguro un impostor mentiroso. Oramos a Dios para que Él benignamente le
ayude a retractarse y repudiar tal pretensión. Si se arrepintiere, Dios,
sin duda, le perdonará. Si, no obstante, persistiere en su error, Dios,
de seguro, enviará a uno que le tratará sin misericordia. ¡Terrible,
ciertamente, es Dios en su castigo! Quienquiera que interprete este verso
de otro modo que no sea su significado obvio, está privado del espíritu
de Dios y de su misericordia que envuelve a todas las cosas creadas.
Temed a Dios, y no sigáis vuestras ociosas fantasías. No, más bien,
seguid el mandato de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Omnisapiente.


GLOSARIO Y NOTAS

'Abdu'l-Azíz:    El Sultán que decretó los tres destierros de
Bahá'u'lláh.

'Abdu'l-Bahá:    El Sucesor designado por Bahá'u'lláh; Centro de su
Convenio (1844-1921).

'Abdu'lláh-i-Ubayy:    Un opositor de Muhammad.

Abhá:    Bahá significa "gloria". Abhá es su superlativo. Ambos son títulos
de Bahá'u'lláh y de su Reino.

Abú 'Amir:    Un opositor de Muhammad.

Afnán:    Lit. "vástagos". Denota a los parientes del Báb.

'Akká:    San Juan de Acre, la ciudad fortaleza en Palestina a donde
fue desterrado Bahá'u'lláh en 1868.

'Alí:    El primer Imán; primo y primer discípulo de Muhammad, casado con su
hija Fátimih. En pasaje CXLII, un seguidor de Bahá'u'lláh.

'Alí Muhammad:    Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz, Persia, el 20
de octubre de 1819, el "Punto del Bayán" y el "Báb" y precursor de
Bahá'u'lláh.

Annás:    Gran sacerdote de los judíos y suegro de Caifás (Juan 18:13).

Antiguo de los Días:    Un título de Dios, en la Biblia peculiar del
Libro de Daniel.

Aqdas:    Kitáb-i-Aqdas, lit. "El Libro Más Sagrado". El Libro de Leyes
revelado por Bahá'u'lláh en 'Akká cerca del año 1873. (Pasajes: XXXVII,
LVI, LXX, LXXI, LXXII, XCVIII, CV, CLV, CLIX, CLXV.)

Ashraf:    Siyyid Ashraf nacido en el Fortín de Zanján, durante el sitio
de éste. (Véase "Los Rompedores del Alba".)

Báb, El:    Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz Persia, el 20 de
octubre de 1819, "La Puerta", el Heraldo de la Fe Bahá'í (18191850).

Bábí:    Seguidor del Báb.

Bahá:    Un título dado a Bahá'u'lláh por el Báb. Significa "Gloria",
"Esplendor", "Luz".

Bahá'í:    Seguidor de Bahá'u'lláh.

Bahá'u'lláh:    Título de Mírzá Husayn-'Alí; el Fundador de la Fe
Bahá'í (1817-1892).

Balál:    Un esclavo etíope, iletrado y despreciado, transformado en La
Meca por haber reconocido a Muhammad.

Bayán:    Lit. "Exposición", "Prolación". La más grande obra
doctrinaria del Fundador de la Dispensación Bábí.

Caifás:    Gran sacerdote y presidente de la corte que condenó a Jesús.

Carmelo, Monte:    Uno de los lugares sagrados en la historia bahá'í donde
se hallan las tumbas del Báb y 'Abdu'l-Bahá y monumentos a otros miembros
de la familia de 'Abdu'l-Bahá.

Ciudad de la Certeza:    Una condición de alto logro espiritual.

Dhabíh:    Ishmael, famoso bahá'í, hermano de Mírzá Jání de Káshán
(véase "Los Rompedores del Alba"). Este título, que significa
"sacrificio", le fue dado por Bahá'u'lláh.

Dispensación:    Período en que prevalece un sistema religioso.

Elíxir Divino:    Símbolo del poder de la fe de conferir vida eterna al
hombre; vino de "elíxir", licor imaginario que prolongaría la vida humana
indefinidamente.

Gabriel:    Se dice que es el más elevado de los ángeles, y que se cierne
sobre el trono de Dios y lo cubre con sus alas.

Husayn:    El tercer Imán, el Mártir de Karbilá.

Imán 'Alí:            El primer Imán, yerno del Profeta Muhammad.

Imanes (Imáms):    Título de los doce sucesores Shí'ihs de Muhammad.

Isaías, Libro de:    Véase, Isaías 2:10.

Islám:    Lit. "Obediencia o sumisión a la Voluntad de Dios"; nombre
dado a la religión de Muhammad.

Javád:    Hájí Siyyid Javád, uno de los primeros bábís, exaltado por el
Báb y más tarde por Bahá'u'lláh, a quien encontró en Baghdád.

Kaaba:    Santuario que guarda la Piedra Negra en la Mezquita de La
Meca.

Ka'b-ibn-i-Ashraf:    Enemigo implacable de Muhammad que trató de
matarle.

Kamál:    Hájí Mírzá Kamál, famoso bábí de alta educación que encontró
a Bahá'u'lláh en Baghdád y reconoció su posición, antes de su
declaración. Deseaba contar a todos la nueva y fue enviado de vuelta a
Persia.

Karbilá:    Ciudad en 'Iráq donde fue martirizado el Imán Husayn y donde
está enterrado. Es uno de los dos "santuarios supremos"; el otro es
Najaf.

Kawthar:    Río en el Paraíso y fuente de todos los demás ríos.

Kitáb-i-Íqán:    Lit. "El Libro de la Certeza". Obra doctrinaria de
preeminencia inigualada. Revelado por Bahá'u'lláh en 1862. (Pasajes:
XIII, XIX, XXII, XC, XCI, CXXV.)

Lámpara de Dios, La:    Luz espiritual derramada por el Profeta de Dios.

Letras del Viviente:    Los primeros 18 discípulos del Báb.

Manifestación:    Uno que manifiesta las perfecciones y atributos de
Dios, el Mensajero de Dios.

Más Grande Nombre, Él:    Un título de Bahá'u'lláh.

Meca, La:    Ciudad en que nació Muhammad y donde Él se declaró su Misión.

Medina:    Ciudad que cobijó a Muhammad y donde Él está enterrado; es
estimada en su santidad como segunda después de La Meca.

Mensajero Divino:    Profeta de Dios, el Ser Todo Perfecto por quien se da
la Revelación.

Mesías Divino:    El Rey y Libertador Divino esperado por los hebreos.

Mihdí:    Título de la Manifestación esperada por el Islám.

Muhammad (Mahoma)    Lit. "El Alabado". Fundador del Islam, nacido en La
Meca, según se dice, el año 570 después de Cristo.

Mustagháth:    Lit. "Aquel que es invocado".

Nabíl-i-A'zam:    El título bahá'í de Muhammad-i-Zarandí, devoto seguidor
del Báb y Bahá'u'lláh, autor de la narración histórica conocido como "Los
Rompedores del Alba".

Nadr-ibn-i-Hárith:    Un opositor de Muhammad.

Nimrod:    El persecutor de Abraham.

Párán:    Cordillera de montañas al norte del Sinaí; palabra usada para
designar un lugar de revelación.

Pentateuco:    Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, atribuidos
a Moisés.

Prolación:    Acción de proferir o pronunciar.

Qá'im:    El prometido del Islám.

Qayyúmu'l-Asmá:    Una de las obras principales del Báb.

Quintaesencia:    Última y más alta esencia de algo.

Corán (Corán):    El Libro revelado por Muhammad. Lit. "La Lectura".

Revelación:    Descubrimiento que hace Dios a los hombres de algo que hasta
entonces Él tenía oculto a ellos.

Ridván:    Custodio del Paraíso. Se usa para denotar el Paraíso mismo.

Sadratu'l-Muntahá:    Nombre de un árbol plantado al final dé un camino
para servir de guía; símbolo de una Manifestación de Dios.

Salmán, o Shaykh Salmán:    Nacido en el sur de Persia; un iletrado, se
convirtió en uno de los más amados y más devotos discípulos del
Bahá'u'lláh, quien le confió muchas importantes y peligrosas misiones.

Salsabíl:    Una fuente del Paraíso.

Sello de los Profetas:    Un título de Muhammad que se refiere al cierre
del Ciclo Profético.

Sháh:    Nasiri'd-Dín Sháh de Persia.

Shaykh:    Se refiere a Shaykh Salmán.

Shí'ih:    "Partido" (de 'Alí). Rama musulmana que se distingue por su
creencia en los doce Imanes de la era mahometana.

Shoghi Effendi:    Nieto de 'Abdu'l-Bahá y Guardián de la Fe Bahá'í (1896-
1957).

Sinaí:    Montaña donde Dios dio las tablas de la Ley a Moisés; a
veces, emblema del corazón humano que es el lugar del descenso de Dios.

Sión:    Loma en Jerusalén, sitio de la residencia real de David y sus
sucesores.

Sol de Muhammad:    Símbolo del Profeta como iluminador del mundo.

Sultán:    Sultán 'Abdu'l-'Azíz de Turquía.

Sunní:    La mayor y más poderosa de las dos grandes sectas del Islám;
representada por el la Fe.

Súriy-i-Ra'ís:    Epístola de Bahá'u'lláh revelada en Adrianópolis;
dirigido a 'Alí Pashá el Gran Visir de Turquía.

Tá, Tierra de:    Tihrán, denotada por su letra inicial.

Tabla a Ra'ís:    Súriy-i-Ra'ís.

Tabla Guardada:    Significa el conocimiento de Dios y de su
Manifestación.

Talismán:    Objeto encantado que atraía la fuerza del cielo para proteger
a su portador. Símbolo del hombre protegido por la fuerza de Dios.

Tihrán (Teherán):    Lugar de nacimiento de Bahá'u'lláh (el 12 de noviembre
de 1817) y capital de Irán (Persia).

Tora:    Libro de la Ley de los judíos.

Zá, Tierra de:    Zanján, derrotado por su letra inicial.

Zanján:    Capital del distrito de Khamsih y escenario del martirio de
cerca de 1.800 bahá'ís.

Zarza Ardiente:    Simboliza la presencia de Dios en el corazón de Moisés.
Véase: Exod. III:2.